CAPSULARIO #1
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| Jean Jacques Lequeu, Etudes de l’oeil (1792) |
Leyendo una entrevista a Harry Almela (1953-2017), poeta, escritor, editor y promotor cultural venezolano, realizada por Mariana Centeno el 14 de septiembre de 2012, dice algo que resuena en mí:
Tenemos que construir un concepto de territorio y de patria donde todos nos sintamos más o menos seguros, más o menos cuidados, más o menos tranquilos.
¡Qué lejos esa noción de Patria!
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Escribir es ordenar la tristeza, lo perdido. La felicidad, cuando sucede, es una pequeña ola que trae su espuma seminal y se encoge en el mar.
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Leer es acomodar los macundales (de otro) para seleccionar lo que queremos (para nosotros).
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Hay una manía en clasificar las cosas: ¿es aclarar el panorama? ¿es una invención borgiana según el desvarío de Foucault? Capsulario es una palabra que no existe (al menos no en la RAE). Puede decirse que es un artefacto para guardar las cápsulas de lo cotidiano. Tampoco soy tan creativo. Es un mal tiempo para la escritura automática. ¡Maldito IA!
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Copiamos. Nos inspiramos. Tomamos descaradamente lo que no es nuestro y lo escupimos. Nuestra saliva es el barro originario. Así nace mi arte.
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Nietzsche fue un comadrón de ideas a partir de otras ideas. Engendró lo que otro maceró en su propia oquedad y le dio la luz de su sagacidad; la voracidad de su locura.
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Puérpera: mujer recién parida (RAE).
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Esto no tendrá forma. Ni cronología. Me repetiré. A veces el silencio, amplio, blanco y generoso, llenará el espacio vacío. En otras ocasiones la estupidez (tan humana) saldrá a relucir. Lo que hago (y haré) nace y muere en el ojo que escudriña. Una única ética a lo aquí escrito: se escribe de golpe, como salga, de PE a PA, y así se publica. Los jueves o sábado. O quién sabe cuándo. Bueno, lo indispensable es que se da al publicar de una vez. Sin filtro. Ah, y en Arial. Porque sí.
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Leo el diccionario en línea a diario. Mañana, tarde, noche. Palabras, palabras, palabras. No me canso de ellas. Y ellas no saben de mí.
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Hago esto para obligarme a existir. A salir a ese afuera que requiere (?) el asomo de un ojo despierto; de un cuerpo fragmentado por la ansiedad del click en la órbita digital. La fe de vida del que se empantana en palabras.
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Harry Almela (de nuevo; lo estoy leyendo mucho más en estos días). Un poema de El terco amor (extracto cortesía de El diente roto):
[...]
El cuerpo
que nos impide
vivir.
El cuerpo del otro,
su ausencia.
No hay fotografía
que sirva en ese empeño.
El amor, el terco amor
que nos separa
del mundo.


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