Las Flores Rotas

Blog de poesía + Artes Visuales + Entrevistas literarias

 

Josefina Delgado (Foto de Alejandro Guyot, La Nación, 2022).


Josefina Delgado (Buenos Aires, 1942). Es una escritora, profesora de Letras, editora y divulgadora cultural argentina. Delgado ha sido una figura importante de la literatura argentina y su promoción. Directora de las Bibliotecas de la Municipalidad de Buenos Aires (1986-1989; 1996-2000); Subsecretaria de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (2007-2011), además de Subdirectora de la Biblioteca Nacional (2001-2002), entre otros cargos públicos. 

Algunos de sus libros publicados son: El marqués de Santillana, vida y obra (1971), Escrito sobre Borges (1998), Alfonsina Storni: una biografía (2001), El bosque de los libros. Cómo leer y por qué (2002), Memorias imperfectas (2014), etc. 

 

PREGUNTAS:


1) Escritora, lectora, profesora e incansable promotora cultural. ¿Cómo fue su despertar literario? ¿Cuándo llegó su afán de hacer de ello su labor pública?


J.D.: Me interesó la lectura ya desde muy chica. En mi casa mis padres eran muy lectores y yo tenía acceso a su biblioteca, sin restricciones. Luego, en la escuela, yo era la alumna preferida de las profesoras de literatura. Después la decisión de estudiar letras. Y la Facultad, con extraordinarios profesores. Ya recibida di clases en colegios secundarios y siempre mi empeño fue detectar las preferencias de lectura y aportar más allá del programa lo que pudiese ser atractivo para ellos. Y al llegar la democracia en 1983, había pertenecido a u grupo que preparó propuestas culturales y me convocaron para trabajar en las Bibliotecas de la Ciudad,  que dirigía el escritor Eduardo Belgrano Rawson. Cuando este se retiro a otro cargo quede yo como directora. Antes había organizado talleres de lectura en la librería Clásica y Moderna, y llevé la idea de los talleres a las bibliotecas, en un programa que se llamó Vamos a leer juntos.

 

2) Usted compiló la "Antología de cuento argentino" (El Ateneo, 2013). Dada la vastedad y riqueza literaria argentina, específicamente en ese género, usted lo agrupó por temáticas para capturar la "conciencia literaria" de su país. Además de Jorge Luis Borges, escritor por antonomasia del cuento fantástico, podemos leer obras de Julio Cortázar, Adolfo Bioy Casares, Roberto Arlt, Ricardo Piglia, Ana María Shua, Hebe Uhart, Fogwill, Patricio Pron, y muchos más. ¿Cuál es su percepción de la narrativa joven de su país? De hacerlo, ¿sigue la obra de escritores y escritoras actuales? ¿Considera que se sigue la tradición?


J.D.: La narrativa joven del país tiene oscilaciones temáticas y formales. Hay escritores que practican el cuento realista, que registra hechos y construye personajes, y otros que rodean a veces explicitándolo, las propuestas que contemplan lo fantástico borgesiano. Mis preferidos: Samantha Schweblin, Selva Almada, Magali Etchebarne  y Pedro Mairal.  La tradición, como decía un escritor amigo mío, seguramente citando a alguien, sobrevive en rupturas.


3) Usted dicta el taller de lectura "Borges, el conjuro del tiempo" en la Asociación Amigos MAP. Como un lector asiduo del escritor porteño, ¿qué sigue encontrando en la obra de Borges? ¿Cómo percibe usted que lo leen las nuevas generaciones? 


J.D.: La relectura de la obra de Borges sigue aportándome nuevas emociones y reflexiones también renovadoras. En su obra encuentro la fusión de una vida donde la presión de la historia familiar  y a la vez su inquieta mirada sobre el mundo del arrabal, en el cual fue  un destejedor de mitos, y esto me ayuda tal vez a releer otros escritores, filósofos, y luego verlos enredados en sus apreciaciones tanto ensayísticas como narrativas. Creo que las nuevas generaciones lo están descubriendo y tal vez prefieran su poesía y aquellos relatos fantásticos como “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”.

 

4) En su texto "La mirada sin cuerpo" (Cuadernos Hispanoamericanos, 2003), nos habla de Manuel Puig (1932-1990), novelista, cuentista, dramaturgo y guionista argentino. A diferencia de Borges, Puig no fue tan venerado por la crítica. Usted apunta que, al leerlo, lo refractario es importante, pero que no se ha tomado tanto en cuenta su condición de exiliado, no solo de su figura de escritor sino también la que nos adentra en su propia literatura. Así, el cine, el drama, la radio, etc., conforman núcleos de "escape" a una realidad que no satisface al artista o es lo que uno puede intuir. Siendo Argentina una nación de inmigrantes, ¿Puig no se fabricó a sí mismo como un producto de exportación? ¿Considera que logró en vida acercarse a lo que anheló? 


J.D.: La figura de Manuel Puig es la que representa las restricciones de una sociedad que no perdona el apartarse de las normas. Un escritor nacido en un pueblo, homosexual no solo asumido sino también podemos decir temeroso de que su condición apartara su obra del canon, sin embargo no eludió irrumpir con nuevas miradas en su obra.. de allí sus viajes tempranos, de allí su exilio y finalmente su residencia en México. Puig no se fabrico como un producto de exportación: fue una mente inquieta y abordó diversas posibilidades de volcar su mundo interior y su mirada. Entre ellas, el cine. Es uno de los más grandes escritores argentinos del siglo XX.

 

5) Escribió la biografía de Alfonsina Storni (1892-1938), poeta argentina. Además de lo obvio, su descollante talento y vida tan breve, ¿qué encontró tan esencial en Storni que le hizo contar su historia?


J.D.: A los doce años una maestra, que era la hija del psiquiatra que había atendido a Alfonsino, nos hizo memorizar el poema “Voy a dormir”. Varias de nosotras, esto era en sexto grado, no solo admiramos el poema sino que comenzamos a leer su obra, y nos comprometimos a viajar, cuando pudiéramos hacerlo solas, a la ciudad de Mar del Plata y rendirle homenaje en su monumento. Lo hicimos. Y a mí, ya dedicada a las letras, me impactó su postura en un medio social donde defender la figura de la mujer y su libertad fue verdaderamente de vanguardia. Y luego, en los años 80, siendo directora de bibliotecas, cree la Biblioteca de la Mujer y le di el nombre de Alfonsina.

 

6) El índice de lectores es cada vez más ínfimo. O eso es lo que leemos por medio de unos datos que nos proporciona la Encuesta Nacional de Consumos Culturales (2013/2023): en el 2013, el 57% de los encuestados aseguró leer un libro. Para el 2022, representó el 51%. Entre los géneros leídos, el 27% aseguró leer narrativa (2022). ¿Por qué leer? Siendo una defensora de la lectura y de la literatura, ¿qué le proporciona un libro?


J.D.: Creo que la lectura no solo abre el mundo, sino también permite reflexionar acerca de la propia interioridad. Muchas veces he entendido algunos de mis conflictos personales –todos los tenemos- a partir de algunas lecturas que no hubiera pensado que iban a ayudarme.

 

7) ¿Escribir para vivir o vivir para escribir? 


J.D.: Según mi percepción, las dos cosas: escribir para vivir y vivir para escribir.

 

8) ¿Leer para pensar o leer para vivir mejor?


J.D.: Leer para vivir mejor.

 

José Pulido en Salamanca (Foto cortesía del poeta)


José Pulido (Villa de Cura, 1945) es un poeta, narrador y periodista venezolano. Ha escrito más de una docena de libros entre novelas, poemarios, entrevistas, narrativa breve y biografías.

Sus poemarios son: "Esto" (1972); "Paralelo lelo" (1972); "Los poseídos" (Editorial Pavilo, 2000); "Peregrino de vidriera" (2001); "Duermevela" (2004); "Heridas espaciales y mermelada casera" (2019); "Los espacios del adiós y otros poemas" (2020) y "Nunca es un artificio el viejo exilio" (2020).

Entre sus condecoraciones podemos mencionar: Orden Francisco de Miranda. Segunda clase (1985) y la Incorporación a la Academia Venezolana de la Lengua por el estado Aragua (2023).

Ante todo, Pulido es un hombre generoso: con la palabra, el trato, la forma de abordar un tema y, especialmente, al hacer de su observación, reflexión, sentir y honestidad un poema. 

Le escribimos para enviarle las preguntas vía correo electrónico. No quisimos abusar de su paciencia y fuimos breves. En muchas entrevistas le preguntan sobre su obra periodística (aquí), su vida en Génova (acá), además de colgar su expresión sobre el devenir nacional. Las dejo para que, aquellos iniciados en el hombre y su pensar, se adentren para conocerlo más.

Las interrogantes que le hicimos giran en torno a su despertar poético, el oficio de un lector consumado, la escritura, su poesía y, desde luego, la vida.


PREGUNTAS: 

 

1) Poeta, narrador, periodista, biógrafo, lector. ¿Cómo inicia su vocación literaria?

 

J.P.: Comencé buscando la poesía torpemente, sin conocerla, porque era lo que me conmovía. Leí un verso de Emily Dickinson que decía:  “Los verdaderos poemas huyen” y me quedé pensando ¿Qué quiso decir y por qué me hizo sentir si no lo comprendí?. Sigo sin conocer la poesía pero ella me ha hecho escribir. Todo lo que escribo parte de su esencia. Creo que ella ha estado tratando de conocerme también porque desde un principio me convertí en alguien que vive para buscar sus huellas. Ella pasa por todos los caminos

 

2) ¿Leer para pensar o leer para vivir mejor?

 

J.P.: Leer para rendir honor al cuerpo, el alma y el espíritu que nos dan como forma de existencia. La lectura nos hace más sabios, sensibles y desarrolla nuestro cerebro, nuestros sentidos que son muchos además de los cinco que conocemos. Con la lectura podemos saber todo lo que ha sucedido, lo que se ha hecho, la grandeza alcanzada por el ser humano. Un libro es un modo magnífico de recibir mensajes trascendentes. Hablo de libros cuyos autores han alcanzado una cima, aunque sea pequeña. Solo vivimos mejor si pensamos por nosotros mismos y no permitimos matrices de creencias o de opinión.

 

3) La novela, el cuento, la crónica, los poemas y el guion televisivo han sido parte de su repertorio creativo y de expresión. ¿En cuál género se ha sentido más cómodo?

 

J.P.: Ninguna escritura me incomoda. Usar las palabras para narrar, describir, contar, informar, es el privilegio de poseer una pasión como oficio. Con la escritura no solo se transmiten acciones, hechos, experiencias, vivencias también sirve para el crecimiento intelectual y espiritual del escritor y del lector.

La poesía es otra cosa. El poema es una estructura que se intenta con el deseo de que en ella surja la poesía. Ya lo he dicho otras veces: el poema es el envase y la poesía es lo que puede llenar ese envase. ¿Llenarlo con qué? con algo que de algún modo se compare al mecanismo que activa una planta para crear una flor o con el impresionante modo en el que una flor se marchita. La poesía no es para que los lectores se distraigan, se entretengan, se informen o se culturicen. La poesía es una enfermedad sagrada, creo. Algo así dijo Heráclito, pero sobre el pensamiento.

En estos días puse en las redes un poema como tantos que he escrito sobre la poesía. Si quieres lo usas. Aunque lo pongo solo para que lo conozcas si no lo has leído.

 

LA CARACTERÍSTICA NÚMERO UNO

 

Imponer a la poesía

un comportamiento determinado

es no creer en la poesía

y es no conocer la característica número uno de la poesía:

no existe una característica número uno,

ni siquiera una número dos, atrapar contornos

y definiciones de la poesía

no es suavidad ni firmeza por separado

pero podría ser piedra y aleteo todo junto

 

Es como no creer en la vida

estamos hechos de poesía, de carne, de saliva,

creados de sangre humana, cerebros empollando

de ahí cada reacción

siempre hacemos algo que nos incita a comprender

el por qué de los animales

 

Tan cerca de Dios

y tan alejado de la vagina

El Dante ¿quién más?

 

Cuando fumaba

y no me apocaba la pobreza

ni temía inundaciones de maldad

viví fechas en las que recogí

colillas de cigarrillos

algunas veces aderezadas

con pintura de labios

 

Subir a un autobús era un lujo

caminaba y disfrutaba detalles de esquinas,

de árboles sin familia,

nacidos en la orilla de una calle

recibiendo lluvia como milagro sin celebración

me recostaba en árboles solitarios 

cuyo humilde modo no extinto

de llegar a un acuerdo con el sol y las aves

demostraba que seguían haciendo

oficio de árboles

sombra, oxígeno, nidos, atrapar rayos

 

En definitiva

encuentro huellas en los grandes lugares

por donde no pasé

 

 

José Pulido en el Festival de Génova (Foto cortesía del autor).

 

4) Considero que sus poemas no distinguen entre la "alta" cultura y la baja como se ha separado desde la Academia. Si debo ponerle un rótulo, aunque sea con un fin interpretativo, lo considero un etnógrafo que escribe poesía. Lo digo por la manera en como aborda lo cotidiano, lo que hacen otros y lo que sucede en la calle, con esa incisa atención a lo que pasa a su alrededor. Además, usted ha hecho de la divulgación poética algo cotidiano en espacios digitales como Instagram y Facebook. ¿Cuál es su valoración de las redes sociales en la literatura y en el quehacer literario? ¿Considera que es un "outsider", un rebelde literario?

 

J.P.: He leído mucho y lo sigo haciendo. He vivido mucho y lo sigo haciendo. La poesía germina en la vida y en la muerte; en todos los lugares, tiempos y espacios, es la esencia determinante de cada cosa y solo afinando la mirada del alma puede uno verla pasar.

He profundizado en los más elevados escritores y poetas y he trabajado en fábricas; he sido vendedor de artefactos, corresponsal de guerra y he estudiado música, he compuesto canciones y he escrito obras de teatro; he convivido con las elegías de Rilke y he sembrado auyamas. He donado mi sangre a Virginia Woolf y a James Joyce y cuidé cadáveres para que no se los comieran los animales.

Y reconozco humildemente que solo he aprendido lo básico: la vida y la poesía son almas gemelas o cauces de una misma corriente. Hay gente que todavía cree que la poesía es algo para exaltar el amor en las fechas celebratorias, en noviazgos, en ritos de seducción. O que el poema es algo muy rimado y ya está. No se puede combatir eso, las matrices de opinión y de creencias tienen alelada a una parte inmensa de la humanidad.

Y la verdad es que solo me apasiona y me emociona escribir. Si alguien lee y  siente lo que escribo es un buen logro pero no lo busco. Yo estoy feliz como una abeja que no sabe hacer miel pero la hace porque puede vivir con la satisfacción de crear algo desde la insuficiencia.

Con la divulgación de mis poemas en las redes no tuve una intención meditada. En realidad pasé la vida trabajando en periódicos y revistas y escribía mis novelas y mis poemas de noche, al llegar a casa. Durante sesenta años guardé los poemas que no podía publicar y comencé a ponerlos en las redes, con fotografías y con obras de pintores. No lo hice como si la imagen estuviera al servicio del poema o como si el poema fuera un pie de página para la imagen. Solo busqué esa buena compañía. Y así comenzó tal difusión. Los poemas se repiten cada año. Al menos no desaparecerán del todo. Son como piedras rodando en un río.

Creo que lo importante es que quien escriba ame la escritura, la respete. Hay mucha gente escribiendo en las redes sin la responsabilidad de quien ama un lenguaje, un idioma.

No sé lo que significo en la poesía. En lo que escribo salta a cada rato como una liebre la vida que he macerado, como he dicho: leyendo y viviendo, la vida de un hombre que trata de rendir homenaje a su madre porque ella formó, con su cuerpo y sus partículas, la carne y el alma que se necesitaban para estar entre los vivos.  Mamá era analfabeta pero el primer libro que me compró, aparte de los libros escolares, fue Don Quijote de la Mancha. Yo no lo entendía. Y lo leí varias veces y lo sigo leyendo y ahora estoy más agradecido con ella por ese regalo Un día le conté lo de Dulcinea y me dijo “Esa pobre mujer no se enteró nunca de que estaba metida en un libro”.

 

5) En una entrevista (Reseñada en Grupo Li Po, 26 de diciembre de 2024) usted mencionó que los escritores nacionales se leen poco entre sí. Si a esto le sumamos el deterioro colectivo que ha sufrido el país, el cual se incrementó de forma dramática durante la última década, tal opinión debe tener una fisura abismal entre los escritores nacionales y los lectores. ¿Todavía piensa de esa manera? ¿Qué considera usted que hace falta para que nos leamos más?

 

J.P.: La lectura debería comenzar en el hogar. Y mucho antes de eso: debería comenzar como una costumbre entre el hombre y la mujer que forman un hogar. Si la mujer y el hombre que van a formar una familia no leen ¿qué será de sus hijos? Si piensan que un libro puede ser importante en la vida de sus hijos la educación funcionará con más aciertos.

En todas partes del mundo se da una separación entre escritores porque se forman grupos de modo casi natural, círculos de amigos, de compañeros, de condiscípulos. Pero muy pocos se leen entre sí. Uno de los factores fundamentales para lograr una escritura mayor, elevada, trascendente, es poseer humildad, tener humildad, saber que cada quien está limitado a lo que es y a lo que hace. Trato de leer a los otros y de reconocer sus logros. Y no lo hago por generosidad. Lo hago para tratar de alcanzar, alguna vez, unos gramos de humildad. En Venezuela siempre tuve que enfrentar el hecho de que los periodistas no me consideraran periodista sino escritor; los escritores me consideraran periodista pero no escritor; y muchos poetas me consideraron escribidor pero jamás poeta. Nada de eso es asunto mío. Creo que todos tienen el derecho de inventar la persona que desean colocar en un sitio donde no estorbe. La realidad de la persona será en definitiva aclarada por lo que hace, por la obra que produzca. Si mis poemas logran algo de poesía o si no lo consiguen: ese es el asunto que prevalecerá.  Uno no puede ser alguien a juro. Uno no puede ser poeta a juro. Uno vive esa pasión o no la vive. Uno entrega la existencia a la poesía o solo hace con ella un comercio de mercancía banal.

 

6) En su texto "Contra cada carcelero: la poesía" (Letralia, 30 de mayo de 2026), pone el clavo justo, a mí entender, en el cuerpo poético (y, de alguna manera, en el corazón de la sociedad): "Los poetas están al servicio de la poesía: jamás debe suceder lo contrario". Me temo que esto no es lo común, ni en nuestro país ni en muchos otros. A muchos poetas les encanta arrodillar la poesía a su mandato, tal cual tiranuelos que, ante tal acusación, olvidan lavar sus manos y siguen de largo. El asunto, a mí entender, es que este tipo de sectarismos alimentan a esos monstruos que después socavan las instituciones. ¿Ha sentido algún rechazo en el mundo literario nacional? ¿Aprenderemos a ser autocríticos o esperamos a la vuelta de la esquina el próximo Herodes que mande a cortar cabezas?

 

J.P.: El pájaro vuela y canta. Si le cortas las plumas y deja de volar sigue cantando porque esa es su esencia. Solo muriendo deja de cantar. La vida se expresa cantando, se expresa volando, se expresa floreciendo.

Lo primero que debe entender quien desea entregarse a la poesía es que no se trata de un recurso para buscar poder; no es un oficio para buscar empleos y jerarquías pagadas; no es un modo de entretener al público y recibir monedas en un sombrero caído en el piso. El lenguaje es la máxima expresión de lo que en el reino animal se denomina ser humano. Y la poesía es la máxima expresión del lenguaje. Es aliento de alma, de imaginación, de sentidos interpretando la vida. La poesía es una luz que nos atraviesa y nos mide. No es algo que podemos usar como mercancía, como pieza ortopédica. Es la posibilidad de conseguir una pequeña emanación sublime hecha con nuestra tosca sentimentalidad.

Ser poeta es asumir un modo de existencia en el que se goza el martirio de descubrir quién es uno mismo, de sopesar las pocas cualidades y las escasas posibilidades que se tienen, ante los muchos defectos y las miles de trabas que te petrifican en cada uno de los instantes que quieres volar. Asumir el lenguaje de la poesía como quien adquiere una religión, es un atrevimiento casi suicida, porque nada te obliga más a acercarte a la verdad, ese utópico puerto de llegada. Hay que arrimarse al fuego de la verdad y arder en él.


Quien no percibe la poesía con la corazonada de que estamos

errando todos los santos días, no tendrá un momento de serenidad

que valga la pena. Una buena serenidad como la que llegaría si te

estuvieran clavando las manos y los pies y de pronto necesitaras

preguntar “¿Qué día es hoy?”

 

El tema de la poesía es poder estar presente en cualquier

circunstancia sin poder expresar nítidamente para qué se está

presente si la voz no tiene nada que ver con el coro. Ah, cuánto

placer molestar con música el viejo silencio

 

No he sentido rechazo. Más bien una rama del rechazo que se llama indiferencia. Pero siempre digo lo mismo: lo importante es la obra. Lo importante es saber si en verdad consigo un buen poema. En definitiva mi pasión y mi amor por la poesía es algo personal. Un placer solitario, como rezar a la poesía y que de vez en cuando ella escuche.

 

José Pulido desde su casa respondiendo la entrevista (Foto cortesía del autor).


7) ¿Vivir para escribir o escribir para vivir?

 

J.P.: Somos testigos. Estamos en el mundo como testigos efímeros. Debemos ser lo más justos, honestos y amorosos posible para poder atestiguar. Y debemos ser humildes para la hora de mirar hacia nosotros mismos. Hay quien habla como testigo todos los días y la mayor parte del tiempo sin asumir la responsabilidad del testigo. Hay quien escribe todos los días sin asumir la responsabilidad del testigo. Pensar en la escritura como arte es entender que se trata de una forma del lenguaje que puede dar más valor a lo que el testigo expresa. Mirar la vida, describirla, interpretarla, comprenderla es una magnífica justificación de tener conciencia.

Puedes vivir sin escribir. O sea: puedes respirar, comer,  amar, caminar, comprar tomates. Pero no puedes escribir sin vivir. La poesía sí puede. Lees un poema de un poeta muerto, como Anna Ajmátova, por ejemplo, y sientes deseos de escribir un poema desde ese sentimiento. Y Anna Ajmátova escribe desde tu corazón.



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Cinco poemas de José Pulido 

Recomendación de su libro Nunca es un artificio el viejo exilio

Mario Eduardo Ángeles González (foto cortesía del autor)


Mario Eduardo Ángeles González (Querétaro, 1978) o El Testaduro Malformado es un poeta, narrador, editor y promotor cultural mexicano. En su obra poética y narrativa, sin adornos, va directo al hueso de la vivencia, adentrándose a su callejón más oscuro. Sin evadir peligros, él deambula por lo que otros prefieren evitar. Así, entre los temas que aborda, tenemos: el mal humor, la precariedad, los vicios, las virutas que deja el amor romántico, lo erótico, el rencor, el salvajismo de nuestra especie, etc. Es decir, todo lo que nos guardamos en el bolsillo más secreto, ya sea por decoro o evasión de ser demasiado humano. Sin aspaviento, Ángeles González, como un cazador urbano, lanza sus bombas hacia la hipocresía social, el mercantilismo de las artes y la impostura de los señores académicos que, como pequeños dioses, deciden quiénes son dignos de entran al panteón de las Letras.

Con Ediciones La Testadura, «una literatura de paso», la editorial que funda en el 2012, publica obras de todo tipo: desde los autores más renombrados hasta los que se acercan, desdeñados por el mundo sectario literario, pidiendo un lugar de acogida para sus creaciones.

Entonces, nos resultaba tentador molestar a El Testaduro para hacerle unas cuantas preguntas sobre su obra, su visión tan personal de la poesía, sus proyectos, influencias y, desde luego, la vida.

 

PREGUNTAS:

 

1) Poeta, narrador, promotor cultural y, ante todo, una confirmación andariega de un «Yo» que se afirma ante la catedral de la vida. ¿Cómo empezó tu vocación literaria?

M. E. A. G.: Escribiendo versos para enamorar amigas. Yo soy muy introvertido, contrario a lo que parezca, y al llegar a la adolescencia comencé a sentir la necesidad de expresarme mediante poemas.


2) Poesía: ¿Mandato o elección?

M. E. A. G.: La poesía no se elige igual que como se elige una profesión: se nace poeta y se es poeta. Para mí, un poeta es alguien que —gracias a la sensibilidad que tiene y a su peculiar interpretación de las cosas y del mundo en sí— posee la capacidad de detonar una serie de sentimientos y sensaciones en las personas. Estos sentimientos y sensaciones no tienen por qué ser iguales en todos nosotros; dependerá mucho de las experiencias de vida con las que lleguemos a la obra poética. Y, precisamente, uno de los poemas que retomas más adelante me define a la perfección: «Soy escritor / mi profesión es la imaginería / mi oficio es la embriaguez / y mi atropello el mal decir».

Tampoco la poesía se reduce a escribir versos sobre algún tema. Hay poesía en una pieza musical, en una pintura, en una performance, etcétera. En la misma naturaleza uno encuentra poesía. También existen las "acciones poéticas".



3) Entre tus obras publicadas, la plaquette
«Primero me siento, luego escribo» (su primera edición fue en el 2012 y la segunda en el 2021) es una especie de manifiesto descarnado en torno al oficio de escribir: a su soledad, al insomnio que produce de forma involuntaria o no, a la necesidad de escape, etc. «Soy escritor / mi profesión es la imaginería / mi oficio es la embriaguez / y mi atropello el mal decir». ¿Hay un momento ideal para escribir? ¿El «Ser» pesa a la hora de sentarse a escribir un poema?

M. E. A. G.: Claro que pesa el Ser a la hora de sentarse a escribir; el Ser es el principal filtro de la poesía. No se puede hacer poesía sin antes pasarla por ese filtro.

 

4) ¿Qué jode a la poesía? Y, de hacerlo, ¿qué jode a un poeta?

M. E. A. G.: La motivación: escribir por un beneficio económico, por estatus social, por ganar un concurso, porque el editor apremia con el siguiente poemario, etcétera. Esta respuesta aplica para ambas preguntas. 



5) ¿La palabra justa o la necesidad de que la palabra se ajuste a lo deseado?

M. E. A. G.: Ambas. De hecho, a veces la hoja en blanco me resulta tan intimidante y me pongo tan nervioso ante ella que el poema tarda un poco en fluir; pero cuando fluye, resbala, sale solo y sin permiso. Aunque también hay días, o momentos, en que el poema surge sin avisar y siempre hay que estar preparado con algo en qué atraparlo. Espero no haber cantinfleado un poco. Lo que quiero decir es que uno no decide sobre su poema; este, desde que nace, ya tiene una identidad, una personalidad y una autonomía propias. Cualquier cosa que lo forcemos a decir hará que se lea tan falsamente como al lector le convenga.

 

6) ¿Existe la «buena» y «mala» literatura? Si es afirmativa, ¿qué es para ti tanto una como la otra?

M. E. A. G.: Aquí prefiero tomar distancia, porque es algo que como editor me obliga a tomar una postura, pero mi condición de poeta se contrapone.

Te voy a responder con una anécdota: un día teníamos un congreso de letras en la Ciudad de México y quisimos aprovechar como movimiento literario (La Charola Literaria, hecha con sacrificios humanos, se llamaba) para ir a hacer una "pulquería okupa". Así que fuimos a "La Risa", y mientras estábamos en medio de la acción, un joven se me acercó y me dijo que lo que se acababa de leer estaba muy chingón, cuando, en lo personal, yo siempre lo consideré un poema muy malo.

Ahora que, si la pregunta va en un sentido más amplio, yo creo que son solo juicios de valor con los que los intelectuales gustan de calificar para dejarnos ver a todos que "sí saben".

 

7) En nuestra época desbordada por la multimedia, ¿cuál consideras es el impacto de las redes sociales y medios digitales en su obra?

M. E. A. G.: El impacto es total pero sin romanticismo. Como autor independiente y en mi condición médica actual, los medios digitales son el canal para que mis libros sigan circulando gratis allá afuera mientras yo sigo encerrado. Las redes sociales no me interesan para buscar aplausos, sino como un carrito de supermercado virtual: me sirven para poner mis textos en manos de la gente y seguir saboteando la solemnidad del medio desde mi pantalla.

 

8) ¿Tiene algún proyecto literario en mente a largo o mediano plazo?

M. E. A. G.: Como ya el furor de Ediciones La Testadura, una literatura de paso, se está apagando, y habiendo logrado el principal cometido de revitalizar la literatura, ya le quité un poco el dedo del renglón; además, está mi situación médica. Por el momento vivo aislado del ambiente artístico e intelectual, y ahora me dedico a observar al mundo en su diario actuar, un mundo donde el arte no es prioridad, y de ahí vemos qué resulta. Ya, por lo pronto, se generaron algunos poemas y relatos.

 

 

Disponible en https://shorturl.at/OWxXY


9) Ediciones La Testadura, «una literatura de paso», publica y comparte obras de autores reconocidos y noveles de libre acceso. ¿Es la literatura una pulsión incurable?

M. E. A. G.: No tanto así. Eso ya es una situación personal de los autores publicados y/o compartidos; nosotros, como editorial "independiente", solo hacemos lo que podemos y se nos permite hacer.

 

10) ¿Posee algunos referentes literarios/influencias que te acompañan en tu proceso de escritura?

M. E. A. G.: Jack Kerouac, Kenzaburo Oé, Armando Ramírez, Nicanor Parra, Leopoldo María Panero, Antón Chéjov, Pedro Juan Gutiérrez, Horacio Quiroga, Jaime Bayly, José Lezama Lima, etcétera.

 

11) ¿Cómo sobrevive un «Testaduro» en un mundo que parece ablandarse al poder (político, económico, mediático, etc...)?

M. E. A. G.: Produciendo obra que manifieste ese ablandamiento.

 

12) ¿La IA es una amenaza para la literatura?

M. E. A. G.: La IA no es capaz de simular "inspiración" porque le falta la capacidad de sentir. Pero en lo que a técnica y forma se refiere es efectiva: es una apuesta nueva y podemos intuir que siempre está más preparada que uno. Cabe aclarar que la IA puede generar literatura, pero siempre le hará falta ese algo que caracteriza a los grandes; sin embargo, también vivimos en un mundo cada vez más insensible en el que, tal vez, ese algo que le falta a lo que pueda generar la IA ya no sea tan necesario.

 

13) ¿Qué representa ser un escritor en la sociedad queretana y, si es posible extender, mexicana de hoy?

M. E. A. G.: El ser escritor hoy en día es una actividad muy prostituida. Se vende al mejor postor.

 

14) En tu libro Yo, este era una vez (2021), leemos:

...nunca quisiera dejar de hacer
de esa joven poesía:
Audaz, tenaz, osada y muy,
pero muy, directa.

 

¿Qué es la poesía para ti?

M. E. A. G.: Lo es todo: un grito de guerra, de descontento, un momento de lucidez, etcétera; pero lo más importante: es mi lugar seguro en el universo.

 

15) ¿Vivir para escribir o escribir para vivir?

M. E. A. G.: Si esta pregunta va en el sentido económico, yo jamás basaría mi sustento financiero solo en lo que escribo. Así que mejor resuelvo mi mantenimiento en esta vida y a la par escribo; en este sentido, escribir sería una consecuencia de haber vivido.

Si va en el sentido metafórico, tampoco es tan así: soy poeta por accidente o capricho del destino, pero antes soy un ser humano que coexiste en este mundo y que hace lo que le toca para vivir.

 

Milagro Meleán (2025)


Milagro Meleán. Venezuela, 1994. Poeta, editora. Licenciada en Letras Hispánicas por La Universidad del Zulia. Parte de sus poemas, ensayos y reseñas han sido publicados en diversas revistas, entre ellas; POESIA (Venezuela); Periódico de Poesía (México); Kametsa (Perú); Buenos Aires Poetry (Argentina); Telúrica (Colombia); Revista La Trini (Bolivia); Ruído Manifiesto (Brasil); Círculo de Poesía (México); Revista Contracorriente (Venezuela); Revista Burak (Argentina). Ha publicado los libros Luminancia, (Fundarte, 2019); Resonancias triviales, (Ediciones Palíndromus, 2022); Tomo, (Ediciones Palíndromus, 2023); Detrás del derribo, (Editorial Chifurnia, 2024); Amuche, (I Premio Internacional de Poesía Belén Ojeda, LP5 Editora, 2024); Inéditos. vol. VI, Colección BRAVAS de poetas latinoamericanas (Espantapájaros Editorial, 2026). Su poesía ha sido traducida al inglés, italiano y portugués.

Es por ello que nos propusimos escribirle vía correo electrónico para que la poeta nos cuenta su noción de poesía, vocación literaria, proceso creativo y proyectos.


PREGUNTAS:

1.       1) Poeta, estudiaste Letras Hispánicas (LUZ), investigadora y divulgadora cultural. ¿Cómo fue ese despertar poético y tu vocación literaria?

M.M.: Todo comenzó en mi infancia. Mi madre solía leerme cuentos, me recitaba de memoria poemas. Estuve cerca de ese lenguaje, el lenguaje de la literatura. Sin embargo, la escritura vino después. Leía cuanto libro aparecía; me recomendaban; o mi madre, incluso, me proporcionaba. Luego vino el momento en que debía elegir qué estudiar, y yo solo quería leer. Fue entonces que ella (mi madre) me habló de Letras, y sin pensarlo, me inscribí.

Descubrí que la literatura venezolana era fascinante, y leía otras cosas. Me interesaba indagar en quiénes fueron esos autores y cómo el contexto generaba pistas en cuanto a todo el universo orgánico que luego escribían. Más adelante, entendí sobre la necesidad de abordar la teoría literaria. Justo aquí noté que esa visión que tenía se podía compaginar y expandir mediante las postulaciones de los formalistas rusos, a quienes debo –tal vez–, la manera en la que interactúo con una obra, su autor, sus propuestas estilísticas.

Comencé a escribir poesía mientras cursaba los últimos semestres en la Escuela de Letras (LUZ). De hecho, fue por medio de una materia/taller de creación. Nunca olvidaré esas clases que, sobre todo, había que leer. Conversar sobre el proceso creativo para luego, hacer un ejercicio. Vi que la escritura no es un acto ingenuo. Me acerqué a ella con sumo respeto, siendo consciente de mis procesos cognitivos, de mis inquietudes sobre la forma para luego, desde la consciencia, trabajar e increpar el fondo. Lo que quería decir.

Para entonces, no sabía con quién hablar sobre estas cosas (aunque mi madre podía comprenderlo), porque sin saberlo, estaba yendo hacia una propuesta un tanto hermética en cuanto al lenguaje. Así fue que vi algunos concursos. Envié a dos de ellos y fui seleccionada en ambos. Lo recibí como una señal para seguir escribiendo, desde entonces, me torné más crítica y consecuente con lo que quería construir desde la poesía. Con el tiempo, descubrí la brevedad, pero esa es otra historia.

 

Milagro Meleán, Detrás del derribo (2024)

2.      2) Poesía: ¿Mandato o elección?

M.M.: Lo elegí. Cuando escribo, pretendo decir aquellas cosas que no podría decir en lo cotidiano. Siempre he pensado que el lenguaje poema al que recurro es el más natural en mí, solo que si hablo de esta manera es posible que parezca desentonada en medio de las cosas, de la rutina. Digamos que he aprendido a hablar y solo en el poema puedo desaprender esa manera. Descansar del diálogo recurrente, referirme a lo que puedo comprender sin sentir que estoy hablando extraño.

 

Milagro Meleán, Resonancias triviales (2022)

3.      3) Publicaste «Luminancia» (Fondo Editorial Fundarte, 2020); «Resonancias triviales» (Palíndromus, 2022); «Tomo» (Palíndromus, 2023); «Amuche» (LP5, 2024); «Detrás del derribo» (Chifurnia Libros, 2024); «Inéditos. vol. VI: Colección BRAVAS» (Espantapájaros Editorial, 2026). Considero que, entre los temas plasmados en tu obra, el poema es recurrente, ya sea como una voz oculta, un cuerpo de exilio, el intersticio entre el sueño y la muerte, como figura de olvido y/o vestigio, etc. ¿Hacia dónde te lleva el poema?

M.M.: Mi relación con el poema parte del diálogo. Le atribuyo personalidad, lo humanizo, le hablo, le escucho, le pienso, le pregunto. Tiene que ver con lo que decía antes. El poema, por medio de la poesía, me deja hablar con mi lengua más primitiva. Una vez escribí: la sal penetró la lengua, se llevó algunos demonios, instauró el lenguaje de los peces y recordé el dialecto del embrión./ desde entonces no aprendí a decir, la tarde lo ha dicho todo/ beso sus amarillos y descanso.

Íntimamente, siento que el poema está aquí: es un gato silente que aprendió a descifrarme. Que me busca de vez en cuando, que se aparta si no me acerco de la manera que quiere. Que una vez me abandonó y regresó con un collar nuevo, lamiendo mi nariz, ronroneando mi nombre. Y yo, crédula como siempre, le abrí todas las puertas, le conté lo que había visto, le serví la mesa. Aparece en ocasiones, me sonríe en secreto, le regreso el saludo, y así vamos: caminando entre tantos poemas, poetas, libros, señales, egocentrismos.

 

Milagro Meleán, Tomo (2023)

4.      4) Respecto al proceso creativo al escribir poesía, ¿primero nace el tema o son un cúmulo de exploraciones sensitivas/simbólicas hasta crear un cuerpo poético?

M.M.: Lo que hago es estructurar todo.

Primero, aparece el tema, generalmente se trata de inquietudes, de una idea que se vuelve insistente; que me hace investigar, pensar, preguntar, leer.

Entonces imagino el libro.

Le atribuyo partes, lo pienso como una construcción: dibujo el piso, las paredes, la columna, el techo, el jardín. Solo después de este periodo de visualización, viene la segunda fase: el estilo. Esta es la más importante. Intento proponer algo estéticamente, siempre ha sido así.

Y luego, la tercera fase: escribir.

Posteriormente, la edición. Es una etapa donde suelo tardar más. Eso sin contar lo difícil que me resulta ponerle nombre al libro. Siempre lo dejo para el final. De hecho, suelo pedir sugerencias. No soy buena titulando.

 

5.      5) ¿La palabra justa o la necesidad de que la palabra se ajuste a lo deseado?

M.M.: Lo preciso.

 

6.      6) ¿Tiene algún proyecto literario en mente a largo o mediano plazo?

M.M.: Dirijo una web que se llama Tridente. Me ha traído muchas cosas interesantes. Actualmente estoy trabajando algunos inéditos míos. Es la fase que más se estira, la edición (corrección, depuración).

 

7.      7) ¿Cómo fue el proceso de selección de «Luminancia»?

M.M.: Apenas lo recuerdo. Luminancia es un libro iniciático, ahí comenzaba a aprender a desplazarme en las palabras. Es una especie de antología en la que reuní textos que giraban en torno a elementos muy naturales –tal vez bucólicos– y ciertas luminosidades. Es interesante que siendo, digamos, un primer libro (antes de eso publiqué otro del que no suelo hablar y no menciono), lo hayan referenciado con tanto cariño, incluso reseñado algunos años después de haberse publicado.

 

Milagro Meleán, Luminancia. Disponible en https://fundarte.gob.ve/web/book/luminancia/


8.      8) En un poema de «Amuche» antologado en Círculo de Poesía (16 de enero, 2025), podemos leer: 

 

me expando hacia las aguas de mi centro. la desnudez dice dónde hemos estado;

poema

me trajiste hasta esta página y recurro a la voz que me sé y me sabe

que de amando respiro la hora en que vuelvo 

al lugar exacto

 

 

Milagro Meleán, Amuche. Disponible en https://shorturl.at/IxQf2

¿Qué es la poesía para ti?

M.M.: La poesía es un evento. Sucede siempre y se sabe esconder. Se revela en ocasiones y me increpa. Sé que está cerca cuando no puedo hablar «correctamente» y debo recurrir a la página. No es un asunto de inspiración, de musas, o de cosas hermosas. Tiene que ver con la conmoción –sutil, austera o extrema–. El poema que citaste lo dice un poco. Si bien es cierto, hablo con el poema, pero es el poema la codificación de ese evento poético, y por eso digo me trajiste hasta esta página y/ recurro a la voz que me sé y/ me sabe, porque de nuevo volvemos a lo que decía al principio: es en el poema donde puedo desaprender la manera en la que hablo en lo cotidiano, pero es la poesía aquello que me saca de esa cotidianidad del habla. Me recuerda (la poesía) que es momento de volver a ese lenguaje, que como he dicho, es mi más primitivo.

 

Bravas disponible en https://tridentepoesia.wordpress.com/2026/02/17/bravasmuestra-poetica-de-mujeres-latinoamericanas/

 

 

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Tres poemas de Milagro Meleán


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