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| Nismar Ortega (Foto cedida por la autora) |
Nismar Ortega (Apure, 1996). Médico cirujano, poeta, narradora y divulgadora cultural residente en Caracas. A través de su plataforma digital: Ninaliterata, se dedica de manera exclusiva a la difusión, análisis y democratización de la literatura, el arte y la cultura, tanto nacional como universal.
Como divulgadora, Nina asume el oficio de las letras con una visión integral y un profundo compromiso generacional. Su propósito central es mapear, comprender y revitalizar el ecosistema literario actual para tender puentes hacia nuevos lectores y sectores con acceso limitado a la información, comprendiendo los tiempos que corren como el combustible propicio para un repunte literario del país.
Como autora, Nina explora el género Gótico rural en varios de sus cuentos como La Peregrinación de la culpa, Súcubo y Donde el viento susurra nombres, con los cuales continúa construyendo un libro de relatos breves. Ha compuesto además dos poemarios Si mi memoria vuelve allí, el salitre inunda mi paladar y Cartografía de mi feminidad, obras íntimas que relatan el transitar de su vida en el mundo.
La entrevista se dio por correo electrónico para que la escritora nos hablara sobre la divulgación cultural, su despertar literario, lectura, obra, proyectos, el rol de las redes sociales digitales y su visión sobre el panorama literario nacional.
PREGUNTAS:
1) Doctora, poeta, narradora, lectora y divulgadora cultural. ¿Cómo empezó tu vocación literaria?
N. O.: Me di cuenta que la literatura era importante para mí siendo muy joven, quizás adolescente, para mí era trascendental el valor de las palabras, lo que podía hacer con ellas, porque, además, siempre he sido consciente de que soy más ágil con la palabra escrita que hablada. ¿Cuándo se me volvió una pasión? Supongo que a medida que creí y fusioné dos características fundamentales de mi personalidad: ser muy aguerrida con lo que quiero y ser muy introspectiva. Fue cuando me tomé en serio lo que hasta entonces era una actividad de esparcimiento.
Empecé a escribir poesía con la pulsión de sacarme los pensamientos de la cabeza de una manera ordenada pero profunda. De nombrar cosas y explicarlas con símbolos e imágenes. Y eso cada vez fue robusteciendo un profundo cariño hacia el mundo de las letras, lo encontraba seguro y apacible, incluso si era interpelada por mis emociones al escribir.
Asimismo, cuando maduré comprendí que leer era esencial para eso que amaba hacer, que al igual que mi profesión esto requería técnica y dedicación y fue cuando intensifiqué mi hábito lector, pero, además, empecé a estudiar el ámbito literario; eso me ayudaría a percibir los puntos débiles, las carencias. Hoy día me interesa la divulgación literaria porque comprendo que tenemos la capacidad de ser parte del problema o de la solución, que justo ahora, en un periodo que se siente tan transicional, podemos contribuir a restaurar espacios.
2) ¿Leer para pensar o leer para vivir mejor?
N. O.: Estoy convencida de que leer te permite vivir mejor, te amplía el panorama, te permite saber dónde estás parado como individuo y como sociedad, te ayuda a formar una opinión, un sistema de valores, de principios, incluso a conocerte mejor, porque leer es quedarte contigo un rato debatiendo lo que conoces y crees saber con todo lo que descubres entre líneas. Así que de algún modo leer nos permite ambas cosas, tener un pensamiento que sea algo más que ruido y vivir a gusto con ello.
3) En nuestra época desbordada por la multimedia, ¿cuál consideras es el impacto de las redes sociales y medios digitales en su obra y en la divulgación literaria?
N. O.: Las RRSS han permitido a muchos autores y poetas compartir y posicionar sus obras, lo cual me encanta, porque les permite a muchos abrirse un camino que en otras circunstancias habría sido cuesta arriba. Eso es un punto positivo, por supuesto. Por otra parte, creo que necesitamos cierto equilibrio entre tener un espacio de posicionamiento y compartir contenido de valor que pueda contribuir a fomentar bases sólidas del ámbito literario.
Yo, desde mi posición de autora, creo que es indispensable instar al crecimiento del mundo editorial, estimular el hábito lector, invitar a otros jóvenes a conocer su potencial literario, porque después de todo para qué vitrinas sino hay un consumidor. A veces pienso que cualquiera de nosotros puede llegar a escribir un gran éxito literario y corre el riesgo de que se quede para siempre en un documento de Word porque no había quien apostara a ello, lo que sería una pena. Urge divulgar literatura en los espacios donde están los jóvenes y el mercado. Con a la misma intención, estética y jovialidad como lo haríamos con cualquier otro nicho. Urge posicionar a Venezuela en el mercado internacional y reivindicar nuestra cultura.
4) En tu perfil de Substack, Ninaliterata, publicaste «La urgencia de la divulgación literaria en la Venezuela del siglo XXI», donde expones la falta de información en torno a la lectura. Además de la gravedad del asunto, se le suma el descenso en el rendimiento académico, específicamente en la comprensión lectora. En tu rol de divulgadora literaria, entendiendo el marco histórico de la última década en el país, ¿qué le hace falta a nuestra sociedad para amigarse con el libro y que la lectura sea parte integral de nuestras actividades cotidianas?
N. O.: Esta enemistad con el libro surge sin duda de un marcado sentido de la supervivencia. Nuestra sociedad los últimos 10 años enfrentó hasta lo indecible. Crisis económicas, éxodos masivos, conflictos políticos, segregación, readaptación continua, etc. Esto debilitó el mercado literario, lo redujo a lo mínimo indispensable y a lo sobreseguro. El musculo literario, ergo escritores, poetas, ilustradores, críticos y otros, tuvieron que buscar nuevos horizontes, de lo cual tampoco podemos culparlos. Los lectores (y espero vean cómo quiero incluirlos a todos como un sistema integrado e inalienable) priorizaron sus despensas, la escolarización que por sí sola no es cultura, la salud y los bienes materiales ¿Qué pasó con la cultura? ¿Qué pasó con los libros, con los poemas, con los festivales? Por muchísimos años quedaron relegados a ser percibidos como un lujo. Las condiciones llevaron al distanciamiento del libro y eso repercutió agresivamente en nuestra sociedad.
Parece que reconciliarnos con la literatura requiriese una estrategia colosal, pero la verdad, me parece que puede ser tan simple como convencer al país de que esto ha sucedido antes y también en otros lugares, y siempre se ha encontrado la manera de recuperarse. Recordarles que le educación y la cultura no son simples actividades de esparcimiento, si se quiere son armas valiosas o herramientas poderosas para reconstruir la dignidad nacional. El arte siempre ha estado allí, detrás de cada período oscuro, conceptualizando el trauma, ayudando a sanar, como ejemplo, el boom latinoamericano.
Y quizás no debería ser así, quizás no es así en otros países, pero el nuestro, el que le ha tocado a esta generación de escritores y poetas, exige el compromiso de resarcir el daño. Hablar de libros, escribir libros, compartir tus libros y los de otros compatriotas, hacer círculos de lecturas, clubes de lectura, eventos culturales o literarios, todo cuenta y es necesario.
5) ¿Qué representa ser una escritora y divulgadora literaria en la sociedad venezolana de hoy?
N. O.: Un desafío constante. Me enfrento a cómo hacer atractivo un mundo que requiere cierto interés y esfuerzo por los practicantes, en una sociedad que se ha acostumbrado a la urgencia, a adelantar los audios, a no ver videos que duren más de un minuto, a no ver videos que no tengan subtítulos, que no hablen de temas cotidianos, lo que me ha obligado a repensar el contenido para hacerlo más accesible. Sigo aprendiendo, pero poco a poco me he ido haciendo la idea que es más importante como divulgadora y escritora tener una comunidad ávida de lectura que momentos fugaces de popularidad. Así que me adapto y continúo acercando el libro a todo el que me preste sus oídos/ojos.
6) «Súcubo» es un relato potente de corte fantástico, el cual toma ese mito para hablarnos de temas tan relevantes como el miedo, la identidad, el deseo, la feminidad, la posibilidad de ser otro, además de cartografiar un mapa de enajenación y hastío vital. Esto último, el cual nos interpela, se refleja en uno de los personajes al decir: «Este es un lugar para espectros, solo se puede habitar de noche». ¿Encuentras algo esencial en el género erótico para narrar lo indecible? ¿Crees que se necesitan más relatos, novelas y poesía de ese género en nuestra literatura? Y, en un asunto más técnico, ¿cómo fue el proceso de escritura de «Súcubo»?
N. O.: Súcubo para mí es un relato muy especial, que se desvincula por completo de mis trabajos previos y posteriores; una obra única donde hablo de la feminidad en términos autodestructivos. Lo que transita Irina es esa metamorfosis que muchas mujeres experimentan llegada cierta edad: dejamos atrás el complejo de doncellas y nos convertimos en figuras más próximas a la “bruja” arquetípica, es decir, una mujer más consciente, más sabia, como plantean los arquetipos junguianos a los que alude el Dr. Rísquez en Aproximación a la feminidad.
Precisamente usar el deseo y el sexo como combustible para esa implosión que sufrió Irina me ayuda a cuestionar la percepción social de que la mujer al ejercer la mayordomía sobre su placer, seguridad y libertad es comparable con un demonio. Al mismo tiempo, relato la barbarie de abandonarse al desenfreno en medio de un quiebre emocional o identitario; no se sabe si Irina quiere placer o quiere desaparecer, si el dolor la ha trastornado o ha sucumbido a la idea de rendirse.
El erotismo como vehículo de la historia fue mi parte favorita. Desnudar los anhelos allí, en un espacio libre de prejuicios resarció el hedonismo que siempre buscamos disimular.
Quizás echar mano a este género permita desmitificar la sexualidad como maldad, darle un espacio al lado de otras necesidades básicas biológicas, romper la pureza como única manifestación de valor femenino. Sí, hacen falta más obras de este tipo porque la incomodidad es tal al leer este género que se convirtió en un género “de segunda” empleado “por y para” mujeres.
7) ¿Tiene algún proyecto literario en mente a largo o mediano plazo?
N. O.: Como todo escritor tengo una novela a medio escribir. Como toda poeta un manojo de poemas sueltos y un poemario en continua edición desde hace años. Pero, como proyecto planteado, está unificar en un libro todos mis relatos cortos, mis cuentos que en su mayoría comparten un estilo gótico y lírico en su narración.
Y, proyecto literario como divulgadora, sí, desde luego, además de continuar con la serie de contenido alusivo a la divulgación literaria y acercamiento del libro, me gustaría crear un club de lectura donde se puedan analizar libros que tengan un impacto social e individual significativo.
8) ¿Posee algunos referentes literarios/influencias que te acompañan en tu proceso de escritura?
N. O.: A lo largo de mi vida como lectora he ido coleccionando acompañantes, referentes, en su mayoría mujeres. Algunas me infundieron valor y me inspiraron como Jane Austen y Virginia Woolf, otras me hablaron de constancia y convirtieron el oficio en un ejercicio mortal, algo a lo que yo también podía aspirar como Isabel Allende. La literatura femenina venezolana como he podido ir estudiándola me resulta cuando menos inspiradora. Nuestras precursoras (Virginia Gil Hermoso, Enriqueta Arvelo, Lucila Palacios) no fueron solo autoras sino auténticas divulgadoras del arte, promotoras de espacios culturales, de editoriales, revistas, periódicos. Escribieron y nos permitieron a nosotras hoy día hacerlo, pero, además, facilitaron el arte a sus coetáneos de una manera desinteresada. Las admiro y deseo conocerlas profundamente para dimensionar la magnitud de su trabajo y si es posible continuar su legado.
9) Volviendo al panorama literario nacional, ¿cuál es el malestar en nuestra cultura literaria? Lo pregunto porque tu texto sobre el «Esnobismo latinoamericano...» calza con la idea de la endofobia en las letras venezolanas (como escribió Reynaldo Pérez Só). ¿Crees que ese desbalance entre «centro» y «periferia» nos lleva a una evasión necesaria para lograr la validación foránea? Debido a la profundidad de la crisis, en todo sentido y en mayúscula, acontecida en el país, ¿estamos escribiendo para «nosotros» o para esos «otros» idealizados?
N. O.: Puede que mi artículo de esnobismo latinoamericano y el suyo sobre endofobia en la poesía venezolana tengan sus islas en común, pero a la vez, cada uno posee un tono muy distinto. Estoy de acuerdo con el suyo, sin embargo. Creo que expone crudamente un problema en nuestro ejercicio creativo. Pero, ya sea porque no le sucedió o porque nunca se sintió influenciado por otras culturas, me parece que retrata el incurrir en ello como un acto deliberado y grotesco, y yo por mi parte, lo percibo como una consecuencia.
Yo pertenezco a una generación que creció bombardeada por la cultura anglo, los primeros años del internet fueron también los años de mi infancia. Es obvio que crecí con un pensamiento más transculturalizado, con aspiraciones más anglo. Y es algo que podía percibirse en mis primeros intentos creativos. Pero el oficio de las letras (para mí no es una profesión, al menos aún) evoluciona cual ser humano. Tenemos etapas: la infantil, la pubescente, la adulta joven, la madurez y la desfachatez de la sabiduría o vejez, en cada una de ellas nosotros somos un autor distinto, que va experimentando, saboreando y hasta tropezando con sus propias ideas. Es válido, al menos para mí, madurar el trabajo creativo.
Los jóvenes venezolanos de los 90 y los 2000 se convirtieron escritores durante una época de cataclismo nacional, la estética de evasión era un subterfugio. Era cómodo y más estimulante hablar sobre ficciones opulentas que sobre nuestra realidad asfixiante y desalentadora. Y quien lo estudie no puede separar cada generación de su contexto.
Ahora que hay venezolanos en sitios tan distantes a nuestro radio hay un sentimiento más urgente de preservar nuestra cultura: el que se va quiere abrazarla como si existiera la posibilidad de perderla irremediablemente, el que se queda se siente orgulloso de verla alzarse en otras latitudes. Creo que es posible preservarla y darle un sentido en nuestra literatura, no como un ramalazo de nostalgia sino por el reconocimiento de que es vasta, colorida, jocosa, dicharachera, que nos conceptualiza a nosotros como sociedad, en la literatura de un país está su discurso interno.
En conclusión, sí, las generaciones más jóvenes del país escribieron por años para escapar de la realidad; ahora que no somos los mismos niños que cuando empezamos tenemos la responsabilidad de impedir que el trauma diluya nuestra memoria colectiva. Puede que al mundo le interese lo que sucedió en Venezuela durante estos años, pero somos los venezolanos los que necesitamos justicia y redención.
10) Siguiendo el hilo de tu obra narrativa, breve pero abriéndose paso con contundencia en el panorama nacional, ¿cómo escribes «Matrioshka»? (Mención honorífica en el Premio de Cuento Julio Garmendia 2026)
N. O.: Matrioshka surge en la búsqueda de mi conexión con mis raíces. Quería escribir un relato cercano, que fuese como sentarse a recordar anécdotas con la familia mientras se comparte un café. Mis mujeres, a quienes debo todo lo que soy por su cuidado y esmero, son las protagonistas de este relato. Mi abuela que en paz descanse, mi madre, mi hermana e incluso mi sobrina. Ellas son el hilo conductor que da luz a la historia. Un breve viaje por el pasado, no solo familiar, sino también social, que contextualiza un poco la Venezuela que hemos vivido todas. Un viaje a través de su literatura, mi parte favorita y una conclusión que enaltece la historia de todas esas familias matriarcales.
11) ¿Vivir para escribir o escribir para vivir?
N. O.: Vivir para escribir.
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