Las Flores Rotas

Blog de poesía + Artes Visuales + Entrevistas literarias

Tadeo Fuentes (Foto cortesía del autor)


Tadeo Fuentes (Neuquén, Argentina, 2005) es un joven poeta argentino que ha publicado tres poemarios. El último, Conexión Náufraga (publicado por Ediciones con Doble Zeta en noviembre de 2025), fluye a partir de diversos estilos, temáticas y tonos donde el hacer poético sería:


...lo más cercano a

arremangarse y contener la respiración,

no querer llegar a la cima

pero sí al fondo.


Esas palabras las encontramos en el poema Hacerlo guarida (En Conexión náufraga), el cual hacemos nuestra puerta de entrada a la siguiente entrevista. Nos comunicamos con el poeta a través del correo electrónico para que nos aproxime a su idea de escritura, oficio, vocación literaria y, como no, sus influencias y definición personal (y siempre tentativa porque se ensancha con el vivir) de la poesía.


1) Poeta, tienes un programa radial artístico y filosófico, además de ser estudiante del Profesorado en Letras (Universidad Nacional del Comahue). Siendo tan joven, y con esa avidez por crear, comunicar y aprender/enseñar literatura, ¿cómo llegas a la escritura poética y a la vocación literaria?

TF.: Si tuviese que pensar en un origen, situaría el núcleo de la cuestión mucho antes de haber llegado, propiamente, a la escritura poética.

 Desde la infancia me encontré con el gusto por la palabra: cuentos infantiles, historias, mitos grecolatinos o las conversaciones cotidianas con sus ironías, chistes, ritmos, tonos, etc. Lo cierto es que las resonancias, el impacto y el efecto que podía causar el lenguaje llamaba mi atención desde chico.

En quinto grado de la primaria tuve como tarea escribir un cuento breve y descubrí que también se podía crear con las palabras. A los diez años, aproximadamente, mi papá me mostró unos poemas de Mario Benedetti -especialmente recuerdo Táctica y estrategia- y, al poco tiempo, a los once, casi sin quererlo, encontré (o me encontró) un primer esbozo de un poema propio. Vale destacar que las palabras no solo me llegaron por la oralidad o la lectura, sino que en mi casa siempre hubo un ambiente musical muy nutrido. Era común despertarme y que mis viejos pusieran discos de Spinetta, Pink Floyd, Radiohead, Vox Dei y, de hecho, mi mamá me hizo fanático de The Cure hasta el punto de que los fuimos a ver a Buenos Aires en 2023. Todo eso, de algún modo, fue trazando un rumbo artístico para explorar. Además, en la adolescencia, con un amigo intentamos armar una banda de punk rock en la que yo tocaba el bajo. Hasta el día de hoy, de vez en cuando vuelvo a enchufar el bajo para desconectar un poco de lo cotidiano.

La escritura surgió cuando no supe qué hacer con la intensidad que llevaba dentro. Al principio fue un “último recurso” para canalizar las emociones cuando la vida me fue arrimando a las primeras experiencias que me interpelaban desde los afectos. Hoy en día, aparece con la naturalidad de ir a comprar al supermercado. Basta con mirar de un modo diferente, desautomatizar lo cotidiano y la poesía puede asomarse en cualquier momento.

 

2) Poesía: ¿Mandato o elección?

TF.: Puede parecer contradictoria mi respuesta, aviso de antemano, pero creo que hay un poco de ambos. Sospecho que existe un mandato interno (llámese impulso o fulgor creativo) aunque, a fin de cuentas, uno es quien termina eligiendo si escribirlo o no. Supongo muchos/as estarán en el mismo punto; tengo más poemas no escritos que los que logré escribir. A menudo ocurre que, al querer 'bajarlo a tierra', el poema ya se ha fundido en los pliegues de la memoria, esperando por volver, de esa u otra forma, a concretarse.

Por eso no podría tomar partido fácilmente: la poesía es mandato y elección a la vez, y quizá se trate de otra cosa que solo podamos olfatear cuando la escribimos.


3) Publicaste «Poemas a contraluz» (Kuruf, 2021), tu primer poemario, y «Temporales y equilibrios» (Kuruf, 2022). Considero que tus poemas, de suma lucidez, indagan en lo oculto del lenguaje; buscan adentrarse hasta ese muro infranqueable a través de las palabras; hacer constancia de lo que, aparentemente, no es de nadie y no nos pertenece.

Respecto al proceso creativo al escribir poesía, ¿primero nace el tema o son un cúmulo de exploraciones sensitivas/simbólicas hasta crear un cuerpo poético?

 

TF.: Podría decir que la poesía, de algún modo, “me asalta", me encuentra sin ser buscada. Lo primero que llega suele ser un verso suelto cargado con el tono y la potencia de lo que después será desplegado de forma más amplia. Es a partir de ese impulso que voy trazando los bocetos, conectando las palabras en sus propias redes de significado y significante.

Por lo menos, hasta este momento, no busco en absoluto una escritura "dirigida" en el sentido de levantarme y decir "hoy quiero hablar de esto". En ese trazo por supuesto que opera el inconsciente, los estados de ánimo, las sensaciones o impresiones de las cosas. Por lo general me encuentro con temporadas en que los poemas salen más o menos similares. De ese conjunto de poemas suelo tomar versos de cada uno, al estilo "collage”, hasta dar con un resultado más elaborado que represente mejor la sensación a la que apuntan.

Así que me quedo con la segunda opción, en la que la poesía es una masa amorfa que orbita dentro de uno y nos hace enfrentarnos con lo que llevamos internamente.  

 

4) ¿La palabra justa o la necesidad de que la palabra se ajuste a lo deseado?

TF.: Dentro de las palabras que se van acoplando en diversos planos de significación a lo deseado, intento hallar aquellas más justas, las que mejor logren expresarlo.

 

5) ¿Cómo fue el proceso de escritura de «Conexión Náufraga» (Ediciones con Doble Zeta, noviembre de 2025)?

TF.: Tras la publicación de Temporales y Equilibrios (2022) seguí escribiendo. En esos tres años fui hilvanando lo que terminaría siendo Conexión Náufraga. Un año antes de su publicación me encontré con que tenía más de cien poemas y ahí comenzó el trabajo 'grueso' de seleccionar, recortar y pulir lo ya escrito, añadiendo los poemas nuevos que se presentaban.

Fue un proceso trabajado con detalle casi milimétrico. La primera parte, más referida a lo jovial, místico y aventurero, nutrida de experiencias en su mayoría compartidas, los poemas se organizan en pares temáticos: el viaje, la tecnología, el río, el amor, la amistad, la música, la metapoesía, el azar, etc. Por contraste, en la segunda parte, que se focaliza en los pliegues del interior con tonos más oscuros, construidos desde lo 'no dicho', opté por no seguir ningún orden ni par temático y decidí utilizar una estructura más caótica frente a la armonía de la primera parte. Este enfoque estético, junto a la marea de influencias y 'ecos' con otros/as poetas, constituye el proceso de estos tres años ajustando los versos náufragos hasta que 'conecten' en alguna parte. Todo en el libro -estructura, temáticas, ritmos, tonos- está en función de generar el leitmotiv que atraviesa el poemario: la antítesis, el oxímoron.

Respecto al título, al principio me atraía "Conexión Diáfana” por su musicalidad. Sin embargo, conforme se fue definiendo la segunda parte y llegué a la conclusión de que quería trabajar con los opuestos, apareció "Conexión Náufraga". Un contraste quizá más abstracto, pero que conserva algo de la idea original del título. Lo de Náufraga tiene que ver con que en ambas partes hay un campo semántico del agua, incluso pensé fugazmente en nombrarlo "Nadar de noche" (título del poema que enlaza ambas partes) pero lo descarté al saber que es el título de una novela de Juan Forn. Esa observación me la señaló el destacado poeta Ricardo Costa, quien acompañó la lectura del primer borrador de Conexión y cuyas sugerencias fueron claves para 'estabilizar' el barco y poder seguir navegando con los demás borradores hasta el naufragio final (la publicación).

 

Conexión náufraga de Tadeo Fuentes (Foto cortesía del autor)


6) En nuestra época desbordada por la multimedia, ¿cuál consideras es el impacto de las redes sociales y medios digitales en su obra?

TF.: Como mencioné, el tema multimedia es uno de los que atraviesa la primera parte de Conexión Náufraga con los poemas titulados “Sísifo del S. XXI" y "Pseudo estar".

Es innegable que, en algunos aspectos, la tecnología ha aportado soluciones rápidas ofreciendo opciones antes impensables. Pero en la mayoría de los casos, aparece como un modo de estar ausente, una atadura que condiciona nuestra presencia debilitando el vínculo con los demás. Si   observamos un poco al costado, en los colectivos, terminales, salas de espera o bares, es muy común ver a personas consumiendo videos de quince segundos durante horas. Pero, sin entrar más en detalle, abocándome ahora al punto del escritor/a frente a “redes sociales y medios digitales” a muchas páginas, como en este caso, les estoy muy agradecido. Celebro las antologías digitales nacionales e internacionales, los espacios virtuales (y presenciales, claro está) que difunden artistas de diferentes lugares del mundo, que promueven la lectura, que brindan la posibilidad de descubrir nuevas voces, entre tantas otras cosas que sostienen los medios culturales.

 

7) ¿Tiene algún proyecto literario en mente a largo o mediano plazo?

TF.: Por ahora no tengo un proyecto concreto a corto plazo, aunque la idea de crear algo nuevo siempre está presente. Este año decidí pausar el programa radial debido al tiempo destinado a la universidad, pero en años anteriores me enfoqué en entrevistar a artistas y maquetar lo que hoy es Conexión Náufraga. En este 2026 estoy más volcado a explorar diversas lecturas, tanto de poesía como narrativa y teatro, es por eso que, en paralelo con la universidad, vengo participando de talleres literarios de temas variados como haiku, la literatura de entreguerras y posguerras, la ecopoesía o el sonido del poema, entre otros.

A largo plazo sí tengo en mente un nuevo poemario, con una impronta quizá más existencialista, más breve y con ánimo de seguir revisando el campo de la metapoesía. De todos modos, se irá revisando en el camino.

 

8) En Poema oculto, podemos leer: 

 

Inspiración:

me acompañarás

hasta el momento en el que pueda decir algo.

 

¿Qué es la poesía para ti?

TF.: Las concepciones poéticas siempre van cambiando en el tiempo, al menos en mi caso, pero una de las cosas que defiendo es que la poesía puede estar en todos lados y a nadie (ni a una definición) le pertenece. Por eso, en diálogo con ese fragmento que citás, la poesía no es ni siquiera producto de la 'inspiración', es una manera de mirar y estar siendo en el mundo, de recepcionar aquello con lo que estamos en contacto, y que cuando queremos 'atraparlo' se escapa, deja aristas, espejos en todas las creaciones, porque, así como miramos al arte, el arte nos devuelve la mirada, y los sentidos -como escribe Baudelaire- se corresponden. El impacto que una imagen poética puede generarnos, y lo que nosotros percibimos de ella, es una representación, un punto de vista de los muchos posibles, por eso no puede haber una obra literaria que sea exactamente igual a otra.

Para ahondar un poco más en esto voy a mencionar, muy brevemente, algunas concepciones poéticas que, sin duda, influyeron la manera en la que entiendo la poesía.

En uno de sus ensayos, Virginia Woolf nos comenta que: “La «materia propia de la novela» no existe, todo es materia propia de la novela, todo sentimiento, todo pensamiento. Todas las cualidades de la mente y del espíritu contribuyen a la novela, ni una sola percepción es ajena a ella”. Esta cualidad que Woolf atribuye a la novela en su ensayo La narrativa moderna, podemos aplicarla sin problema a la poesía, ya que todo puede ser materia poética, toda impresión que tengamos, no solo lo bello, feliz o sublime.

A su vez, el poeta chileno Jorge Teillier nos cuenta que la poesía interesa como creación del mito, de un espacio y tiempo que trascienden lo cotidiano desde lo cotidiano. Y, ante todo, que de nada sirve escribir poemas si somos personajes antipoéticos, porque no importa ser buen o mal poeta, sino transformarse en poeta, luchar contra el universo que se deshace y no aceptar ningún valor que no sea poético.

Rainer María Rilke, quien creía que cada cosa tenía una voz secreta que solo la poesía podía traducir, ve en la escritura una forma de aprender a mirar, transformando la palabra en un espacio de revelación. Como podemos ver en uno de los principales poemas de Sonetos a Orfeo “¡Oh, aliento, tú, invisible poema! /Puro trueque jamás interrumpido /del propio ser y el espacio del mundo.” Posiblemente, habita otro poema ‘dormido’ al lado del que está escrito. Esta idea aparece representada en los versos citados en la pregunta. En “Poema oculto” apunto a que la poesía no se termina después de la inspiración (ni se llega únicamente con ella). La poesía está siempre, es cuestión de cómo vemos lo que vemos, a qué le prestamos atención, en qué aspectos focalizamos en nuestro día a día. Por eso “se escapa”, porque en realidad no hay manera de contenerla. Al lado del poema escrito, permanecen muchos otros ocultos, bajando “por los techos, los codos, las fábulas, las recetas…”

No puedo dejar de mencionar a las vanguardias, cuyas propuestas desafiaron todo límite poético y han notado la poesía en el azar, en los sueños, en el movimiento, en lo automático, entre otras, o Pessoa con la disolución de la voz unipersonal en sus famosos “heterónimos” que tanto han revolucionado el mundo artístico del S. XX

Como podemos ver en este breve recorrido, todos son trazos oblicuos, una pincelada cubista en la múltiple perspectiva de la poesía. ¿Cómo podríamos quedarnos con una sola definición? El poema que fue, el que no fue, y el que está siendo cohabitan en la misma vorágine.

 

9) ¿Posee algunos referentes literarios/influencias que te acompañan en tu proceso creativo?

TF.: Durante mi proceso en la escritura me han ido acompañando diversas influencias que han cambiado con el tiempo. En esta pregunta responderé por las de "Conexión Náufraga" y quienes están delineando para lo que viene.

En Conexión incluí trece citas de poetas del siglo XIX y XX, de variadas geografías y propuestas literarias, distribuidas en las noventa páginas del libro. En la primera parte aparecen citados versos de Arthur Rimbaud, Juana de Ibarbourou, Héctor Viel Temperley, Stéphane Mallarmé, William Blake y una parte de la canción “Noche Azul” de la banda argentina Los visitantes. En la segunda, junto al cambio de tono, están Delmira Agustini, Antonin Artaud(x2), Alejandra Pizarnik, Michael Strunge, Friedrich Hölderlin y Federico García Lorca.

Los/as poetas mencionados/as los llevaré conmigo a lo largo de la vocación, pero lo cierto es que, en lo próximo, apunto a una impronta más específica. A diferencia de Conexión, dividida en dos partes con estilos opuestos y temas relativamente amplios.

Como sugerí en la pregunta sobre los futuros proyectos literarios, trabajo en poemas más existenciales. Si bien siempre me impactó, en este último tiempo, gracias a la narrativa de Antonio Tabucchi, me reencontré fuertemente con Fernando Pessoa. Junto a Kafka, Camus, algunas cosas de Sartre, poemas de Juana Bignozzi, Roberto Juarroz y Jorge Teillier, van dejando huellas en lo que viene.

 

10) ¿Vivir para escribir o escribir para vivir?

TF.: Si bien, a fin de cuentas, uno vive para escribir en el sentido de que se alimenta de experiencias que, al impactar con nuestra subjetividad, serán el telón de creaciones futuras, no desestimo el "escribir para vivir" ya que es un momento que siempre emerge en el/la escritor/a. Publicado/a o incógnito/a (da lo mismo) siempre hay una vivencia límite, una vorágine significativa en un punto de la vida en la que la escritura se presenta como un espacio fundamental. Llámese artículo, cuento, poema, novela, aforismo, reseña; los escritos vuelven, y ese impulso del que hable antes tensiona la manera de enfrentarse y percibir el mundo.



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Dos poemas de Tadeo Fuentes

 

Valenthina Fuentes (Foto cedida por la autora)

 

Valenthina Fuentes (Caracas, 1985) es una poeta, investigadora y artista visual venezolana. Licenciada en Artes y Letras (Universidad Central de Venezuela), Maestría en Literatura Latinoamericana (Universidad Simón Bolívar), ha publicado Sumergida (Premio Nacional de Poesía Fernando Paz Castillo, 2012) y Kerosén (Premio Bienal Internacional de Literatura Eugenio Montejo, 2017).

Nos propusimos realizar una entrevista por correo electrónico para que la poeta nos cuente sobre su idea del arte, la producción poética, así como sus proyectos creativos.


Preguntas:

 

1) Poeta, literata, artista, tallerista, investigadora... ¿La metodología es parte medular de tu creatividad?

V.F.: Nunca lo he pensado de ese modo, pero podría ser. Me gusta pensar y descubrir procesos creativos. Quienes creamos dependemos de las maneras de crear (de los métodos), así que buscamos, de manera más o menos consciente, esos métodos para que un texto o una obra se logre. En mi escritura poética, ese interés no supone un sistema fijo o programático. Mientras que la escritura teórica o crítica la veo como una actividad diferenciada y creativa desde otro lugar. Y, aunque he podido identificar patrones en cómo experimento la creación, tanto como puedo reflexionar sobre las condiciones que han facilitado mi trabajo creativo, es algo que he pensado posteriormente. La investigación y cierta laboriosidad creo son aspectos medulares, pero la investigación entendida como una actividad muy amplia, con cierto rigor. Pienso que cada proceso, cada obra, tiene exigencias distintas. Y en el caso de mi obra poética la voy sintiendo más o menos completa en la medida en que recorro un camino más bien intuitivo de escritura, que en el tiempo voy definiendo mejor, mientras corrijo, mientras busco leer textos de otros, o bien busco lecturas de otros sobre los textos propios, si es posible. En todo caso, no ha supuesto para mí un formato previo, más bien, he tanteado intuiciones sobre cómo seguir y quizás eso también pueda declararse como método.   

 

 

2) Se ha escrito que sus poemas indagan sobre lo órfico, el misterio, los vericuetos de la Otredad; la tradición literaria de escritoras venezolanas y su legado en la herencia cultural; la pérdida materializada en lo corpóreo tanto en lo humano y lo urbano, lo inasible y la capacidad del lenguaje para articular el desarraigo; la dialéctica entre luz/oscuridad, así como también sobre la alienación en componentes estructurales del espacio social... ¿lo poético ha sido el lenguaje propicio para inscribir discursos ausentes en un cuerpo más extendido?

V.F.: Creo que la poesía es el lugar donde el lenguaje puede liberarse, jugar, reinventarse desde una necesidad, desde una búsqueda interior, quizás de una verdad. Y ha sido desde esa premisa, dicha de una manera bastante reducida, que he podido vincularme, con aciertos y fracasos, con la escritura poética.

 

 

3) Quisiera conocer el contexto para la escritura de «Sumergida» (Celarg, 2012). ¿Consideras que, al escribirla, le quitaste el mutismo a la máscara o aún permanece en la sombra de lo que reverbera?

V.F.: Sumergida fue la reunión de mis primeros poemas. Empecé a escribir poesía algo tarde, mientras estudiaba en la universidad. Las lecturas de ese momento me conmovieron, me hicieron pensar y habitar de otra manera el lenguaje, así comencé a escribir algunos textos. No sabía que reuniría algunos de esos poemas bajo ese nombre, ni cuáles. Comencé a juntar los que me parecían afines, y mientras los ordenaba comprendí que podían desplegar imágenes comunes. Estaba en un contexto de mucha lectura, muy diversa, y creo que reflejan esa interioridad. Pero siempre quedará mucho por decir y mucho que todavía no encuentre una forma terminada en la escritura. Decir, escribir, es algo que siempre estará entre lo expresado y lo no expresado, emergente del silencio o del ruido. Por otra parte, la constitución de lo personal, de la persona, suele pasar por el reconocimiento de sus máscaras.

 

 

Disponible en https://eldienteroto.org/wp49/kerosen/

 

 

4) Mientras que en «Sumergida» te adentras a la geografía emocional y física de lo que permanecía vedado, «Kerosén» (Fundación La Poeteca, 2018) parece la radiografía de una ciudad en llamas. ¿Crees que tu segunda obra fue producto de una metamorfosis temática de la primera o una amplitud convulsa de sus límites?

V.F.: Resultó de la misma forma que Sumergida, de la reunión de poemas afines en una escritura de algunos años, quizás con más experiencia para identificar cómo los textos podían ordenarse. Luego tuve la idea de que eran poemas con un tono apocalíptico, muy arraigados en lo urbano, que implica una devastación, una violencia organizada de distintos modos, de la polis, de lo político, así que ese espíritu fue guiando la selección del conjunto. Hay otros temas, sí. Una relación con ese entorno desde su interiorización.

 

 

5) La sed, el deseo, la fractura entre la realidad y el sueño, la oscuridad reptante, lo abismático... ¿La palabra justa o la necesidad de que la palabra se ajuste a lo deseado?

V.F.: Creo que el poema como organismo desea palabras verdaderas. O quizás sea yo, cuando escribo, quien desee algo de verdad en el juego de las palabras, así que primero habría que definir lo que es justo, tanto como el deseo en el lugar del lenguaje, que no es poco por definir.

 

 

6) El epígrafe es un elemento recurrente en tu producción poética. ¿La lectura como búsqueda subrepticia de lo interior o ventana ocasional a la obra?

V.F.: Creo que es una manera de honrar la lectura y mis lecturas, de hablar de la tradición de donde vienen mis propias palabras, de las resonancias de la escritura. También es una imagen de cómo se hace la literatura, de palabras de otros que se entrelazan a las “nuestras”, de ecos y apropiaciones. Es una idea manida, pero muy certera, en la literatura. Es volver a hacer ese tejido, reunirme en una conversación ya empezada, y una forma de invitar a leer más, a descubrir otras escrituras.

 

 

7) Respecto al proceso creativo de escribir poesía, ¿oficio de artista en su taller o inspiración de una resistencia liberadora?

V.F.: Pienso que se puede presentar de distintas maneras, que hay diferentes momentos en el proceso de escribir. Unos momentos más vinculados al oficio y la laboriosidad, y otros más relacionados con la inspiración, con el impulso de unas palabras que parecen dictadas. Creo que ambas instancias son muy necesarias para escribir, para crear y para que eso se llegue a fijarse, a mostrarse, a ser publicado.

 

 

8) La palabra: ¿cuerpo libre o súbdito de nuestra propia corporeidad?

V.F.: Quizás es parte de lo que nos preguntamos quienes escribimos, de las preguntas que transitamos al escribir, entre tantas que nos hacemos, que proliferan más de lo que logran responderse.

 

 

9) «El vaso da una forma al vacío, y la música, al silencio» escribe Georges Braque en El día y la noche. ¿Qué espacio consideras ocupa la poesía?

V.F.: No lo sé, puede ser que abra espacio al lenguaje para renovarse, más allá de lo comunicativo, o que haga comunicable algo que en principio no se suponía emerger. Quizás sea donde se expresa el ser del lenguaje o donde podamos experimentarnos como lenguaje. No creo que pueda saberlo.

 

 

10) En Poesía («Escrito con sombra», abril 26, 2021) leemos:

Escritura
telar de pesadumbre
mustia memoria entrelazando
manos heridas con sed de vastedad
no dejan de tejer
en un tropel de voces que se enredan
ciñen los dedos
enramándose

reviste el cuerpo
una piel pétrea
una espera
la ha dejado crecer sobre la página

 

La escritura: ¿mandato o elección?

V.F.: Podría ser un mandato elegido o una elección mandada. Puede derivar de muchas condiciones y tener propósitos variados, así que puede convertirse por igual en muchas imágenes. Y justo en ese conjunto de textos de “Escrito con sombra” exploro algunas imágenes de la escritura.

 

11) Además de tu labor académica e investigadora, ¿tiene algún proyecto literario en mente a largo o mediano plazo?

V.F.: Siempre tengo proyectos en mente, en marcha, de escritura poética, de creación, aunque a veces a medias, porque las circunstancias para que esos proyectos se muestren o florezcan puedan ser adversas. Hay libros sobre los que trabajo, lentamente. Y últimamente estoy dedicándome a un canal divulgativo sobre poesía en Youtube. Es un proyecto personal en el que soy todavía inexperta, así que iré mejorando y buscando mi forma comunicativa, pero me entusiasma porque me permite vincular muchos intereses: el formato audiovisual, la escritura, la expresión y lo educativo. 

Estoy empezando y no he hecho difusión, porque aún no lo siento definido, pero espero comenzar a invitar a mirarlo. Más que todo porque creo que es muy importante ahora intentar crear espacios y reivindicar el trabajo poético y creativo como trabajo humano, sensible y complejo. El canal se llama Tachaduras. Dejo por aquí el link por si alguien se siente llamado a visitarlo o a apoyar este tipo de proyectos: https://youtube.com/@tachaduras?si=sdHVyM3rJ_UDpCdy

 

 

 

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Tres poemas de Valenthina Fuentes 

En urdimbre de sal 


M. M. J. Miguel (Foto cedida por el autor)

Con M. M. J. Miguel (José Miguel Mota Mendoza, 1989), escritor, editor y músico venezolano, seguimos con Punto y Coma, una sección para, de ser posible, charlar con narradores, editores y todos aquellos involucrados en el género narrativo.

M. M. J. Miguel se toma muy en serio lo especulativo y las fuentes inagotables de la imaginación fuera de los lindes materiales y perceptivos del realismo. Tesista de Letras (UCV), ha sido merecedor de la Mención honorífica en Solsticios: Concurso Venezolano de Cuentos de Fantasía y Ciencia Ficción (2017) y en el Premio de Cuento Julio Garmendia de la Policlínica Metropolitana (2023). Entre sus publicaciones podemos mencionar las antologías: Ecos de la tundra (2019), Brevelectric: narrativa sin sello (2020), Fractal (2023), Los novísimos (2023), Los elementos y el hado (2024) y Peregrinos en un mundo árboles entrelazados (2024).

La entrevista surge por el lanzamiento de Entretierras, editorial que reúne la literatura imaginativa actual de jóvenes escritores y escritoras en Venezuela. De este modo, a través del correo electrónico, le enviamos las preguntas para conocer más sobre él, su noción de la escritura, gustos literarios y dicho proyecto mencionado, además propiciar el debate sobre el panorama actual de la crítica, gestión cultural, edición de libros y publicación en el país.


PREGUNTAS:

 

1) Escritor, lector, músico y editor. Con esa síntesis, podemos decir que la creatividad y el conocimiento son parte de ti. ¿En cuál elemento creativo te sientes más cómodo?

 

M. M. J. Miguel: La verdad sea dicha: no estoy tan seguro de si al conocimiento le guste juntarse conmigo, y menos en estos últimos años donde mi holgazanería y desdén se acrecientan. Sin embargo, lo cierto es que los arranques de involucrarme con alguna rama artística provienen de la curiosidad y de la fascinación; me embeleso por la manera en que cada medio construye sus propios discursos, cómo los deforma, cómo se enfrentan al ruido. El arte es el depredador natural del ruido; una reacción en la que nuestros sentidos se resguardan para sobrevivir. En el preciso momento en que una escena de tal videojuego roza cierta inquietud, o tal pasaje de un libro nos sostiene la mirada, allí nace la verdadera lengua de la existencia, y comenzamos en cierta medida a traducir(nos) el espacio que habitamos y los pensamientos que nos circundan; participamos, quizá, de la experiencia más racional que tenemos como especie: la observación de una brecha expansiva entre lo vacuo y lo divino.

 

Perdón. Me puse muy místico, muy abstracto, para decir que el arte nos entrega cabeza en la medida en que nos reta y ejercita desde todos los sentidos posibles; desde la admiración, desde el repudio, desde el desenfado, desde la ironía, la risa y la tristeza. La relación con el mundo empieza a mutar, a intensificarse, y la única manera de no reventar desde dentro es intentar otorgar(nos) correspondencias con lo que tengamos a la mano. A algunos les funciona el aspecto sonoro, sea con un instrumento o la manipulación de las ondas físicas; a otros, terraformando materiales, mezclando pinturas; muchos, creando experiencias inmersivas desde lo digital; y al resto, nos simpatizan las palabras y sus infinitas combinaciones desde la imaginación. En este aspecto he sido afortunado al pasar por cada peldaño y absorber un poquito de cada cosa; desde el tronador acorde de un amplificador distorsionado hasta la solitaria languidez de la escritura. He hecho de la música y de la literatura mis escuderas; no sé si habré tenido el talento suficiente en alguna para crear algo memorable, y sé que se me acaba el tiempo; puede que me lean cuando ya esté muerto. Quisiera mentir al decir que estoy en paz con esa idea. 

 

Lo cierto es que no me veo en otro oficio. Convivo con el arte, con mis creaciones, con los espacios que me he procurado para seguir en esto, con las ideas inconclusas, con la noción de que podría dar más en cada área. Me arrebata escuchar música, y en su momento estudiarla a profundidad, grabar un disco y andar de gira (dentro de las posibilidades que brindaba este país); también disfruto mucho leyendo, escribiendo, corrigiendo, conversar imaginariamente con otros autores vivos o muertos; gozo de llevar la contraria, por necedad, a literatos que parecen solo conversar con ellos mismos o sus homólogos alcahuetas. En fin, el arte sonoro y escrito es lo mío, con mis maneras, con mis mañas.    

 

2) En tu labor como editor has estado detrás de Brevelectric, Pasillo y ahora Entretierras (junto a Marian De Marcos). ¿Cómo nace la editorial?

 

M. M. J. Miguel: Es una historia menos épica de lo que se espera. Nace como la mayoría de las cosas a las que me avoco: posiblemente por insatisfacción, molestia, y un autoimpuesto deber del hacer al respecto sin importar los recursos, el capital humano, el tiempo u horas de sueño disponibles. Brevelectric me dejó un buen andamiaje sobre la movida literaria emergente en Venezuela, además de evidenciarme una problemática recurrente en lo que respecta a los espacios para la divulgación de la narrativa. Cabe destacar que Natasha Rangel fue quien me abrió las puertas a participar en el proyecto, y puedo decir con total seguridad que hacer equipo con Andrea Leal y Verónica Flórez fue una escuela sobre cómo sacar el cuento de la página. En cuanto a Pasillo, la revista surge por una necesidad expresiva impulsada por el inexistente interés de las instituciones universitarias, sobre todo en Letras, de editar revistas literarias; sin desmeritar a la academia, que aparentemente nunca hace nada mal, en estos recovecos hay una constante castración de la escritura y de la crítica divergente, cosa contradictoria, pues una crítica complaciente termina siendo propaganda. Quienes integrábamos el comité editorial (alrededor de nueve personas) nos asimos a la idea de que la revista era un taller, y ¡vaya taller! Hasta el día de hoy no conozco alguna otra revista universitaria venezolana contemporánea que le haya puesto más empeño a la edición de sus artículos, de sus ensayos, de sus cuentos y demás asuntos, con errores incluidos; fue nuestro orgullo durante esos cuatro números que existió. Lo destacable es que fue una iniciativa de estudiantes, que a pesar de tener un parcial mañana o mendigar para el pasaje, se daban con todo a quemarse las pestañas, sin remuneración económica y nada más que la voluntad de hacer literatura. A mí que no me venga algún crítico literario residenciado en el exterior a decir que en Venezuela no se trabaja para preservar el arte de la palabra que tanto dicen amar.

 

Ahora, fundar Entretierras Editorial parece natural si se toma en cuenta lo anterior; y también Letras te da nociones sobre el mundo del libro. Con estas herramientas a la mano, algo de seso, y la ayuda de Marian De Marcos, quien trabajó conmigo en Pasillo, puse en marcha el proyecto de armar una casa creativa para la literatura imaginativa en Venezuela: fantasía, fantástico, ciencia ficción e híbridos de lo extraño. No me interesa la hegemonía del realismo; me llaman, eso sí, la capacidad de recrear, conversar y narrar otros mundos; soy acérrimo defensor de las alteridades, e incluso mi trabajo como escritor circunda una poética de la otredad, del velo discurrido. Bajo esta premisa, y como reto personal —mi excusa para eludir la tesis de pregrado— convoqué a doce autores venezolanos y emergentes, para editar una antología de cuentos que abarcasen la literatura fantástica en su amplio espectro. Al principio no me lo tomaba muy en serio; era un experimento autogestionado, pero fue escalando hasta que tomé la decisión de consolidar Entretierras Editorial como lo que estaba destinada a ser: la única editorial venezolana dedicada a la literatura imaginativa. Aquí queremos darle voz a todo entusiasta de faërie; esa es la misión. (Nota: cuando hablo de consolidar me refiero a registrar la empresa, pagarle a los autores, hacer contratos, gestionar cada eslabón del proceso de edición, intercambiar constantemente el empuje del artista con el aura del vil mercantilista; es decir, un «emprendimiento» con libros).

 

3) Madrigueras reúne una docena de cuentistas jóvenes de Venezuela. Sabemos lo complicado que es editar en nuestro país. ¿Qué nos puedes contar sobre los desafíos actuales en el mundo editorial venezolano?

 

M. M. J. Miguel: El primer desafío es admitir que la narrativa venezolana tiene más tela que sus propias tragedias. No vale contar a Venezuela si se hace desde la pornomiseria disfrazada de literatura. Eso es urdir un encantamiento de embaucadores. A quien le quede el saco. Como dice una buena colega, tenemos un problemón de diversificación lectora, y esto trae como consecuencia que las discusiones giren más o menos sobre lo mismo. Las razones son bien conocidas. La cuestión con esto es que los narradores, los escritores venezolanos, y los que interesan para un proyecto así, están algo dispersos, escondidos o no existen de plano. Reunir un grupo de autores diligentes y con criterio para formar parte de la primera antología de una editorial, y de paso de corte imaginativo, fue retador. De nuevo tengo que darle las gracias a Brevelectric y a Pasillo porque a muchos pude leerlos en esos proyectos independientes. 

 

El segundo problema es un corolario de lo anterior. Las pocas editoriales que sobreviven acá lo hacen como pueden, eso dicen, dentro de su extraño hermetismo, y con la difícil tarea de hacer circular sus libros a nuevos lectores. De vez en cuando hay ferias, pequeñas presentaciones, y aún así el panorama editorial venezolano se siente como un gran fantasma, uno pesado que deriva adonde sople el viento. Sin embargo, y parece que hay que recordarlo como si no fuese una obviedad, hay gente escribiendo, creando, dando rienda suelta a lo que quiere decir. Hay que buscarlos, darse a la tarea de escucharlos y leerlos. Muchos de los que estamos peleando por el arte desde acá nos conocimos en La Semana de la Narrativa 2019, auspiciada por Revista Ojo y Ficción Breve, por ejemplo. Mientras más le doy vuelta, concluyo que ese evento fue el punto de inflexión para que los narradores emergentes y contemporáneos nos viéramos las caras y empezáramos a actuar desde nuestras propias trincheras. El brazo fuerte de Brevelectric, Pasillo y Gato Negro surgió de esa iniciativa. No debería pasarse por alto si alguien decidiera registrar la historia de la narrativa sin sello. 

 

Otra cosa es que tampoco se reedita mucho, ni lo nuevo ni lo viejo. Estamos atrapados en el abismo de la segunda mano, en cambalaches y donaciones de bibliotecas enteras. No me gusta pensar que leer es un lujo; al contrario, leer es una vía de libertad que el mundo contemporáneo parece cercenarnos en la creciente ola de los autoritarismos análogos y digitales.

 

Por último, los costos de producción literaria son suficientes para tumbar las aspiraciones de cualquiera. Si bien la edición digital facilita la distribución, en carne propia hemos notado que el lector nacional sigue sin adaptarse a este formato; cosa que es irónica porque también somos un sector experto en piratear, con toda la razón del mundo, pues somos un país aislado y hay que bandearse alternativas. Nosotros como editorial hemos puesto a disposición la venta de Madrigueras en formato digital fuera de Amazon KDP para los lectores de Venezuela, y lo que podría ser ventana no ha dado resultado. Claro está, estamos empezando, así que suponemos que al crecer el catálogo, la opción sea más atractiva. 

 

(Valga la cuña. Pueden adquirir Madrigueras por acá)

 

El mayor reto es intentar sortear todo al mismo tiempo, en todo momento y lugar, y no volverse loco. Hacer libros no es fácil. Es un arte. Y todo arte requiere paciencia.

 

Disponible en https://www.entretierraseditorial.com/nuestros-libros


4) Como escritor de fantasía o literatura imaginativa, ¿cuáles son los escritores/as en ese continente que consideras fundamentales en tu formación literaria?

 

M. M. J. Miguel: Es ineludible hablar de J. R. R. Tolkien. No solo por lo que El hobbit y El señor de los Anillos significa para la consolidación moderna de la Fantasía, sino por el trabajo poético y crítico que hay detrás de toda su obra. El pensamiento del Tolkien se embarca en las aristas de algo que yo considero divino, hierático; es el entendimiento de la literatura como pilar fundamental del quehacer imaginativo, donde la palabra, sus fuentes, y cada uso, puede moldear y vestir hasta la más nimia anécdota en una épica de proporciones vastas y mitológicas. El profesor es el recordatorio de que toda literatura necesita de su matiz mitológico para dar cuenta de las grandes inquietudes del ser humano, desde su nacimiento hasta, precisamente, la muerte. Tal como Homero, o lo que convengamos que es Homero, nos aferra y nos insta a una observación constante de nuestros viajes y batallas, tal lo hace Tolkien en este presente tan estrecho.

 

En un plano dialógico semejante también resulta obligatorio hablar de Ursula K. Le Guin. Pienso que todo creador siempre debe reflexionar sobre su propio oficio, sobre lo que hace y hará; tener una convicción estética y plasmarla hasta la sublimación ficcional. En este caso, el pensar la literatura imaginativa desde un contexto fuera del entretenimiento es algo más que necesario; el estigma de una baja literatura vino de unos pocos, pero de unos pocos con poder. Por fortuna, Le Guin combate estas afirmaciones con novelas como Un mago de Terramar, donde las palabras son las que dan equilibrio al mundo, y confluyen con precisión en la justa medida en que la construcción ficcional la necesita. Todo lo insólito, todo lo especulativo, surge de la necesidad voraz no solo de hallar respuestas, sino de tener el valor de preguntarse, de tener dudas. Importan ambas acciones, claro, pero siempre y cuando el ejercicio creativo se manifieste desde la genuina curiosidad por entender al espejo.

 

Todo ese camino me condujo hacia Kentaro Miura, específicamente a Berserk. Este manga totaliza una poética de la imaginación. Lo que lo hace tan especial a esta obra, a su recientemente fallecido autor, es el respeto hacia los cuentos de hadas, la mirada continua hacia la profundidad de los miedos humanos, sus duelos, del horror; este respeto se resalta en la capacidad de cada panel de explorar el miedo, lo inmenso, lo abrumador, de una existencia marcada por el sufrimiento, con la particularidad de que todo el sadismo, toda esta amalgama sanguinolenta solo sería espectáculo sin ese balance luminoso que presenta el viaje heroico de Gutz. El manga nos presenta a los hombres como lo que son, impregnados de sus circunstancias, atados a sus delirios, desgraciados y dichosos por igual. No se trata de poner las cosas en términos de personajes grises, sino de personajes humanos, imperfectos, que se maravillan ante un campo de hadas, pero que lloran de rabia al verse arrancados de su amor. Berserk triunfa donde mucha Fantasía contemporánea falla al no comprender de qué van las historias, de qué materia están hecha los cuentos de antaño. Berserk triunfa, interesa y se mantiene porque penetra el (ser) héroe, en sus declives y sus victorias. Es una obra preciosa, y ojalá a mí me alcance la vida para escribir algo así.

 

5) En esa doble función escritor/editor, ¿cómo percibes el panorama literario venezolano y qué recomendaciones o deseos conjeturas sobre su devenir?

 

M. M. J. Miguel: Sería un lugar común el determinar que pasamos por un momento de cambio o tránsito. Desde que tengo memoria se repite el «ahora sí», y con esas eternas expectativas la vida se desinfla, los proyectos mueren, las personas se marchitan y el mundo cambia.

 

Desde un lado de la carretera observo los carros pasar; unos a gran velocidad, como si huyeran de sí mismos; otros, sin brújula alguna. En contadas excepciones he percibido certezas frente a nuestras crisis editoriales. Lo que hay por ahí, y es porque la apatía nos ha llevado a eso, son mercenarios de la palabra, de la crítica, del seminario, de la gestoría cultural. Es decir, pienso que quien hace vida en el ecosistema literario está muy a su bola, en su rollo y en su escritorio. No soy quien para juzgarlos porque entiendo que vivimos al ritmo del freelancer, al son del encargo, de la comisión. Entrego un prólogo hoy, mañana doy clases y el viernes por la noche tengo un club de lectura sobre xxxxxx. Así vamos. Mucho de todo, tanto que el ojo no da. Ojalá la vida nos permita estabilizarnos para que cada quien hable desde lo que sabe y no desde los zapatos que debe rellenar por falta de personal. Que los escritores vuelvan a ser escritores y dejen de ser gerentes de marketing, que los críticos vuelvan a la tenacidad de comentar las novedades y se liberen del algoritmo o del desdén propio de posiciones acomodaticias. 

 

Genuinamente quiero que escribamos más, que se abran más espacios, que se pueda hallar la motivación necesaria para seguir creando, seguir imaginando. No sé si debamos hacer país, hacer historia o resistir; solo sé que estamos asfixiados de tanto mundo, de tanto ruido, de tanto monocromatismo y cháchara digital. Ojalá hagamos a un lado lo innecesario y nos lancemos a reformular la realidad vacua, dejar de imaginarse a Sísifo feliz y mejor imaginar dragones volando bajito por el Ávila. No sé. Nos hacen falta libros, libros buenos, y también gente que quiera leernos, llorar o molestarse con lo que queremos contar. 

 

Sea como fuese, todavía quedan infinitas gestas por narrar.

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