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| Felipe Ezeiza (Foto de Luis Glod) |
FELIPE EZEIZA [Los Teques, 1999]. Poeta, artista visual y orientador escolar. Es egresado de la segunda cohorte del Diplomado de Creación y Reflexión Poética de Fundación La Poeteca y del Diplomado en Literatura Infantil de la Universidad Metropolitana. Ha diseñado y aplicado talleres de escritura creativa para niños y adolescentes, además de otros enfocados en la construcción de bestiarios y haikús. Forma parte del comité asesor del portal literario Digopalabra.txt. Algunos de sus poemas han sido traducidos al italiano, ruso e inglés.
Entre los reconocimientos a su trabajo literario se cuentan: ganador del 5.° Concurso Nacional de Poesía Joven Hugo Fernández Oviol [Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda, 2021], mención honorífica en la primera edición del Premio Internacional de Poesía Bruno Corona Petit [Ediciones Palindromus, 2021] y ganador en su segunda edición [2022], ganador del VI Concurso Descubriendo Poetas [Asociación Buscadores de Libros, 2022], finalista en el 6.° y el 7.° Concurso Nacional de Poesía Joven Rafael Cadenas [Fundación La Poeteca y Banesco, 2021-2022] y ganador en su octava edición [2023], mención honorífica en el IX Premio de Cuento Santiago Anzola Omaña [2024], mención especial en el II Premio Internacional de Poesía Joven Ida Gramcko [LP5 Editora, 2026], ganador del II Premio Franco-Venezolano de Poesía [Fundación La Poeteca y Embajada de Francia, 2026].
Ha publicado: Osario [Ediciones Petalurgia, 2022], Bestiario del viento [Buscadores de Libros, 2022], Yagrumo [Ediciones Palíndromus, 2023] y Dragón [Fundación La Poeteca, 2026].
PREGUNTAS:
1) Poeta, artista digital, docente. Tengo entendido que la poesía es parte de ti desde temprana edad. ¿Cómo fue ese despertar poético?
FE: Todos los niños están despiertos. En la
niñez hay dos catalizadores que me parecen muy importantes: el asombro y el
juego. El mundo es inédito y novedoso para los niños; en cada palabra que
aprendes hay una nueva posibilidad de mirar, y en cada mirada, una
metamorfosis. Imagínate la sensación de llenarte las manos de pintura y
estrujarlas en la hoja en blanco: los colores estallan sin ninguna racionalidad
de por medio, sin pedir permiso, pura curiosidad. Luego, descubrir las palabras
y ver que se pueden moldear como plastilinas; esculpirlas, amasarlas,
lanzárselas a alguien, llenarlas de pelo y mugre, perderlas, empezar otra vez.
Tuve la necesidad de mantener ese juego en el tiempo.
FE: Bueno, hacemos lo que podemos con lo que
tenemos. He visto garzas blancas sobrevolando el vertedero del río San Pedro, y
también he visto hombres y perros escarbar juntos en las bolsas negras de cada
rincón del país. Mares de cuerpos marchando. Infinitas despedidas y carencias.
Sobre estos asuntos urgentes, García Lorca, salomónicamente, pidió «medio pan y
un libro»; sin embargo, Santōka, sin nada que comer, decidió «saborear el
agua», y eso es durísimo. Hay momentos de la vida que cruzamos sin pan, ni
libros ni agua. Para mí la poesía es fundamental, no porque sea imposible
«vivir sin poesía», sino porque mientras haya vida, hay poesía.
FE: Sí. Ojo, siempre afirmando desde lo que
vivo y me funciona. No le diría a nadie: «la clave de la felicidad está en
escribir poesía». Cuántos espíritus sensibles no pudieron seguir adelante luego
de explorar y explorar. ¿Qué pasa con los poetas, la indigencia, la locura, el
suicidio y la amargura? Hay decisiones que te acorralan. Al principio, todo el
mundo te quiere dar consejos (de escritura y de vida); algunos son malísimos. A
los dieciséis me dijeron: «la poesía se aprende de bar en bar, porque el
maestro Bukowski dijo que blablabla». Yo ya conocía a unos viejos bohemios que
habían perdido todo en esos trotes, y aprendí a tiempo que hay muchas formas de
buscar. Para mí es importante vivir plenamente, de la manera más saludable que
pueda; aunque en ocasiones termino sacrificando algo de mí, he podido encontrar
un estilo que me da más alegrías que tristezas.
FE: Calima fue una escuela para mí. Organizamos
muchos recitales y encuentros en Los Teques, una ciudad con poquísimas
iniciativas culturales. Éramos un grupo de chicos muy jóvenes haciendo
actividades autogestionadas que convocaban a poetas de trayectoria, amas de
casa y estudiantes de bachillerato a leer poesía. También tuvimos mucho
movimiento en redes sociales, logrando organizar encuentros con artistas de
distintas disciplinas dentro y fuera del Estado Miranda. Un grupo también es un
taller permanente en el que tienes muchas reuniones para disertar sobre gestión
cultural, intercambiar lecturas y proponer ejercicios de escritura. Cuando
trabajas en colectivo, siempre tendrás a alguien que te tienda una mano cuando
te sientas pequeñito, o que haga de cable a tierra cuando te ataque la vanidad.
Fue bonito.
FE: Conectando un poco con la pregunta
anterior, siento que desde Los Teques es muy difícil proyectar tu trabajo fuera
de lo local, ni hablar de la posibilidad de dar a conocer tu trabajo en otros
países. A partir de las redes sociales he podido construir proyectos con
escritores dentro y fuera del país. Agradezco los lazos de amistad que he
formado desde lo virtual.
FE: Yagrumo es un bosque para el niño
que fui. Como todo bosque, tiene grandes contrastes entre la luz y la
oscuridad; en esos matices, me atrevo a pensar que hay un poema para cada
lector. Además, los collages de Verso Lidio complementan el libro
perfectamente. Osario plasma en palabras el mundo que busco en mis
ilustraciones; espero, eventualmente, editarlo en papel.
FE: La fragilidad del cordero es un sacrificio
para el Dragón. El cuerpo-cordero, el sueño-cordero, la esperanza-cordero se
desvanecen ante las llamas de ese inclemente poder, y al final no queda nada.
En el proceso de escribirlo, busqué las cosas que me hacían ser quien soy y les
prendí fuego. Fui hilando sus imágenes desde la contención al despliegue: del oro
a la desolación, de los verdores a la tragedia.
FE: Sobrevivir.


