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| Léon Spilliaert , "Femme Au Lévrier" (1917) |
Noctífago
Ojos reptiles
miles
escudriñando.
Ojos huérfanos que no vi antes
infinitos dueños de la sombra.
Tal vez tienes hambre
bebiste la última gota de terror
ya no esperas la señal de los arreboles.
No quise saber de tu alma.
Canto de pájaros
no regresaste.
Noventa y ocho
Cuando fui terrible
bebí sangre de jazmín
y miré a la bestia morir de sed
aparece su nombre con un golpe de naufragio
haciendo lágrima de mar
aguamala
escuché descansar
los huesos
yacían como piedras
arrastradas a la orilla
marcando huellas dulces de mala miel.
Paré de cavilar las huidas
y el epílogo de los días.
Sepulto animalitos y flores con piernas quebradas.
Ya no le apuesto al final
yerbamala
crece madreselva sobre mi osario
espero el canto del último grillo
para cerrar los ojos.
Abandono a lo terrible
deseo volver cuanto antes al campo de los columpios.
Lyrae
Te he visto en los ojos de una constelación
andabas con el color de los seres etéreos
en el lomo de un colibrí marino.
Deambulabas como un exiliado
te acerqué a mi pecho para saciar la sed
y bebiste infinitamente
esperando el regreso de las palabras.
Dibujaste setenta y tres pájaros
cada uno más luminoso que el otro.
Pintaste
con fidelidad
el relieve de las cuerdas ante la oscuridad.
Sentenciado por un gesto delator le diste nombre a tu prisión.
Liranía
en la punta del universo aguardan los senos de una flor.
Eloísa Soto (1998). Caballo final. Caracas: Fundarte, 2022.

