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| Aída Valdepeña (Foto cortesía de la autora) |
Aída Valdepeña (Ciudad de
México, 1976) es una poeta y narradora mexicana. Estudió Literatura y
Creación Literaria. Su obra se incluye en Antologías como Semilla Desnuda. 40
Barcos de Guerra. Tenho tanta palabra meiga, alguns poeta mexicanos, Ediciones
librera y Anome Livros, Brasil. Galardonada con Mención de Honor en el Premio
Interamericano de Poesía Jóvenes Creadores, Sinaloa 2007, por su poemario
Universo de Náufragos. Parte de su obra se ha traducido al inglés, ruso, árabe,
italiano, francés y portugués, y se publica en medios impresos y electrónicos
de México, Perú, Venezuela, el Salvador, Brasil, Argentina, España, Estados
Unidos y Rusia. Algunos de sus poemas forman parte del acervo de bibliotecas
públicas de Cuba y Dinamarca, así como de programas formativos en la asignatura
de español para daneses. Ha participado en Congresos y Encuentros de
Literatura. Directora de Festivales Artístico/literarios y Coordinadora de
Talleres de Creación. Su libro, A Contracorriente, presentado en la Feria
Internacional del Libro del Palacio de Minería de la ciudad de México, mereció
un reportaje en el programa: Morelos en la Hora Nacional. Traducida al italiano
por el Centro Cultural Tina Modotti, así como por la Revista Margutte.
Mencionan su obra en Crítica, Revista Latinoamericana de Ensayo. Incluida en la
Enciclopedia de la Literatura en México, ELEM, Fundación para las Letras
Mexicanas, CONACULTA. Recientemente público su tercer libro bajo el título
de: Libro Íntimo o cómo empacar la vida en una uva.
Actualmente imparte talleres de Creación Literaria a mujeres en la Fundación de
Doña Margarita, así como de manera independiente.
Con el envío de las preguntas por correo electrónico, nos
propusimos aproximarnos a la poeta, su visión profesional de la escritura, su
proceso creativo, referentes y, desde luego, la vida.
PREGUNTAS:
1. 1)
Su resumen literario nos indica que, además de ser poeta, estudiar
Literatura y Creación literaria, has sido coordinadora de talleres literarios. ¿Cómo fue
tu acercamiento a la escritura hasta hacerlo un oficio/profesión?
A. V.: Llegué a la poesía como
se llega a las mejores cosas, por casualidad. Viví con mis abuelos cuando
niña y estaba rodeada de libros. Mis tíos (9) iban y venían con volúmenes bajo
el brazo y ocupaban los sillones, las mesas y los pasillos de la casa, con lo
que parecía ser un gran discernimiento basado en los libros. Luego, volví con
mis padres; ellos, con toda razón, estuvieron siempre más ocupados en
mantenerme que en buscar ejemplares. Una vez que entré a la escuela, mi
madre se preocupó por acercarme algunos libros. Sabía que serían limitados
y por eso escogió los mejores: Oscar Wilde, Selma Lagerlöf, y algunos
por el estilo. Era escoger entre un par de libros o algunos litros de leche, y
como cualquier madre, siempre priorizó esos litros de leche. Me acercó a
los clásicos de manera modesta, pero inolvidable. Luego, entre mudanza y
mudanza se fueron perdiendo los pocos libros, pero mi búsqueda comenzó: iba a
la biblioteca y pasaba horas ahí. Aún llego a hacerlo. Pedir prestado un libro
que sabes que ha interactuado con otros te hace amigo, cómplice, aliado… Más
tarde escuché que a un par de horas de mi casa se podía estudiar
literatura. No lo pensé. Acudí, me matriculé y viví una de las
experiencias más gratificantes, memorables y encantadoras que pude haber
vivido. El lugar era un terreno boscoso desde donde se podían observar los
volcanes; y mientras leíamos a Neruda, respirábamos el aire nevado de los
grandes colosos. En una ocasión, mientras nos visitó un escritor, una
amiga y compañera tuvo a bien presentarme como escritora también; esto por la única
razón de que yo solía escribir las cartas de amor más melosas y cursis de la
universidad. Aquel día, le pregunté por qué había hecho semejante
cosa. -Porque eso eres. Una escritora- me contesto. Y desde aquel momento, no
se me ha quitado de la cabeza que lo soy, aunque a veces dude, aunque a veces
quiera desechar esa idea, siempre vuelven mis pasos a buscar ese encuentro con
la poesía, con la literatura, con los libros, con lo que yo considero parte de
mi vida.
2) Poesía: ¿Mandato o elección?
A. V.: Se comienza por elección, pero se
mantiene por mandato. Después de treinta años, puedo decir que a veces he
querido saltar del barco y naufragar en otros puertos. Y lo he hecho, vaya que
lo he hecho, pero al arribar… me recibe de nuevo la poesía y me invita a
ponerme cómoda para comenzar una nueva aventura. Y si me resisto, insiste. “Puedes
elegirme o no, pero sabes que al final, volverás siempre” Así que…sí,
elección y mandato. Pero un mandato dulce, un mandato que alienta, que cobija,
que no impone, que salva.
3) Publicaste los poemarios "Universo de Náufragos",
"A contracorriente" y, el más reciente, "Libro íntimo o
cómo empacar la vida en una uva". Tus poemas suelen indagar sobre el
amor, el dolor, la nostalgia, la naturaleza, lo emotivo como parte del paisaje
circundante, entre otros asuntos. ¿Consideras que hay límites a la hora de
escribir poesía?
A. V.: No hay límite. La poesía es como
el aire: anda con suavidad por los montes, o furiosa entre las olas del mar. Se
desliza en un acantilado o se está quieta en primavera admirando cómo
crecen las flores. No hay un tema, no hay un límite, pero sí que es
verdad que la poesía está más cómoda cuando no hablas sólo de ti y dejas
que hable de Dios y del prójimo.
4) Respecto al proceso creativo al escribir poesía, ¿primero
nace el tema o son un cúmulo de exploraciones sensitivas/simbólicas creando un
cuerpo poético?
A. V.: Me pasa que escribo un poema y al día
siguiente otro y luego otro y otro. Al cabo de un tiempo los leo y me doy
cuenta que escribí la continuidad del mismo poema en diferentes días.
Entonces edito, corto, pego y respeto esa línea de madurez del propio poema. Es
como si hubiera pasado por diferentes edades en una sola libreta. Pero
también sucede, a veces, que escribo un verso y ese verso no admite
absolutamente nada más. Entonces lo dejo así, lo respeto, lo cuido y nunca
le pido más.
5) ¿La palabra justa o la necesidad de que la palabra se
ajuste a lo deseado?
A. V.: Creo que lo he mencionado un poco
con la preguntar anterior. El poema necesita madurar. Primero es una semilla,
un brote… luego, poco a poco va adquiriendo fuerza propia y hay que saber
respetar eso. Y a manera de un árbol, de un árbol de las voces: se
poda, se libera de lo innecesario o se abona. Si el poema necesita más
palabras, te lo hará saber, pero nunca a la fuerza, nunca lastimándolo. Sólo
dejará ver los vacíos o las cargas. Es cosa de dejarlos madurar y crecer
en el silencio para después, con el mismo silencio respetuoso, volver a ellos.
6) ¿Cómo fue el proceso de escritura de "Libro íntimo o
cómo empacar la vida en una uva”?
A. V.: Mi padre había muerto. Yo había
perdido mi casa y mi trabajo. Teníamos que mudarnos urgentemente debido a la
violencia por la que atraviesa mi región. Cuando vi la cantidad de cosas que tenía
que mover, me dije… qué ganas de sólo llevarme una uva. Y a partir de
ahí, la pensé como una alegoría. Qué puede caber en una uva. Nada más
que la uva. Y qué es la uva, es la vid de donde saldrá el vino que hará cálidas
las noches frías. No importa que tan lejos vayas, no importa cuánto
pierdas en el camino. Puedes empacar toda tu vida en la uva que eres tú mismo.
Si llevas contigo tu esencia, más tarde habrá vino, seguro.
7) En nuestra época desbordada por la multimedia, ¿Cuál
consideras es el impacto de las redes sociales y medios digitales en su obra?
A. V.: Me ha sorprendido mucho.
Pertenezco a una generación de escritores que celebraba una publicación con
bombo y platillo. Ahora las publicaciones son más genéricas y masivas y creo
que pierden un poco el encanto del esfuerzo, de la sorpresa. Pero, por otro
lado, nunca en la historia de la literatura hubo tanto auge, difusión y acceso
a grandes obras que se están escribiendo en tiempo real. Mi obra me sorprende.
Viaja mucho más que yo. La veo en Dinamarca, en Rusia, la veo en América
Latina, la veo regocijada en la Biblioteca de Washington, o tomando vacaciones
en Arabia. Eso me llena de orgullo y alegría. Y para ser sincera, muchas veces
pienso que es algo inmerecido, pero eso ya es terreno de mis constantes
incredulidades respecto a casi todos mis éxitos.
8) ¿Tiene algún proyecto literario en mente a largo o
mediano plazo?
A. V.: Sí. Estoy trabajando sobre un
poemario que habla de la vida cotidiana. Y también trabajo un poemario sobre
poesía mística. El tema de las mujeres en la Biblia me apasiona. Así como
me apasiona la contemplación de la vida diaria de una mujer de mediana edad con
sus miedos y aciertos, sus triunfos cotidianos y la maravilla de vivir.
9) ¿Qué es la poesía para ti?
A. V.: Para mí, la poesía es la voz de
Dios hablándole a tu alma.
10) ¿Posee algunos referentes literarios/influencias que te
acompañan en tu proceso creativo?
A. V.: Muchísimos. He de decir que si
una lectura no me inspira a escribir, la abandono. Ahora mismo me gusta
dialogar con Marosa di Giorgio, Idea Vilariño, y no siempre son
libros de poesía los que me inspiran a escribir poesía. Me he sorprendido al
ver que los ensayos de C. S. Lewis o Chesterton son de gran inspiración a la
hora de escribir. Vaya, hasta algunos párrafos sueltos o frases en redes
sociales, son una influencia a la hora de mi proceso creativo.
11) ¿Vivir para escribir o escribir para vivir?
A. V.: Se puede vivir sin escribir, pero se vive mal. Hace falta algo, y ese algo es la poesía. Como lo dije antes, es la voz de Dios hablándole al alma, y quién puede vivir bien sin Dios.



