![]() |
| José Pulido en Salamanca (Foto cortesía del poeta) |
José Pulido (Villa de Cura, 1945) es un poeta, narrador y periodista venezolano. Ha escrito más de una docena de libros entre novelas, poemarios, entrevistas, narrativa breve y biografías.
Sus poemarios son: "Esto" (1972); "Paralelo lelo" (1972); "Los poseídos" (Editorial Pavilo, 2000); "Peregrino de vidriera" (2001); "Duermevela" (2004); "Heridas espaciales y mermelada casera" (2019); "Los espacios del adiós y otros poemas" (2020) y "Nunca es un artificio el viejo exilio" (2020).
Entre sus condecoraciones podemos mencionar: Orden Francisco de Miranda. Segunda clase (1985) y la Incorporación a la Academia Venezolana de la Lengua por el estado Aragua (2023).
Ante todo, Pulido es un hombre generoso: con la palabra, el trato, la forma de abordar un tema y, especialmente, al hacer de su observación, reflexión, sentir y honestidad un poema.
Le escribimos para enviarle las preguntas vía correo electrónico. No quisimos abusar de su paciencia y fuimos breves. En muchas entrevistas le preguntan sobre su obra periodística (aquí), su vida en Génova (acá), además de colgar su expresión sobre el devenir nacional. Las dejo para que, aquellos iniciados en el hombre y su pensar, se adentren para conocerlo más.
Las interrogantes que le hicimos giran en torno a su despertar poético, el oficio de un lector consumado, la escritura, su poesía y, desde luego, la vida.
1) Poeta,
narrador, periodista, biógrafo, lector. ¿Cómo inicia su vocación literaria?
J.P.: Comencé
buscando la poesía torpemente, sin conocerla, porque era lo que me conmovía. Leí
un verso de Emily Dickinson que decía: “Los verdaderos poemas huyen” y me quedé pensando ¿Qué
quiso decir y por qué me hizo sentir si no lo comprendí?. Sigo
sin conocer la poesía pero ella me ha hecho escribir. Todo lo que escribo parte
de su esencia. Creo que ella ha estado tratando de conocerme también porque
desde un principio me convertí en alguien que vive para buscar sus huellas.
Ella pasa por todos los caminos
2) ¿Leer
para pensar o leer para vivir mejor?
J.P.: Leer
para rendir honor al cuerpo, el alma y el espíritu que nos dan como forma de
existencia. La lectura nos hace más sabios, sensibles y desarrolla nuestro
cerebro, nuestros sentidos que son muchos además de los cinco que conocemos.
Con la lectura podemos saber todo lo que ha sucedido, lo que se ha hecho, la
grandeza alcanzada por el ser humano. Un libro es un modo magnífico de recibir
mensajes trascendentes. Hablo de libros cuyos autores han alcanzado una cima,
aunque sea pequeña. Solo vivimos mejor si pensamos por nosotros mismos y no
permitimos matrices de creencias o de opinión.
3) La
novela, el cuento, la crónica, los poemas y el guion televisivo han sido parte
de su repertorio creativo y de expresión. ¿En cuál género se ha sentido más
cómodo?
J.P.: Ninguna
escritura me incomoda. Usar las palabras para narrar, describir, contar,
informar, es el privilegio de poseer una pasión como oficio. Con la escritura
no solo se transmiten acciones, hechos, experiencias, vivencias también sirve
para el crecimiento intelectual y espiritual del escritor y del lector.
La
poesía es otra cosa. El poema es una estructura que se intenta con el deseo de
que en ella surja la poesía. Ya lo he dicho otras veces: el poema es el envase
y la poesía es lo que puede llenar ese envase. ¿Llenarlo con qué? con algo que
de algún modo se compare al mecanismo que activa una planta para crear una flor
o con el impresionante modo en el que una flor se marchita. La poesía no es
para que los lectores se distraigan, se entretengan, se informen o se
culturicen. La poesía es una enfermedad sagrada, creo. Algo así dijo Heráclito,
pero sobre el pensamiento.
En
estos días puse en las redes un poema como tantos que he escrito sobre la
poesía. Si quieres lo usas. Aunque lo pongo solo para que lo conozcas si no lo
has leído.
LA
CARACTERÍSTICA NÚMERO UNO
Imponer
a la poesía
un
comportamiento determinado
es no
creer en la poesía
y es no
conocer la característica número uno de la poesía:
no
existe una característica número uno,
ni
siquiera una número dos, atrapar contornos
y
definiciones de la poesía
no es
suavidad ni firmeza por separado
pero podría
ser piedra y aleteo todo junto
Es como
no creer en la vida
estamos
hechos de poesía, de carne, de saliva,
creados
de sangre humana, cerebros empollando
de ahí
cada reacción
siempre
hacemos algo que nos incita a comprender
el por
qué de los animales
Tan
cerca de Dios
y tan
alejado de la vagina
El
Dante ¿quién más?
Cuando
fumaba
y no me
apocaba la pobreza
ni
temía inundaciones de maldad
viví
fechas en las que recogí
colillas
de cigarrillos
algunas
veces aderezadas
con
pintura de labios
Subir a
un autobús era un lujo
caminaba
y disfrutaba detalles de esquinas,
de
árboles sin familia,
nacidos
en la orilla de una calle
recibiendo
lluvia como milagro sin celebración
me
recostaba en árboles solitarios
cuyo
humilde modo no extinto
de
llegar a un acuerdo con el sol y las aves
demostraba
que seguían haciendo
oficio
de árboles
sombra,
oxígeno, nidos, atrapar rayos
En
definitiva
encuentro
huellas en los grandes lugares
por
donde no pasé
![]() |
| José Pulido en el Festival de Génova (Foto cortesía del autor). |
4) Considero
que sus poemas no distinguen entre la "alta" cultura y la baja como
se ha separado desde la Academia. Si debo ponerle un rótulo, aunque sea con un
fin interpretativo, lo considero un etnógrafo que escribe poesía. Lo digo por
la manera en como aborda lo cotidiano, lo que hacen otros y lo que sucede en la
calle, con esa incisa atención a lo que pasa a su alrededor. Además, usted ha
hecho de la divulgación poética algo cotidiano en espacios digitales como
Instagram y Facebook. ¿Cuál es su valoración de las redes sociales en la
literatura y en el quehacer literario? ¿Considera que es un
"outsider", un rebelde literario?
J.P.: He
leído mucho y lo sigo haciendo. He vivido mucho y lo sigo haciendo. La poesía germina
en la vida y en la muerte; en todos los lugares, tiempos y espacios, es la
esencia determinante de cada cosa y solo afinando la mirada del alma puede uno
verla pasar.
He
profundizado en los más elevados escritores y poetas y he trabajado en
fábricas; he sido vendedor de artefactos, corresponsal de guerra y he estudiado
música, he compuesto canciones y he escrito obras de teatro; he convivido con las
elegías de Rilke y he sembrado auyamas. He donado mi sangre a Virginia Woolf y
a James Joyce y cuidé cadáveres para que no se los comieran los animales.
Y
reconozco humildemente que solo he aprendido lo básico: la vida y la poesía son
almas gemelas o cauces de una misma corriente. Hay gente que todavía cree que
la poesía es algo para exaltar el amor en las fechas celebratorias, en
noviazgos, en ritos de seducción. O que el poema es algo muy rimado y ya está.
No se puede combatir eso, las matrices de opinión y de creencias tienen alelada
a una parte inmensa de la humanidad.
Y la
verdad es que solo me apasiona y me emociona escribir. Si alguien lee y siente lo que escribo es un buen logro pero
no lo busco. Yo estoy feliz como una abeja que no sabe hacer miel pero la hace
porque puede vivir con la satisfacción de crear algo desde la insuficiencia.
Con la
divulgación de mis poemas en las redes no tuve una intención meditada. En
realidad pasé la vida trabajando en periódicos y revistas y escribía mis
novelas y mis poemas de noche, al llegar a casa. Durante sesenta años guardé
los poemas que no podía publicar y comencé a ponerlos en las redes, con
fotografías y con obras de pintores. No lo hice como si la imagen estuviera al
servicio del poema o como si el poema fuera un pie de página para la imagen.
Solo busqué esa buena compañía. Y así comenzó tal difusión. Los poemas se
repiten cada año. Al menos no desaparecerán del todo. Son como piedras rodando
en un río.
Creo
que lo importante es que quien escriba ame la escritura, la respete. Hay mucha
gente escribiendo en las redes sin la responsabilidad de quien ama un lenguaje,
un idioma.
No sé
lo que significo en la poesía. En lo que escribo salta a cada rato como una liebre
la vida que he macerado, como he dicho: leyendo y viviendo, la vida de un
hombre que trata de rendir homenaje a su madre porque ella formó, con su cuerpo
y sus partículas, la carne y el alma que se necesitaban para estar entre los
vivos. Mamá era analfabeta pero el
primer libro que me compró, aparte de los libros escolares, fue Don Quijote de
la Mancha. Yo no lo entendía. Y lo leí varias veces y lo sigo leyendo y ahora
estoy más agradecido con ella por ese regalo Un día le conté lo de Dulcinea y
me dijo “Esa pobre mujer no se enteró nunca de que estaba metida en un libro”.
5) En una
entrevista (Reseñada en Grupo Li Po, 26 de diciembre de 2024) usted mencionó que los escritores
nacionales se leen poco entre sí. Si a esto le sumamos el deterioro colectivo
que ha sufrido el país, el cual se incrementó de forma dramática durante la
última década, tal opinión debe tener una fisura abismal entre los escritores
nacionales y los lectores. ¿Todavía piensa de esa manera? ¿Qué considera usted
que hace falta para que nos leamos más?
J.P.: La lectura
debería comenzar en el hogar. Y mucho antes de eso: debería comenzar como una
costumbre entre el hombre y la mujer que forman un hogar. Si la mujer y el
hombre que van a formar una familia no leen ¿qué será de sus hijos? Si piensan
que un libro puede ser importante en la vida de sus hijos la educación
funcionará con más aciertos.
En
todas partes del mundo se da una separación entre escritores porque se forman
grupos de modo casi natural, círculos de amigos, de compañeros, de
condiscípulos. Pero muy pocos se leen entre sí. Uno de los factores
fundamentales para lograr una escritura mayor, elevada, trascendente, es poseer
humildad, tener humildad, saber que cada quien está limitado a lo que es y a lo
que hace. Trato de leer a los otros y de reconocer sus logros. Y no lo hago por
generosidad. Lo hago para tratar de alcanzar, alguna vez, unos gramos de
humildad. En Venezuela siempre tuve que enfrentar el hecho de que los
periodistas no me consideraran periodista sino escritor; los escritores me
consideraran periodista pero no escritor; y muchos poetas me consideraron
escribidor pero jamás poeta. Nada de eso es asunto mío. Creo que todos tienen
el derecho de inventar la persona que desean colocar en un sitio donde no
estorbe. La realidad de la persona será en definitiva aclarada por lo que hace,
por la obra que produzca. Si mis poemas logran algo de poesía o si no lo
consiguen: ese es el asunto que prevalecerá.
Uno no puede ser alguien a juro. Uno no puede ser poeta a juro. Uno vive
esa pasión o no la vive. Uno entrega la existencia a la poesía o solo hace con
ella un comercio de mercancía banal.
6) En su
texto "Contra cada carcelero: la poesía" (Letralia, 30 de mayo de
2026), pone el clavo justo, a mí entender, en el cuerpo poético (y, de alguna
manera, en el corazón de la sociedad): "Los poetas están al servicio de la
poesía: jamás debe suceder lo contrario". Me temo que esto no es lo común,
ni en nuestro país ni en muchos otros. A muchos poetas les encanta arrodillar
la poesía a su mandato, tal cual tiranuelos que, ante tal acusación, olvidan
lavar sus manos y siguen de largo. El asunto, a mí entender, es que este tipo
de sectarismos alimentan a esos monstruos que después socavan las
instituciones. ¿Ha sentido algún rechazo en el mundo literario nacional? ¿Aprenderemos
a ser autocríticos o esperamos a la vuelta de la esquina el próximo Herodes que
mande a cortar cabezas?
J.P.: El
pájaro vuela y canta. Si le cortas las plumas y deja de volar sigue cantando
porque esa es su esencia. Solo muriendo deja de cantar. La vida se expresa
cantando, se expresa volando, se expresa floreciendo.
Lo
primero que debe entender quien desea entregarse a la poesía es que no se trata
de un recurso para buscar poder; no es un oficio para buscar empleos y
jerarquías pagadas; no es un modo de entretener al público y recibir monedas en
un sombrero caído en el piso. El lenguaje es la máxima expresión de lo que en
el reino animal se denomina ser humano. Y la poesía es la máxima expresión del
lenguaje. Es aliento de alma, de imaginación, de sentidos interpretando la
vida. La poesía es una luz que nos atraviesa y nos mide. No es algo que podemos
usar como mercancía, como pieza ortopédica. Es la posibilidad de conseguir una
pequeña emanación sublime hecha con nuestra tosca sentimentalidad.
Ser poeta
es asumir un modo de existencia en el que se goza el martirio de descubrir
quién es uno mismo, de sopesar las pocas cualidades y las escasas posibilidades
que se tienen, ante los muchos defectos y las miles de trabas que te petrifican
en cada uno de los instantes que quieres volar. Asumir el lenguaje de la poesía
como quien adquiere una religión, es un atrevimiento casi suicida, porque nada
te obliga más a acercarte a la verdad, ese utópico puerto de llegada. Hay que
arrimarse al fuego de la verdad y arder en él.
Quien no percibe la
poesía con la corazonada de que estamos
errando todos los santos
días, no tendrá un momento de serenidad
que valga la pena. Una
buena serenidad como la que llegaría si te
estuvieran clavando las
manos y los pies y de pronto necesitaras
preguntar “¿Qué día es
hoy?”
El tema de la poesía es
poder estar presente en cualquier
circunstancia sin poder
expresar nítidamente para qué se está
presente si la voz no
tiene nada que ver con el coro. Ah, cuánto
placer molestar con
música el viejo silencio
No he
sentido rechazo. Más bien una rama del rechazo que se llama indiferencia. Pero
siempre digo lo mismo: lo importante es la obra. Lo importante es saber si en
verdad consigo un buen poema. En definitiva mi pasión y mi amor por la poesía
es algo personal. Un placer solitario, como rezar a la poesía y que de vez en
cuando ella escuche.
![]() |
| José Pulido desde su casa respondiendo la entrevista (Foto cortesía del autor). |
7) ¿Vivir
para escribir o escribir para vivir?
J.P.: Somos
testigos. Estamos en el mundo como testigos efímeros. Debemos ser lo más
justos, honestos y amorosos posible para poder atestiguar. Y debemos ser
humildes para la hora de mirar hacia nosotros mismos. Hay quien habla como
testigo todos los días y la mayor parte del tiempo sin asumir la responsabilidad
del testigo. Hay quien escribe todos los días sin asumir la responsabilidad del
testigo. Pensar en la escritura como arte es entender que se trata de una forma
del lenguaje que puede dar más valor a lo que el testigo expresa. Mirar la
vida, describirla, interpretarla, comprenderla es una magnífica justificación
de tener conciencia.
Puedes vivir sin escribir. O sea: puedes respirar, comer, amar, caminar, comprar tomates. Pero no puedes escribir sin vivir. La poesía sí puede. Lees un poema de un poeta muerto, como Anna Ajmátova, por ejemplo, y sientes deseos de escribir un poema desde ese sentimiento. Y Anna Ajmátova escribe desde tu corazón.
-----
Recomendación de su libro Nunca es un artificio el viejo exilio





