Las Flores Rotas

Blog de poesía + Artes Visuales + Entrevistas literarias

 

American School, "The American Bison at Jackson Hole, Yellowstone" (1908)

 

 

 Meanwhile

 

Driving, dogs barking, how you get used to it, how you make

                            the new streets yours.
Trees outside the window and a big band sound that makes you feel like
     everything's okay,
  a feeling that lasts for one song maybe,
                 the parentheses all clicking shut behind you.
          The way we move through time and space, or only time.
The way it's night for many miles, and then suddenly
                                     it's not, it's breakfast
   and you're standing in the shower for over an hour,
                   holding the bar of soap up to the light.
I will keep watch. I will water the yard.
      Knot the tie and go to work. Unknot the tie and go to sleep.
                            I sleep. I dream. I make up things
   that I would never say. I say them very quietly.
                      The trees in wind, the streetlights on,
          the click and flash of cigarettes
being smoked on the lawn, and just a little kiss before we say goodnight.
      It spins like a wheel inside you: green yellow, green blue,
                                  green beautiful green.

   It's simple: it isn't over, it's just begun. It's green. It's still green.

 

 

Real Estate


My mother married a man who divorced her for money. Phyllis, he would say, If you don’t stop buying jewelry, I will have to divorce you to keep us out of the poorhouse. When he said this, she would stub out a cigarette, mutter something under her breath. Eventually, he was forced to divorce her. Then, he died. Then she did. The man was not my father. My father was buried down the road, in a box his other son selected, the ashes of his third wife in a brass urn that he will hold in the crook of his arm forever. At the reception, after his funeral, I got mean on four cups of Lime Sherbet Punch. When the man who was not my father divorced my mother, I stopped being related to him. These things are complicated, says the Talmud. When he died, I couldn’t prove it. I couldn’t get a death certificate. These things are complicated, says the Health Department. Their names remain on the deed to the house. It isn’t haunted, it’s owned by ghosts. When I die, I will come in fast and low. I will stick the landing. There will be no confusion. The dead will make room for me.

 

 

 

Richard Siken. "Meanwhile" and "Real Estate" at Richard Siken. Chicago: Poetry Foundation.

 

Master of the View of Saint Gudula, Young Man Holding a Book (ca. 1480)

 

Considerando

1. que el corazón es un órgano muscular hueco

2. que el corazón es el responsable del bombeo y circulación de la sangre en el cuerpo y que sin este flujo no se puede vivir

3. que la masa muscular que lo constituye está formada por tejido cardíaco, caracterizado por no estar sometido a la voluntad, sino que funciona de manera automática

4. que cuando comencé a amarte yo no sabía lo que hacía, pero no podía evitar algo que podríamos configurar bajo el nombre “latido”

5. que el corazón es el músculo que más trabaja en el cuerpo humano, latiendo unas 115.000 veces al día, con un promedio de 80 veces por minuto

 6. que, durante un tiempo de vida normal, el corazón humano latirá más de 3.000 millones de veces – bombeando una cantidad de sangre de cerca de un millón de barriles.

7. que al principio la eclosión de mis latidos era tal que podía oírlos al dormir y al despertar

8. que al principio creía en tus latidos como nunca había logrado creer en dios

9. que con el paso del tiempo empecé a confundir los latidos de mi corazón con los latidos de mi corazón

10. que las palabras no son las cosas

11. que un latido es el movimiento diferenciado en el ritmo de contracción y dilatación del corazón y las arterias.

12. que un latido tiene un correlato vibracional en los órganos y también sonoro

13. que toda vibración de un cuerpo dependiendo de la cercanía puede generar una resonancia

14. que durante mucho tiempo me dediqué a diseccionar la respuesta vibratoria que producía tu latido sobre mi cuerpo

15. que la disección cada vez me acercaba más al conocimiento de cómo funciona el corazón y más lejos de mis latidos

16. que en la medida en que más me aferraba a la creencia, mi corazón hecho de músculo y fibra, hecho de piel y carne, hecho de agua o savia, hecho de temblor y espasmo, hecho de vértigo y fugacidad, hecho de ternura y suavidad, hecho de terciopelo, hecho de mi papá peinándome el cabello, hecho de mi abuela agregándole el sufijo iña a todos los diminutivos, incluyendo mi nombre, hecho de mi propia sonrisa y el tono delicado con el que trataba las a plantas, hecho de mis ganas de acariciar y de los brillos que veía en los ojos ajenos; mi corazón se moría y yo me
quedaba repitiendo sílabas, tratando de hallar una clave

17. que nunca he dejado de preguntarme si un corazón se cansa de latir y un día decide colapsar

18. que nunca he podido explicarme cómo es que un corazón se cansa de latir y un día decide colapsar

19. que nunca he podido dejar de insistir en que mi corazón no se canse de latir evitando que un día llegue a colapsar

20. que tanto el latido como el colapso se producen de forma automática

21. que

 

 

Regina Riveros (1986). Tejido cardíaco. Universidad de Carabobo: Poesía. Publicado el 25 de noviembre de 2024.

 Eugène Carriere, Etude de Femme ou Elise riant (1893-1895)



Sigo comiendo el silencio,
la abeja negra atemorizada,
la expresión de una pantalla
[simulando]
el borde de un mundo
alejado de sí mismo,
(un modelo antiguo
de escasas formas).
Sin particularidad alguna
para:

el escribano
del fondo
de las aguas.

El silencio más introspectivo
donde
no llega
la metereología
de ninguna carta
de antecedentes
dormidos
y resultados baratos.
Apenas el viento
como estancia
(comienza a andar libremente)
sin posturas ajenas,
con la hierba en la boca de los
que observan plácidamente la
profunda significación del saberse:

[Nacidos de un día animal
paridos en el suelo
de la fornicación,
la sangre y el miedo]

La mirada nacida de la sombra
–abstracta cata de gemidos–
abierta entre corchetes negros.
La metamorfosis de las alas
donde se parten los ecos
[Aullidos de la ternura]

De:

Una danza inmóvil
tatuada en la pared.

–Interrupción–

He sobrevivido a otro corto silencio.
Días sin telefonear a los ojos
de lo cotidiano, al sexto tono se caen
las llamadas.

Lluvias:
gritan.
Fuera:
se estremecen los vientos.

–Interrupción número 2–

Hacemos una llamada y
establecemos la conciencia del Yo,
(eso que la mayoría lleva
al «love hotel» más cercano de la
prostitución)
[NO física]
sin que se le cruce un sólo
pensamiento en media jornada de vida,
y recalco:
[NO física].

–Interrupción número 3–

Lo mejor es acelerar la curva,
la línea discontinua,
el turbo de la pasión de tres dígitos,
no más.
[Porque no le llegarán]
<<Créanme>>

El deseo es fuerte, pero…
en sus ojos brilla la luz neutral,
la oscilación de la rama que
parece ir retrocediendo hacia
un lugar lejano,
la inversa de las manos
se me acercan,
(envueltas por la cáscara que habitamos),
recipiente actual en
la bandeja del pensamiento,
el tacto de la serpiente expuesta
entrecerrando los ojos,
bebiendo el agua de las pupilas
en un charco plano.
[Tomando tu lugar] –Interrupción número 4–
Mi lengua y mis labios
junto a la botella de vino
absorbiendo el instante,
el triángulo fijo en el papel
visualmente estático,
(se arruga en las lenguas
de quienes saben darle forma
al filo hambriento
del placer),
y le lanzo un gesto de reclamo al
giro del reloj,
nada se mueve excepto él,
siendo
la licencia turbada de mi distorsión,
(no se cuentan mis latidos en
el zumbido inalámbrico).
Las sensibilidades se las dimos
al estimulante de baja estatura,
de formas fálicas,
el Ser como manifestación de
espinas,
como culto
y costumbrismo.
–INTERRUPCIÓN NÚMERO X–
=(Des)conexión.

 

 

 

Isaura Duarte. Poemas. Isaura Duarte. Santiago de Chile: Revista Montaje.

Geographisches Institut der Flemming-Wiskott, Südamerika (1923) 


Algunas consideraciones sobre la migración venezolana en la región


Venezuela ha sido una nación abierta a los migrantes. Solo basta con echar una ojeada a los anales de la historia del siglo XX para darnos cuenta de la acogida a los desplazados por guerras y dictaduras en Europa, América y del resto del mundo: la primera gran oleada de 1920 a 1938 durante la dictadura de Juan Vicente Gómez y el gobierno sucesor de Eleazar López Contreras; luego, durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez (1948-1958) y en la década de los 80 y 90, en menor medida, con los gobiernos de la democracia bipartidista (Brito Siso, 2021, p.45).

 

*

Debido a la grave crisis social, política y económica en Venezuela producto de la caída del ingreso por la renta petrolera y, con ello, el flujo de ingresos para las importaciones, además de la ineficiencia y corrupción gubernamental, creando un crudo desabastecimiento de alimentos y servicios básicos durante el periodo 2016-2017, el incremento de las fallas en el suministro energético cuyo cenit fue el apagón nacional del 2019, la falta de oportunidades sobre todo en la población más joven, además de la violencia social, entre otros factores objetivos y subjetivos, resquebrajaron al cuerpo de la sociedad. Dichas grietas se han traducido en una crisis migratoria inédita en el país que abordaremos brevemente por medio de las estadísticas ofrecidas por varios estudios realizados en los principales países de la región que acogen a venezolanos.

 

*

Colombia, al ser el país vecino, recibe a la mayor cantidad de migrantes venezolanos. Según las cifras de Migración Colombia (2022), hasta diciembre del año 2022, ese país albergó a 2.896.748 venezolanos y venezolanas (Ministerio de Relaciones Exteriores, 2022, p. 8).

 

 

*

Según las cifras del 2022, el 51% de los migrantes son mujeres (1.491.034), el 49% son hombres(1.405.091) y el 0,02% (623) se identifica de otra manera (Ibíd., p. 10). La predominancia de la población venezolana migrante son jóvenes: (329.609 venezolanas entre 5 y 17 años, y 333.597 venezolanos en ese rango etario); (455.049 venezolanas entre 18 y 29 años, y 411.679 venezolanos en ese mismo rango de edad). En cuanto a los adultos jóvenes (302.905 venezolanas entre 30 y 39 años, y 310.096 venezolanos en ese mismo rango) (Migración Colombia, 2022, p. 10).

 

 

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De acuerdo a las estimaciones del INEI (2023), la migración venezolana en el mundo ronda los 7 millones 320 mil personas, aproximadamente. El 83,4% del total migrante se halla en los países de América Latina y el Caribe (6 millones 136 mil), de los cuales el 21% del total se encuentran en Perú (p. 3).

 

 

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El 78,2% de los migrantes venezolanos en el Perú residen en Lima, la capital de ese país (Ibíd., p. 4). En el 2018, la población migrante venezolana en el Perú era de 630.715 y para el 2022 llegó a 1.078.854 venezolanos (Ibíd., p 5)

 

 

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A partir del estudio realizado por el Grupo de Trabajo para Refugiados y Migrantes (GTRM) entre 2020 y 2021, con el fin de conocer la situación de las familias venezolanas que residen en Ecuador, siendo éste país el tercero después de Colombia y Perú con el mayor número de migrantes de Venezuela, para febrero de 2022, la cifra  aproximada de venezolanos y venezolanas en ese país alcanzó los 513.903 personas.

 

 

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La población migrante proveniente de Venezuela en Chile (octubre, 2024) ofrece los siguientes datos levantados por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) y el Servicio Nacional de Migraciones (SERMIG): para el 2001 había 4.338 venezolanos residentes en ese país del sur de América; en el 2011, la cifra totalizaba 5.748; en el 2017, dicha población sumaba 83.045, el cual incrementó notablemente en el 2022 alcanzando 532.715 migrantes de nuestro país en territorio chileno (Migraciones Chile, 2024, p. 2). 

 

 

*

El 59,6% de ciudadanos venezolanos en Chile (estimación al 31 de diciembre de 2022) reside en la región metropolitana de Santiago (Ibíd., p. 4). A su vez, el colectivo venezolano en dicho país representa el 32,8% de los extranjeros, siguiéndole los peruanos con el 15,4% (Ibíd., p. 5).

 

 

 

Bibliografía

 

Brito Siso, C. (2021). La migración venezolana: inicios y consecuencias en Del Álamo Gómez, N., Picado Valverde, E. M. (directoras). Políticas públicas en defensa de la inclusión, la diversidad y el género III. Migraciones y Derechos Humanos. Ediciones Universidad de Salamanca, pp. 43-53     

 

INEI (2023). II Encuesta a la población refugiada y migrante de Venezuela residente en el Perú, 2022. Instituto Nacional de Estadística e Informática.

 

Ministerio de Relaciones Exteriores (2022). Distribución de venezolanas(os). Migración Colombia

 

R4V. Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela (2022). Evaluación conjunta de necesidades. Informe de Resultados de Ecuador.

 

SERMIG. Minuta población migrante de Venezuela en Chile. Migraciones Chile, octubre, 2024. 

 

Paul Signac, "Port of Saint-Cast" (1890)



ORFEO


A Eugenio Montejo


Orfeo se hunde en su propia sustancia
la que llama Eurídice
y el necio pájaro ventrílocuo
lame en el charco de sangre creado en su honor
por la soberbia de su alma
lame anhelante sus migajas estremecidas y ampolladas
como pedazos de la dama perdida




MUELLE CUATRO


Cerca del muelle cuatro no hay esperanzas
algún café perdido en las maderas
y una colilla húmeda
Los sacos de sal apilados con desgano
aguardan un estivador que no ha nacido
Son las cuatro en la tarde de bruma
y cuando intentamos el regreso
los pasos se extravían
Al cerrarse una puerta en las bodegas
su chirrido se confunde
en el grito de un pájaro




Teófilo Tortolero (1936-1990). Demencia precoz - Teófilo Tortolero. Valencia: Revista Poesía, publicado el 25 de junio de 2018.

Édouard Manet, "La Nymphe Surprise" (1861)


A Diego Sequera

 

Subconfieso que subdesando las calles de un país
subdesarrollado del tercer mundo
Cerquita de la línea ecuatorial
Una conmoción geográfica – tropical eructa bufones que evaporan
espíritus
Subciudadano
Subser –subpaís donde encontrarse con un chamán callejero es una rareza
Subsociedad
Apruebo solamente los homenajes a los mendigos – a los
locos y a los apátridas
Submundo
Billy Jack nació para perder
“Be born for lose”
Si el duro desierto continúa absorbiendo mis subandanzas entonces se
extenderá un crimen
Continúa la derrota
Continúa la prisión

 

 

Antonio Robles (1964). Huyendo al Sur. Antología poética. Santiago de Chile: LP5 Editora, 2021.


M. M. J. Miguel (Foto cedida por el autor)

Con M. M. J. Miguel (José Miguel Mota Mendoza, 1989), escritor, editor y músico venezolano, seguimos con Punto y Coma, una sección para, de ser posible, charlar con narradores, editores y todos aquellos involucrados en el género narrativo.

M. M. J. Miguel se toma muy en serio lo especulativo y las fuentes inagotables de la imaginación fuera de los lindes materiales y perceptivos del realismo. Tesista de Letras (UCV), ha sido merecedor de la Mención honorífica en Solsticios: Concurso Venezolano de Cuentos de Fantasía y Ciencia Ficción (2017) y en el Premio de Cuento Julio Garmendia de la Policlínica Metropolitana (2023). Entre sus publicaciones podemos mencionar las antologías: Ecos de la tundra (2019), Brevelectric: narrativa sin sello (2020), Fractal (2023), Los novísimos (2023), Los elementos y el hado (2024) y Peregrinos en un mundo árboles entrelazados (2024).

La entrevista surge por el lanzamiento de Entretierras, editorial que reúne la literatura imaginativa actual de jóvenes escritores y escritoras en Venezuela. De este modo, a través del correo electrónico, le enviamos las preguntas para conocer más sobre él, su noción de la escritura, gustos literarios y dicho proyecto mencionado, además propiciar el debate sobre el panorama actual de la crítica, gestión cultural, edición de libros y publicación en el país.


PREGUNTAS:

 

1) Escritor, lector, músico y editor. Con esa síntesis, podemos decir que la creatividad y el conocimiento son parte de ti. ¿En cuál elemento creativo te sientes más cómodo?

 

M. M. J. Miguel: La verdad sea dicha: no estoy tan seguro de si al conocimiento le guste juntarse conmigo, y menos en estos últimos años donde mi holgazanería y desdén se acrecientan. Sin embargo, lo cierto es que los arranques de involucrarme con alguna rama artística provienen de la curiosidad y de la fascinación; me embeleso por la manera en que cada medio construye sus propios discursos, cómo los deforma, cómo se enfrentan al ruido. El arte es el depredador natural del ruido; una reacción en la que nuestros sentidos se resguardan para sobrevivir. En el preciso momento en que una escena de tal videojuego roza cierta inquietud, o tal pasaje de un libro nos sostiene la mirada, allí nace la verdadera lengua de la existencia, y comenzamos en cierta medida a traducir(nos) el espacio que habitamos y los pensamientos que nos circundan; participamos, quizá, de la experiencia más racional que tenemos como especie: la observación de una brecha expansiva entre lo vacuo y lo divino.

 

Perdón. Me puse muy místico, muy abstracto, para decir que el arte nos entrega cabeza en la medida en que nos reta y ejercita desde todos los sentidos posibles; desde la admiración, desde el repudio, desde el desenfado, desde la ironía, la risa y la tristeza. La relación con el mundo empieza a mutar, a intensificarse, y la única manera de no reventar desde dentro es intentar otorgar(nos) correspondencias con lo que tengamos a la mano. A algunos les funciona el aspecto sonoro, sea con un instrumento o la manipulación de las ondas físicas; a otros, terraformando materiales, mezclando pinturas; muchos, creando experiencias inmersivas desde lo digital; y al resto, nos simpatizan las palabras y sus infinitas combinaciones desde la imaginación. En este aspecto he sido afortunado al pasar por cada peldaño y absorber un poquito de cada cosa; desde el tronador acorde de un amplificador distorsionado hasta la solitaria languidez de la escritura. He hecho de la música y de la literatura mis escuderas; no sé si habré tenido el talento suficiente en alguna para crear algo memorable, y sé que se me acaba el tiempo; puede que me lean cuando ya esté muerto. Quisiera mentir al decir que estoy en paz con esa idea. 

 

Lo cierto es que no me veo en otro oficio. Convivo con el arte, con mis creaciones, con los espacios que me he procurado para seguir en esto, con las ideas inconclusas, con la noción de que podría dar más en cada área. Me arrebata escuchar música, y en su momento estudiarla a profundidad, grabar un disco y andar de gira (dentro de las posibilidades que brindaba este país); también disfruto mucho leyendo, escribiendo, corrigiendo, conversar imaginariamente con otros autores vivos o muertos; gozo de llevar la contraria, por necedad, a literatos que parecen solo conversar con ellos mismos o sus homólogos alcahuetas. En fin, el arte sonoro y escrito es lo mío, con mis maneras, con mis mañas.    

 

2) En tu labor como editor has estado detrás de Brevelectric, Pasillo y ahora Entretierras (junto a Marian De Marcos). ¿Cómo nace la editorial?

 

M. M. J. Miguel: Es una historia menos épica de lo que se espera. Nace como la mayoría de las cosas a las que me avoco: posiblemente por insatisfacción, molestia, y un autoimpuesto deber del hacer al respecto sin importar los recursos, el capital humano, el tiempo u horas de sueño disponibles. Brevelectric me dejó un buen andamiaje sobre la movida literaria emergente en Venezuela, además de evidenciarme una problemática recurrente en lo que respecta a los espacios para la divulgación de la narrativa. Cabe destacar que Natasha Rangel fue quien me abrió las puertas a participar en el proyecto, y puedo decir con total seguridad que hacer equipo con Andrea Leal y Verónica Flórez fue una escuela sobre cómo sacar el cuento de la página. En cuanto a Pasillo, la revista surge por una necesidad expresiva impulsada por el inexistente interés de las instituciones universitarias, sobre todo en Letras, de editar revistas literarias; sin desmeritar a la academia, que aparentemente nunca hace nada mal, en estos recovecos hay una constante castración de la escritura y de la crítica divergente, cosa contradictoria, pues una crítica complaciente termina siendo propaganda. Quienes integrábamos el comité editorial (alrededor de nueve personas) nos asimos a la idea de que la revista era un taller, y ¡vaya taller! Hasta el día de hoy no conozco alguna otra revista universitaria venezolana contemporánea que le haya puesto más empeño a la edición de sus artículos, de sus ensayos, de sus cuentos y demás asuntos, con errores incluidos; fue nuestro orgullo durante esos cuatro números que existió. Lo destacable es que fue una iniciativa de estudiantes, que a pesar de tener un parcial mañana o mendigar para el pasaje, se daban con todo a quemarse las pestañas, sin remuneración económica y nada más que la voluntad de hacer literatura. A mí que no me venga algún crítico literario residenciado en el exterior a decir que en Venezuela no se trabaja para preservar el arte de la palabra que tanto dicen amar.

 

Ahora, fundar Entretierras Editorial parece natural si se toma en cuenta lo anterior; y también Letras te da nociones sobre el mundo del libro. Con estas herramientas a la mano, algo de seso, y la ayuda de Marian De Marcos, quien trabajó conmigo en Pasillo, puse en marcha el proyecto de armar una casa creativa para la literatura imaginativa en Venezuela: fantasía, fantástico, ciencia ficción e híbridos de lo extraño. No me interesa la hegemonía del realismo; me llaman, eso sí, la capacidad de recrear, conversar y narrar otros mundos; soy acérrimo defensor de las alteridades, e incluso mi trabajo como escritor circunda una poética de la otredad, del velo discurrido. Bajo esta premisa, y como reto personal —mi excusa para eludir la tesis de pregrado— convoqué a doce autores venezolanos y emergentes, para editar una antología de cuentos que abarcasen la literatura fantástica en su amplio espectro. Al principio no me lo tomaba muy en serio; era un experimento autogestionado, pero fue escalando hasta que tomé la decisión de consolidar Entretierras Editorial como lo que estaba destinada a ser: la única editorial venezolana dedicada a la literatura imaginativa. Aquí queremos darle voz a todo entusiasta de faërie; esa es la misión. (Nota: cuando hablo de consolidar me refiero a registrar la empresa, pagarle a los autores, hacer contratos, gestionar cada eslabón del proceso de edición, intercambiar constantemente el empuje del artista con el aura del vil mercantilista; es decir, un «emprendimiento» con libros).

 

3) Madrigueras reúne una docena de cuentistas jóvenes de Venezuela. Sabemos lo complicado que es editar en nuestro país. ¿Qué nos puedes contar sobre los desafíos actuales en el mundo editorial venezolano?

 

M. M. J. Miguel: El primer desafío es admitir que la narrativa venezolana tiene más tela que sus propias tragedias. No vale contar a Venezuela si se hace desde la pornomiseria disfrazada de literatura. Eso es urdir un encantamiento de embaucadores. A quien le quede el saco. Como dice una buena colega, tenemos un problemón de diversificación lectora, y esto trae como consecuencia que las discusiones giren más o menos sobre lo mismo. Las razones son bien conocidas. La cuestión con esto es que los narradores, los escritores venezolanos, y los que interesan para un proyecto así, están algo dispersos, escondidos o no existen de plano. Reunir un grupo de autores diligentes y con criterio para formar parte de la primera antología de una editorial, y de paso de corte imaginativo, fue retador. De nuevo tengo que darle las gracias a Brevelectric y a Pasillo porque a muchos pude leerlos en esos proyectos independientes. 

 

El segundo problema es un corolario de lo anterior. Las pocas editoriales que sobreviven acá lo hacen como pueden, eso dicen, dentro de su extraño hermetismo, y con la difícil tarea de hacer circular sus libros a nuevos lectores. De vez en cuando hay ferias, pequeñas presentaciones, y aún así el panorama editorial venezolano se siente como un gran fantasma, uno pesado que deriva adonde sople el viento. Sin embargo, y parece que hay que recordarlo como si no fuese una obviedad, hay gente escribiendo, creando, dando rienda suelta a lo que quiere decir. Hay que buscarlos, darse a la tarea de escucharlos y leerlos. Muchos de los que estamos peleando por el arte desde acá nos conocimos en La Semana de la Narrativa 2019, auspiciada por Revista Ojo y Ficción Breve, por ejemplo. Mientras más le doy vuelta, concluyo que ese evento fue el punto de inflexión para que los narradores emergentes y contemporáneos nos viéramos las caras y empezáramos a actuar desde nuestras propias trincheras. El brazo fuerte de Brevelectric, Pasillo y Gato Negro surgió de esa iniciativa. No debería pasarse por alto si alguien decidiera registrar la historia de la narrativa sin sello. 

 

Otra cosa es que tampoco se reedita mucho, ni lo nuevo ni lo viejo. Estamos atrapados en el abismo de la segunda mano, en cambalaches y donaciones de bibliotecas enteras. No me gusta pensar que leer es un lujo; al contrario, leer es una vía de libertad que el mundo contemporáneo parece cercenarnos en la creciente ola de los autoritarismos análogos y digitales.

 

Por último, los costos de producción literaria son suficientes para tumbar las aspiraciones de cualquiera. Si bien la edición digital facilita la distribución, en carne propia hemos notado que el lector nacional sigue sin adaptarse a este formato; cosa que es irónica porque también somos un sector experto en piratear, con toda la razón del mundo, pues somos un país aislado y hay que bandearse alternativas. Nosotros como editorial hemos puesto a disposición la venta de Madrigueras en formato digital fuera de Amazon KDP para los lectores de Venezuela, y lo que podría ser ventana no ha dado resultado. Claro está, estamos empezando, así que suponemos que al crecer el catálogo, la opción sea más atractiva. 

 

(Valga la cuña. Pueden adquirir Madrigueras por acá)

 

El mayor reto es intentar sortear todo al mismo tiempo, en todo momento y lugar, y no volverse loco. Hacer libros no es fácil. Es un arte. Y todo arte requiere paciencia.

 

Disponible en https://www.entretierraseditorial.com/nuestros-libros


4) Como escritor de fantasía o literatura imaginativa, ¿cuáles son los escritores/as en ese continente que consideras fundamentales en tu formación literaria?

 

M. M. J. Miguel: Es ineludible hablar de J. R. R. Tolkien. No solo por lo que El hobbit y El señor de los Anillos significa para la consolidación moderna de la Fantasía, sino por el trabajo poético y crítico que hay detrás de toda su obra. El pensamiento del Tolkien se embarca en las aristas de algo que yo considero divino, hierático; es el entendimiento de la literatura como pilar fundamental del quehacer imaginativo, donde la palabra, sus fuentes, y cada uso, puede moldear y vestir hasta la más nimia anécdota en una épica de proporciones vastas y mitológicas. El profesor es el recordatorio de que toda literatura necesita de su matiz mitológico para dar cuenta de las grandes inquietudes del ser humano, desde su nacimiento hasta, precisamente, la muerte. Tal como Homero, o lo que convengamos que es Homero, nos aferra y nos insta a una observación constante de nuestros viajes y batallas, tal lo hace Tolkien en este presente tan estrecho.

 

En un plano dialógico semejante también resulta obligatorio hablar de Ursula K. Le Guin. Pienso que todo creador siempre debe reflexionar sobre su propio oficio, sobre lo que hace y hará; tener una convicción estética y plasmarla hasta la sublimación ficcional. En este caso, el pensar la literatura imaginativa desde un contexto fuera del entretenimiento es algo más que necesario; el estigma de una baja literatura vino de unos pocos, pero de unos pocos con poder. Por fortuna, Le Guin combate estas afirmaciones con novelas como Un mago de Terramar, donde las palabras son las que dan equilibrio al mundo, y confluyen con precisión en la justa medida en que la construcción ficcional la necesita. Todo lo insólito, todo lo especulativo, surge de la necesidad voraz no solo de hallar respuestas, sino de tener el valor de preguntarse, de tener dudas. Importan ambas acciones, claro, pero siempre y cuando el ejercicio creativo se manifieste desde la genuina curiosidad por entender al espejo.

 

Todo ese camino me condujo hacia Kentaro Miura, específicamente a Berserk. Este manga totaliza una poética de la imaginación. Lo que lo hace tan especial a esta obra, a su recientemente fallecido autor, es el respeto hacia los cuentos de hadas, la mirada continua hacia la profundidad de los miedos humanos, sus duelos, del horror; este respeto se resalta en la capacidad de cada panel de explorar el miedo, lo inmenso, lo abrumador, de una existencia marcada por el sufrimiento, con la particularidad de que todo el sadismo, toda esta amalgama sanguinolenta solo sería espectáculo sin ese balance luminoso que presenta el viaje heroico de Gutz. El manga nos presenta a los hombres como lo que son, impregnados de sus circunstancias, atados a sus delirios, desgraciados y dichosos por igual. No se trata de poner las cosas en términos de personajes grises, sino de personajes humanos, imperfectos, que se maravillan ante un campo de hadas, pero que lloran de rabia al verse arrancados de su amor. Berserk triunfa donde mucha Fantasía contemporánea falla al no comprender de qué van las historias, de qué materia están hecha los cuentos de antaño. Berserk triunfa, interesa y se mantiene porque penetra el (ser) héroe, en sus declives y sus victorias. Es una obra preciosa, y ojalá a mí me alcance la vida para escribir algo así.

 

5) En esa doble función escritor/editor, ¿cómo percibes el panorama literario venezolano y qué recomendaciones o deseos conjeturas sobre su devenir?

 

M. M. J. Miguel: Sería un lugar común el determinar que pasamos por un momento de cambio o tránsito. Desde que tengo memoria se repite el «ahora sí», y con esas eternas expectativas la vida se desinfla, los proyectos mueren, las personas se marchitan y el mundo cambia.

 

Desde un lado de la carretera observo los carros pasar; unos a gran velocidad, como si huyeran de sí mismos; otros, sin brújula alguna. En contadas excepciones he percibido certezas frente a nuestras crisis editoriales. Lo que hay por ahí, y es porque la apatía nos ha llevado a eso, son mercenarios de la palabra, de la crítica, del seminario, de la gestoría cultural. Es decir, pienso que quien hace vida en el ecosistema literario está muy a su bola, en su rollo y en su escritorio. No soy quien para juzgarlos porque entiendo que vivimos al ritmo del freelancer, al son del encargo, de la comisión. Entrego un prólogo hoy, mañana doy clases y el viernes por la noche tengo un club de lectura sobre xxxxxx. Así vamos. Mucho de todo, tanto que el ojo no da. Ojalá la vida nos permita estabilizarnos para que cada quien hable desde lo que sabe y no desde los zapatos que debe rellenar por falta de personal. Que los escritores vuelvan a ser escritores y dejen de ser gerentes de marketing, que los críticos vuelvan a la tenacidad de comentar las novedades y se liberen del algoritmo o del desdén propio de posiciones acomodaticias. 

 

Genuinamente quiero que escribamos más, que se abran más espacios, que se pueda hallar la motivación necesaria para seguir creando, seguir imaginando. No sé si debamos hacer país, hacer historia o resistir; solo sé que estamos asfixiados de tanto mundo, de tanto ruido, de tanto monocromatismo y cháchara digital. Ojalá hagamos a un lado lo innecesario y nos lancemos a reformular la realidad vacua, dejar de imaginarse a Sísifo feliz y mejor imaginar dragones volando bajito por el Ávila. No sé. Nos hacen falta libros, libros buenos, y también gente que quiera leernos, llorar o molestarse con lo que queremos contar. 

 

Sea como fuese, todavía quedan infinitas gestas por narrar.

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