Las Flores Rotas

Blog de poesía + Artes Visuales + Entrevistas literarias

Pierre-Auguste Renoir, "Tasse Et Fruits" (circa 1910)


 

 

esas siluetas blancas que corretean
imperceptibles sobre la nieve
son lenguaje
las haré desaparecer ahora
una liebre del ártico
un zorro de siberia
un reno de svalbard
un lobo de la estepa
todos blancos esfumándose
sobre la blanca imposibilidad
de su propia existencia

en el regazo del sueño
corren y se cazan uno a otro
mudan de color su pelaje
camuflan lo inasequible

¿los has visto ya?
en la ladera nevada
los hago desaparecer
sobre cada nombre de la nieve
los hago desaparecer
sobre un témpano
los hago desaparecer
en la pura luz
que no existe
en un escenario
que no existe

íngrimo el instante
que en un destello
deja de nombrar y lo ciega todo

 

 

 

Valeria Guzmán Pérez (1988). la fiesta de lo invisible. México: Periódico de Poesía, UNAM. Publicado en noviembre de 2025.

Karl Hofer, Neugierige (1947)



En verdad no sé
si alguna vez alguien me vio
desnuda
-y no hablo de la obviedad de las ropas
tampoco de esa otra obviedad poco menos
evidente
de figura retórica retorcida
hablo simplemente de la que soy cuando no tengo
miedo

de quedarme sola-
aclaro no es

una invitación es más bien
una advertencia: ni siquiera yo
me conozco tanto.

 

 

Jesica Marin
Empleada
Santa Fé, Argentina

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Apátrida

 

Tiemblo
porque recuerdo la violencia
del tacto.
El cuerpo inerte,
que ya no es mío,
un mapa de las áreas
invadidas,
conquistadas,
expropiadas.
Huella transgresora
que toca lo sagrado:
profana y reclama.
El cuerpo es tan solo pergamino,
cicatriz de rastro innominado,
rastros de saliva.
El vestigio de la memoria colectiva
convertido en ruina.
Mi cuerpo,
otro testimonio.
Aquí no existen rostros.
La narrativa sobreviviente,
patético lugar común.
Mi nombre,
tu nombre,
cualquier nombre,
nadie vio nada
aunque todos saben qué pasa. 



Norma Sofía Rivera Padilla
Estudiante
Ciudad de México

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La primera escritura
fue un verso
anónimo
pronunciado oralmente
hacia la dirección del viento
una persona sentada
prestando una atención borrosa
al horizonte
distraída quizás
de la intención
de comunicar
saboreando el gusto
del sonido en la boca
la garganta abierta
el corazón en la mano



Constanza Obregoso
Docente
La Plata, Buenos Aires

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Los libros

 

Nunca tranquilizaron la mente de los tiranos.
Nunca traicionaron a la memoria.
Nunca apagaron la imaginación y los colores.
Nunca dejaron de susurrarle aliento a mis desánimos.
Nunca perdieron sus hojas en otoño.
Nunca añoraron el bosque del cual brotaron.
Pero siempre siempre serán la voz de quien les dio la vida.

 

 

Ivana Jimena Parra
Profesora de educación primaria
Rio negro, Argentina 

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El lugar que eligió mi alma

 

Miro a los ojos y siento calma
es ese el lugar que eligió mi alma.
Porque es otra cosa cuando está conmigo,
todo lo que da vueltas se calla y cobra sentido.


Es que lo real, tan normal, se cristaliza
y lo que está mal, sin hacer nada lo canaliza
con una mirada me analiza
y quedó indefenso si lo resuelve con su sonrisa.


Cómo se quiere tanto, es imposible.
Cómo puede un pájaro volar tan alto.
Al borde del llanto un insensible.
Un suicida en caída libre que no se arrepiente del salto.


Mil cosas se encargan de destrozar la mente
atormentado a la hora de amar.
Cuánto de lo bien, puede del otro lado estar mal.
Cómo saber si estamos del mismo lado del mar.


Me gustaría la certeza, y no la incertidumbre
de entender qué escribís sobre mí en tu cabeza.
En la maleza de mis pensamientos sucumbe
la idea de un día ver de lejos tu belleza.


Por eso me quedo con tu sonrisa, que me da calma,
porque ese es el lugar que eligió mi alma.

 

 

Manuel Andreoni
Estudiante
Mendoza, Argentina 

 

 

 

Un libro una casa. Anuario de poemas - 2021. Camila Mermet & Imanol Guershman, compiladores. Argentina.

 
Akira Moctezuma
Johann Moritz Rugendas, "Teotihuacán" (1832) 


 
 
nuestra casa en el 2222
tendremos la misma edad que ahora
prepararemos alimentos en una cocina bastante práctica
tendremos perritos danzarines del volcán
una cama de edredón de plumas
muy seguramente
el jardín tendrá un eco
en un punto físicamente calculado
para sentir el grito de la ninfa
las puertas se abrirán del suelo al techo
cuando te asomes por la montaña
estará un pino tan alto
tan alto
como tú quieras





*

[serpientes
me paso las tardes
atrayendo partículas
con mi lengua
me eres indiferente
aunque sabes que miento
con esa mirada
tu perfume me arrastra por los suelos
sorpréndeme
e invítame a tu madriguera
a comer roedores
& a chuparnos las caras
mientras nos hacemos nudo
sin tocarnos]






*

capricho
marcelo el murciélago
tiene el virus de la rabia
& un pelo negro que cae
en un suspiro
como dos gotas
de baba y espuma
en las copas se bebe vino
& sus cachetes bien alimentados
se sonrojan

 

 

 

Akira Moctezuma (1982). Yu.  México: Niño Down Editorial.

 

 Adriaen Coorte, Three Peaches on a Stone Plinth (1705)

 

GESTIONES: LO INEVITABLE EN LA VIDA.

 

En el inicio de Gestiones (1992) de Rafael Cadenas (1930), poeta, escritor y profesor (jubilado) barquisimetano, afirma:

Retomo el hilo (Cadenas, 2011, p.7).

Ese preludio, como piedra fundacional, señala el camino que transitaremos —en ese descenso y elevación de lo mundano, de la realidad y lo que se nos oculta— de la mano de su portero (término que, en la etnología, determina el que “abre paso” al investigador en un campo de trabajo). 

 

*

La vida, en sí misma, es señalada como: … la antigua, la nunca adornada (Ídem). ¿Qué hacer con una tradición que lleva a la alabanza genérica sobre lo que es “vivir” sin interrogarse por sus implicaciones? Sin certidumbres, esbozar sobre el extravío que representa la vida misma para quien la “desplaza” en su andanza, no implica un abandono a la “objetividad” subyacente y telúrica en cada ser que nos muestra las emociones más recónditas y, por ende, dolorosas:

¿Por dónde deambulaba yo, suspendido? Pues nunca dejé de ser nervadura del asombro, de vivir en orillas, de extraviarme bebiendo un zumo oscuro, pero invadiendo los contrafuertes del día. (Ídem).

Esa especie de “rapto” nos devuelve al “habitar” —o, al menos, a ese traspaso y sus honduras que nos recuerde el vivir, sus procesos y trámites— y sus sorpresas, a lo significativo, y a su vez, lo escindido de toda grandilocuencia definitoria:

Transparencia que levanté de lo más acosado/como pieza cobrada en la tormenta. (Ídem). 

 

*

El papel de la poesía, en su acepción más general, como: “manifestación de la belleza o del sentimiento estético por medio de la palabra, en verso o en prosa” (RAE, 2021), es urdida como puente entre la “unión” de esos eslabones que separamos en el ejercicio cotidiano, aunque su representación —su cáscara— sea tan compleja como escurridiza:

Pero la palabra se escondía. (Cadenas, 2011, p.7).

Re-fundar la existencia implica dejar a un lado los grandes relatos para hacer monolitos de memoria en un tiempo finito que logre expandirse a través de lo que puede decirse (y quiere des-cubrirse). Dicha selección, sin bandera ni manual, asume la “derrota” como parte vital de lo que nos con-forma:

Los años han corrido y no dejé de registrar caídas. (Ídem).

 

*

La muerte, inevitable, sería, en todo caso, el vestigio ejemplar de un tiempo que ha sido “vivido”, amalgamando triunfos y fracasos en una memoria que batalla contra el olvido perenne. Entonces, ¿qué hacer ante lo inevitable? Rafael Cadenas, como todo gran poeta, le ofrece a la vida los “regalos” necesarios para adornarla ante el inevitable “triunfo” de la naturaleza:

Ahora vuelves, amiga, y yo te recibo con presentes arrancados al verdugo que cela tu territorio. (Ídem). 

 

 *

En la sección “Tributo”, la diosa a llevar al púlpito se convierte en un nido que entrelaza la fugacidad:

Aparté el sueño/cuando me dejó la infancia,/aquella exactitud. (Cadenas, 2011, p. 11)

Para convertirse en un ser-hogar melancólico re-visitado:

El oro de tus patios/al mediodía/apenas se insinúa/cuando un repentino sosiego/me devuelve a mí. (Ídem).

Ese personaje que corporeiza la memoria y su fragilidad, “rescata” lo que se pierde en sus mismos pasos, y que, si no es a partir de un ejercicio que centre lo “objetivo” en la preñez de subjetividades, ese oficio tan “inocente”, en palabras de Heidegger sobre Hölderlin, (Heidegger, 1992), sería imposible en su ejecución:

Registro/y sólo encuentro un hombre./Esta palabra dice mi límite. (Cadenas, 2011, p. 11).

 

 *

La naturaleza que llevamos dentro, la misma que no puede iluminarse tan fácilmente, la subrepticia en nuestro ser, cuando es bosquejada, dilucidada en su paisaje onírico y posible, nos brinda sus propias luces en el abismo:

Ella reluce/en la densa vegetación. (Cadenas, 2011, p. 13).

Esa dualidad entre lo místico y lo biológico, lo elevado y lo que se va esculpiendo con sus formas discernibles, palpables, perfila un “ethos” del ser (y su comunicación) que lo enlaza y destierra ante sus pares:

No fue suficiente/para contentar sus deidades/tu hondura animal,/ayera/que hoy te levantas en mí desde el polvo. (Ibíd., p.15).

 

*

En el apartado “Convivencia”, la comunicación de lo inasible y dado por hecho, nos lleva a una “verdad” experimentada y re-creada por la voluntad:

Tal vez esta constancia/sea lealtad/a otra aventura,/una vez apartados/de nuestro primer esbozo. (Cadenas, 2011, p.21).

Tras el “cierre” de esas primeras etapas un tanto nebulosas, el re-encuentro posible debe ser desarbolado de todas las ficciones, realidades y pactos concedidos (y/o arrancados) al tiempo para encontrarnos:

Nos hemos salido del papel/con titubeantes improvisaciones/que tejen otra historia:/no la que imaginábamos/sino la que aprendimos a querer. (Ibíd.).

 

 *

En ese campo lúdico y vasto, lo errante es parte del recorrido en busca del Yo “perdido” para recuperarse despojado y re-novado ante la realidad. En ese bosquejo del Yo oculto, el poeta dice:

Tanteas/como ebrio/en la ruta del extravío/(así se llama/nuestro segundo nacimiento). (Cadenas, 2011, p. 23).

Cabe resaltar a lo errante como parto primitivo y consecuente al camino de la vida misma; a las complicidades en la heroicidad cotidiana, lejos de la pompa mitológica, para re-encontrar sus esencialidades. Esto aterriza en el poema Almuerzo, donde surge lo “trascendente” en una situación mundana:

El restorán bulle./Mientras comemos/recordamos/aquella intervención divina. (Cadenas, 2011, p. 25).

 

 *

La clarividencia del Yo que cuestiona su lugar en el cosmos no deviene en una exaltación del mismo. Las dudas brotan en esa naturaleza humana indómita por explorar. Es por ello que, ante la tala y quema, el desmalezamiento del ser, ¿qué queda? Lo que no puede sustraerse. ¿Y qué es esto? El conocimiento sobre la mortalidad, el sufrimiento y los avatares que cuelgan como frutos en la existencia.

Apartas/lamentaciones. (Cadenas, 2011, p. 27).

El ser humano, en su afán inherente a su condición de ser racional (y también, emocional), busca transmitir un saber que ha descubierto, hacer partícipe a sus pares, traducir lo que ha permanecido en las sombras que, si llega efectivamente a través de lo que filtra el lenguaje y el silencio, otros tomaran, aprenderán, consumirán o, simplemente, desdeñarán de acuerdo a sus posibilidades del pensar y su apetencia (Heidegger, 2005).

La apetencia se mueve en esa dualidad de la simpatía-antipatía que nos hace acercarnos y alejarnos de los objetos y sus proyecciones, sin la voracidad de lo inconmensurable ni su aprehensión más próxima. Ese elegir, por sobre el deseo (o por sobre el mismo), se vuelca en lo que podemos mostrar como “valioso”, sincero.

Ese Yo que cabalga entre el residuo de la masa etérea, vislumbra una figura poco discernible, precaria:

El rostro/lleno de espera. (Cadenas, 2011, p. 31).

 

 *

La ética del vivir, y su bondad, recae en anticipar su propia dimensión en el cosmos para trazar un camino propio sin tantos artilugios ni cachivaches que ralenticen su senda:

Pero falta/todavía/ese aire desusado/de quién empleó su vida/en un solo aprendizaje:/no necesitar sostenerse. (Ídem).

Al volver sobre la metáfora del rumbo, solo puede trazar un camino el que sopesa su mortalidad, le da alas a lo reptante, velocidad a la quietud y viceversa. Sea en un pueblo, ciudad o suburbio, la gratitud es el eje que bosqueja al bondadoso y el que está atento a lo experimentado:

Todo ocurre/en los ojos/acogedores. (Cadenas, 2011, p. 35).

 

 *

La verdad, si se asalta (o nos asalta), y se emprende su acorralamiento en palabras, puede ser tributaria, sin afectación para inventariar requisitos inesperados sin la proeza grandilocuente de la acción. Contemplar su reducto, simple pero luminoso, hasta llevarnos a habitar(nos) entre sus follajes.

En el apartado “Mediaciones”, leemos:

Nuestros pobres fueros de hombres:/asomarse cansados a un amanecer que se sabe. (Cadenas, 2011, p. 45).

La labor del artista, si nos atrevemos a colgarle una definición, es acometer con sus medios de producción —en este caso, la lengua— una penetración eficaz en la comunidad (Steiner, 2003), y posibilitar las lecturas necesarias tanto para el público y los críticos que, en sus diversos niveles de armazón, permita un tras-paso por caminos nuevos, no abordados.

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

Cadenas, Rafael. (2011). Gestiones. Primera Edición. Mérida, Venezuela: Ediciones Actual/Universidad de los Andes.

Heidegger, Martín. (1992). Arte y poesía. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Heidegger, Martín. (2005). ¿Qué significa pensar? Madrid: Editorial Trotta, S.A.

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Diccionario de la lengua española, 23. a  ed., [versión 23.5 en línea]. https://dle.rae.es [Consulta, 03 de enero del 2022].

Steiner, George. (2003). “F.R. Leavis”, en: Lenguaje y Silencio. Ensayos sobre literatura, el lenguaje y lo inhumano. Barcelona, España: Editorial Gedisa.


 

Las Flores Rotas Blog de Poesía se complace en publicar una muestra de Tradiciones, libro de relatos de Francisco Camps Sinza (La Guaira, 1988). Se puede leer, de forma gratuita y libre acceso, Siete (7) relatos en formato PDF.  

Tradiciones es un libro de catorce (14) relatos escrito hace más de ocho años. 

El libro comienza con Hene, la historia de un niño, Nígelher, el cual vive con su madre, abuela y pequeño hermano. Aficionado al cine, recurre al Teatro Star para olvidar sus avatares cotidianos. En el transcurso de una de sus jornadas cinéfilas, buscando dinero para pagar el boleto, recurre a un hombre, Will, diletante y misterioso.

En El lienzo de Wittgenstein, dos hermanos, Justina y Gael, codifican su entorno a través de un lenguaje propio. En un día cualquiera, en casa de su padre, conocerán a Marilyn y Virginia. En ese escenario, entre comida, bebida y juegos, saldrá a la luz un hecho fundamental en sus vidas.

Resolución es la historia de una chica que ama dibujar y el arte. Rememorando la historia compartida con su ex amiga, Susana, en un viaje que hicieron a la casa de un conocido, encuentra en un cuadro la posibilidad para desplegar su imaginación.

Si la quiero tanto debe su nombre a una canción que une la historia de amor entre Lucinda y Ricardo, contado desde la óptica de Griselda.

En ¡Traigan al padre!, Augusto Fortepiedra, enfermo, pide llamar a su amigo de la infancia, el padre Jesús Meléndez, para resolver un enigma familiar.

Los gritos es la historia de unos chicos que escuchan voces en el cuarto de una antigua casona. Dispuestos a descubrir que sucede allí, escuchan atentos lo que el Tío Claudio tiene por decir.

Por último, Lapso es la oportunidad para que el protagonista de la historia recuerde un evento agridulce en el colegio, el cual dejó una impronta indeleble en su infancia.

 

¡Bienvenidos!

 

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Claudio Bertoni

Edición de El cansador intrabajable, cortesía de Memoria Chilena.



Libros recomendados: Claudio Bertoni Lemus, El cansador intrabajable (II), (Chile: Ediciones del Ornitorrinco, 1986).


Leer a un poeta foráneo, aún cuando sea en nuestra propia lengua compartida (obviando los idiolectos, modismos y esos guiños culturales auxiliares a una mejor comprensión/interpretación), siempre es un reto. Una complicación menor, si no exageramos. Con Claudio Bertoni Lemus, poeta, músico y fotógrafo chileno, lo hilarante, la nostalgia, el dolor, la vergüenza, lo lúdico (en forma y fondo), la sexualidad, entre otros asuntos, están en la carta.  

 

El cansador intrabajable (II), poemario publicado en 1986, comienza con un díptico familiar dedicado al padre y a la madre. En el poema Mi padre y yo, un viaje en carro es motivo para describir los pormenores circundantes y afectivos desde la mirada del poeta en su juventud:

 

Nos mirábamos a la pasada sin darnos cuenta
         cuando nuestras miradas se tocaban
         en los cerros
                                en el cielo
                                                    en un potrero...


Las circunstancias de esa travesía reflejan un afuera marcado por esa división sexual del trabajo en una familia común clase media, donde la figura del padre "es de la calle" (y la madre "de la casa", como leeremos a continuación), como se remarcaba popularmente, de forma sexista, esa brecha entre géneros. Ese escenario antes mencionado es explícito en Mi madre y yo, poema que establece un retrato de la vida cotidiana del escritor chileno con ella:


Llevamos una vida
perfectamente triste
y tranquila


Yo voy de compras
ella cocina
y yo lavo las ollas...


El contexto es importante: hablamos de la década de los 70 y 80 del siglo XX. Bertoni, de forma emotiva, melancólica, sin juicios, expresa un tiempo pasado de su infancia y/o adolescencia que extraña por su sencillez y despreocupación. También, es importante añadir de forma concisa una reflexión de Lou Andreas-Salomé, escritora y psicoanalista rusa, en su texto El ser humano como mujer, sobre su visión de lo femenino que concatena con lo antes expuesto:

 

En la mujer parece como si todo desembocara en su propia vida interior, no hacia el exterior: dentro de su interior como en el ámbito de su propio círculo, como si no pudiera salir de ella sin herida o dolor como la sangre de la piel (p. 21).


Siguiendo, en Watergate, el poeta describe una serie de rutinas cotidianas previas a la rueda de prensa del entonces presidente estadounidense Richard Nixon, el cual fue vinculado con una red de espionaje contra el Partido Demócrata, y por el que dimitió a la jefatura del gobierno, siendo hasta ahora el primer mandatario de ese país en hacerlo. En las divagaciones ansiosas de ese poema leemos:


¿Haré algún día en poesía
lo que hace Big Bill
en Blues?


A lo largo del poemario es constante el juego con las formas en muchos poemas descriptivos sobre eventos regulares con algunos toques fantásticos: el asedio de tres tazas de greda, un baño en la tina, el descenso del telón de la niebla londinense, etc. También, al ser Bertoni músico, despliega su conocimiento melómano en muchos de sus poemas sobre el Jazz, Rock, Blues y hasta el Pop, o retratando a interpretes, músicos y grupos de esos géneros, no sin añadir sus tintes de irreverencia y jugarretas personales o referencias a otros autores (por ejemplo, en el poema Los Rolling Stones menciona a Nicanor Parra, Ezra Pound y a Peter Schjeldahl, crítico de arte de nacionalidad estadounidense).


Por otra parte, el amor y lo erótico, ya sea de su novia, en el ejercicio memorístico de sus ex amantes o en el enamoramiento fortuito en el Underground de Londres, son otros temas distinguidos en la obra. En Flaquita, leemos:

 

eres 

la estufa

más poderosa 

de la tierra

                        estás

                         en Barcelona

                                                    [...]

                                                              y 

                                                               todavía 

                                                               me calientas


Claudio Bertoni es un prolífico escritor que se desgañita (¿habrá un equivalente en español chileno?) en sus obsesiones y en el que, al adentrarnos en su obra, por lo menos en la reseñada, los lectores salen con ganas de más o dimiten a continuar esa senda donde lo reiterativo, el diario familiar, amoroso, sexual, los cantantes, escritores, música y, por supuesto, la escritura, entre otros asuntos, guían la educación sentimental de un escritor que desea, en esa meta elevada de un escritor zen sureño, no tener dolor, tal como aseguró en una entrevista (The Clinic, 8 de febrero, 2022):


Y lo único que busco, el único norte que tengo hace unos años, se vincula con algo que dice Aristóteles: el hombre no busca el placer sino la ausencia del dolor. Eso es absolutamente lo que yo-hago y he-hecho-toda-mi-vida. Y me aseguraré de tener montones de morfina si hay que aliviar algún dolor. 

 

Bibliografía

Lou Andreas-Salomé. "El ser humano como mujer" en El erotismo. España: José J. de Olañeta Editor, 1983.

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Harry Almela
Edición de Los daños colaterales, cortesía de La Poeteca.

 

Libros recomendados: Harry Almela, Lo daños colaterales (Caracas: La Poeteca, 2019). 


Harry Almela (Caracas, 1953- Carabobo, 2017) fue un poeta, narrador, educador, ensayista, investigador, editor y promotor cultural venezolano. Su trayectoria literaria es profusa en la poesía (con más de una docena de poemarios publicados), destacándose en el panorama literario contemporáneo de Venezuela en dicho género, además de una notable incursión escritural en la narrativa, crítica y el ensayo. 


Los daños colaterales, publicación póstuma gracias a la notable labor de la Fundación La Poeteca, nos plantea un desafío particular: salir airoso contra la desesperanza de la pérdida, la derrota, en ese saberse extranjero en sus propias tierras; en la rebeldía contra todo mandato forzado que cae, con el martillo de la soberbia, por fuerzas humanas en una tierra edénica y, paradójicamente, yerta. Eso fue lo que, según mi aproximación, plantea, a grandes rasgos, Almela en el poemario que recomendamos:

 

y este refugio
encaramado
en el centro de ninguna parte
se derrumba


con nosotros...


La destrucción es cónsona a las vivencias de los últimos años en el país. La experiencia propia, vivida, leída y comentada, con sus matices esenciales, se contrasta con la de nuestros semejantes para crear memoria (y/o despertarla):

 

hay cosas de las que se puede hablar
sólo al volver de ellas...

 

Una breve y sentida semblanza del poeta, realizada por Edda Armas (El Cautivo, 28 de abril de 2018), nos vendría bien para crearnos una imagen próxima a él:


Batalla consigo mismo pero también con los otros. Harry no era hombre de dudar en hurgar, aclarar, zanjar incisivo y clavar el colmillo en el tobillo si convencido estaba de tener que hacerlo en busca de una verdad, aunque le valiera enemistades. Tú, “mejor de amigo que de enemigo”, le decía siempre yo. Más amigo (cómplice) que enemigo resultó ser, a pesar de nuestras diferencias y algunos pocos líos con los que lidiamos a lo largo de la vida.


También, nos resulta interesante el panorama que bosquejó Almela (entrevista realizada por Mariana Centeno, 14 de septiembre de 2012) de la Venezuela contemporánea:

 

Ha habido una mutación del paisaje, lo han cambiado todo, y lo poco que ha quedado se ha ido derrumbado. Nos cambiaron la hora, el escudo, la bandera, las calles, los edificios, las carreteras, el paisaje natural, y todo lo demás se está destrozando [...] Al desaparecer los paisajes, al transformarse, hay una ruptura entre los seres y su entorno. Hay un hueco terrible que sólo una modulación de lamento, de queja, de rezo, de oración, puede intentar resolver.

 

Volviendo al poemario, la influencia bíblica se plasma en las imágenes, metáforas de ese trabajo que permaneció inédito hasta su fallecimiento:


...se oye el shofar
y las trompetas del juicio...


Poetas como Ajmátova, Tsvetaieva y Mandelstam (gracias a la referencia de Edda Armas), los cuales vivieron el ostracismo, la pobreza y, como en el caso de Mandelstam, la muerte por la maquinaria burocrática soviética, también son parte que integran el imaginario recorrido en Los daños colaterales. 


No obstante, no hay un enemigo particular en la obra; ni el Estado, ni el letargo de sus ciudadanos, ni mucho menos está calibrado por la resina de la mansedumbre ideológica de sus figuras heroicas, distorsionadas por la propaganda partidista y el resquemor de la nostalgia. 

 

Es que, lejos de plantear una postura moral o un recetario subversivo, los poemas de Los daños colaterales ahondan en el Yo frente ese desierto de respuestas humanas; el poeta, y el lector, cómplice, se ven solos ante un mar indomable, sin islas que puedan guarecerlos, y, sin duda, contemplando el parto de un naufragio inminente:


...sumisos
entre quien abandona
y quien maltrata


no hay boyas sobre la espuma...


Su ética, en todo caso, sería la del observador: incansable, metódico, la de un solitario deambulando ante la bruma sin horizonte promisorio, sugiriendo un refugio en nuestra única y consoladora esperanza ante la muerte: la palabra.


fundamos nuestro infortunio


fieles a esa heredad
permanecemos en el maquillaje
que nos oculta


y ningún secano está a salvo
de nosotros


La lengua común será el desamparo. Resistir es el único mandato en esos códigos de un silabario que manejamos (¿o nos maneja?) a tientas, deambulando en las coordenadas de ese temporal que mueve, imparable y caprichoso, la escora de nuestra embarcación: 


el océano no borra
nuestro abismo


Harry Almela, con su mirada de marinero aventajado pergeñando otro horizonte, debe ser leído y releído, no solo por los jóvenes en formación sino por cualquier persona en general; difundir su obra, arropar hasta dónde se pueda con su palabra el ciego instinto individual en una tierra de luz esencial, con su tristeza, exuberancia y esencia de piel traslucida en el desamparo, es una empresa lúcida. Sin promesa ni decálogo, navegando entre los iceberg de piedra sólida, solo podemos conformarnos con un aliciente ínfimo a ese andar errabundo cotidiano (¿para despertar? ¿conocer? ¿accionar?):


...huimos del abismo
y no queremos ver...

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Alejandro Salas, Erotia
Ejemplar de Erotia.

 

Libros recomendados: Alejandro Salas, Erotia (Caracas: Editorial Mandorla, 1986). 


Di con Erotia como quien descubre un objeto ajeno a ese paisaje urbano caminado y digno de escrutinio diario. Desconocía la obra y persona: Alejandro Salas (Caracas, 1960-2003), poeta, artista plástico y editor caraqueño, ya sea por mi ignorancia, que es mucha, o por la poca reseña que se le ha dado a su obra, al menos en el ámbito digital. 


El asunto es que, tal hallazgo, en gran medida por la labor de Círculo de Poesía, página y grupo editorial mexicano, publicando una relectura de su 40 aniversario del poemario que recomendamos, es digno de compartir. 

 

En otra casualidad, ya un poco más meditada, consigo Erotia de forma íntegra. La primera lectura me ofrece un paralelismo circunstancial (y otro primitivo): circunstancial porque lo emparento con otro poeta caraqueño, Alejandro Castro, cuya poesía erótica, descarnada, lúcida y transgresora soy lector asiduo (en lo primitivo, ya que he leído su poemario No es por vicio ni por fornicio... diez veces o más, y puede que ese parentesco se deba a mi percepción viciada por los poetas de mi tiempo en ese empeño cronológico y ortopédico de las lecturas contemporáneas). Luego de esa impresión, la obra de ese otro Alejandro, fallecido prematuramente, se sostiene por sí solo.

 

Erotia se publicó en 1986. En el poemario, cuyos dibujos son del mismo autor, Salas despliega un juego de joven aventajado sobre la rayuela del amor: un cuerpo, entregado a otros cuerpos, a los voyeur, sean visitantes recurrentes o merodeadores. En el primer poema hace una advertencia a los que no creen en esa religión tan divulgada y que abraza a feligreses de toda índole:


... sus negadores pueden ahora oír la verdad

y también aquellos que lo llaman

sin esperanza...


Esa ofrenda a los escépticos, solitarios, a los Luteros que cuelgan sus enmiendas en el pórtico de la habitación, lugar donde se resguarda la cama, escenario de ritos (por allí se cuela la luz del alba, donde se espanta la oscuridad del mundo), santificada predilección para la entrega de los amantes:

 

La historia de amor comienza en la cama

el lugar de la desesperación

de las sábanas sucias que llevan al olvido...

 

El amor, entonces, es el verbo hecho carne que sostiene la creencia pagana más difundida por la humanidad: sacralizada, vendimiada, negada, bifurcada hacia el rencor, el odio, en la incomprensión material de sus oficiantes. Como todo resquicio antropológico, Dios entra en sus dimensiones: éste, en el poeta, es producto de la oración vespertina antes del acto:


Escribimos con nuestros cuerpos los hexagramas

mi señor, en cada estación nos llenamos de signos...


o es parte de la animalidad nocturna negada a toda metafísica de la entrega:

 

...vaivén que recibe a dos amantes llenos de

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ [miedo

que buscan enfrentarse, herirse y perecer

hasta no tener más hambre

tirados allí como víctimas de una matanza:

el dios de ellos está lleno de rabia

por eso, después de la entrega, no vuelven a

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ [hablarse.

 

Denis de Rougemont, en su libro Amor y occidente, nos recuerda que su base ha sido la pasión: ardorosa, mortal, sufriente. Ese elemento filial e indistinguible en la literatura de este lado del mundo (recordemos Romeo y Julieta, cualquier novela de  Jane Austen, etc) es parte del poemario que recomendamos. Entonces, los gemidos, gritos, el cuerpo contorsionado en la vorágine del dolor y placer, en el goce y la agonía, en la victoria de la vida ante la muerte y, en esa mecánica, limitando la geografía certera de la extinción, son parte de esos elementos complementarios y antagónicos que no pueden escindirse del encuentro tan humano como divino:


Este es el círculo de los violentos contra la 

                                                                   [naturaleza...

 

Federico Paganins, en Papel Literario (El Nacional, publicado el 23 de abril de 2021), habla de Alejandro Salas como un renacentista nacional. Y estoy de acuerdo: es un artista que manejó la simbología culta, las lecturas populares, conoció la tradición haciéndole tomar partido por el bando dionisíaco, y así dispuso, al trascender la palabra santa y la representación (es un heredero de Caravaggio donde estudió a la prostituta que posee suficientes virtudes para hacer de Santa, y al pordiosero fiel a la imagen de Cristo) de ese debate tenebrista de las luces viriles y la virginidad de las sombras prohibidas:


Lesbia ha estado conmigo Catulo hace un instante

sus nalgas de luz de lámpara me han acompañado...


La amante es una promesa de totalidad. A veces encarnada en la primicia de su genitalidad, otras con su voz lasciva animal o representada en la nada sensual desbordada de su corazón que lo acompaña. Es importante señalar esa mención a Catulo (ese poeta que quiso vivir de la poesía y el ocio, muriendo a los treinta años) y a su amada, Lesbia (esposa y amante, musa del rapto poético y flor caída de la desilusión amorosa), cuya pasión estuvo urdida en un pacto sáfico. Entonces, como sucede con esos amantes mencionados, se recalca, en ese canto exuberante, que el sexo, en toda su potencialidad, es una cuestión de amar: 


...Dentro de poco una mujer va a ser colmada.

Muerde sus labios.

Es un asunto de amor.


No deja de ser interesante llevar la lectura de Erotia al callejón de nuestra época donde un tajo del amor romántico parece ser precario, distendido en la ludopatía de las App y redes sociales digitales. Capaz, en un no menor porcentaje, las relaciones sexuales pueden ser percibidas como un lenguaje fuera de la relación amorosa (fuera de esa liturgia referida anteriormente), para brindar una operación taxonómica cónsona a la economía dominante: de aparente libertad, fluctuación, sin la estática provisión de lo duradero, prometiendo la inflación ilusoria del deseo sin aterrizar en la realidad de la carne. Siguiendo esos puntos, nuestro libro recomendado puede servir a esos individuos que confían en la entrega, lo utópico, en la sacralización de los rituales, en la salud de eros para hablarnos de otro tiempo y su porvenir.


Bibliografía

Rougemont, D.  Amor y occidente. Editorial Leyenda, S.A.

Caneo Arguinzones, Las flores rotas blog de poesía, Poesía venezolana
Johann Caspar Fuessli, Archives de l’histoire des insectes Pl.32 (1794)


 

Memoria

 

Tozudo escultor, talla mi rostro, desfigúrame.




Bozal


Perversa sensación herirlo
cada carne tibia desvela
mi llama-conciencia


                      Huele fresca


Se revela como manjar
desangrado


Poseo mis colmillos tras el bozal de la duda


Mi libertinaje se ha desvanecido.
Intento a rajas controlarme,
llevarme a la inanición,


abandonar la mueca.





Cuenca



Cajón o refugio
arriba
cuadriculada la noche


Artificial depresión en la tierra


Poco saben de mí
y me pudro


Náusea informe del aliento,
andar


Manto espeso
esta cordura enferma


¡Brota de mí, moral!


Aquellos no me saben y la sed
la he olvidado.





Semilla


Partí en busca de la nuez,
partí esta cáscara deforme


partí al sur
en dos quebré,


El recorrido se hizo doble:
uno áspero y poroso
otro almendrado


Aceitosa ánima en busca de sí
para partir cabeza, pecho y nuez.





Calla


Silencia el recuerdo de mi ingle,
su mirada.


No menciones cómo llegué a mirarte
aquella noche.


Yo ocultaba un diáfano cristal,
por él sé de siluetas, del jadeo, de la luna…
cuando abierto me desvela.


Conoces el lagrimal allí oculto,
haz palpado sus párpados.


No piques
mi fémino ojo
o me dejarías
tuerta




Caneo Arguinzones (1987-2014). Zoo: Anatomía del insecto. Caracas: Monte Ávila Editores, 2011.

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