Las Flores Rotas

Blog de poesía + Artes Visuales + Entrevistas literarias

 

Paul Signac, "Port of Saint-Cast" (1890)



ORFEO


A Eugenio Montejo


Orfeo se hunde en su propia sustancia
la que llama Eurídice
y el necio pájaro ventrílocuo
lame en el charco de sangre creado en su honor
por la soberbia de su alma
lame anhelante sus migajas estremecidas y ampolladas
como pedazos de la dama perdida




MUELLE CUATRO


Cerca del muelle cuatro no hay esperanzas
algún café perdido en las maderas
y una colilla húmeda

Los sacos de sal apilados con desgano
aguardan un estivador que no ha nacido

Son las cuatro en la tarde de bruma
y cuando intentamos el regreso
los pasos se extravían

Al cerrarse una puerta en las bodegas
su chirrido se confunde
en el grito de un pájaro




Teófilo Tortolero (1936-1990). Demencia precoz - Teófilo Tortolero. Valencia: Revista Poesía, publicado el 25 de junio de 2018.

Édouard Manet, "La Nymphe Surprise" (1861)


A Diego Sequera

 

Subconfieso que subdesando las calles de un país
subdesarrollado del tercer mundo
Cerquita de la línea ecuatorial
Una conmoción geográfica – tropical eructa bufones que evaporan
espíritus
Subciudadano
Subser –subpaís donde encontrarse con un chamán callejero es una rareza
Subsociedad
Apruebo solamente los homenajes a los mendigos – a los
locos y a los apátridas
Submundo
Billy Jack nació para perder
“Be born for lose”
Si el duro desierto continúa absorbiendo mis subandanzas entonces se
extenderá un crimen
Continúa la derrota
Continúa la prisión

 

 

Antonio Robles (1964). Huyendo al Sur. Antología poética. Santiago de Chile: LP5 Editora, 2021.


M. M. J. Miguel (Foto cedida por el autor)

Con M. M. J. Miguel (José Miguel Mota Mendoza, 1989), escritor, editor y músico venezolano, seguimos con Punto y Coma, una sección para, de ser posible, charlar con narradores, editores y todos aquellos involucrados en el género narrativo.

M. M. J. Miguel se toma muy en serio lo especulativo y las fuentes inagotables de la imaginación fuera de los lindes materiales y perceptivos del realismo. Tesista de Letras (UCV), ha sido merecedor de la Mención honorífica en Solsticios: Concurso Venezolano de Cuentos de Fantasía y Ciencia Ficción (2017) y en el Premio de Cuento Julio Garmendia de la Policlínica Metropolitana (2023). Entre sus publicaciones podemos mencionar las antologías: Ecos de la tundra (2019), Brevelectric: narrativa sin sello (2020), Fractal (2023), Los novísimos (2023), Los elementos y el hado (2024) y Peregrinos en un mundo árboles entrelazados (2024).

La entrevista surge por el lanzamiento de Entretierras, editorial que reúne la literatura imaginativa actual de jóvenes escritores y escritoras en Venezuela. De este modo, a través del correo electrónico, le enviamos las preguntas para conocer más sobre él, su noción de la escritura, gustos literarios y dicho proyecto mencionado, además propiciar el debate sobre el panorama actual de la crítica, gestión cultural, edición de libros y publicación en el país.


PREGUNTAS:

 

1) Escritor, lector, músico y editor. Con esa síntesis, podemos decir que la creatividad y el conocimiento son parte de ti. ¿En cuál elemento creativo te sientes más cómodo?

 

M. M. J. Miguel: La verdad sea dicha: no estoy tan seguro de si al conocimiento le guste juntarse conmigo, y menos en estos últimos años donde mi holgazanería y desdén se acrecienta. Sin embargo, lo cierto es que los arranque de involucrarme con alguna rama artística proviene de la curiosidad y de la fascinación; me embeleso por la manera en que cada medio construye sus propios discursos, cómo los deforma, cómo se enfrentan al ruido. El arte es el depredador natural del ruido; una reacción en la que nuestros sentidos se resguardan para sobrevivir. En el preciso momento en que una escena de tal videojuego roza cierta inquietud, o tal pasaje de un libro nos sostiene la mirada, allí nace la verdadera lengua de existencia, y comenzamos en cierta medida a traducir(nos) el espacio que habitamos y los pensamientos que nos circundan; participamos, quizá, de la experiencia más racional que tenemos como especie: la observación de una brecha expansiva entre lo vacuo y lo divino.

 

Perdón. Me puse muy místico, muy abstracto, para decir que el arte nos entrega cabeza en la medida en que nos reta y ejercita desde todos los sentidos posibles; desde la admiración, desde el repudio, desde el desenfado, desde la ironía, la risa y la tristeza. La relación con el mundo empieza a mutar, a intensificarse, y la única manera de no reventar desde dentro es intentar otorgar(nos) correspondencias con lo que tengamos a la mano. A algunos les funciona el aspecto sonoro, sea con un instrumento o la manipulación de las ondas físicas; a otros, terraformando materiales, mezclando pinturas; muchos, creando experiencias inmersivas desde lo digital; y al resto, nos simpatizan las palabras y sus infinitas combinaciones desde la imaginación. En este aspecto he sido afortunado al pasar por cada peldaño y absorber un poquito de cada cosa; desde el tronador acorde de un amplificador distorsionado hasta la solitaria languidez de la escritura. He hecho de la música y de la literatura mis escuderas; no sé si habré tenido el talento suficiente en alguna para crear algo memorable, y sé que se me acaba el tiempo; puede que me lean cuando ya esté muerto. Quisiera mentir al decir que estoy en paz con esa idea. 

 

Lo cierto es que no me veo en otro oficio. Convivo con el arte, con mis creaciones, con los espacios que me he procurado para seguir en esto, con las ideas inconclusas, con la noción de que podría dar más en cada área. Me arrebata escuchar música, y en su momento estudiarla a profundidad, grabar un disco y andar de gira (dentro de las posibilidades que brindaba este país); también disfruto mucho leyendo, escribiendo, corrigiendo, conversar imaginariamente con otros autores vivos o muertos; gozo de llevar la contraria, por necedad, a literatos que parecen solo conversar con ellos mismos o sus homólogos alcahuetas. En fin, el arte sonoro y escrito es lo mío, con mis maneras, con mis mañas.    

 

2) En tu labor como editor has estado detrás de Brevelectric, Pasillo y ahora Entretierras (junto a Marian De Marcos). ¿Cómo nace la editorial?

 

M. M. J. Miguel: Es una historia menos épica de lo que se espera. Nace como la mayoría de las cosas a las que me avoco: posiblemente por insatisfacción, molestia, y un autoimpuesto deber del hacer al respecto sin importar los recursos, el capital humano, el tiempo u horas de sueño disponibles. Brevelectric me dejó un buen andamiaje sobre la movida literaria emergente en Venezuela, además de evidenciarme una problemática recurrente en lo que respecta a los espacios para la divulgación de la narrativa. Cabe destacar que Natasha Rangel fue quien me abrió las puertas a participar en el proyecto, y puedo decir con total seguridad que hacer equipo con Andrea Leal y Verónica Flórez fue una escuela sobre cómo sacar el cuento de la página. En cuanto a Pasillo, la revista surge por una necesidad expresiva impulsada por el inexistente interés de las instituciones universitarias, sobre todo en Letras, de editar revistas literarias; sin desmeritar a la academia, que aparentemente nunca hace nada mal, en estos recovecos hay una constante castración de la escritura y de la crítica divergente, cosa contradictoria, pues una crítica complaciente siendo propaganda. Quienes integrábamos el comité editorial (alrededor de nueve personas) nos asimos a la idea de que la revista era un taller, y ¡vaya taller! Hasta el día de hoy no conozco alguna otra revista universitaria venezolana contemporánea que le haya puesto más empeño a la edición de sus artículos, de sus ensayos, de sus cuentos y demás asuntos, con errores incluidos; fue nuestro orgullo durante esos cuatro números que existió. Lo destacable es que fue una iniciativa de estudiantes, que a pesar de tener un parcial mañana o mendigar para el pasaje, se daban con todo a quemarse las pestañas, sin remuneración económica y nada más que la voluntad de hacer literatura. A mí que no me venga algún crítico literario residenciado en el exterior a decir que en Venezuela no se trabaja para preservar el arte de la palabra que tanto dicen amar.

 

Ahora, fundar Entretierras Editorial parece natural si se toma en cuenta lo anterior; y también Letras te da nociones sobre el mundo del libro. Con estas herramientas a la mano, algo de seso, y la ayuda de Marian De Marcos, quien trabajó conmigo en Pasillo, puse en marcha el proyecto de armar una casa creativa para la literatura imaginativa en Venezuela: fantasía, fantástico, ciencia ficción e híbridos de lo extraño. No me interesa la hegemonía del realismo; me llaman, eso sí, la capacidad de recrear, conversar y narrar otros mundos; soy acérrimo defensor de las alteridades, e incluso mi trabajo como escritor circunda una poética de la otredad, del velo discurrido. Bajo esta premisa, y como reto personal —mi excusa para eludir la tesis de pregrado— convoqué a doce autores venezolanos y emergentes, para editar una antología de cuentos que abarcasen la literatura fantástica en su amplio espectro. Al principio no me lo tomaba muy en serio; era un experimento autogestionado, pero fue escalando hasta que tomé la decisión de consolidar Entretierras Editorial como lo que estaba destinada a ser: la única editorial venezolana dedicada a la literatura imaginativa. Aquí queremos darle voz a todo entusiasta de faërie; esa es la misión. (Nota: cuando hablo de consolidar me refiero a registrar la empresa, pagarle a los autores, hacer contratos, gestionar cada eslabón del proceso de edición, intercambiar constantemente el empuje del artista con el aura del vil mercantilista; es decir, un «emprendimiento» con libros).

 

3) Madrigueras reúne una docena de cuentistas jóvenes de Venezuela. Sabemos lo complicado que es editar en nuestro país. ¿Qué nos puedes contar sobre los desafíos actuales en el mundo editorial venezolano?

 

M. M. J. Miguel: El primer desafío es admitir que la narrativa venezolana tiene más tela que sus propias tragedias. No vale contar a Venezuela si se hace desde la pornomiseria disfrazada de literatura. Eso es urdir un encantamiento de embaucadores. A quien le quede el saco. Como dice una buena colega, tenemos un problemón de diversificación lectora, y esto trae como consecuencia que las discusiones giren más o menos sobre lo mismo. Las razones son bien conocidas. La cuestión con esto es que los narradores, los escritores venezolanos, y los que interesan para un proyecto así, están algo dispersos, escondidos o no existen de plano. Reunir un grupo de autores diligentes y con criterio para formar parte de la primera antología de una editorial, y de paso de corte imaginativo, fue retador. De nuevo tengo que darle las gracias a Brevelectric y a Pasillo porque a muchos pude leerlos en esos proyectos independientes. 

 

El segundo problema es un corolario de lo anterior. Las pocas editoriales que sobreviven acá lo hacen como pueden, eso dicen, dentro de su extraño hermetismo, y con la difícil tarea de hacer circular sus libros a nuevos lectores. De vez en cuando hay ferias, pequeñas presentaciones, y aún así el panorama editorial venezolano se siente como un gran fantasma, uno pesado que deriva adonde sople el viento. Sin embargo, y parece que hay que recordarlo como si no fuese una obviedad, hay gente escribiendo, creando, dando rienda suelta a lo que quiere decir. Hay que buscarlos, darse a la tarea de escucharlos y leerlos. Muchos de los que estamos peleando por el arte desde acá nos conocimos en La Semana de la Narrativa 2019, auspiciada por Revista Ojo y Ficción Breve, por ejemplo. Mientras más le doy vuelta, concluyo que ese evento fue el punto de inflexión para que los narradores emergentes y contemporáneos nos viéramos las caras y empezáramos a actuar desde nuestras propias trincheras. El brazo fuerte de Brevelectric, Pasillo y Gato Negro surgió de esa iniciativa. No debería pasarse por alto si alguien decidiera registrar la historia de la narrativa sin sello. 

 

Otra cosa es que tampoco se reedita mucho, ni lo nuevo ni lo viejo. Estamos atrapados en el abismo de la segunda mano, en cambalaches y donaciones de bibliotecas enteras. No me gusta pensar que leer es un lujo; al contrario, leer es una vía de libertad que el mundo contemporáneo parece cercenarnos en la creciente ola de los autoritarismos análogos y digitales.

 

Por último, los costos de producción literaria son suficientes para tumbar las aspiraciones de cualquiera. Si bien la edición digital facilita la distribución, en carne propia hemos notado que el lector nacional sigue sin adaptarse a este formato; cosa que es irónica porque también somos un sector experto en piratear, con toda la razón del mundo, pues somos un país aislado y hay que bandearse alternativas. Nosotros como editorial hemos puesto a disposición la venta de Madrigueras en formato digital fuera de Amazon KDP para los lectores de Venezuela, y lo que podría ser ventana no ha dado resultado. Claro está, estamos empezando, así que suponemos que al crecer el catálogo, la opción sea más atractiva. 

 

(Valga la cuña. Pueden adquirir Madrigueras por acá)

 

El mayor reto es intentar sortear todo al mismo tiempo, en todo momento y lugar, y no volverse loco. Hacer libros no es fácil. Es un arte. Y todo arte requiere paciencia.

 

Disponible en https://www.entretierraseditorial.com/nuestros-libros


4) Como escritor de fantasía o literatura imaginativa, ¿cuáles son los escritores/as en ese continente que consideras fundamentales en tu formación literaria?

 

M. M. J. Miguel: Es ineludible hablar de J. R. R. Tolkien. No solo por lo que El hobbit y El señor de los Anillos significa para la consolidación moderna de la Fantasía, sino por el trabajo poético y crítico que hay detrás de toda su obra. El pensamiento del Tolkien se embarca en las aristas de algo que yo considero divino, hierático; es el entendimiento de la literatura como pilar fundamental del quehacer imaginativo, donde la palabra, sus fuentes, y cada uso, puede moldear y vestir hasta la más nimia anécdota en una épica de proporciones vastas y mitológicas. El profesor es el recordatorio de que toda literatura necesita de su matiz mitológico para dar cuenta de las grandes inquietudes del ser humano, desde su nacimiento hasta, precisamente, la muerte. Tal como Homero, o lo que convengamos que es Homero, nos aferra y nos insta a una observación constante de nuestros viajes y batallas, tal lo hace Tolkien en este presente tan estrecho.

 

En un plano dialógico semejante también resulta obligatorio hablar de Ursula K. Le Guin. Pienso que todo creador siempre debe reflexionar sobre su propio oficio, sobre lo que hace y hará; tener una convicción estética y plasmarla hasta la sublimación ficcional. En este caso, el pensar la literatura imaginativa desde un contexto fuera del entretenimiento es algo más que necesario; el estigma de una baja literatura vino de unos pocos, pero de unos pocos con poder. Por fortuna, Le Guin combate estas afirmaciones con novelas como Un mago de Terramar, donde las palabras son las que dan equilibrio al mundo, y confluyen con precisión en la justa medida en que la construcción ficcional la necesita. Todo lo insólito, todo lo especulativo, surge de la necesidad voraz no solo de hallar respuestas, sino de tener el valor de preguntarse, de tener dudas. Importan ambas acciones, claro, pero siempre y cuando el ejercicio creativo se manifieste desde la genuina curiosidad por entender al espejo.

 

Todo ese camino me condujo hacia Kentaro Miura, específicamente a Berserk. Este manga totaliza una poética de la imaginación. Lo que lo hace tan especial a esta obra, a su recientemente fallecido autor, es el respeto hacia los cuentos de hadas, la mirada continua hacia la profundidad de los miedos humanos, sus duelos, del horror; este respeto se resalta en la capacidad de cada panel de explorar el miedo, lo inmenso, lo abrumador, de una existencia marcada por el sufrimiento, con la particularidad de que todo el sadismo, toda esta amalgama sanguinolenta solo sería espectáculo sin ese balance luminoso que presenta el viaje heroico de Gutz. El manga nos presenta a los hombres como lo que son, impregnados de sus circunstancias, atados a sus delirios, desgraciados y dichosos por igual. No se trata de poner las cosas en términos de personajes grises, sino de personajes humanos, imperfectos, que se maravillan ante un campo de hadas, pero que lloran de rabia al verse arrancados de su amor. Berserk triunfa donde mucha Fantasía contemporánea falla al incomprender de qué van las historias, de qué materia están hecha los cuentos de antaño. Berserk triunfa, interesa y se mantiene porque penetra el (ser) héroe, en sus declives y sus victorias. Es una obra preciosa, y ojalá a mí me alcance la vida para escribir algo así.

 

5) En esa doble función escritor/editor, ¿cómo percibes el panorama literario venezolano y qué recomendaciones o deseos conjeturas sobre su devenir?

 

M. M. J. Miguel: Sería un lugar común el determinar que pasamos por un momento de cambio o tránsito. Desde que tengo memoria se repite el «ahora sí», y con esas eternas expectativas la vida se desinfla, los proyectos mueren, las personas se marchitan y el mundo cambia.

 

Desde un lado de la carretera observo los carros pasar; unos a gran velocidad, como si huyeran de sí mismos; otros, sin brújula alguna. En contadas excepciones he percibido certezas frente a nuestras crisis editoriales. Lo que hay por ahí, y es porque la apatía nos ha llevado a eso, son mercenarios de la palabra, de la crítica, del seminario, de la gestoría cultural. Es decir, pienso que quien hace vida en el ecosistema literario está muy a su bola, en su rollo y en su escritorio. No soy quien para juzgarlos porque entiendo que vivimos al ritmo del freelancer, al son del encargo, de la comisión. Entrego un prólogo hoy, mañana doy clases y el viernes por la noche tengo un club de lectura sobre xxxxxx. Así vamos. Mucho de todo, tanto que el ojo no da. Ojalá la vida nos permita estabilizarnos para que cada quien hable desde lo que sabe y no desde los zapatos que debe rellenar por falta de personal. Que los escritores vuelvan a ser escritores y dejen de ser gerentes de marquetin, que los críticos vuelvan a la tenacidad de comentar las novedades y se liberen del algoritmo o del desdén propio de posiciones acomodaticias. 

 

Genuinamente quiero que escribamos más, que se abran más espacios, que se pueda hallar la motivación necesaria para seguir creando, seguir imaginando. No sé si debamos hacer país, hacer historia o resistir; solo sé que estamos asfixiados de tanto mundo, de tanto ruido, de tanto monocromatismo y cháchara digital. Ojalá hagamos a un lado lo innecesario y nos lancemos a reformular la realidad vacua, dejar de imaginarse a sísifo feliz y mejor imaginar dragones volando bajito por el Ávila. No sé. Nos hacen falta libros, libros buenos, y también gente que quiera leernos, llorar o molestarse con lo que queremos contar. 

 

Sea como fuese, todavía quedan infinitas gestas por narrar.

Honoré Daumier, Le Prédicateur (1833)

 

La polarización, según Ignacio Martín Baró, puede ser entendida como «...aquel proceso psicosocial por el cual las posturas ante un determinado problema tienden a reducirse cada vez más a dos esquemas opuestos y excluyentes alrededor de un determinado ámbito social». (Beristain, 2021, p. 13)


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Podemos decir que la polarización es un asunto que se cuela en la identificación del individuo con un grupo que, a través de categorías estereotipadas, demarca una posición ante un otro reducido de manera simplista. En esos esquemas mentales se bosquejan dos extremos incomunicados: un «nosotros» (endogrupo) y el «ellos» (exogrupo) (Ibid., p. 14). 

 

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Esas relaciones en las categorías antes citadas, en lo interno, parecen funcionar y ser homogéneas, mientras son hostiles con lo externo. Dichos enclaves para codificar las subjetividades de la realidad social, en aparentes marcos más amplios de interpretación, crean fisuras que, en vez de fungir de horizontes dialógicos para llegar a puntos en común sobre ámbitos compartidos, obstruyen, verticalizan y hacen rígidas las visiones de un conjunto.


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Antes estas complicaciones, la ideología, al ser el intermediario entre los grupos, pasa a ser el factor dominante tanto en su integración esquemática como en el signo delimitador. En esa toma de partido de uno u otro, las relaciones se fragmentan por la mecánica de integración y oposición. Esa rigidez filtrada por las emociones e irracionalidad resquebrajan el tejido social para fomentar, en su interior, la violencia como eje transversal en sus dinámicas dicotómicas hasta socavar las instituciones, haciendo del trauma social la huella histórica compartida.

 

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Esas marcas, la conmoción por los choques, tendrán sus diversos grados a partir de la dialéctica entre el individuo y la sociedad; en la participación y acción en esos conflictos, los cuales no son uniformes (Ibíd., p. 18).

 

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La polarización, pan nuestro de cada día, entonces, vendría siendo el escenario previo de una guerra o lucha mayor. En esa condición de enfrentamiento vertebrado por dos facciones en disputa, irreconciliables, entramados en bloques más o menos homogéneos que articulan un interior en consenso, ponen en alerta a todo el cuerpo social para recibir la dosis de una panacea lenta (siempre prometida por un partido político) o el virus inevitable para prolongar el malestar.


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En un breve paso por la historia contemporánea de Venezuela, la polarización social se agudizó a partir del periodo 2000-2004, dividiendo en dos sectores a la población venezolana: por un lado, la oposición al gobierno del ex mandatario Hugo Chávez Frías (1999-2013), y por el otro el oficialismo. Dicha fragmentación que puede rotularse entre «chavismo» y «antichavismo», el cual ha sido un alud que ha impactado a la sociedad en general hasta el presente, inscribe signos y significados específicos en la memoria colectiva y en el imaginario sobre un conflicto sociopolítico de dos visiones de país (Lozada, 2008, p. 93). 


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Dicha conflictividad en Venezuela crea grupos identitarios con referencias definidas en torno a la figura del ex presidente y el cúmulo que se le opone, segmentando el «pueblo» del resto de la sociedad civil. Esa división se lleva al grado extremo entre el «nosotros-ellos» (Ibid., p. 93) que estereotipa dos grupos sin diálogo. «La polarización social fractura el tejido social a la vez que favorece la naturalización y legitimación de la violencia. Ante una situación de conflicto sociopolítico prolongado como el confrontado en Venezuela, la población sufre un proceso de cambios que trastoca su vida, asumiendo como normal, natural o habitual lo que no es. Ante la avalancha de sucesos de agresión, muerte y devastación material o simbólica se transforma en cotidiana la convivencia con la violencia, y en este proceso de internalización se trastoca tanto la identidad del individuo como sus relaciones sociales». (Ibid., p. 96)

 

 

Bibliografía

Beristain, C.M. (2001). Diálogos con Ignacio Martín Baró sobre conflicto y polarización social. Pontificia Universidad Javeriana. 

Lozada, M. (2008). ¿Nosotros o ellos? Representaciones sociales, polarización y espacio público en Venezuela. Cuadernos del Cendes, 25 (69), pp. 89-105.

Hilma af Klint, "Altarpiece No. 1 Group X" (1915)


 

siempre desnudo en sueños
huyendo de las alambradas
siempre humillado y desnudo
preservando los lentes
para ver las miradas viéndolo
desnudo correr y tropezar
de un muro a otro
bajo los reflectores
y si de pronto a salvo
a salvo y vestido y en su casa
gentes sin rostros o
con todos los rostros entran y
examinan desgarran pisotean
y desaparecen: entonces corre
desnudo huyendo de las alambradas
-tiene sueños de judío- dice el
analista riéndose y él mismo
se ríe hasta que un nuevo
reflector lo desnuda

 

 

Julio E. Miranda (1945-1998). Poemas de Julio E. Miranda. Cuba: Isliada. Publicado el 3 de agosto de 2019.

Julieta Omaña (Foto cedida por la autora)


Julieta Omaña es una escritora, docente y editora venezolana. Magíster en Letras Modernas (U. Iberoamericana, México) y Magíster en Literatura Hispanoamericana y Española (UM, Miami). Ha dictado cursos de literatura hispanomericana y de lenguaje en la Universidad de Miami y en la Universidad Simón Bolívar en Caracas. Tiene experiencia en el área editorial y de educación en diversas instituciones como Penguin Books (Nueva York), Alfaguara (Caracas/Miami), el Centro de Arte la Estancia (Caracas) y el Museo Rufino Tamayo (México). Ha publicado ensayos sobre arte y literatura contemporánea en revistas españolas, venezolanas y norteamericanas, y dictado conferencias en Venezuela, México y en los Estados Unidos. Desde el 2015 organiza anualmente el Premio de Cuento Santiago Anzola Omaña dirigido a estudiantes universitarios en Venezuela. Es coautora de las antologías Catorce mujeres que cuentan (Mexico 2017) y Mujeres que cuentan secretos (México 2020).  Es autora de las novela Nuestra Señora de Caracas (Madrid 2018) y Molokotov (Chiapas 2021) galardonada con el Premio Internacional de Novela Breve Rosario Castellanos 2020, y el International Latino Book Award en Drama y Aventura (Medalla de Oro) 2022 [Artishock]

Con Julieta Omaña estrenamos Punto y Coma, una sección para, de ser posible, charlar con narradores, editores y todos aquellos involucrados en el género narrativo. 

La entrevista se da por correo electrónico para que la escritora nos hable sobre Cartografías imaginadas, el nuevo libro que celebra los diez años del Premio de Cuento Santiago Anzola Omaña, además de conocer el origen de dicho concurso, los procesos en la edición y su percepción del panorama literario actual en Venezuela.

 

PREGUNTAS:

 

1)    ¿Cómo nace el Premio de Cuento Santiago Anzola Omaña?

J.O.: El Premio nace como consecuencia de querer seguir vinculada a los estudiantes universitarios y con Venezuela. En el año 2015 debí mudarme de Caracas a Ciudad de México. En aquella época, antes de mudarme,  daba clases en el Departamento de Lengua y  Literatura en la Universidad Simón Bolívar. Yo no quería mudarme, pues ya había vivido varios años en el extranjero y quería asentarme en Venezuela. Sin embargo, por razones familiares y laborales debimos irnos de nuevo. Un día, recién llegada a México, le regalaron un Ipad a mi esposo. Realmente no lo necesitábamos y se me ocurrió dárselo a alguien que lo apreciara y que se lo ganara de alguna forma. Entonces se me ocurrió armar el Premio.

     Amigos en común me habían hablado de Alberto Barrera Tyszka, quien vive en México desde hace muchos años. Conocía su obra, pero no lo  conocía personalmente.  Le propuse ser miembro del jurado. Asintió de inmediato. También le propuse a Roberto Martínez Bachrich, que en aquél entonces terminaba su doctorado en CUNY en Nueva York. Pedí apoyo en la Simón Bolívar para armar las bases y tener cierto soporte logístico, y me sugirieron incluir a algún profesor de larga trayectoria en el jurado. Contacté a Lourdes Sifontes Greco, profesora de larga data, escritora y miembro de la Academia de la Lengua en Venezuela. Todo se dio con mucha fluidez.

    Por casualidad, ese año, Vicente Lecuna organizó un capítulo de la Conferencia LASA (Latin American Studies Association) en Caracas. Vicente me invitó a participar en el Congreso, cuyo cierre se haría en la Sala Cabrujas en Los Palos Grandes. Vi en el programa que Alberto Barrera iba a leer un cuento en la clausura, por lo que se me ocurrió hacer la entrega del Premio en el cierre del Congreso. Vicente aceptó y fue el evento final de la clausura. Fue muy significativo. Acudimos todos los miembros del jurado, excepto Roberto Martínez que vivía en Nueva York. Entre Alberto, Lourdes y yo leímos el dictamen y le entregamos el diploma al primer ganador del Premio de Cuento Santiago Anzola Omaña: Marcel Áñez, por su fabuloso texto “Gryllidae”. También le pedí que leyera alguna sección de su texto frente al público. Marcel temblaba, pues no lo vio venir. Fue su primera lectura frente a una sala repleta de gente. Fue un evento muy lindo e importante para mí. Sentí que el Premio comenzó con buen pie, y así ha sido desde entonces.

 

2)  ¿Qué percibió en la narrativa joven venezolana para que siga siendo celebrada por el Premio hasta ahora?

J.O.: Percibo mucha fuerza, ganas de escribir y talento. He visto cómo han ido cambiando los temas. Durante los años de inicio del Premio, sobretodo del 2016 al 2019, las temáticas estaban muy vinculadas a la situación del país, a la escasez, la violencia, lo político. Luego, durante el año de la Pandemia, fue la edición en que más recibimos manuscritos: un total de 240. De allí en adelante, siento que los temas se volvieron más universales y menos locales. Quizá como consecuencia de la crisis mundial, junto al cansancio de la realidad del país: una manera de imaginar otros mundos.

     Me impresiona el talento joven en Venezuela. Siento que los muchachos están conscientes de la trayectoria narrativa y poética que históricamente se ha dado, y de alguna manera la quieren continuar. También son personas que han leído mucho. Hace poco me comentaban unos escritores guatemaltecos (tuve la oportunidad de vivir el año pasado en Guatemala), acerca de la supuesta frivolidad y superficialidad de la generación actual. Luego de que todos hablaron, expuse mis ideas al respecto. Hablé sobre el Premio, lo que me ha tocado leer a lo largo de estos diez años, y  mi experiencia viendo a los jóvenes narradores crecer con cada edición. Siento que en Venezuela hay una generación a la que le ha tocado vivir situaciones muy fuertes a raíz del contexto político. Quizá sea uno de los factores que los ha hecho madurar, profundizar en sus temáticas, en el trabajo de la palabra y la consciencia creativa.

      Es una generación madura, que siente, que entiende, y que sabe traducir todo aquello en literatura. La mayoría de los ganadores y menciones honoríficas de estos años no sólo escriben narrativa: muchos escriben poesía y han ganado varios premios.

     Ayer, por ejemplo, me enteré de que Felipe Ezeiza, mención del Premio Santiago Anzola 2024, ganó el Premio de Poesía de la Embajada de Francia. Marcel Añez, el ganador de la primera edición, ganó el Concurso Nacional de Poesía Joven Rafael Cadenas un año después.  Jorge Morales Corona, ganador y finalista del Premio es poeta, médico y lleva la magnífica editorial Palíndromus, gracias a la que hemos logrado sacar las dos compilaciones del Premio. Andrea Leal y Leonardo Mendoza han sido finalistas del Concurso de Cuento Julio Garmendia. Jacobo Villalobos, galardonado en 2018, obtuvo el Premio Franco Venezolano a la Joven Vocación Literaria por su libro Intrusos un año antes, y también ganó el Concurso de Monteávila para Obras de Autores Inéditos. Por cierto, Jacobo fue el primer galardonado que me ha acompañado como jurado, modalidad que quisiera repetir. También llevó a cabo en España la compilación Feroces de escritoras venezolanas, donde se encuentran Andrea Leal y Clara de Lima. Y así se van dando estas constelaciones de jóvenes que trabajan narrativa, poesía, ensayo y hasta periodismo, que realmente viven y actúan desde y a través de la literatura.

     Me emociona mucho ver la pasión con la que los muchachos escriben y hablan sobre su narrativa. Hace menos de dos meses bauticé la segunda compilación del Premio titulada Cartografías imaginadas, y vinieron unos veinte ganadores y finalistas de esta primera década. Luego de presentar el libro, ellos mismos quisieron compartir sus textos en voz alta. Tomaron una copia y empezaron a turnarse leyendo sus cuentos de manera natural y a exponer sobre sus procesos creativos  con mucha confianza. Algunos ya se conocían, otros se conocieron ese día. Son reuniones muy lindas donde hacemos comunidad. Espacios que hacen mucha falta en el país.

 

3) Se conmemora una década desde el primer cuento premiado, Gryllidae de Marcel Añez Valentinez. ¿Cuál es su balance de la narrativa joven nacional desde ese momento hasta el presente?

J.O.: Como comenté antes, siento que hay un compromiso real con la literatura. Que son jóvenes que la viven desde dentro con pasión. Que leen mucho, profundizan, que escriben con seriedad, que hacen comunidad y buscan establecer redes para crecer, informarse, expandirse. Siento que hay un trabajo poético en la narrativa, que hay una búsqueda de la palabra, más allá de las tramas y los temas. Hay un verdadero sentir por detrás de sus trabajos.

 

4)   Publicar en Venezuela, dado el contexto de la conocida situación país, además de lo vivido por la pandemia global, es bastante complicado. Primero vio la luz la antología De grillos, sueños, hogares y combates (Palíndromus, 2020) ¿Cómo fue ese primer proceso de edición de los primeros cinco años del Premio y, en retrospectiva, qué nos puede decir sobre esa recopilación? 

J.O.: Fue muy bello el proceso de De grillos, sueños, hogares y combates. A lo largo de estos años todo ha fluido de manera ágil y espontánea. Cada año publicamos los cuentos ganadores y finalistas en la página web. Pero cuando el Premio cumplió cinco años, quise hacer una compilación. Todo esto fue posible gracias al apoyo incondicional de Jorge Morales Corona (ganador 2019 y mención 2018), que también es poeta, médico y editor. Jorge vive en el Zulia y maneja la editorial Palíndromus, con quien hemos publicado varios libros individuales y las compilaciones. Con Jorge todo marcha perfecto siempre, es una persona no sólo brillante pero educada y muy hábil: escribe, corrije, edita, diseña, está lleno de ideas y se encuentra al día con absolutamente todo. Fue un proyecto muy bonito que ambos disfrutamos, y que hemos continuado con la compilación que acabamos de sacar hace un par de meses: Cartografías imaginadas. 

 

 

Disponible en https://premiosantiagoanzola.com/cuentos/

 

5) Bajo el lema: Talento venezolano, narrativa urgente, nos llega Cartografías imaginadas: Diez años del Premio de Cuento Santiago Anzola Omaña, 2021-2026 (Palíndromus, 2026), reuniendo los últimos cinco años de los cuentos premiados. ¿Cuál es su apreciación sobre la nueva antología del Premio y en qué se diferencia de la primera?

J.O.: Cartografías imaginadas es casi el doble de extensión que De grillos, sueños, hogares y combates. Básicamente porque hemos decidido otorgar más menciones honoríficas de unos años para acá. Fue idea de Raquel Rivas Rojas, quien nos acompañó como jurado hace unos años. La intención es reconocer a más escritores, ya que hay muchos cuentos excelentes cada año. Es una forma de visibilizar a los jóvenes. Me dio más trabajo por su extensión, pero con Jorge todo es fácil. Me gusta el proceso de releer los cuentos, recordar los textos, a los autores, leer los dictámenes. Es como disfrutar todo el proceso una vez más, saborearlo de nuevo. 

 

Disponible en https://premiosantiagoanzola.com/cuentos/

 

6) Muchos de los autores y autoras premiados/as ya han dado su siguiente paso en la literatura venezolana, entre ellos Jacobo Villalobos, Andrea Leal, Felipe Ezeiza, Annya Rivas López, etc.. ¿Cómo ve la salud de la literatura venezolana en la actualidad?

J.O.: Tengo mucha fe en el país, en parte gracias a este proyecto y al talento y compromiso que encuentro en estos muchachos. Andrea Leal, por ejemplo es una gran narradora, y además una joven comprometida y una bella persona. Ha sido finalista en otros premios de narrativa, como el Julio Garmendia. También escribe poesía y ha quedado finalista en concursos como el Rafael Cadenas.

        Por su parte, Annya Rivas ganó el primer lugar del Premio Julio Garmendia hace dos años. También colabora en Ficción Breve y Prodavinci.

        Jacobo Villalobos es un tipo genial, comprometido con todo lo que hace. Está justo terminando su doctorado en Filosofía en Chile. Es de la generación más grande, ya “un viejo” del Premio. Apoya en todo a los más jóvenes, como hizo con las escritoras de su compilación Feroces donde incluyó a Clara de Lima y Andrea Leal.

         Felipe Ezeiza es brillante también, como comenté antes, justo ayer anunciaron que fue ganador del Premio de Poesía de la Embajada de Francia. Leo ese tipo de noticias y me emociono como si fuesen mis hijos. No en vano Jacobo me dijo hace unos meses: “Julieta, estos muchachos te ven todos como su mamá”. Ese tipo de conexiones me entusiasma y me da la energía necesaria para continuar.

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