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Sigmund Freud, 1930s (Freud Museum) |
Advertencia: en este capsulario vamos a ahondar sobre algunas preocupaciones teóricas sobre el meme. Trabajo escrito en el 2022 y pulido en el presente día.
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Los memes fungen de catalizadores comunicacionales sobre la diversidad de tópicos relevantes a un contexto en particular, principalmente dentro de un esquema identificable y de tinte caricaturesco.
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El meme ha desempeñado un rol sin precedentes en las comunicaciones contemporáneas. Su origen, si puede rastrearse uno, al menos el conocido por la difusión en las pantallas, se debe al surgimiento de las nuevas tecnologías digitales. No obstante, si queremos darle rigurosidad a su definición o al menos aproximarnos a una, debemos buscar en esas unidades mínimas de reproductibilidad de la cultura, asociados, principalmente, a la biología y cuya analogía se equipara con la condensación de los genes y su capacidad de almacenar toda la información relevante para propagar especies. En este orden, el meme cumple con esa expresión mínima que, al trascender lo genético, en la mente, abarque una multiplicidad de informaciones (sintetizadas o digeribles) para una reproducción masiva.
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Sin duda internet ha sido la gran fuente sobre este (¿Nuevo arte? ¿Artefacto comunicacional? ¿parodia?) que entremezcla artes gráficas, comunicación, humor (sátira), entre otros. Su versatilidad le permite abordar múltiples tópicos que van desde la política, tecnología, economía y demás manifestaciones culturales (que, a su vez, se encadenan en la cultura de internet o Internet culture), siendo las redes sociales digitales (Twitter, Facebook, Instagram, Reddit, entre otros) los canales propicios para su propagación o viralidad.
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El meme podría definirse, según el bloguero, activista de Internet y escritor canadiense Corey Doctorow, como: “...an act of wry, insightful autoethnography, self criticism wrapped in humor that tells a story.” (Mazer, B. Scientific Publishing Is a Joke, Boston, United States of America, The Atlantic, 2021). Esos pliegues de humor para contar historias poseen sus temporalidades propias (y a su vez, rompen con esa linealidad para universalizar su sentido).
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A la necesidad análoga del gen como principio replicador del Universo, según Richard Dawkins (1941), escritor y divulgador científico británico, existe otro que se le asemeja: la cultura humana. Este nuevo replicador de transmisión cultural le da el nombre de “Mímeme”, y que al ser abreviado queda como “meme”. “Al igual que los genes se propagan en un acervo génico al saltar de un cuerpo a otro mediante los espermatozoides o los óvulos, así los memes se propagan en el acervo de memes al saltar de un cerebro a otro mediante un proceso que, considerado en su sentido más amplio, puede llamarse imitación” (Dawkins, R. Memes: los nuevos replicadores en “El gen egoísta. Las bases biológicas de nuestra conducta”, Barcelona, España, Salvat Editores, 1993, p. 218)
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El meme más común que vemos constantemente en internet tiene el formato “clásico” de imagen (o imágenes) y texto superpuesto. Pero, es relevante aclarar que esto solo no hace al meme. Es decir, para que realmente un meme sea “meme” debe ser compartido a velocidades que nos indique su “viralidad" (“It is the transmission, and particularly for internet memes, the widespread and fast transmission that qualifies it as a meme.” Véase: Gleik, 2011 en Iloh, Do It for the Culture: The Case for Memes in Qualitative Research, International Journal of Qualitative Methods, vol. 20, 2021, p. 2).
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Internet, como el “…tejido de nuestras vidas” (Castells, M., La galaxia internet, Barcelona: Plaza & Janés Editores S.A., 2001, p. 15), es el motor que distribuye la información y creatividad a todos los ámbitos de actividad humana. “Internet constituye actualmente la base tecnológica de la forma organizativa que caracteriza a la era de la información: la red.” (Ibíd.). Una extensión de las redes humanas que, en su etapa evolutiva, dichos nodos adquirieron un desarrollo que compite contra la centralización, verticalidad y burocracia para flexibilizar la comunicación y actividades humanas.
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Esa sociedad interconectada de la sociedad que va en continua expansión de sus fronteras, también ha integrado otras aproximaciones que permean la cultura. De este modo, lo que conocemos como la cultura de Internet “… es una cultura construida sobre la creencia tecnocrática en el progreso humano a través de la tecnología, practicada por comunidades de hackers que prosperan en un entorno de creatividad tecnológica libre y abierta, asentada en redes virtuales dedicadas a reinventar la sociedad y materializada por emprendedores capitalistas en el quehacer de la nueva economía.” (Ibíd., p. 77).
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A través del trabajo teórico de Sigmund Freud (1856-1939), médico y psicoanalista austriaco, conocemos una de las aproximaciones de definición del chiste: para Lipps significa “toda provocación conciente y hábil de la comicidad, sea esta de la intuición o de la situación” (Freud, S., Obras completas, volumen 8, 1915, El chiste y su relación con lo inconciente, Argentina, Amorrortu editores S.A., 1976). Para Fischer, la caricatura nace al descubrirse o revelarse ese enclave cómico que no es del todo notable y que requiere de esa puntualización para que sea evidente. A partir de otra definición de Lipps, Freud enlaza al chiste o lo chistoso como un juego psicológico y lingüístico de oposiciones entre el “sentido” y el “sinsentido”, donde lo que en un determinado momento nos pareció lógico y coherente al otro instante se le carga de otras atribuciones que lo desnudan y transforman por completo: “Un enunciado parece chistoso cuando le atribuimos con necesidad psicológica un significado y, en tanto lo hacemos, en el acto se lo desatribuimos” (Ibíd., p. 14). Siguiendo ésta idea, para Freud el significado es otorgado por una “verdad” intrínseca al objeto en cuestión y cuya transposición altera el juicio sobre lo observado.
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Freud nos dice que lo inherente al chiste “... se exterioriza en la selección de un material de palabras y unas situaciones de pensamiento tales que el antiguo juego con palabras y pensamientos pueda pasar el examen de la crítica, y para este fin se explotan con la máxima habilidad todas las peculiaridades del léxico y todas las constelaciones de la urdimbre de pensamientos.” (Ibídem, p. 125)
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El meme, entonces, plasmado como un absurdo que intenta superar el mismo absurdo de la existencia y que a su vez tenga como finalidad, si la cumple, una catarsis que, tras el efecto cómico, podría reproducirse en otras ideas y reflexiones lúcidas sobre la condición existencial e histórica compartida.





