Las Flores Rotas

Blog de poesía

 

Camille Pissarro, "En landsbygade, Venezuela Caracas 1853" (1853)


REYNALDO PÉREZ SO


Una visión desacertada, pero intento de lograr una poética que nos particularizara como cultura, fue la de Andrés Bello. Sus razones: la propia herencia familiar, el contacto, extremadamente largo con la cultura inglesa. Igualmente el conocimiento de los exiliados de América. Pero Bello podría ser de todo, tan lleno de buenas ideas, pero en poesía cualquier intelectualidad es tardía, va a la zaga. Una poesía del Nuevo Mundo no se podría hacer con colecciones de palabras nuevas, raras toponimias- exóticas a los ojos europeos. Flora y fauna con la idea del Conquistador. La poesía pertenece a un lugar y de ese lugar, con todo, absolutamente con todo, funda su lenguaje, particular, exacto, definitivo.

.

Andrés Bello nunca fue un poeta, aunque sí un inquieto por el lenguaje. Más retórico que salvaje. Nunca reconoció a este último, como nosotros, y el retórico terminó convirtiendo a muchas generaciones de poetas en auténticos gramáticos monos, infelizmente. Era la vía errada, sembrada con la intención misma de las formas eurocéntricas.

.

De iniciarse nuestra poesía habría que dejar de lado todo el pasado siglo. Nada de Maitín, Pérez Bonalde, o los valencianos Lozano, Romanace, Alcázar, Racamonde, lugar donde se dieron más muestras y en donde la rigidez romántica o las formas más abyectas del clasicismo y demás retóricas tomaban cuerpo. Habría también que abandonar otros autores, regionales e igualmente pobres y apergaminados, de los cuales Mariano Picón Salas nos ofrece una muy buena muestra.

.

Darío y Martí llegarían bien tarde. Así ha ocurrido con la mayoría de las tendencias poéticas en nuestro país. El Modernismo arribó cansado como el resto de las propuestas futuristas, dadaístas, expresionistas y el tan mentado surrealismo. Si es que alguna vez hayan existido, en verdad, en el medio. Nunca se pretendió hacer una poética distinta, más bien se condenaba o se autocensuraba el poeta. Hay, posiblemente, excepciones cuando se piensa en Salustio González, poeta bastante particular, inconfundible. Quizá sea el único que vislumbrara una auténtica salida en términos de lenguaje, posición, pues rompe, en cierta forma, con el decadente romanticismo del siglo pasado, con la tradición francesa y castellana retóricas. Trata de desligarse del entorno poético empobrecido por el mimetismo del éxito. Su salida es el humor, el experimentalismo, la libertad del verso libre y la libertad, incluso, ante el verso medido. Quizá pueda tildarse sus textos como faltos de una tensión lírica, pero esta tensión no es sino una referencia directa al romanticismo o al neoromanticismo, aunque también una visión privativa del concepto de lo que la poética debiera ser para las generaciones posteriores, las cuales retornarían el antiguo discurso y pasaron, superficialmente, frente a su propuesta. Un poeta aislado como ninguno, que tardíamente será publicado por Monte Avila y bajo una óptica un tanto escatológica, en el sentido de hacer necrología literaria más que una indicación certera de que nuestra poesía, ya para 1907, incursionaba en otros derroteros. Al menos de esta forma fue tomada por nuestros lectores y poetas. Intención que según nos participara Jesús Sanoja Hernández nunca estuvo cuando recoge su antología y la prologa. Pero el destino ulterior de un libro siempre se desconoce. Serían pocos los poetas de los años 70 y otros de los 80 quienes verían en Salustio a nuestro primer poeta moderno. Ya que todavía, entonces y ahora, otros nombres tomaban su lugar: José Antonio Ramos Sucre, Fernando Paz Castillo, Antonio Arráiz, Enriqueta Arvelo Larriva, Juan Liscano, Vicente Gerbasi u otros, incluso, bien entrados en la década de los 50 como Juan Sánchez Peláez o el mismo Rafael Cadenas. Como si la modernidad no existiese sino acompañada de los bemoles de la política y la economía del país.

.

El concepto de modernidad no deja de ser una mirada eurocéntrica, por lo tanto Occidental, del arte, sujeta a su propia tradición. Nuestra modernidad se daría más bien en la ruptura con la herencia retórica, colonial transmitida por aquella cultura. De este modo la encontramos en el Modernismo brasilero, pero en el continente castellano parlante solo se verá en casos aislados. Nunca grupales: Girondo, Tablada, Vallejo, Salomón de la Selva son una muestra. En Venezuela la inicia Salustio y quizá los dos primeros libros de Enriqueta Arvelo Larriva, más por espontaneidad que por una búsqueda poética racional, pues el resto de sus publicaciones desmienten los hallazgos anteriores. Sin embargo, la poeta se aferra a lo que llamaría «paisaje interior», una intención de la lírica nacional, una ruptura con el paisajismo externo, enumerativo, producto de los requerimientos de Bello, Lazo Martí y tantos otros paisajistas que aún perduran con otro lenguaje pero con idéntica virtud de negación y de revestir las concepciones ultra pasadas de una pretendida modernidad. Lamentablemente Enriqueta Arvelo Larriva pareció haber perdido su norte en sus últimos años y, además, un norte que sus contemporáneos ni siquiera vislumbraron, engolados de retórica y la pose de formas neo-románticas disfrazadas de actualidad. Es desoladora la lectura y selección que un poeta de su misma generación, Fernando Paz Castillo, tuviese cuando publica «Poemas Perseverantes».

.

«El paisaje interior» relaciona a Enriqueta Arvelo Larriva con una tradición de cultura nacional, no la recibida de Europa, que mira el entorno como expresión misma del hombre que lo vive. Baste para ello leer los versos que todavía nos quedan de la cultura indígena, en la que la naturaleza reproduce nuestros propios pensamientos, nuestros movimientos, la conducta incluso. El paisaje vive en el protagonista, se desplaza con él, lo representa en su macrocosmos. Nunca se le ofrece como espectáculo desde una ventana o una grada de teatro, tal como ocurre en poetas como Ramos Sucre y todos nuestros abundantes descriptivos. Enriqueta Arvelo Larriva únicamente en esto nos diferencia e inicia las posibilidades de nuevos enrumbamientos totalmente ajenos al mimetismo establecido. No obstante, observamos que la postura de Salustio también, al menos con el paisaje, era distinta. Su paisaje es descriptivo, no interior, pero aunado al juego emocional de la burla, delicada ¿ironía?, que invierte la mera observación externa hacia una lectura nada simpática con las estructuras mentales que el paisajismo inaugura desde el maestro Bello.

.

Los alcances de Salustio González y de Enriqueta Arvelo L. inexorablemente permanecen detenidos, incomprendidos, rebajados a meras curiosidades bibliográficas hasta años recientes. Para entonces otros poetas como Alfredo Arvelo Larriva o Rufino Blanco Fombona tendrían mejor suerte. Su lenguaje otorga la trillada sabiduría aletargada de los profesores. Son poetas entendidos, manejados, oficialmente por la conceptualización envejecida. La lectura es romántica o dariana que viene a ser en el fondo igual. Andrés Eloy Blanco, uno, si no el único, de los poetas venezolanos mejor conocidos en el ámbito nacional e internacional publica sus primeros libros. Un premio banal desde España lo lanza también banalmente al centro de la atención. La calidad personal, no poética, lo premia como la voz popular de lo que debería ser un poeta. Unico ejemplo en toda la historia lírica del país. Andrés Eloy Blanco, sin embargo, inserto en una aptitud telúrica, si cabe el término, recoge las formas populares de tradición colonial, el habla, giros y manera de ser del venezolano, cosa que hasta entonces nadie se había propuesto. Su talento lo traiciona, su facilismo en la versificación lo superficializa, su bonomía y los aplausos hacen de él un juglar devaluado, inconsciente, cuando su tiempo le exigía, inclusive dentro de lo alcanzado, que no era poco, reproducirlo como poeta de la tribu pero no de las circunstancias. Hemos dicho, alguna vez, que Andrés Eloy Blanco tendrá que ser revisado en el sentido del lenguaje, para bien de quienes piensan que el engolamiento es la mejor, más sabia actitud, frente al poema.

.

Si Andrés Eloy Blanco es el poeta popular por antonomasia que cubre prácticamente cinco décadas, José Antonio Ramos Sucre es el otro lado de la moneda. Poeta rígido degustado por las élites literarias, el retórico y no el salvaje de nuestra «modernidad», el emblema de los cincuenta y sesenta, de quienes procuraban un poete maudit criollo, que igualmente nos aproximase por vía directa, sin alcabalas, al mero centro de la cultura francesa. Y así lo fue por que su poesía estaba dotada de las influencias de Aloysius Bertrand, Baudelaire, Rimbaud, Corbiére, etc., pensada en francés y escrita en un castellano galicado, llegando a los extremos de eliminar el «que» relativo de forma reiterativa. Sus textos cosmopolitas, monocordes, nos remiten a una poesía apergaminada de teatro. Escenas decorativas donde los personajes se mueven lentamente con el amaneramiento del lenguaje y las situaciones. Una atmósfera anacrónica, inespacial nos recuerda las truculencias, sin la ironía auténtica, de pasajes de Poe que más tarde utilizaría el cine decadente de terror. Sus textos no discurren, no fluyen, se detienen, quizá por la rebuscada descripción de los significados. José Antonio Ramos Sucre en cierta manera reacciona contra Darío, aunque bebiendo de otras fuentes francesas: las sórdidas.

.

Quizá por esto escribe en prosa, que nos refiere a cierta escritura de Borges el argentino, dando rienda suelta a un mundo no tocado hasta el momento por los poetas nacionales (en prosa, sin embargo estaban los cuentos de Julio Garmendia y «La Daga de Oro» del valenciano Carlos Paz Carcía), lo que sorprende al entorno reducido a la mirada, también monocorde, modernista y quizá folclórica. En todo caso José Antonio Ramos Sucre aporta más de lo que se piensa, a pesar de los mitos, exageraciones, elucubraciones profesorales, a pesar igualmente, de ser un poeta del siglo XIX en pleno XX y con el bagaje cultural, amplio, de la cultura europea. Aporta un «corpus» literario, de trabajo continuo sobre la palabra, el poema y el riesgo que implicara emerger contra la corriente lírica establecida.

.

Estos tiempos que corren llenan de poetas las páginas de libros e intentos de adentrarse en las nuevas corrientes, no siempre con el éxito esperado, pero con la inquietud de que el poema pudiera ser abordado desde otro ángulo. Si lo hemos visto en Ramos Sucre lo veremos en Fernando Paz Castillo, Luis Enrique Mármol, Luis Castro. Estos dos últimos, desgraciados por la muerte temprana, apenas rasguñaron alguna verdad sobre la lírica. Luis Castro en Garúa, su único libro, se desprende de la parafernalia verbal, escueto, imprime versos de un ascetismo que sólo para los años setenta serán tomados como paradigmas de una poética contemporánea que rompiese con la adjetivación desbordada aprendida del chileno Neruda y de los románticos. Luis Castro lleva sus poemas a la expresión mínima necesaria, simples, tensos tal como Enriqueta Arvelo Larriva tratara en muchos de los versos de La Voz Aislada y Cristal Nervioso. Con todo, su prematura muerte no mutila sino posibilidades en potencia las cuales nos remiten a la simple especulación. Luis Enrique Mármol, reconocido incluso en el Sur, al menos aparecía en antologías, incursiona, medio en chanza medio en serio, con unos ejercicios poéticos que llamaría Pastichos, poemas a la manera de sus coterráneos. Apócrifos de poetas vivos, cuyo concepto se asimila, oblicuamente, al español Antonio Machado y a Fernando Pessoa sin la profundidad de este último ni la intención. Los Pastichos pudieron haber permitido, si no hubiera sido por el localismo de los imitados, una proyección, un desarrollo de una poética particular. Pues ocurría un proceso inverso: partir de lo hecho para hacer, pero sujeto a los patrones establecidos por los autores en cuanto a forma y concepto. En todo caso, Luis Enrique Marmol sincera, es nuestra lección, lo que en poetas posteriores nos encontramos: constructores de pastichos sin delación del original.

.

Entrar en la contemporaneidad cuanto antes era uno de los estandartes en la década de los treinta, aunque arriesgándonos más creemos que en ningún momento este río ha parado su curso. Antonio Arráiz, poeta y novelista, la presiente. Publica dos libros, Aspero y Parsimonia, preñados de innovación formal, recurre a los vocablos, destroza los versos, da prendas a lo que el lector entienda como contemporaneidad, una memoria de Huidobro el chileno. Sin embargo, su pensamiento, su concepto o basamento poético de fondo sigue hundido en el tremedal retórico finisecular. No se es moderno por el disfraz, se es moderno con él o sin él. Por otra parte, su talento poético es bastante discutible, cuando el tiempo depura a nuestro pesar. Antonio Arráiz, tras alguna fama, volvió al silencio de las palabras en estado diccionario, a la espera cerrada de esos libros muertos. Quizá históricamente tenga valor, pero en poesía hay rupturas y continuidades y Antonio Arráiz ni rompió ni continuó, a no ser como heraldo, fecundo, de nuestra propia reflexión como poetas.

.

La gramática, la retórica abarcan casi toda la década de los treinta. Algunos se españolizan acicateados por la Guerra Civil española. La sombra nefasta del chileno Neruda recorre como el fantasma del comunismo a nuestros mejores hombres. Esterilidad, falta de auto-reconocimiento, banalidad del poeta divorciado de las palabras, usado por ellas y no usándolas a su beneficio. Se confundía generación política con generación poética, ambas separadas. Al final, los políticos triunfan. La administración, los cargos burocráticos defienden a nuestra lírica limpiándola y dejando al funcionario cultural como lo que era. Vicente Gerbasi debió haber combatido entonces, desde ese panorama gris, para zafarse del peso de Neruda, el provincianismo vestido del cosmopolitismo y abrirse paso a los cuarenta. Los Espacios Cálidos, y luego Mi Padre el Inmigrante, fue un duro golpe gestado contra los ramoneos literarios. Reúne en su haber la tradición italiana, alemana, la francesa sin dar pautas de enajenamiento recogiendo la tradición latinoamericana y la venezolana. Escribe el paisaje que crece dentro de sí. Retorna a la propuesta de Andrés Bello con la demostrada por Enriqueta Arvelo Larriva. Investiga el medio, se adentra y expresa magistralmente el idioma en todas sus sonoridades. Era cuestión de mostrar, descubrir lo que no veíamos y que ello, completamente, pueda ser verbalizado. Gerbasi sí utilizó las fuentes, sintetizando más que colocarse al servicio de ellas. La poesía venezolana empieza a tomar el cuerpo abandonado por los círculos intelectuales. De aquí, las posiciones envejecidas van a batirse en retirada, al toque de sirena pesquisaron modernidad a todo costo, o se aferraron incólumes al regusto decadente como la piedra de salvación. Existir a como dé lugar. Pero esta década no se justifica en un solo hombre, otros poetas estarán presentes como Juan Liscano, y Ana Enriqueta Terán, esta última escribirá uno de los más hermosos sonetos venezolanos, «A un Caballo Blanco», aunque su obra toma cuerpo entre los años 50 y una extraordinaria publicación, tardía, El Libro de los Oficios. 1975. Ana E. Terán nos revela el idioma, la tradición castellana de los clásicos, en un principio mediante la reiterada imitación en búsqueda de su propia escuela. Esto la separa del espectro lírico nacional, ya que absolutamente nadie, inclusive Ramos Sucre, maneja las posibilidades intrínsecas del idioma como nuestra poeta. Supo exprimir poesía de los recursos del significante y sus significados, concentrar y explotar símbolos en un continuum enhebrar de frases, exactas y musicales sin dar pautas al derramarse espontáneo. Siempre limitada a un tempo inarcado por la métrica o a un tempo de largas frases de acentos contundentes rescatados de la ruda lengua castellana. Su trabajo, quizá por la dificultad de nuestra formación negada a los clásicos, viene a ser vislumbrado entre los años 70 y 80, a veces de manera equívoca, en dirección del decir y no del hacer. En la lengua está su fuerte o su debilidad, en todo caso depende de la lectura y los intereses que en el lector su poesía determine.

.

Juan Liscano es un poeta bastante particular que se inicia en 1939. Poeta fecundo que por un momento abre las puertas a la tradición americanista, pero una tradición formal, quizá tomada de la turbulencia del Sur, la que en un momento debió por otras vías golpear a Vicente Gerbasi o a la misma Ana Enriqueta Terán. América, desde algunos años atrás había despertado el sueño nacionalista, quizá el trasfondo de un Whitman sureño. Juan Liscano pronto descubre que América no radica en el compromiso exterior, en el inventario de bienes, el balance de la fauna y la flora, las toponimias exóticas al ojo extranjero. La solución de continuidad se hizo necesaria, Neruda o el peruano Martín Adán de La Mano desasida fueron suficientes, uno por el engolamiento y el «cascarón» como aseveráramos hace años, el otro, por su magistral, exhaustivo tratamiento de Macchu Pichu, sin contar con los «americanistas» sociales de la América caribeña y de otros países. Juan Liscano es un poeta a la espera, sabe romper con lo que se perfilaba como un estilo propio para inquirir sobre sí mismo y nada mejor que la sensualidad del lenguaje, notable en sus versos primeros, pero orientados hacia una dirección, grupal equívoca. La exuberancia verbal se aúna a la exuberancia del concepto y aquí, Liscano, prácticamente abre las puertas al tema vedado del erotismo (aunque el Padre Borges, María Calcaño y, un tanto menos, Enriqueta Arvelo Larriva lo hubiesen, obedeciendo a una que otra motivación, tocado). Una sensualidad solar, geográfica, tropical, verdadera más del ánima que del ánimus, es parte de lo que impregna a Cármenes. Aunque en su momento nuestros mermados lectores escuchaban los tiros tardíos de Sierra Maestra mezclados a los fuegos fatuos del surrealismo criollo. Líscano apuntaba hacia un blanco: el canto posible de una América verbal, palpable en el cuerpo de la mujer, en tanto sucede el verso en comunión intensa de concepto y forma. Un lenguaje que nos definiese, si no totalmente, al menos en la parte de la propuesta general intentada por Andrés Bello como acotáramos anteriormente.

.

La trilogía de Vicente Gerbasi, Juan Liscano y Ana Enriqueta Terán es la única de esta década que cabalga sobre los setenta y ochenta, que mantienen un corpus literario digno, de quien se salva una porción de versos que nos representa sin ambigüedades. De ellos surge una generación que no ha terminado, que se procesa en los cincuenta y continúa en los sesenta, pues una resquebrajadura generacional pudo haberla en los setenta, pero no en la década de la violencia, cuya superficialidad supo solaparse tras el compromiso social o el neorromanticismo de un «mundo nuevo».

.

La tendencia, por lo demás boba, a crear generaciones con lapsus medido en décadas, ha presupuesto la existencia de las generaciones de los cuarenta, cincuenta, sesenta, setenta y hasta ochenta. Gracias a Dios que esto nunca ha ocurrido a no ser en los esquemas didácticos de profesores venidos a menos o de escritores que suscriben su propia generación, como si el nombre ya los definiese. Sin embargo, la reacción política de los 60 se confundió con una generación poética, que pudo haber tenido, no obstante, en otros países una razón suficiente. Cosa que aquí no sucediera, pues nuestros poetas de los 50 en poco se diferencian a los de los 40 y los poetas de los 60 no serán sino el alongamiento de las anteriores. De este modo una generación de 30 años viene a morir, definitivamente, a finales de 1960. Otras miradas pudieran afirmar, lo cual no se duda, que la poesía por primera vez deja los salones y la peñas poéticas para lanzarse a las calles, aunque esto nada determina en cuanto a calidad lírica que para el caso es lo importante.

.

1950, la década, será de consolidación y nuevos nacimientos de voces definitivas, entre ellas: Juan Sánchez Peláez, Rafael José Muñoz, Alfredo Silva Estrada, Ramón Palomares, Rafael Cadenas, Hesnor Rivera, María Calcaño, entre otros. Poetas como Vicente Gerbasi, Juan Liscano y Ana Enriqueta seguirán fortaleciéndose con nuevas publicaciones y, no dudamos, de una mayor actividad y un trabajo acucioso en sus propuestas que hacen de ellos auténticos padres a mitad de siglo de la poesía venezolana, cada quien sobre sus mitos personales.

.

Juan Sánchez Peláez desde un principio se involucra con el surrealismo, dadas las influencias recibidas desde Chile por Mandrágora, se apega a los patrones de aquella poética experimentada anteriormente por Luis Fernando Alvarez sin el éxito ni la calidad de Juan Sánchez Peláez, pues este poeta debió evitar la mera imagen surrealista, como fórmula alquímica fácil y proponer a lo largo su escritura personal, aunque no se reconozca, que vamos vislumbrando desde Helena y los Elementos. A veces, son sus mejores momentos, olvida las estructuras ortodoxas, formales, y nos proyecta con su lenguaje sobre un panorama imaginativo, rico en sensaciones que ni sus modelos chilenos pensasen ahogados por la verborrea automática que como vicio produce un efecto contrario. Peláez, comedido, no desgasta ni la palabra ni la imagen las cuales asume de vivencias auténticamente vividas reforzadas por su conocimiento del medio, de los recursos potenciadores del idioma en una especie de diálogo a la otredad, situación que bien pudiera remitirlo a las fantasías típicas de una retórica de escuela. Sin embargo, Juan Sánchez Peláez procura no atenerse a los extremos y en una lucha constante va despojando el verso de referencias adjetivizantes tal como lo exige la contemporaneidad y nuestra habla tan particular del Continente. Desde este punto de vista, su poesía funda formas de observación interior/exterior que de soslayo escasos poetas venezolanos comunicaran. Aunque la importancia de Peláez, como ocurrirá en poetas posteriores, está en su agudeza de verbalización, el cuido exacto del poema sin ceder al «retórico», su transformación de las fuentes negando su alienación al otro, la afirmación del individuo contra toda herencia castrante.

.

Creemos en las circunstancias concretas del país como los generadores de ese momentum para que la poesía venezolana fuera lo que fue entonces. No es Juan Sánchez Peláez únicamente sino la aparición de otros, la explicación. Individualidades con direcciones encontradas reunidas en la década del dictador Marcos Pérez Jiménez. Vemos así a un Alfredo Silva Estrada, exprimiendo las piedras de las frases y vocablos, abstracciones puras, lineales aprendidas de Mallarmé, Ganzo, aunque más próximo al cinetismo geométrico que nos invadió hasta los 60, por su depuración, que a las enseñanzas de sus maestros incluido Pierre Reverdy. Alfredo Silva Estrada por el solo hecho visual, descarnado, es, sin embargo, un caso atípico entre nosotros, aunque si de atipias se habla nos tropezamos con un poeta que salvo Juan Liscano y no muchos han reconocido como es Rafael José Muñoz, contrario, en las antípodas a Silva Estrada. Suicida de palabras, sentimientos, locura. Nunca aséptico y bebedor de cualquier abrevadero que fuese repujando su propio origen en César Vallejo. Poeta que impregna, abarcante, su obra. De él los exageros, las construcciones fraseadas del sentimiento quejumbroso del poeta peruano, las rupturas, las explosiones, aunque hay resonancias incluso de Salustio González. Rafael José Muñoz supo ejercer el salvaje contra el retórico fastidioso con dolor o sin dolor (así lo delata hasta su humor que es otra de las constantes del poeta), dando importancia al desquiciamiento del lenguaje que un poeta posterior, Teófilo Tortolero, asoma en la primera parte de Demencia Precoz en 1968. Es la poética del diablo, no del ángel marmóreo de los escritores apolíneos.

 Eishōsai Chōki, Good and Evil Influences (Zendama akudama) (c. 1795)


 

PATRIA CRÍTICA

En el caminar crítico
por esta patria crítica
no hay que fiarse
de los humanos derechos
en su cruda discapacidad
de derechos humanos.

La patria crítica
está inválida por un golpe
que hizo de este bastón estrecho
un largo territorio de huesos torcidos
con una columna cordillerana
y su niebla de cristales trizados
de tanto andar con distonía
que retuerce al emblema
en la constitución del sable
que le cortó las piernas a este pueblo.

Patria crítica
que escuchas pero no hablas
hablas pero haces que no escuchas
miras pero no ves
porque tienes una motricidad fina para el olvido.

 

 

 

INSOMNIO

Naufragio de la cama hacia el vacío
el reloj de la esperanza agoniza
el hueco entre las sábanas aullando como perro
la ventana rota sobre la cabeza
deja entrar sombras con sus grietas oscuras
que cuentan los latidos que le quedan a las horas
del agujero negro esgrimiendo al sol
y el viento entra y se lleva lo que no tengo.

Esta cama es una nube muerta
un pedazo de cielo arrugado
el aire se convierte en vidrio
que quiebra el pecho y se disuelve
como un grito mudo en una isla desierta.

Me levanto a fumar de madrugadas
mis pies se hunden en un río de cenizas
el humo se me clava como una aguja en el alma.
El cigarro brilla como un sol muerto
y cada calada es un trozo de memoria rota
una derrota envuelta en la niebla
que devora mi lengua
y me arrastra hacia el abismo de los relojes vencidos por el tiempo
donde mis sueños se disuelven como tinta en un mar sin orillas.

La noche alta como una montaña
en una casa que ya no es mía
una arquitectura quebrada de dolor
creo ver a gente con sus brazos abiertos
pero son cactus que me clavan sus espinas
de promesas tajeadas y desangradas de sueños
guardianes de promesas fervientes como un suspiro largo
que me abraza susurrando victorias rotas.

El insomnio se me vuelve barricada
mientras la ciudad duerme su salario
la noche se me escabulle en las grietas del mundo
que cobra caro el derecho de soñar
de sentir
de amar
y seguir respirando.

 

 

 

Palomo Arriagada. Poesía. Palomo Arriagada. Santiago de Chile: Revista Montaje. Publicado el 28 de febrero de 2026. 

Jacob van Hulsdonck, Wild Strawberries and a Carnation in a Wan-Li Bowl (c. 1620)



He de estar preparada para
mirar las cuencas vacías de tus ojos,
el pálido marfil de tu descarnado semblante.

No, ya no tengo miedo.
Me resulta familiar la frialdad
de tus brazos, esos que no han dejado
de envolverme.

Te llevaste a tantos...
Yo soy un número desconocido
en tu recuento de presas,
una rezagada y antigua alma
que se negó a sucumbir
a tu embestida.

Soy la que olvidas y recuerdas
en tu eterno peregrinaje.
Tal vez tuviste un alma
después de todo
o tu condescendencia conmigo
sería inexplicable.

 

 


Ruth Ana López Calderón (1968). Poemas de Ruth Ana López Calderón. Cagua: Letralia. Publicado el 26 de enero de 2026.

 

 Evert Collier, Vanitas (1704)


Venezuela: orden en la pea. Algunas consideraciones sobre nuestra historia contemporánea, 1999-2022 (I)


Venezuela, desde la llegada a la presidencia de Hugo Chávez Frías (1998-2013), ha estado sumergida en complejos cambios socio-económicos, además de revueltas políticas entre los dos grandes bloques partidistas y de representación popular: el oficialismo y la oposición. La llamada “Revolución del Siglo XXI” (“Revolución Bolivariana” o “Socialismo Bolivariano”) ha sido un proyecto continental seguido, más o menos, por otras naciones de Suramérica que, durante la primera década del 2000, gozó de cierta popularidad continental. Es Venezuela quién abanderó dicho “movimiento” más allá de lo etimológico (en alusión al libertador Simón Bolívar, 1783-1830), impulsando grandes reformas que, luego del fallecimiento de Chávez, sigue su sucesor en la presidencia de la República, Nicolás Maduro Moros (2013-2026).


*

Desde la llegada a la presidencia de la República, Hugo Chávez Frías (1999-2013), el 2 de febrero de 1999, la polarización se ha centrado en torno a su figura y sus proyectos, dando como resultado una fragmentación sin precedentes en ese país suramericano.

 


*

Antes, debemos esbozar el rol de Hugo Chávez en los golpes de Estado de 1992 contra el segundo mandato de Carlos Andrés Pérez (1989-1993): Chávez, en ese entonces un militar con grado de teniente-coronel del ejército venezolano, encabezó un golpe de Estado en Caracas durante la madrugada del 4 de febrero de 1992, asaltando la casa presidencial. Dicha insurrección fallida también se desplegó en varias instalaciones militares en otras ciudades venezolanas, como Maracay, Maracaibo y Valencia. Chávez también fue el “promotor” del segundo golpe, ocurrido el 27 de noviembre de ese mismo año, también fracasado por problemas de comunicación y de apoyo popular. Véase: Martínez Meucci, M. A., Golpes de Estado en Venezuela (1989-2004): evolución del conflicto y contexto sociopolítico, Análisis Político (2008), vol. 21, n. 64, p.3-21.

 


*

Lejos de las pasiones tertulianas, los académicos enmarcan al gobierno ejercido por Hugo Chávez, y al “Chavismo” en general, como parte de la antipolítica en oposición a la democracia liberal. Dicha pérdida de las formas de la política “tradicional”, acelera una hiperdemocracia (Capriles, C., La revolución como espectáculo, Caracas, Venezuela, Editorial Debate, 2004) que, en el caso venezolano, está en consonancia con un discurso propicio a lo bélico y a la esquematización de un “enemigo” reconocible (o una caricatura del mismo).

 


*

Entonces, a manera de síntesis, podemos decir que el marco de la “Revolución Bolivariana” (o Socialismo Bolivariano) se ha caracterizado por ser una amalgama de teorías y conceptos con influencias utópicas de las experiencias socialistas durante el siglo XX (Unión Soviética, Cuba, etc.), presentando esquemas patrióticos (con más tinte militarista que civil) inspirados en figuras prominentes de la Guerra de Independencia del siglo XIX como el Libertador Simón Bolívar y Ezequiel Zamora e ideólogos como Simón Rodríguez, entre otros. 

 


*

Lo anterior dicho ha sido categorizado por el historiador Germán Carrera Damas como una ideología del reemplazo al estudiar el fenómeno del Bolivarianismo-militarismo refundado en la contemporaneidad con la figura de Hugo Chávez y el chavismo en general. El Bolivarianismo ha sido uno de los recurso de las élites y los autoritarios para adoctrinar a las poblaciones más pobres, el cual es orginado por culto heroico a la figura ad hoc de Bolívar en los países bolivarianos (Colombia, Ecuador, Venezuela...), y que, según el autor mencionado, el militarismo impregnado en las fuerzas armadas venezolanas se orienta hacia un sentido antidemocrático. Véase: Carrera Damas, G., Bolivarianismo-militarismo: una ideología de reemplazo, Caracas, Ala de Cuervo C.A. (2005).

 


*

Sintetizando el Socialismo propuesto por Chávez, en aras de la refundación de la República con la nueva Constitución de 1999, se conformó una “Tercera vía” cuyo peldaño más firme, en la búsqueda de la “Soberanía”, fue el rentismo petrolero. El petróleo, desde la dictadura de Juan Vicente Gómez (1908-1935) se hizo parte del “paisaje cultural” (Coronil, F. El Estado mágico. Naturaleza, dinero y modernidad en Venezuela, Caracas, Editorial Alfa, 2016) de la nación, y un enclave “modernizador” del “Nuevo Ideal Nacional” durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez (1952-1958). 

 


*

A partir de 1958, con el “Pacto de Puntofijo”, la democracia participativa alternaría principalmente sobre dos partidos políticos de raigambre popular: Acción Democrática (AD) y el Comité de Organización Política Electoral Independiente (COPEI), cuyos gobiernos socialdemócratas darían los picos de ingreso por el rentismo petrolero (durante el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, 1974-1979, se nacionalizó el petróleo y se fundó la empresa estatal Petróleos de Venezuela, S.A., PDVSA, en 1975), menguando ese espíritu de bonanza a partir de la crisis económica de 1983 que fue uno de los parteaguas en la historia contemporánea venezolana.

 


*

El conocido como Viernes negro, el 18 de febrero de 1983, grosso modo, se refiere a la fuga de divisas que se venía dando desde finales de 1982 y que alcanzó la cifra de ocho mil millones de dólares, siendo catalogada como crisis de la deuda llevando a Venezuela, entre otros países de la región como México y Argentina, al impago de préstamos con los países del primer mundo y organismos monetarios internacionales. En términos económicos, la moneda nacional, el Bolívar, sufrió una devaluación, además de problemáticas con las negociaciones futuras en los pagos que acarrearía estallidos sociales en el país. Véase: Caballero, M., Las crisis de la Venezuela contemporánea: 1903-1992, Caracas, Venezuela, Monte Ávila Editores (1998), p. 164.

 


*

Con este esbozo del panorama nacional, la popularidad de Chávez y el nacimiento del chavismo fue el seísmo social con las subsecuentes crisis de los mencionados partidos tradicionales, su desmantelamiento y el malestar de la población, cuya coronación del cambio fue la conformación de la V República con la Constitución de 1999 y el apoyo popular que, no obstante, desde el comienzo tuvo una marcada y férrea oposición.

 


*

La crisis de las instituciones que desmantelaron el apoyo a los partidos de arraigo popular, entre esos Acción Democrática (AD), siendo el partido de gobierno de Carlos Andrés Pérez cuándo sucedieron las mencionadas intentonas de Golpe de Estado del 4 febrero con Hugo Chávez al mando, y en una segunda ocasión el 27 de noviembre de 1992. Véase: Caballero, M., Las crisis de la Venezuela contemporánea: 1903-1992, Caracas, Venezuela, Monte Ávila Editores (1998), p. 183.

 

 

* 

 

Tras el golpe de Estado del 2002, el chavismo añadió otro capítulo a la turbulenta historia contemporánea que, a partir del 2004, transformó las instituciones para la instauración de la “Revolución Bolivariana”. El socialismo como propuesta política en Venezuela tiene como origen público el discurso de Hugo Chávez en el V Foro Social Mundial de 2005. Véase: da Silva Mendes, F., El movimiento Bolivariano en Venezuela: ¿de vuelta al populismo?, Íconos, Revista de Ciencias Sociales, num. 38, septiembre 2010, pp- 119-127.
 
 
 
*

De esta manera, nociones como “Pueblo”, “Patria” y “Socialismo” se hicieron parte de la costura interna sociopolítica y cultural de la Venezuela contemporánea donde la identificación con el “Pueblo” se basó en la oposición a “Oligarquía”, “Pitiyankee”, “Escuálido”, suturada a una costura externa hilada en la economía de rentismo petrolero en el marco del mercado capitalista. Este disenso fue la brecha entre la construcción de un “Nosotros” ante un “Otro” que no solamente se sostuvo en la popularidad encarnada por el pueblo-líder (Sibrian, N. Antagonismo y disenso: tensiones y límites en la construcción mediática de la política en Venezuela, Íconos, Num. 45, Quito, mayo 2013, p. 50), sino en la mediatización de esa popularidad en consonancia con la calle y las urnas electorales.

 

 

*

Si bien es importante remarcar que Estados Unidos fue el principal aliado económico estratégico de Venezuela, el viraje del chavismo, al menos a nivel discursivo, era “antiimperialista”, buscando la consolidación de un mundo multipolar, acercándose a otros aliados geopolíticos, ya sea en el continente americano como Bolivia (Evo Morales 2006-2019), Argentina (Néstor Kirchner 2003-2007), Ecuador (Rafael Correa 2007-2017), o en otros continentes como China, Rusia e Irán.

 

*

Brevemente podemos decir que el populismo del chavismo y la manifestación creciente en otros países del continente como los mencionados, además de Brasil y Uruguay, surgió como la construcción de una alternativa política al neoliberalismo, sin tener estrategias definidas (da Silva Mendes, 2010, p. 126) para revertir la hegemonía de las élites y aglutinar los vaciamientos del poder gubernamental con la gran mayoría de la población y las demandas insatisfechas.

 

*

La figura de Hugo Chávez ha sido caracterizada dentro del populismo histórico (en su semejanza a la de Perón en la década de los 40 y 50 en Argentina), neopopulismo (en el contexto histórico que vio nacer esa variante durante los ochenta y noventa) y el populismo militarista que desdibuja el rol de las instituciones y la población. Véase: Arenas, N., Gómez Calcaño, L, Populismo autoritario: Venezuela 1998-2005, Caracas, Cendes/UCV (2006).

Spencer Frederick Gore, "Sketch of Figures and Poles" (1912) 




Era de caoba roja
con puertas vidrieras
de vidrios ahumados
y ribetes de laca
blancos.
Un metro de alto
por un metro cincuenta de ancho.
Tres estantes de veinte.
Rompimos la hucha de barro
y toda una tarde de enero
para ir a comprarla.
Pronto a casa fueron llegando Albert Camus. William
Faulkner. Virginia Woolf. Víctor Català. Carson
MacCullers. Y James Joyce con su Retrato
de un artista adolescente que me creó una úlcera
a la pluma.
Poco a poco dejaba
de ser mueble
y pasaba a Santuario.
La librería.
Las plegarias de la noche
las hacía ante el corazón abierto de la madera
I no ante el Corazóndejesús con los ojos en blanco
de encima la cabecera de la cama.
A mi madre
que nunca había abierto un libro
también la llenaba de devoción. La librería
¡Libros en una casa de pobres!
Religiosamente cuidaba que el polvo
No se metiera por las rendijas e invadiera el papel.
Que la polilla de los libros
no picara las letras.
En cambio mi padre andaba envanecido
cuando pasaba por delante.
Satisfecho de haber podido comprar

la mar a su hija.




Antònia Vicens (1941). Poemas: Antònia Vicens. La Otra. Publicado el 6 de noviembre de 2025.
Rudolf Bauer, Composition with Red Circle (1930)


‘‹

Los caminos se encuentran,
estrechos,
son la fuente inagotable del pensamiento
que nace y muere en este lugar,
entre la naturaleza viva cuyos sonidos se incrustan en mis sentidos
me bañan con su magia desconocida
me vuelven presa de este mirar hacia dentro,
hacia aquello que ignoro. 




Martina Barreiro. Antología Vol. V. Feria Internacional del Libro de Nueva York. Estado Unidos: Editorial Smol Books, septiembre, 2025.

Paul Gauguin, Poèmes barbares (1896)


 

Otra isla griega

Así como las cosas previsibles
nos sujetan a la vida,
así el atardecer acuna el alma
en una orilla. Así como el mar,
antiguo y sin embargo nuevo;
así como el viento, como el sol, como las olas,
como aquello que ocurre muchas veces;
así urde la belleza su victoria.
Agosto dura lo que dura un mito.

 

 

Contra la muerte

Hay mucha sangre en la memoria.
Y hay que ser valiente para hundirse en el placer
y luego volver a tu dolor en rebeldía.
Siempre amamos contra la muerte.
Siempre fuimos David contra Goliat.

 

 

 

Bruno Pardo (1992). 5 poemas de Bruno Pardo. Centroamérica: Carátula, publicado el 1 de febrero de 2026.

Older Posts

Buscar este blog

Blog archive

  • abril 2026 (23)
  • marzo 2026 (45)
  • febrero 2026 (42)
  • enero 2026 (33)
  • diciembre 2025 (29)
  • noviembre 2025 (22)
  • octubre 2025 (21)
  • septiembre 2025 (15)
  • agosto 2025 (19)
  • julio 2025 (14)
  • junio 2025 (14)
  • mayo 2025 (12)
  • abril 2025 (5)
  • marzo 2025 (6)
  • febrero 2025 (12)
  • enero 2025 (14)
  • diciembre 2024 (13)
  • noviembre 2024 (13)
  • junio 2024 (3)
  • mayo 2024 (4)
  • abril 2024 (1)
  • diciembre 2023 (5)
  • noviembre 2023 (8)
  • octubre 2023 (11)
  • septiembre 2023 (9)
  • agosto 2023 (10)
  • julio 2023 (8)
  • junio 2023 (5)
  • mayo 2023 (5)
  • abril 2023 (6)
  • marzo 2023 (5)
  • febrero 2023 (5)
  • enero 2023 (8)
  • diciembre 2022 (7)
  • noviembre 2022 (5)
  • octubre 2022 (9)
  • septiembre 2022 (5)
  • agosto 2022 (5)
  • julio 2022 (7)
  • junio 2022 (4)
  • mayo 2022 (4)
  • abril 2022 (2)
  • marzo 2022 (2)
  • enero 2022 (1)
  • diciembre 2021 (1)
  • noviembre 2021 (1)
  • agosto 2021 (2)
  • julio 2021 (4)
  • junio 2021 (2)
  • mayo 2021 (1)
  • diciembre 2020 (1)
  • noviembre 2020 (3)
  • octubre 2020 (1)
  • septiembre 2020 (1)
  • agosto 2020 (1)
  • julio 2020 (2)
  • mayo 2020 (2)
  • marzo 2020 (4)
  • febrero 2020 (4)
  • enero 2020 (3)
  • octubre 2019 (1)
  • septiembre 2019 (1)
  • agosto 2019 (1)
  • diciembre 2018 (1)
  • noviembre 2018 (1)
  • octubre 2018 (2)
  • abril 2018 (1)
  • enero 2018 (1)
  • diciembre 2017 (5)
  • noviembre 2017 (7)
  • octubre 2017 (4)
  • septiembre 2017 (2)
  • agosto 2017 (10)
  • julio 2017 (9)
  • junio 2017 (12)
  • mayo 2017 (10)
  • abril 2017 (4)
  • marzo 2017 (2)
  • febrero 2017 (8)
  • enero 2017 (9)
  • diciembre 2016 (3)
  • noviembre 2016 (9)
  • octubre 2016 (6)
  • septiembre 2016 (1)
  • julio 2016 (1)
  • junio 2016 (4)
  • mayo 2016 (1)
  • junio 2014 (2)
  • mayo 2014 (2)
  • diciembre 2013 (5)
Con la tecnología de Blogger.

Labels

  • Abel Murcia (1)
  • Abril Marge (1)
  • Adam Zagajewski (2)
  • Adhely Rivero (1)
  • Adriana Cupul Itzá (1)
  • Affonso Romano de Sant'Anna (2)
  • Aida García Rubín (1)
  • Aída Valdepeña (4)
  • Alan Valdez (1)
  • Alba Millán (2)
  • Alberto Barrera Tyszka (1)
  • Alberto Hernández (1)
  • Alberto José Pérez (4)
  • Alberto Laiseca (1)
  • Alejandra Pizarnik (5)
  • Alejandro Castro (2)
  • Alejandro Oliveros (2)
  • Alejandro Sebastiani Verlezza (1)
  • Alexander Pushkin (1)
  • Alexia Castaneda (1)
  • Alfonsina Storni (3)
  • Alfonso Alcalde (1)
  • Alfonso Reyes (1)
  • Alfredo Chacón (2)
  • Alfredo Silva Estrada (1)
  • Alí Chumacero (1)
  • Alicia Eugenia Segura (1)
  • Álvaro Bisama (1)
  • Amado Nervo (1)
  • Amanda Berenguer (1)
  • Amor (1)
  • Ana Enriqueta Terán (2)
  • Ana María Wessolossky (1)
  • Ana Mirabal Mujica (Nuwanliss) (1)
  • Ana Valín García (1)
  • Andrea Leal (1)
  • Andrés Eloy Blanco (2)
  • Anita Signorelli (1)
  • Anna Ajmátova (2)
  • Annya Rivas López (1)
  • Antología (2)
  • Antonia Palacios (2)
  • Antonia Pozzi (1)
  • Antònia Vicens (1)
  • Antonio Colinas (2)
  • Antonio Machado (1)
  • Antonio Porchia (1)
  • Antonio Robles (1)
  • Antonio Trujillo (1)
  • Aphorism (1)
  • Arianna Hernández Mathison (1)
  • Armando Rojas Guardia (3)
  • Armando Uribe (2)
  • Arnaldo Jiménez (2)
  • Arte (1)
  • Arthur Rimbaud (3)
  • Arthur Schopenhauer (1)
  • Attila József (1)
  • Avelina Lésper (1)
  • Batool Abu Akleen (1)
  • Belkys Arredondo Olivo (1)
  • Ben Clark (1)
  • Bertolt Brecht (5)
  • Blanca Strepponi (1)
  • Blanca Varela (1)
  • Bolívar Pérez (1)
  • Brenda Ríos (1)
  • Bruno Pardo (1)
  • Caneo Arguinzones (2)
  • Capsulario (19)
  • Carl Sandburg (3)
  • Carla Torrecilla (1)
  • Carlos Drummond de Andrade (2)
  • Carlos Pellicer (1)
  • Catalina Vergara (2)
  • Caupolicán Ovalles (2)
  • Cavafis (2)
  • Cecilia Ortiz (2)
  • Cees Nooteboom (1)
  • César Dávila Andrade (1)
  • César Vallejo (4)
  • Charles Baudelaire (2)
  • Charles Bukowski (1)
  • Charles Robert Anon (1)
  • Christian Anwandter (1)
  • Christiane Dimitriades (1)
  • Cine (5)
  • Circe Maia (1)
  • Claudia Bakún (1)
  • Claudia Noguera Penso (1)
  • Claudio Bertoni (2)
  • Cristina Gálvez Martos (1)
  • Cristina Larco Briceño (1)
  • Cristina Peri Rossi (1)
  • Cynthia Carreón Patiño (1)
  • Czeslaw Milosz (2)
  • D.H. Lawrence (1)
  • Danielle Chelosky (2)
  • Danil Rudoy (1)
  • Darío Lancini (1)
  • David Cortés Cabán (1)
  • Daymar Toussaint (1)
  • Deisa Tremarias (1)
  • Delmira Agustini (1)
  • Denise Levertov (1)
  • Derek Walcott (2)
  • Descargable (1)
  • Diarios (3)
  • Diego Alexander Paiva (1)
  • Dilara Pınar Arıç (1)
  • Donnalyn Xu (2)
  • Dorothea Lasky (1)
  • E. R. Dodds (1)
  • e.e. Cummings (2)
  • Edda Armas (1)
  • Edith Sodergran (8)
  • Efraín Barquero (1)
  • Efraín Hurtado (1)
  • Egla Hernández (1)
  • Eirene Lamar (1)
  • Eleonora González Capria (1)
  • Eleonora Requena (1)
  • Eliseo Diego (1)
  • Elizabeth Bishop (2)
  • Elizabeth Schön (2)
  • Eloísa Soto (1)
  • Elva Macías (1)
  • Emily Dickinson (4)
  • Enrique Cejudo (3)
  • Enrique Lihn (1)
  • Enrique Winter (1)
  • Entrevista (9)
  • Enza García Arreaza (1)
  • Erika Reginato (1)
  • Ernesto Cardenal (1)
  • Erotismo (1)
  • Esdras Parra (2)
  • Eugenio Montale (1)
  • Eugenio Montejo (6)
  • Eva Tizzani (1)
  • Exilio (1)
  • Extracto (26)
  • Ezra Pound (2)
  • Fadir Delgado Acosta (2)
  • Federico García Lorca (1)
  • Felipe Ezeiza (1)
  • Fernando Pessoa (6)
  • Ferreira Gullar (2)
  • ficción (15)
  • Flora Francola (1)
  • Floridor Pérez (2)
  • Fogwill (1)
  • Fotografía (7)
  • Francisca Alfaro (2)
  • Francisco Brines (1)
  • Francisco Camps Sinza (29)
  • Francisco Cervantes (2)
  • Francisco González León (1)
  • Francisco Massiani (1)
  • Frank O'Hara (1)
  • Friedrich Hölderlin (2)
  • Friedrich Nietzsche (4)
  • Gabriela Mistral (3)
  • Gabriela Rosas (1)
  • Galway Kinnell (1)
  • Gelindo Casasola (1)
  • Georg Trakl (2)
  • Germán Carrasco (1)
  • Gilberto Owen (1)
  • Giórgos Seféris (3)
  • Giovanni Quessep (1)
  • Giuseppe Ungaretti (1)
  • Gladys Mendía (1)
  • Gottfried Benn (2)
  • Gu Cheng (1)
  • Guillermo Sucre (1)
  • Günter Grass (1)
  • H.P. Lovecraft (1)
  • Hanni Ossott (5)
  • Harry Almela (2)
  • Heather Christle (2)
  • Heberto Padilla (1)
  • Héctor Hernández Montecinos (1)
  • Henri Michaux (1)
  • Henrik Nordbrandt (1)
  • Hermann Broch (1)
  • Homero Aridjis (1)
  • Horacio Lozano Warpola (1)
  • Ida Gramcko (3)
  • Idea Vilariño (3)
  • Ingeborg Bachmann (4)
  • Isabel Bono (1)
  • Isabel Teresa García (1)
  • J. David Bermúdez (5)
  • Jacqueline Goldberg (1)
  • Jaime Gil de Biedma (3)
  • Jane Zambrano (2)
  • Javier Marías (1)
  • Jeffrey Brown (1)
  • Jesús Alberto León (2)
  • Jesús Miguel Soto (1)
  • Jesús Montoya (2)
  • Jo Bratten (1)
  • Joe Brainard (3)
  • John Ashbery (1)
  • John Donne (1)
  • John Keats (1)
  • Jorge Cáceres (1)
  • Jorge Edwards (1)
  • Jorge Galán (2)
  • Jorge Luis Borges (7)
  • José Ángel Buesa (1)
  • José Ángel Cuevas (1)
  • José Antonio Ramos Sucre (4)
  • José Carlos Becerra (1)
  • José Lira Sosa (1)
  • José Miguel Mota Mendoza (1)
  • José Miguel Navas (1)
  • José Pulido (1)
  • José Saramago (1)
  • José Watanabe (1)
  • Josu Landa (1)
  • Juan Calzadilla (2)
  • Juan Ramón Jiménez (2)
  • Juan Sánchez Peláez (2)
  • Juana Bignozzi (2)
  • Julieta Arella (1)
  • Julio Cortázar (1)
  • June Jordan (1)
  • Juvencio Valle (1)
  • Kaira Vanessa Gámez (1)
  • Katherine Mansfield (1)
  • Kelly Martínez-Grandal (1)
  • Kelvin Ortiz (1)
  • Kira Kariakin (1)
  • Las flores rotas blog de poesía (624)
  • Laura Cracco (1)
  • Laura Nadeo (1)
  • Lázaro Álvarez (1)
  • Lee Seong-Bok (1)
  • Leila Gabriela Carrizo Torres (1)
  • Leonard Morrison (1)
  • Leonardo Javier Rivas Lobo (1)
  • Leopoldo María Panero (1)
  • Libros recomendados (3)
  • Liliana Flores Hilario (2)
  • Lily Someson (1)
  • literatura (9)
  • Lizeth Barón Ruiz (1)
  • Lorena Garduño (1)
  • Lorena Rozas Lorena (1)
  • Lotty Ipinza (1)
  • loy le'brón (1)
  • Lucía Victoria Sproviero (1)
  • Lucian Blaga (2)
  • Luís Alberto Crespo (1)
  • Luis Antonio de Villena (1)
  • Luis Cardoza y Aragón (1)
  • Luis Cernuda (1)
  • Luis Enrique Belmonte (1)
  • Luis Felipe Vivanco (1)
  • Luis Moreno Villamediana (4)
  • Luis Oyarzún (1)
  • Luis Perozo Cervantes (1)
  • Luz Machado (2)
  • M. Isabel Cruz (1)
  • Macedonio Fernández (1)
  • Madame Swetchine (1)
  • Magdalena Camargo Lemieszek (1)
  • Mahfúd Massis (1)
  • Mahmud Darwish (1)
  • Maiakovski (1)
  • Malena Falicoff (1)
  • Malú Urriola (2)
  • Manuel Acuña (1)
  • Manuel Bandeira (3)
  • Manuel de Zequeira y Arango (1)
  • Manuel del Cabral (1)
  • Manuel Lacarta (1)
  • Márgara Russotto (1)
  • María Antonieta Flores (1)
  • María M. Bautista (1)
  • María Teresa Ogliastri (1)
  • Mariajosé Escobar (1)
  • Mariana Pérez Balocchi (1)
  • Marianela Corriols (1)
  • Marie Anne Arreola (1)
  • Mariela Martínez (1)
  • Mariela Tax (1)
  • Marina Burana (1)
  • Marina Tsvietáieva (1)
  • Mario Amengual (1)
  • Mario Benedetti (1)
  • Mario Santiago Papasquiaro (1)
  • Marossa Acevedo (1)
  • Martha Kornblith (3)
  • Martina Barreiro (1)
  • Max Jara (1)
  • Meira Delmar (1)
  • Melissa Alvarado Sierra (1)
  • Mery Yolanda Sánchez (2)
  • Micaela Paredes Barraza (1)
  • Michel Houellebecq (3)
  • Miguel Ángel Flores (1)
  • Miguel de Unamuno (3)
  • Miguel Hernández (2)
  • Milena (1)
  • Miron Białoszewski (1)
  • Miyó Vestrini (8)
  • Mónica Méndez (1)
  • Muriel Rukeyser (1)
  • Nadia Prado (1)
  • Narrativa (3)
  • Natalia Lara (2)
  • Natalia Treviño (2)
  • Nicanor Parra (2)
  • Nicomedes Guzmán (1)
  • Nonfiction (1)
  • Norah Lange (1)
  • Octavio Paz (1)
  • Odette da Silva (1)
  • Odysséas Elýtis (1)
  • Olga Orozco (1)
  • Oliver Welden (1)
  • Oriette D' Angelo (1)
  • Oscar Hahn (1)
  • Oscar Wilde (2)
  • Osvaldo Lamborghini (1)
  • Pablo Antonio Cuadra (1)
  • Pablo de Rokha (3)
  • Pablo Neruda (4)
  • Palomo Arriagada (1)
  • Pamela Rahn Sánchez (2)
  • Paul Celan (2)
  • Paul Éluard (1)
  • Paul Valéry (1)
  • Paul Verlaine (1)
  • PDF (1)
  • Pedro Garfias (1)
  • Pedro Salinas (1)
  • Pedro Salvador Ale (1)
  • Películas (1)
  • Percy Bysshe Shelley (2)
  • Philip Larkin (2)
  • Poesía (420)
  • Poesía de Argentina (16)
  • Poesía de Brasil (1)
  • Poesía de Chile (11)
  • Poesía de Colombia (3)
  • Poesía de Cuba (6)
  • Poesía de El Salvador (4)
  • Poesía de España (8)
  • Poesía de Guatemala (1)
  • Poesía de México (13)
  • Poesía de Nicaragua (2)
  • Poesía de Perú (6)
  • Poesía de Puerto Rico (2)
  • Poesía de Uruguay (5)
  • Poesía venezolana (168)
  • Poésie (1)
  • Poetry (45)
  • Quevedo (1)
  • Rachel Curzon (1)
  • Rafael Arévalo Martínez (1)
  • Rafael Arráiz Lucca (1)
  • Rafael Cadenas (5)
  • Rafael Castillo Zapata (1)
  • Rafael José Muñoz (1)
  • Rafael Maya (2)
  • Rainer María Rilke (1)
  • Raquel Jodorowsky (1)
  • Raúl F. Medina (1)
  • Raúl García Palma (3)
  • Raúl Sanz García (1)
  • Raúl Zurita (1)
  • Regina Riveros (1)
  • Relato (1)
  • Renato Leduc (3)
  • Reseña (2)
  • Reynaldo Pérez Só (3)
  • Ricardo Ramírez Requena (1)
  • Robert Creeley (1)
  • Robert Frost (1)
  • Roberto Bolaño (1)
  • Roberto Juarroz (2)
  • Rodolfo Moleiro (1)
  • Rodrigo Panteonero (1)
  • Roque Dalton (1)
  • Rosa Berbel (1)
  • Rosandra Trejo (1)
  • Rosario Castellanos (1)
  • Rowena Hill (1)
  • Rubén Darío (2)
  • Ruth Ana López Calderón (1)
  • Saint-John Perse (1)
  • Salvador Espriu (2)
  • Salvador Novo (2)
  • Samuel Beckett (2)
  • Sara Teasdale (1)
  • Sarah Espinoza (2)
  • Selección de poesía venezolana (1)
  • Selene Herlein Bertón (1)
  • Sergei Esenin (1)
  • Sharon Olds (4)
  • Swinburne (1)
  • Sylvia Plath (1)
  • Tadeo Fuentes (1)
  • Tamara Orellana Valdivieso (1)
  • Thaís Badaracco Febres C. (1)
  • Thomas Bernhard (1)
  • Traducción (2)
  • Tristan Corbière (1)
  • Valenthina Fuentes (2)
  • Venezuelan Poetry (3)
  • Verónica Silva Alsina (1)
  • Vicente Aleixandre (1)
  • Vicente Gerbasi (2)
  • Vicente Huidobro (2)
  • Víctor Rojas (1)
  • Víctor Valera Mora (1)
  • Virginia Benavides (1)
  • W. H. Auden (1)
  • Waldo Rojas (2)
  • Walt Whitman (1)
  • Walter Benjamin (2)
  • Winétt de Rokha (2)
  • Wislawa Szymborska (1)
  • Wordsworth (1)
  • Yannis Ritsos (2)
  • Yéiber Román (1)
  • Yolanda Pantin (3)
  • Yves Bonnefoy (1)
  • Zbigniew Herbert (1)

Popular Posts

  • GRUTA
    Kamisaka Sekka, "A Thousand Grasses Pl.05" (1900) Vivo en una casa sin sombra ni sol donde los muertos habitan en las ventanas y s...
  • ENTREVISTA A ALBA MILLÁN
      Alba Millán (foto cedida por la autora), 2025. Alba Millán  (Valencia, España, 1994) es una poeta, docente y bibliotecaria española. Ha pu...

Datos personales

Mi foto
Las Flores Rotas
Ver todo mi perfil

«SEIS DÉCADAS DE POESÍA VENEZOLANA (UN BOSQUEJO)» (I) DE REYNALDO PÉREZ SO

  Camille Pissarro, "En landsbygade, Venezuela Caracas 1853" (1853) REYNALDO PÉREZ SO Una visión desacertada, pero intento de logr...

Created By SoraTemplates | Distributed by GooyaabiTemplates