Las Flores Rotas

Blog de poesía + Artes Visuales + Entrevistas literarias

Valentin Achille Lemot, Gustave Flaubert (1869)

 

El incomparable Max. Así llamó George Bernard Shaw (1856-1950), dramaturgo y crítico irlandés, a Max Beerbohm (1872-1956), escritor y caricaturista británico. Beerbohm, al principio de su carrera literaria, estuvo influenciado por otro dramaturgo irlandés, además de poeta y ensayista: el genial y controvertido Oscar Wilde. Wilde publicó Intentions, libro de ensayos, además de su única novela, El Retrato de Dorian Gray, en 1891. Para ese entonces, Beerbohm estudiaba en Oxford, alma mater de Wilde, y ese joven estudiante aseguró leer los ensayos wildeanos representando una fuente de inspiración literaria y estilística. El contexto de la época, hacia finales del siglo XIX, cuyo corset victoriano, plagada de censura, vulgaridad e hipocresía, suprimía el escándalo, el ornamento sublime y la vanidad, elementos de moda en los decadentistas y dandys, tribus urbanas entre los que Wilde era un miembro de su aristocracia. Así, mientras desde el poder gubernamental y la sociedad se agrupaba un número de reglas para supervisar el orden del status quo, lo estético, en las artes literarias y plásticas, estaba regido por la belleza (el arte por el arte), desdeñando toda influencia histórica y moral. Volviendo a Beerbohm en relación a Wilde, éste lo admiró y se desilusionó a partes iguales: la admiración fue propiciada por el triángulo de fascinación estilística, agudeza crítica y capacidad satírica, llevando esas máscaras a su propio arte y, en venganza, contra la figura de Wilde; la desilusión se manifestó a partir de un encuentro donde Oscar, al parecer, se pasó de tragos (En una carta a Reggie Turner en Abril de 1893, expresa: "I am sorry to say that Oscar drinks far more that he ought, [...] indeed the first time I saw him, after all that long period of distant adoration and reverence, he was in a hopeless state of intoxication. He has deteriorated very much in appearance: his cheeks being quite a dark purple and fat to a fault". Fuente: Victorian Web).


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El arte de no decir nada


Flaubert soñó con escribir un libro sobre la nada. O así cuenta la leyenda. Lo que hizo posible Seinfeld (1989-1998) en la televisión (como si fuese posible lograr la nada, cuando están pasando tantas cosas), fue la receta frustrada de ese notable escritor francés, padre de Madame Bovary, cocinado en su hogar de Croisset. En la actualidad, no es difícil encontrarse inmerso en la nada absoluta, no como entidad ontológica, sino como recurso mediático. Y la literatura, para bien o para mal, ha tomado esa recette flaubertiana para llevarla hasta las últimas consecuencias. 

 

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Por un lado, puede que esa fórmula tan gastada en la contemporaneidad sea la raíz de la vulgaridad que denunció Oscar Wilde en The Decay of Lying. An Observation (publicado en Intentions, 1891). En ese ensayo mayéutico entre dos personajes tan griegos como británicos, se desgrana el amargo descenso del arte hacia la pérdida de su valor nutricional para el espíritu. A partir del ejemplo de algunos autores franceses y, por supuesto, ingleses, Shakespeare sale a colación tanto como modelo del refinamiento del arte (y, según Wilde, su forma más pura: la exageración) y el devenir inevitable hacia la desolación de la vida: "Shakespeare is not by any means a flawless artist.  He is too fond of going directly to life, and borrowing life’s natural utterance. He forgets that when Art surrenders her imaginative medium she surrenders everything." Ese es el premio al atajo mediocre, sin magia, el desquite hacia lo noble y la entrega absoluta a la bandeja de la muchedumbre: el realismo como pecado original donde todos mordemos de la misma manzana, haciendo de la transgresión y la novedad del escándalo (uno de esos refugios del arte para retar e inspirar al espectador) algo cotidiano. Esto, si seguimos dicha premisa wildeana, nos puede llevar a dos elementos que apremian nuestra actualidad: la hiperestesia hacia temas irrelevantes y la inhibición hacia lo justo.

 

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La decadencia del arte, según Wilde, puede extraerse en estas pocas líneas del ensayo antes mencionado: "Art begins with abstract decoration, with purely imaginative and pleasurable work dealing with what is unreal and non-existent.  This is the first stage.  Then Life becomes fascinated with this new wonder, and asks to be admitted into the charmed circle.  Art takes life as part of her rough material, recreates it, and refashions it in fresh forms, is absolutely indifferent to fact, invents, imagines, dreams, and keeps between herself and reality the impenetrable barrier of beautiful style, of decorative or ideal treatment.  The third stage is when Life gets the upper hand, and drives Art out into the wilderness.  That is the true decadence, and it is from this that we are now suffering." 


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El título que acompaña nuestra pequeña aproximación sobre la nada y el arte literario, se debe a un vídeo ensayo encontrado en YouTube por azar. En el canal de Cyril Destoky, dimos con La romancière qui captive en ne racontant rien que va dedicado a Sally Rooney (1991). Rooney, joven novelista irlandesa que ha escrito uno de los superventas de la década pasada, Gente normal (2018), parece cocinar sus historias con la nada flaubertiana: a grandes rasgos, sus personajes, igual de jóvenes, se encuentran en apuros económicos, luchando por mantenerse a flote en una crisis global por el aumento considerable del desempleo y nula perspectiva de futuro en el horizonte. De forma general, la manera de conciliar esas frustraciones generacionales son a través de relaciones amorosas casuales (en un estadio donde se gestaba la inmediatez de las aplicaciones y/o redes sociales digitales) y, especialmente, en el valor de la amistad. Ese fenómeno editorial, llevado al formato televisivo con la serie homónima estrenada en el 2020, parece condensar las quejas millennials sobre el desamparo colectivo, sin dejar a un lado el activismo social y la representación política. Es, tras el estallido de la burbuja económica del 2008, la vida misma: con su hálito nihilista, triste, desnudando al cuerpo de la sociedad adolorido por los achaques sufridos en sus órganos vitales. Y esa misma desazón ha calado en la juventud y, desde luego, la manera de percibir el arte. 

 

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Nos resulta curioso que, después de ese otro éxito juvenil como lo fue Harry Potter (escrito por J.K. Rowling, escritora británica, cuyo primer libro fue publicado en 1997), la ficción ha sido nuevamente la carne triturada en el tablero de la disección wildeana: lo literario pareció haber perdido su esencia (principalmente en el mercado dominante), su capacidad para seducir, volviendo al hueso existencial en el desvarío del ser humano (sin una gran guerra global, solo la ruina del Estado del bienestar, al menos en un tajo del faro occidental) y su enfoque directo a la yugular desesperanzada del vivir; sin nada que lo rescate, sin redención posible, entregado al devenir de su suerte accidentada.


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El idealismo de Wilde, hijo predilecto del discurrir en el panteón helénico como aventajado abanderado del romanticismo, puede que le hizo llevar muy lejos su análisis de ese fruto sin cascarón que es el arte contemporáneo: el objeto se manifiesta sin vida interior ni exterior sólida, en un fluir cada vez más rápido, envejeciendo o renovándose contra toda prédica, siendo un fragmento y una totalidad en sí mismo; sin andamios, atajos y secretos, solo apoyado en su mero existir. A lo mejor fue el abandono de Flaubert sobre escribir una novela en la que no ocurriese nada, por un lado, la gran victoria de lo literario. Aunque, por otra parte, fue la botella lanzada al mar de la posteridad, encontrada por los necios en la arena de un tiempo expirado. 

Mikhail Mikhaĭlovich Cheremnykh, Russkii revoliutsionnyi plakat Pl.37 (1925)




En el muro de los siglos
yacen inscritas nuestras sombras
Este silencio pétreo
cuenta verdades irrefutables
Todo lo construido
lleva nuestros nombres ocultos.



[De la obra: Escribir es un camino]



José Gregorio Daliz (Venezuela, 1973). Poeta, fotógrafo y editor; investigador. Es autor de los títulos: Acto de resistencia (Poemas), Silencio de palabras (Pensamientos), Pensamientos libertarios, La magia del instante (Fotografías, pensamientos y poemas), Canto a Apascacio Mata: homenaje a un policía ejemplar (Poema, biografía), y Escribir es un camino (Libro compilatorio de sus obras), todos publicados por Ediciones cultorDlapalabra.

 

 Johannes Josephus Aarts, Boom met fantastische koppen (1881-1934)

 

GNOSSIENNES 

Encadenados dientes
Relieve de cristal
Bajo el claro de luna

Rugidos afónicos surgen
Entre blancas melodías
Abominables tentáculos

La exquisita ala de un cisne
De carácter melancólico

Salpicada por el hueso del infierno

 

 

 

OBSIDIANA

Silicatos despegados del suelo

verde oscuro óxido teñido
de estima alumínica

Rumores de viento estático
sonámbulos reglamentos de
rojo veteado en blanco y negro

La luz blanca del cielo alumbra
las cenizas que giran en los viejos

sueños enterrados en lápidas cristalinas

 

 

 

Camila Evia (1987). 5 poemas de Camila Evia. España: Zenda. Publicado el 12 de agosto de 2020.

 
Armando Rojas Guardia poemas
Umberto Boccioni, "The Street Pavers" (1914)

 
 
 
 
Patria

Alguna vez amamos, o dijimos amar,
la terquedad sombría de tu fuerza.
La voz del padre enronquecía
al evocar calabozos, muchedumbres,
hombres desnudos vadeanodo el pantano,
llanto de mujer, un hijo
y más arriba (¿dónde arriba?)
el trapo contumaz de una bandera.
Supimos, lenta y vagamente,
que lo imposible te buscaba
extraviándote los pies
—aquellos pies de Hilda obsesionaron
a mis ojos de niño: su corteza
terrosa, vegetal, desconcertada
sobre la pulitura del granito.

Tal vez una tarde, entre los campos,
la música te deletreó de pronto
al lado de algún bosque, una colina,
un lago triste que se te parece:
la misma terquedad al revelarte
ávida no precisamente de nosotros
(los efímeros, los quizá, los transeúntes)
sino de tu patina absurda de grandeza
—esos sueños opulentos de la historia
que son más bien su horror, su pesadilla.

Ahora que te conoces vil, prostibularia,
porque tanta voluntad ecuestre
se apeó bajo el sol a regatear
y el héroe mercadeó con su bronce
y el oro solemne del sarcófago
adornó dentaduras, fijó réditos,
y no hay toga ni charretera ni sotana
que te oculten cuadrúpeda, obsequiosa
por treinta monedas ancestrales,
yo me atrevo a cubrir tu desnudez.
No es verdad que te vendiste. Tú anhelabas
dilapidarte brusca, totalmente:
un lujoso imposible.
                              Lo sabías,
siempre lo has sabido y como siempre
aras en el mar. Te concibieron
con voluntad precisa de fracaso.

Cómo afirmar, pasito, que hoy te quedas
en la dificultad de sonreírte
levantando los hombros, desganado,
y diciéndote con sorna, con ternura,
mañana sí tal vez. Quizá mañana...

 

 

Homeland
 
We loved it once, or so we said,
the somber stubbornness of your force.
The father’s voice would grow
hoarse when he evoked prisons, multitudes,
naked men wading through the swamp,
a woman’s weeping, a son
and up there (up where?)
the obstinate shred of the flag.
We learned, slowly and vaguely,
the impossible was chasing you
misleading your feet
—Hilda’s feet obsessed
my child’s eyes: their earthy,
vegetable, disconcerted bark
on the polished glow of the granite.

Maybe one afternoon, in the fields,
the music spelled you out suddenly
beside some forest, on a hill,
a sad lake that looks like you:
the same stubbornness when you revealed
yourself so eager not really for us
(the ephemeral, the maybes, the passers-by)
but for your absurd patina of grandeur
—those opulent dreams of history
that are actually its horror, its nightmare.

Now that you know yourself so vile, a brothel,
because all that equestrian intent
climbed down to haggle in the sun
and the hero marketed his bronze
and the solemn gold of the sarcophagus
adorned dentures, fixed interest rates,
and there’s no toga nor epaulet nor habit
to shroud you, a quadruped, obsequious
for thirty ancestral coins,
I dare to cover your nakedness.
It’s not true you sold yourself. You wanted
to dilapidate yourself so brusquely, totally:
a luxurious impossible.
                              You knew it,
you’ve always known it and as always
you’re plowing the sea. You were conceived
with the precise will to failure.

How is it you affirm, so gently, that now you’ll stay
in the tension of smiling at yourself
lifting your shoulders, dejected,
and telling yourself sarcastically, tenderly,
maybe tomorrow I really will. Maybe tomorrow...
 




 

Armando Rojas Guardia (1949-2020). Patria y otros poemas. Caracas: Editorial Equinoccio, 2008. Traducción al inglés de Guillermo Parra. 
 

Encontrado en http://venepoetics.blogspot.com/2018/08/patria-armando-rojas-guardia.html

 

Assala Lamaa poemas
Augusto Giacometti, "May morning" (1910) 

 

 

Ligereza

No soy lo suficientemente valiente
para reclamar el olvido
sólo quisiera
quitarme la memoria
de vez en cuando
como uno se quita un sombrero
para saborear la ligereza de un momento
vivido
sin dejar huellas
ni recuerdos

 

 

Incendio

El tronco que ahora arde en la chimenea
hace poco estaba en paz
en la elegante cesta de paja
Nosotros tampoco
sabemos nada de las infinitas eventualidades
de ese último momento
de tranquilidad
antes
del incendio

 

 

Lo que queda

No siento nada
quizás ahora yo sea sólo
mi reflejo en el cristal
un recuerdo
en la mente de otro
una ficción que
en uno de mis poemas
un día se coló
y nada más

 



Assala Lamaa (1989). Poemas: Assala Lamaa. La Otra. Publicado el 31 de diciembre de 2025.

 

 Plate 46 – Straw Applique Design – From Portfolio Spanish Colonial Designs of New Mexico (1935-1942)

 

El imperio del horror

 

Algunas zonas en México están sitiadas bajo el imperio del horror. El horror posee su propio mecanismo, o así leemos a partir de lo argumentado por Adriana Cavarero en Horrorismo: nombrando la violencia contemporánea (2009). El mismo se postra sobre personas indefensas, en las circunstancias más cotidianas: en su barrio, comunidad, rumbo hacia su trabajo, escuela, etc. Dada su naturaleza expansiva, cualquier persona y/o población puede ser blanco de su objetivo destructivo, el cual muchas veces sucede de forma irracional, desmedida y con una fuerza aparentemente anónima.

 

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Ejemplos famosos del horror han sido el atentado en Atocha, Madrid, el 11 de marzo de 2004, y el ataque a las Torres Gemelas, Nueva York, el 11 de septiembre de 2001. El primero dejó 191 víctimas, mientras que el segundo se cuentan por miles. En ambas zonas se han levantado monumentos y se celebran conmemoraciones para recordarnos la casualidad de la violencia contemporánea: cualquiera puede ser víctima, siendo una de las formas actuales de degradación y destrucción humana (Cavarero, 2009, p. 10). 

 

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En un estudio publicado en Nexos, Jorge Ramírez, profesor e investigador mexicano, nos ofrece algunos datos escalofriantes: en Jalisco se hallaron 229 fosas clandestinas con al menos 2097 víctimas. En ese mismo estado mexicano, situado en una región al oeste de ese país norteamericano, se han reportado 16.095 personas como desaparecidas, donde 9.815 fueron reportadas entre 2019 y febrero de 2026 (Nexos, 2026).

 

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De acuerdo a otro estudio realizado por Jorge Ramírez y Lauro Rodríguez en 2025, podemos rescatar otras cifras importantes: la mayoría de las víctimas son hombres cuya edad media es de 30 años aproximadamente. Los casos de desapariciones se concentran en el área metropolitana de Guadalajara, capital de Zapopan, municipio más poblado de Jalisco. El registro de las denuncias por desaparición siguen una cronología desde 1998, pero es a partir del 2015 donde se aumentan considerablemente: en ese año se contabilizó 13 desaparecidos, mientras que en el 2021 fueron 197 (El Suspicaz, 2025). 


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El horror en Jalisco, así como en otras zonas de México, se presenta en sus rasgos normales, aparentemente resguardados en el seno de lo cotidiano; en las zonas más concurridas, en domicilios comunes, perpetrados a personas corrientes. De este modo, la criminalidad opera como bastión del silencio, de la complicidad y, como no, bajo la tutela de un sistema que naturaliza toda destrucción y perdida de la identidad, instaurando la lógica de la muerte violenta. 


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Cavarero nos dice que, ese tipo de masacres orquestadas en el azar del día, el cual tiene un orden (respondiendo a estrategias precisas donde el perpetrador se ve como un guerrero y no como un terrorista según las categorías mediáticas), posee objetivos más alto que la sangre, la carnicería situada y su onda expansiva de repudio. Lo antes expuesto con brevedad sobre la situación en Jalisco, México, nos hace preguntarnos: ¿Cuáles son sus objetivos? ¿El dinero? ¿El dominio territorial? ¿Reforzar un mensaje a la población sobre la representación del verdadero poder en las calles? Son tantas interrogantes que se quedan sin respuestas. Mientras, los familiares esperan saber de sus seres queridos. Solo queda imaginar que tanto dolor y desespero han ganado terreno en un horror de proporciones inabarcables.

 

Bibliografía:

Cavarero, A. (2009). Horrorismo: nombrando la violencia contemporánea. Barcelona: Anthropos Editorial.

Ramírez, J. (2026, 12 marzo). El imperio de horror del CJNG. Nexos. Recuperado el 13 de Marzo de 2026 de https://seguridad.nexos.com.mx/el-imperio-de-horror-del-cjng/

Rodríguez, L., Ramírez, J. (2025, 13 de febrero). "Se lo llevó un grupo armado". La crisis de desapariciones violentas en Jalisco. El Suspicaz. Recuperado el 13 de marzo de 2026 de https://elsuspicaz.com/se-lo-llevo-un-grupo-armado-la-crisis-de-desapariciones-violentas-en-jalisco/

Pierre-Auguste Renoir, "Tasse Et Fruits" (circa 1910)


 

 

esas siluetas blancas que corretean
imperceptibles sobre la nieve
son lenguaje
las haré desaparecer ahora
una liebre del ártico
un zorro de siberia
un reno de svalbard
un lobo de la estepa
todos blancos esfumándose
sobre la blanca imposibilidad
de su propia existencia

en el regazo del sueño
corren y se cazan uno a otro
mudan de color su pelaje
camuflan lo inasequible

¿los has visto ya?
en la ladera nevada
los hago desaparecer
sobre cada nombre de la nieve
los hago desaparecer
sobre un témpano
los hago desaparecer
en la pura luz
que no existe
en un escenario
que no existe

íngrimo el instante
que en un destello
deja de nombrar y lo ciega todo

 

 

 

Valeria Guzmán Pérez (1988). la fiesta de lo invisible. México: Periódico de Poesía, UNAM. Publicado en noviembre de 2025.

Karl Hofer, Neugierige (1947)



En verdad no sé
si alguna vez alguien me vio
desnuda
-y no hablo de la obviedad de las ropas
tampoco de esa otra obviedad poco menos
evidente
de figura retórica retorcida
hablo simplemente de la que soy cuando no tengo
miedo

de quedarme sola-
aclaro no es

una invitación es más bien
una advertencia: ni siquiera yo
me conozco tanto.

 

 

Jesica Marin
Empleada
Santa Fé, Argentina

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Apátrida

 

Tiemblo
porque recuerdo la violencia
del tacto.
El cuerpo inerte,
que ya no es mío,
un mapa de las áreas
invadidas,
conquistadas,
expropiadas.
Huella transgresora
que toca lo sagrado:
profana y reclama.
El cuerpo es tan solo pergamino,
cicatriz de rastro innominado,
rastros de saliva.
El vestigio de la memoria colectiva
convertido en ruina.
Mi cuerpo,
otro testimonio.
Aquí no existen rostros.
La narrativa sobreviviente,
patético lugar común.
Mi nombre,
tu nombre,
cualquier nombre,
nadie vio nada
aunque todos saben qué pasa. 



Norma Sofía Rivera Padilla
Estudiante
Ciudad de México

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La primera escritura
fue un verso
anónimo
pronunciado oralmente
hacia la dirección del viento
una persona sentada
prestando una atención borrosa
al horizonte
distraída quizás
de la intención
de comunicar
saboreando el gusto
del sonido en la boca
la garganta abierta
el corazón en la mano



Constanza Obregoso
Docente
La Plata, Buenos Aires

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Los libros

 

Nunca tranquilizaron la mente de los tiranos.
Nunca traicionaron a la memoria.
Nunca apagaron la imaginación y los colores.
Nunca dejaron de susurrarle aliento a mis desánimos.
Nunca perdieron sus hojas en otoño.
Nunca añoraron el bosque del cual brotaron.
Pero siempre siempre serán la voz de quien les dio la vida.

 

 

Ivana Jimena Parra
Profesora de educación primaria
Rio negro, Argentina 

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El lugar que eligió mi alma

 

Miro a los ojos y siento calma
es ese el lugar que eligió mi alma.
Porque es otra cosa cuando está conmigo,
todo lo que da vueltas se calla y cobra sentido.


Es que lo real, tan normal, se cristaliza
y lo que está mal, sin hacer nada lo canaliza
con una mirada me analiza
y quedó indefenso si lo resuelve con su sonrisa.


Cómo se quiere tanto, es imposible.
Cómo puede un pájaro volar tan alto.
Al borde del llanto un insensible.
Un suicida en caída libre que no se arrepiente del salto.


Mil cosas se encargan de destrozar la mente
atormentado a la hora de amar.
Cuánto de lo bien, puede del otro lado estar mal.
Cómo saber si estamos del mismo lado del mar.


Me gustaría la certeza, y no la incertidumbre
de entender qué escribís sobre mí en tu cabeza.
En la maleza de mis pensamientos sucumbe
la idea de un día ver de lejos tu belleza.


Por eso me quedo con tu sonrisa, que me da calma,
porque ese es el lugar que eligió mi alma.

 

 

Manuel Andreoni
Estudiante
Mendoza, Argentina 

 

 

 

Un libro una casa. Anuario de poemas - 2021. Camila Mermet & Imanol Guershman, compiladores. Argentina.

 
Akira Moctezuma
Johann Moritz Rugendas, "Teotihuacán" (1832) 


 
 
nuestra casa en el 2222
tendremos la misma edad que ahora
prepararemos alimentos en una cocina bastante práctica
tendremos perritos danzarines del volcán
una cama de edredón de plumas
muy seguramente
el jardín tendrá un eco
en un punto físicamente calculado
para sentir el grito de la ninfa
las puertas se abrirán del suelo al techo
cuando te asomes por la montaña
estará un pino tan alto
tan alto
como tú quieras





*

[serpientes
me paso las tardes
atrayendo partículas
con mi lengua
me eres indiferente
aunque sabes que miento
con esa mirada
tu perfume me arrastra por los suelos
sorpréndeme
e invítame a tu madriguera
a comer roedores
& a chuparnos las caras
mientras nos hacemos nudo
sin tocarnos]






*

capricho
marcelo el murciélago
tiene el virus de la rabia
& un pelo negro que cae
en un suspiro
como dos gotas
de baba y espuma
en las copas se bebe vino
& sus cachetes bien alimentados
se sonrojan

 

 

 

Akira Moctezuma (1982). Yu.  México: Niño Down Editorial.

 

 Adriaen Coorte, Three Peaches on a Stone Plinth (1705)

 

GESTIONES: LO INEVITABLE EN LA VIDA.

 

En el inicio de Gestiones (1992) de Rafael Cadenas (1930), poeta, escritor y profesor (jubilado) barquisimetano, afirma:

Retomo el hilo (Cadenas, 2011, p.7).

Ese preludio, como piedra fundacional, señala el camino que transitaremos —en ese descenso y elevación de lo mundano, de la realidad y lo que se nos oculta— de la mano de su portero (término que, en la etnología, determina el que “abre paso” al investigador en un campo de trabajo). 

 

*

La vida, en sí misma, es señalada como: … la antigua, la nunca adornada (Ídem). ¿Qué hacer con una tradición que lleva a la alabanza genérica sobre lo que es “vivir” sin interrogarse por sus implicaciones? Sin certidumbres, esbozar sobre el extravío que representa la vida misma para quien la “desplaza” en su andanza, no implica un abandono a la “objetividad” subyacente y telúrica en cada ser que nos muestra las emociones más recónditas y, por ende, dolorosas:

¿Por dónde deambulaba yo, suspendido? Pues nunca dejé de ser nervadura del asombro, de vivir en orillas, de extraviarme bebiendo un zumo oscuro, pero invadiendo los contrafuertes del día. (Ídem).

Esa especie de “rapto” nos devuelve al “habitar” —o, al menos, a ese traspaso y sus honduras que nos recuerde el vivir, sus procesos y trámites— y sus sorpresas, a lo significativo, y a su vez, lo escindido de toda grandilocuencia definitoria:

Transparencia que levanté de lo más acosado/como pieza cobrada en la tormenta. (Ídem). 

 

*

El papel de la poesía, en su acepción más general, como: “manifestación de la belleza o del sentimiento estético por medio de la palabra, en verso o en prosa” (RAE, 2021), es urdida como puente entre la “unión” de esos eslabones que separamos en el ejercicio cotidiano, aunque su representación —su cáscara— sea tan compleja como escurridiza:

Pero la palabra se escondía. (Cadenas, 2011, p.7).

Re-fundar la existencia implica dejar a un lado los grandes relatos para hacer monolitos de memoria en un tiempo finito que logre expandirse a través de lo que puede decirse (y quiere des-cubrirse). Dicha selección, sin bandera ni manual, asume la “derrota” como parte vital de lo que nos con-forma:

Los años han corrido y no dejé de registrar caídas. (Ídem).

 

*

La muerte, inevitable, sería, en todo caso, el vestigio ejemplar de un tiempo que ha sido “vivido”, amalgamando triunfos y fracasos en una memoria que batalla contra el olvido perenne. Entonces, ¿qué hacer ante lo inevitable? Rafael Cadenas, como todo gran poeta, le ofrece a la vida los “regalos” necesarios para adornarla ante el inevitable “triunfo” de la naturaleza:

Ahora vuelves, amiga, y yo te recibo con presentes arrancados al verdugo que cela tu territorio. (Ídem). 

 

 *

En la sección “Tributo”, la diosa a llevar al púlpito se convierte en un nido que entrelaza la fugacidad:

Aparté el sueño/cuando me dejó la infancia,/aquella exactitud. (Cadenas, 2011, p. 11)

Para convertirse en un ser-hogar melancólico re-visitado:

El oro de tus patios/al mediodía/apenas se insinúa/cuando un repentino sosiego/me devuelve a mí. (Ídem).

Ese personaje que corporeiza la memoria y su fragilidad, “rescata” lo que se pierde en sus mismos pasos, y que, si no es a partir de un ejercicio que centre lo “objetivo” en la preñez de subjetividades, ese oficio tan “inocente”, en palabras de Heidegger sobre Hölderlin, (Heidegger, 1992), sería imposible en su ejecución:

Registro/y sólo encuentro un hombre./Esta palabra dice mi límite. (Cadenas, 2011, p. 11).

 

 *

La naturaleza que llevamos dentro, la misma que no puede iluminarse tan fácilmente, la subrepticia en nuestro ser, cuando es bosquejada, dilucidada en su paisaje onírico y posible, nos brinda sus propias luces en el abismo:

Ella reluce/en la densa vegetación. (Cadenas, 2011, p. 13).

Esa dualidad entre lo místico y lo biológico, lo elevado y lo que se va esculpiendo con sus formas discernibles, palpables, perfila un “ethos” del ser (y su comunicación) que lo enlaza y destierra ante sus pares:

No fue suficiente/para contentar sus deidades/tu hondura animal,/ayera/que hoy te levantas en mí desde el polvo. (Ibíd., p.15).

 

*

En el apartado “Convivencia”, la comunicación de lo inasible y dado por hecho, nos lleva a una “verdad” experimentada y re-creada por la voluntad:

Tal vez esta constancia/sea lealtad/a otra aventura,/una vez apartados/de nuestro primer esbozo. (Cadenas, 2011, p.21).

Tras el “cierre” de esas primeras etapas un tanto nebulosas, el re-encuentro posible debe ser desarbolado de todas las ficciones, realidades y pactos concedidos (y/o arrancados) al tiempo para encontrarnos:

Nos hemos salido del papel/con titubeantes improvisaciones/que tejen otra historia:/no la que imaginábamos/sino la que aprendimos a querer. (Ibíd.).

 

 *

En ese campo lúdico y vasto, lo errante es parte del recorrido en busca del Yo “perdido” para recuperarse despojado y re-novado ante la realidad. En ese bosquejo del Yo oculto, el poeta dice:

Tanteas/como ebrio/en la ruta del extravío/(así se llama/nuestro segundo nacimiento). (Cadenas, 2011, p. 23).

Cabe resaltar a lo errante como parto primitivo y consecuente al camino de la vida misma; a las complicidades en la heroicidad cotidiana, lejos de la pompa mitológica, para re-encontrar sus esencialidades. Esto aterriza en el poema Almuerzo, donde surge lo “trascendente” en una situación mundana:

El restorán bulle./Mientras comemos/recordamos/aquella intervención divina. (Cadenas, 2011, p. 25).

 

 *

La clarividencia del Yo que cuestiona su lugar en el cosmos no deviene en una exaltación del mismo. Las dudas brotan en esa naturaleza humana indómita por explorar. Es por ello que, ante la tala y quema, el desmalezamiento del ser, ¿qué queda? Lo que no puede sustraerse. ¿Y qué es esto? El conocimiento sobre la mortalidad, el sufrimiento y los avatares que cuelgan como frutos en la existencia.

Apartas/lamentaciones. (Cadenas, 2011, p. 27).

El ser humano, en su afán inherente a su condición de ser racional (y también, emocional), busca transmitir un saber que ha descubierto, hacer partícipe a sus pares, traducir lo que ha permanecido en las sombras que, si llega efectivamente a través de lo que filtra el lenguaje y el silencio, otros tomaran, aprenderán, consumirán o, simplemente, desdeñarán de acuerdo a sus posibilidades del pensar y su apetencia (Heidegger, 2005).

La apetencia se mueve en esa dualidad de la simpatía-antipatía que nos hace acercarnos y alejarnos de los objetos y sus proyecciones, sin la voracidad de lo inconmensurable ni su aprehensión más próxima. Ese elegir, por sobre el deseo (o por sobre el mismo), se vuelca en lo que podemos mostrar como “valioso”, sincero.

Ese Yo que cabalga entre el residuo de la masa etérea, vislumbra una figura poco discernible, precaria:

El rostro/lleno de espera. (Cadenas, 2011, p. 31).

 

 *

La ética del vivir, y su bondad, recae en anticipar su propia dimensión en el cosmos para trazar un camino propio sin tantos artilugios ni cachivaches que ralenticen su senda:

Pero falta/todavía/ese aire desusado/de quién empleó su vida/en un solo aprendizaje:/no necesitar sostenerse. (Ídem).

Al volver sobre la metáfora del rumbo, solo puede trazar un camino el que sopesa su mortalidad, le da alas a lo reptante, velocidad a la quietud y viceversa. Sea en un pueblo, ciudad o suburbio, la gratitud es el eje que bosqueja al bondadoso y el que está atento a lo experimentado:

Todo ocurre/en los ojos/acogedores. (Cadenas, 2011, p. 35).

 

 *

La verdad, si se asalta (o nos asalta), y se emprende su acorralamiento en palabras, puede ser tributaria, sin afectación para inventariar requisitos inesperados sin la proeza grandilocuente de la acción. Contemplar su reducto, simple pero luminoso, hasta llevarnos a habitar(nos) entre sus follajes.

En el apartado “Mediaciones”, leemos:

Nuestros pobres fueros de hombres:/asomarse cansados a un amanecer que se sabe. (Cadenas, 2011, p. 45).

La labor del artista, si nos atrevemos a colgarle una definición, es acometer con sus medios de producción —en este caso, la lengua— una penetración eficaz en la comunidad (Steiner, 2003), y posibilitar las lecturas necesarias tanto para el público y los críticos que, en sus diversos niveles de armazón, permita un tras-paso por caminos nuevos, no abordados.

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

Cadenas, Rafael. (2011). Gestiones. Primera Edición. Mérida, Venezuela: Ediciones Actual/Universidad de los Andes.

Heidegger, Martín. (1992). Arte y poesía. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Heidegger, Martín. (2005). ¿Qué significa pensar? Madrid: Editorial Trotta, S.A.

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Diccionario de la lengua española, 23. a  ed., [versión 23.5 en línea]. https://dle.rae.es [Consulta, 03 de enero del 2022].

Steiner, George. (2003). “F.R. Leavis”, en: Lenguaje y Silencio. Ensayos sobre literatura, el lenguaje y lo inhumano. Barcelona, España: Editorial Gedisa.

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