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| Honoré Daumier, Le Prédicateur (1833) |
La polarización, según Ignacio Martín Baró, puede ser entendida como «...aquel proceso psicosocial por el cual las posturas ante un determinado problema tienden a reducirse cada vez más a dos esquemas opuestos y excluyentes alrededor de un determinado ámbito social». (Beristain, 2021, p. 13)
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Podemos decir que la polarización es un asunto que se cuela en la identificación del individuo con un grupo que, a través de categorías estereotipadas, demarca una posición ante un otro reducido de manera simplista. En esos esquemas mentales se bosquejan dos extremos incomunicados: un «nosotros» (endogrupo) y el «ellos» (exogrupo) (Ibid., p. 14).
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Esas relaciones en las categorías antes citadas, en lo interno, parecen funcionar y ser homogéneas, mientras son hostiles con lo externo. Dichos enclaves para codificar las subjetividades de la realidad social, en aparentes marcos más amplios de interpretación, crean fisuras que, en vez de fungir de horizontes dialógicos para llegar a puntos en común sobre ámbitos compartidos, obstruyen, verticalizan y hacen rígidas las visiones de un conjunto.
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Antes estas complicaciones, la ideología, al ser el intermediario entre los grupos, pasa a ser el factor dominante tanto en su integración esquemática como en el signo delimitador. En esa toma de partido de uno u otro, las relaciones se fragmentan por la mecánica de integración y oposición. Esa rigidez filtrada por las emociones e irracionalidad resquebrajan el tejido social para fomentar, en su interior, la violencia como eje transversal en sus dinámicas dicotómicas hasta socavar las instituciones, haciendo del trauma social la huella histórica compartida.
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Esas marcas, la conmoción por los choques, tendrán sus diversos grados a partir de la dialéctica entre el individuo y la sociedad; en la participación y acción en esos conflictos, los cuales no son uniformes (Ibíd., p. 18).
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La polarización, pan nuestro de cada día, entonces, vendría siendo el escenario previo de una guerra o lucha mayor. En esa condición de enfrentamiento vertebrado por dos facciones en disputa, irreconciliables, entramados en bloques más o menos homogéneos que articulan un interior en consenso, ponen en alerta a todo el cuerpo social para recibir la dosis de una panacea lenta (siempre prometida por un partido político) o el virus inevitable para prolongar el malestar.
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En un breve paso por la historia contemporánea de Venezuela, la polarización social se agudizó a partir del periodo 2000-2004, dividiendo en dos sectores a la población venezolana: por un lado, la oposición al gobierno del ex mandatario Hugo Chávez Frías (1999-2013), y por el otro el oficialismo. Dicha fragmentación que puede rotularse entre «chavismo» y «antichavismo», el cual ha sido un alud que ha impactado a la sociedad en general hasta el presente, inscribe signos y significados específicos en la memoria colectiva y en el imaginario sobre un conflicto sociopolítico de dos visiones de país (Lozada, 2008, p. 93).
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Dicha conflictividad en Venezuela crea grupos identitarios con referencias definidas en torno a la figura del ex presidente y el cúmulo que se le opone, segmentando el «pueblo» del resto de la sociedad civil. Esa división se lleva al grado extremo entre el «nosotros-ellos» (Ibid., p. 93) que estereotipa dos grupos sin diálogo. «La polarización social fractura el tejido social a la vez que favorece la naturalización y legitimación de la violencia. Ante una situación de conflicto sociopolítico prolongado como el confrontado en Venezuela, la población sufre un proceso de cambios que trastoca su vida, asumiendo como normal, natural o habitual lo que no es. Ante la avalancha de sucesos de agresión, muerte y devastación material o simbólica se transforma en cotidiana la convivencia con la violencia, y en este proceso de internalización se trastoca tanto la identidad del individuo como sus relaciones sociales». (Ibid., p. 96)
Bibliografía
Beristain, C.M. (2001). Diálogos con Ignacio Martín Baró sobre conflicto y polarización social. Pontificia Universidad Javeriana.
Lozada, M. (2008). ¿Nosotros o ellos? Representaciones sociales, polarización y espacio público en Venezuela. Cuadernos del Cendes, 25 (69), pp. 89-105.




