CAPSULARIO #2
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| Anonymous, Placental circulatory system (19th century) |
Llevo un diario desde poco más de una década. Fiel, constante. Escrito en varios cuadernos (y que muchos pasé a un archivo Word). A veces los días se confunden con otros; se ensamblan en esa crónica medular del desespero. Ya dije que escribir no es un acto de alguien feliz, ni sano (tampoco soy el único que lo cree así). Proust es un escritor mítico, fuera de su extensa obra, porque su condición asmática lo hizo un recluso de su cuerpo y de la necesidad insana de escribir; de prolongar su agonía en tantas historias.
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Habré escrito en la primera cápsula sobre el mar y la espuma de la ola en la orilla, haciéndola imagen de algo más. Al cuento, existen tantos mitos sobre mujeres que buscan la fertilidad, precisamente, en el recodo del mar. Yo, por otro lado, busco ese embarazo de ideas viendo el océano. Lejos. Paciente.
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Me sucede que me obsesiono con una canción mientras cocino. La escucho en la radio, y sin saber su interprete, ni poder atisbar el nombre entre lo que dice, la busco incesantemente. En ocasiones, no siempre, tengo el teléfono a la mano y me refugio en Shazam (indigno, lo sé). Allí encuentro el ¡eureka! de mis días. Luego, suena una y otra vez cada noche al ducharme.
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Escribo rápido, de golpe, martilleo las teclas de la laptop que agoniza (¿Doce o trece años conmigo? Torturada por los apagones y una caída seria ocasionada por una gata). También, así sea una línea, escribo a mano en el cuaderno azul que reposa en la mesa de trabajo, acompañado con un par de libros (un ensayo de arte y un poemario de Cadenas). ¡Labor, bendita labor! Amo trabajar en lo que yo considere enriquecedor, así no me proporcione ni una puya.
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Los treinta y siete años son una carga. Envejecer es una mierda (Bertoni, poeta chileno, lo dijo). No me considero joven. Me jode cuando dicen: murió tan joven. ¡Con setenta años! (¿será un rasgo de la gerontofobia de nuestra sociedad?)
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En ocasiones, escucho podcast sobre cualquier cosa. En inglés, francés (lenguas que oigo para destapar el oído) y español. Para informarme, en las dos primeras mencionadas, y para reírme (si se puede) en mi idioma. Quisiera aprender algo de alemán y coreano.
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Estoy leyendo un poemario al día, además de ensayos variados. Tengo un par de meses sin agarrar una novela.
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Leí superficialmente sobre el obituario de Robert Duvall, actor estadounidense. El mismo fue escrito por Bob Thomas (1922-2014), escritor, biógrafo y periodista especializado en espectáculos que trabajó para Associated Press News desde 1944. Es decir, escribió la nota doce años antes del deceso del actor, y, obviamente, de su propio fallecimiento. Escribir sobre la muerte garantiza la inmortalidad.
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Los
chistes catalizan problemas mayores rebajando su esencia dramática para
hacerlos una cápsula digerible, amena. Dicho esto, la presidencia en la República del Perú es tan estable como un amorío de adolescentes.
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Esta escritura (el formato) le debe un poco al blog de José Saramago (que leía en un cibert y luego en casa hasta su fallecimiento); a Alejandro Oliveros (su Diario Literario que leía religiosamente en Prodavinci) y a las Notas sociales de M. M. J. Miguel, en ese orden. La calidad es completamente mi responsabilidad.


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