SIETE POEMAS DE YOLANDA PANTIN

by - febrero 06, 2026

 

Gejza Schiller, "Oberačka" (1921)

 

 

ESTA casa surge despacio en el agua de la lluvia que caía por
los muros y olía a yerba y a todo eso. Antes salían ellos, los
siempre vestidos y uno se quedaba mirando por detrás de las
puertas toda esa agua que irrumpía por los muros y las
ventanas abarrotadas. Siempre el gesto cuando el cielo caía
desaguándose. También Dios mudaba escaparates en el cuarto
de al lado de techo enorme con murciélagos y todo. Uno miraba
el aire y predecía; hasta nos besábamos los labios por ser tan
fértil la tierra de esta casa. Siempre, siempre, había en los
pasillos, en los corredores, en cada una de las columnas, había
en el zaguán un miedo acongojado. Nos entran por los ojos
letanías cuando de noche relucen candelabros, la mesa y la
plata, dispuestos, ellos tan vestidos y uno en la puerta
protegidos de la lluvia por afuera de los muros, la cal y los
espejos. 


*

                                                 a Víctor

EN esta casa se amontonan los fantasmas. Uno les cuenta los
cabellos y les adivina, sin cristales, los pasos, de tanto fantasma
que hay por la casa. Qué cantidad de estribos y de bronces, de
cosas puntiagudas en los márgenes del barro, los espacios
abiertos en las piedras, esas cuevas intranquilas, las movibles
profundas y sus vientres. Irrumpen en los muros las cavernas y
se espantan. Uno destila de abrir huecos y piensa, estático,
benigno, a esa cueva le pesan los estribos, los bronces, las cosas
aquellas puntiagudas de tanto escondida, de tanto embrujada,
de tanto aparecer y desaparecer como si cualquier cosa todos los
días.


*

LE entran a uno deseos de irse entre los muros, pegado a las
paredes: la cal y el polvo siguiendo huellas hasta los hornos
altísimos. Más nunca abrirán troneras de tantas aldabas en las
puertas del patio. Uno siente por dentro golpes de pico y pala.
Los labios para nombrar la casa se quiebran como botijas en
algún sitio que nadie sabe.


*

                                                             a Feli

LARGOS corredores me cercan. Oscura certeza de mirarme en
el fondo. El último cuarto del pasillo donde una figura crece y
multiplica. El de antes niño o sabio de palabras se cruza la cara
con barro. Un hombre lo hiere, persigue a salto de bestia.
Levanto a ratos persianas: afuera es un vértigo con rigor de
espejo. Me sobrevive el más cerca. El que tiene mi nombre y me
juega a morir como un zarpazo hacia adentro. Habránse visto
niños de estaturas muy quietas, de piernas cruzadas, el pequeño
animal, lobo de siempre, en el ojo que brilla.


*

SE inclina en la tarde. Tiende las manos y bendice las paredes.
Te recuerdo de collares, perlas, zarcillos. Éramos gitanos,
andábamos perdidos en un sitio de más nunca y volvíamos
besando el polvo y la sal en los caballos. Algo silba en lo hondo
de tus trenzas. La ofrenda cada tarde. Nos traiciona el tiempo.
Tantos hijos poblando los cuartos. De bultos, cuadernos
dibujados, esa extraña devoción de tamarindo, pilas de café, de
andarse y no volver y regresar. Te empecinas en la edad
hermosa y yo decía mi madre tiene veinticinco años.

 

*

SI tantos regresan madre es que acaso los haces de tierra, de
vientre. Este sitio de cuatro paredes y balcón donde cuelgo mi
frente tras palomas. Te miramos suspendidos siendo así que
lloramos de Paya. Entonces me armo en metal y salgo de nuevo
entre carro y otro. Respiro por ti, por lo nuestro, por eso que
dibujas y me pides que escriba y yo escribo casa o lobo pequeño
hijo, tomados de las manos, de tu mano, a la clara estadía. 


*

VENGO de lejos. De este cansancio. Una sola marca desde el
vientre hasta lo hondo. A saber. La piel de pronto se me agolpa.
La línea que te enmarca. Tu presencia. A no caer. A ser de
nuevo por las calles. Arrastro cosas: una silbante tristeza, una
mujer de años, una larga cavidad, el sitio y este alguien por mi
rotura sostenido, sosteniéndome.




Yolanda Pantin (1954). Casa o lobo (1981) en "País". Valencia, España: Editorial Pre-Textos, 2014.

You May Also Like

0 comentarios