Las Flores Rotas

Blog de poesía + Artes Visuales + Entrevistas literarias

 

Quim Ramos (Foto cedida por el autor)


Quim Ramos o Joaquín Ferrer (Caracas, 1965) es un escritor y fotoperiodista venezolano. Radicado desde hace poco más de una década en Barcelona, balancea su labor periodística con los cuentos. Su narrativa ha sido publicada en sitios como Transtextos (Marcapágina), Mentekupa, Letralia entre otros.

Para seguir con Punto y Coma, una sección para, de ser posible, charlar con narradores, editores y todos aquellos involucrados en el género narrativo, me propuse molestar a Quim preguntándole sobre su visión del oficio, autores predilectos y el rol de las redes sociales digitales.

 

PREGUNTAS:

 

1) Empecemos por Joaquín Ferrer o Quim Ramos. Te has desempeñado como fotoperiodista tanto en diversos medios de comunicación (Grupo Últimas Noticias, The New York Times) y agencias de noticias (Reuters, EFE, entre otros). ¿Primero fue la imagen y después la palabra? ¿Cómo nace el escritor (y tu defensa de la escritura)? 


Q.R.: Ontológicamente son dos caras de la misma moneda, se complementan. Pero si hablamos de fotografía y escritura, entonces debo decir que la escritura fue primero; esa extraña costumbre de llenar con palabras una hoja en blanco me colonizó casi desde que tengo uso de razón. La fotografía vino mucho después. Pero como ya dije son vocaciones estrechamente ligadas.


     Supongo que un escritor nace leyendo. Es una conjunción que se da o no se da. Aunque esto último no es completamente exacto, porque la lectura también es una suerte de escritura. En todo caso, yo soy un lector que escribe.


   No sé si la escritura necesite defensa. Yo he querido escribir con completa libertad, incluso sin el yugo de la calidad. Escribir sin un propósito, sin moral, sin una visión. Por su puesto, si uno es honesto las obsesiones aflorarán, pero yo no las convoco. Lo que escribo proviene del inconsciente y pasa, sin procesar, directamente a la hoja.


     Voy a cometer una abominación y me voy a citar a mi mismo. Pido disculpas de antemano. Es un fragmento del cuento ¡Adiós, adiós! que me resume bastante bien:

 

“Ya deben haberse dado cuenta de que esta historia no tiene pies ni cabeza. De tener no tiene columna vertebral. Ni siquiera es una historia. Lo que muestro es una mente vagabunda. No hay punto de partida y mucho menos punto de llegada. Y en medio de esa nada, como ya creo haber dicho, solo divagaciones de la mente. Sí, pasarán cosas, supongo que pasarán, pero ancladas al vacío, colgadas de una nube que se desvanece. Un delirio sobre el abismo, eso es lo que será. O tal vez no. ¿Quién puede saberlo? Yo, desde luego, no. Yo avanzo a ciegas, a trompicones y tartamudeos. La linea recta me es esquiva, gracias a Dios. Pero Dios no existe, al menos no en estas hojas blancas envilecidas por la tinta. Si a algo se parecen estos garabatos es a un sueño. Tienen sus mismas oscuridades, sus mismas angustias, su capacidad de mezcla y su misma melancolía. En fin, que avanzo y retrocedo, doy más vueltas que un trompo, cambio de dirección constantemente, me pierdo, me hundo, surjo de la nada, atravieso los caminos, los dejo atrás, huyo de las señales, improviso y me confundo, aborrezco las iluminaciones y me abrazo a mis dudas”.

 

2) Has publicado «Los rayos también terminan en el abismo» (novela) y, recientemente, el libro de relatos «Un monstruo en casa y otros desastres cotidianos» (Barra Libros, 2026), además de diversos cuentos y microcuentos publicados en Letralia, Transtextos (Marcapágina), Mentekupa, entre otros espacios. Encuentro en tu obra varias obsesiones: la muerte, la resina de la melancolía que deja el tiempo pasado, la insatisfacción, el sufrimiento, pero todo rodeado de una construcción lúdica, introspectiva y observadora, dotada con altas dosis de denuncia en lo que subyace sin dejar a un lado ese doblez punzante de la amargura y comicidad. ¿Lo monstruoso vive mejor en la habitación del cuento o en la casa de la novela? 


Q.R.: En mi caso, que soy extremadamente vago y que lucho constantemente con los demonios del hastío y la melancolía, el cuento es mi mejor vehículo. No doy para mucho más. Tengo un puñado de novelitas sin terminar que muy sufridamente apenas pasarán de la página cien y con las que llevo luchando añales.


     En cuanto a obsesiones no soy muy original, pero creo que he conseguido una manera de contarlas que si no es original, al menos tiene un toque personal. Allí está ese narrador lúdico y ligeramente exaltado que puede ser muy bien una representación distorsionada de mi mismo.

 

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3) Viviendo en Barcelona desde hace tantos años, y siendo de Caracas, ¿la crónica de lo urbano pasa mejor por una foto o un texto?


Q.R.: Nada más llegar a Barcelona, salí a la calle a fotografiar con la intención de descubrir dónde coño me había metido, de cartografiar ese territorio extraño en el que me tocaba vivir. Y después de un tiempo trabajando en la discoteca, abrumado y asombrado por lo que veía en el local y afuera, en las callejuelas del barrio Gótico (la desenfrenada y decadente noche barcelonesa) me puse a escribir mis experiencias y a fotografiar lo que veía. Pero hablar de crónicas en mi caso sería inexacto. Para contestar a tu pregunta, se me da mejor retratar la “realidad” a través de la fotografía. Si hablamos en términos estrictamente periodísticos, la fotografía es mi arma. Cuando escribo, en cambio tiendo al delirio, al sueño, al disparate, al humor, a lo extraño.

 

4) ¿Posee algunos referentes literarios/influencias que te han acompañado en tu proceso de escritura?


Q.R.: Muchos y han ido variando a lo largo de los años: Las aventuras de Tintín, Los tres investigadores, Julio Verne, especialmente El faro del fin del mundo y Las aventuras del capitán Hatteras, Gabriel garcía Márquez y Cien años de soledad, Hemingway, Francisco Massiani, Henry Miller, Louis Ferdinand Celine, Sábato, Bukoswki, Vila-Matas. Y luego saltamos a los escritores del cono sur: Cesar Aira, Mario Levrero, Copi, Alberto Laiseca. Juan Emar. Puedo ampliarla mucho más, pero no tendría demasiado sentido, sería confuso. Pero mis cuatro jinetes del apocalipsis son: Miller, Celine, Aira y Copi, al que habría que agregar un quinto jinete: Vila-Matas.


     Un escritor es una amalgama de muchos escritores Especialmente yo soy como un camaleón, adquiero el tono del escritor que estoy leyendo. Hace años, cuando era joven y mucho más inexperto de lo que soy ahora, luchaba contra esas influencias. Ahora las utilizo a mi favor.

 

5) Leyendo una entrevista a Truman Capote (The Paris Review, The Art of Fiction no. 17, 1957), menciona que escribió sus relatos, crónicas y novelas en la cama, haciéndolo (junto a Juan Carlos Onetti), a diferencia de Hemingway que escribía de pie, un escritor horizontal. ¿Qué te hace parar, acostarte o sentarte a escribir?


Q.R.: Yo escribo dónde, cómo y cuándo puedo, rascando tiempo a las obligaciones laborales y familiares y luchando contra mis demonios personales. Así que la postura no es una cuestión importante. Eso sí, siempre en la computadora. Con el tiempo he desarrollado una incomprensible (o quizás no tanto) fobia al lápiz y a la hoja de papel.

 

6) ¿Cuál crees que sea el rol que cumple la poesía en tu vida?


Q.R.: Es una pregunta que nunca me he planteado. No sabría qué responder. Estoy muy ocupado sobreviviendo para pensar en abstracciones. Escribo que ya es bastante. Y ese acto, el de escribir, me ayuda a ir tirando. Con eso me conformo. Si tuviera que imponerle un rol, sería el de salvavidas.

 

7) En «Los rayos también terminan en el abismo», leemos:

«Escribir da hambre, digo a media voz...»

 

¿Vivir para escribir o escribir para vivir?


Q.R.: Esta es otra abstracción que se me escapa y que no sé cómo contestar. No soy un hombre de ideas. Yo vivo y escribo o, mejor dicho, yo sobrevivo y escribo. Pero sí es muy posible que sin la escritura no habría podido llegar hasta aquí o habría llegado convertido en un monstruo mucho más abominable que el monstruo que soy ahora mismo.

 

8) Además de tu cuento ¡Adiós, Adiós!, si alguien quiere empezar a leerte, ¿cuál le recomendarías?


Q.R.: Yo tengo estos cuentos disparatados, surrealistas, delirantes, absurdos oníricos, fantásticos o como quieran llamarlos y luego está esa especie de saga (también bastante disparatada) en la que Jordi Jones, ese escritor frustrado, es el protagonista junto a su esposa Rosa Inés y sus dos hijos. Si me pides elegir, pues diría que cualquiera de los cuentos en los que aparece Jordi Jones. Hay unos cuantos publicados por ahí.

 

9) ¿Has pensado adentrarte en otros géneros literarios?


Q.R.: No soy un escritor profesional. Con el tiempo he llegado a controlar un par de registros y de allí me resulta muy difícil salir. He fantaseado con escribir novela negra y algo de ciencia ficción para chicos. Escribir con sentido comercial. Tengo un par de cosas comenzadas que nunca terminaré. Incluso un esbozo de personaje, el comisario Jacinto Salvatierra, un policía corrupto muy parecido físicamente a Bukowski y con el mismo deseo desenfrenado de follar.

 

10) ¿A qué se debe la urgencia por narrar?


Q.R.: Hace muchos años un amigo me dijo que a mi me deleitaba más pensar en escribir que el mismo acto de escribir. Me di cuenta con el tiempo que ese amigo tenía razón. Yo soy como el perro que da vueltas y vueltas alrededor de su lecho antes de echarse sobre él. No se de dónde surge o a qué se debe esa urgencia, esa necesidad. Ha estado allí desde siempre. Supongo que es una defensa contra el tedio de la realidad, contra su insoportable monotonía y vileza.

 

11) ¿Cómo llevas el rol de las redes sociales y la escritura? ¿Crees que sea mayor el beneficio o el apuro por publicar?


Q.R.: Las uso mucho para mostrar mi trabajo. Sin embargo estoy convencido que son una estafa, una trampa cazabobos en la que caemos conscientemente por miedo a que si no caemos nos disolveremos en la nada. Los likes son una farsa y en lineas generales a nadie le interesa lo que haces ¿Pero quién se atreve a dejarlas? Al menos así me leen unos cuantos amigos y conocidos. Peor es nada, ¿no?

 

Natasha Rangel (Imagen cedida por la autora)


Natasha Rangel (Caracas, 1994) es una escritora, editora, facilitadora y correctora de estilo venezolana que ha publicado los libros Estorninos negros y Un animal impronunciable. Ganadora del premio Lo Mejor de Nos en su sexta edición con la historia Saborear la casa en una sopa de arroz. Sus cuentos han sido publicados en las revistas Digopalabratxt, Liberoamérica, Letralia y Zancada, además de integrar diversas antologías publicadas en Venezuela, México y Estados Unidos.

Antes de escribirle para una entrevista vía correo electrónico, leo un breve compendio de sus obsesiones: el folk, el horror, el storytelling de los videojuegos y el arroz chino. Además, no toma café, aunque sabe hacerlo. Por último, y no como dato menor, piensa que la escritura es una extensión del andar, algo que comparto profundamente, haciendo de Rangel parte de ese grupo selecto de escritores (Nietzsche, Walser, Rimbaud, etc…) que escriben con sus pies.

Dado ese simpático comienzo, seguimos con Punto y Coma, una sección para, de ser posible, charlar con narradores, editores y todos aquellos involucrados en el género narrativo. Así me propuse escribirle a Natasha para que nos hable sobre sus libros, su quehacer escritural, publicaciones, influencias y proyectos.

 

1) Tu resumen académico y literario nos indica que estudiaste Letras (UCV) y un magíster en Escritura Creativa (Universidad de Texas), además de ser la autora de «Estorninos negros» y «Un animal impronunciable». ¿Cómo nace tu interés por la escritura hasta hacerlo tu profesión y oficio?

N.R.: Te respondo esto en medio de un día nublado y ventoso en El Paso. Junto al balcón de mi casa hay un ejemplar raquítico de la Red Push Pistacia que ha aguantado varios inviernos. Este año, tras retoñar, una persistente reinita pensilvania viene a cantar posada en sus ramas cada mediodía. Tu pregunta, sin embargo, me hace pensar en apamates; me gusta esa palabra, me gustan mucho las palabras, en general, pero tengo la mala costumbre de reemplazarlas pronto en mi cabeza. Me sucede al intentar memorizar los nombres de árboles y plantas y animales, solo los que han logrado hacerse imagen en mi interior logran resistir las listas de palabras que vomita mi curiosidad. Escribir es, para mí, un oficio de la memoria y una forma de traducir las lecturas del cuerpo. Ya lo he dicho en varias oportunidades, pero me parece que es una cosa metabólica: puedo sentir todo de manera más intensa si lo escribo y sé que voy a recordarlo si trabajo bien las capas del lenguaje. Pero puedo ir incluso más atrás en estas apreciaciones, porque creo que el impulso también responde al deseo secreto —ya no tan secreto en tanto lo estoy revelando acá— de preservar el tono y la elocuencia con que las mujeres de mi familia me cuentan sus historias. El tiempo es un gran devorador de la voz. Si escribo, si consigo reproducir las inflexiones, el ritmo y los derroteros laberínticos de las anécdotas familiares, tal vez pueda construir el mapa de las voces a las que quiero volver. Ahí está el oficio.

 

2) Los videojuegos, el terror, lo gótico, el cine, lo mítico, en definitiva, el entretejimiento simbólico nutren tu narrativa. También, considero, tu aproximación a lo monstruoso es indisociable de lo femenino desde esa óptica de lo extraño, lo penado y marginado por la sociedad. ¿Cómo fue el proceso de escritura de «Estorninos negros» (DosPájaros, 2024) y de «Un animal impronunciable» (Trazos de Aves, 2025)?

N.R.: Los procesos fueron muy diferentes. Con Estorninos quise explorar las promesas infinitas de la infancia, la contundencia del presente en la mirada de los niños. Creo que el inconsciente, la fragmentariedad, las sombras, lo monstruoso y los juegos de focalización son algunos de los elementos que componen cierta estética narrativa de lo femenino y mi escritura tiende a emplearlos de manera natural. Me encanta lo fragmentario por su capacidad de retar la memoria del lector, así como también su rango de atención. Del videojuego me fascinan las capas de sentido que se condensan a través de los detalles, de los signos no verbales. La regresión infantil, por su parte, detona con facilidad el extrañamiento. Estorninos empezó a gestarse en el banco de un parque cuando Miguel Hidalgo Prince —que entonces era uno de los editores del portal Contrapunto, donde yo era pasante— me contó que lo perseguían los pájaros. Yo ya tenía rato pensando en niños que sostenían una relación peculiar con las pesadillas, pero cuando Miguel me comentó esta particularidad suya, los niños se fusionaron en uno solo: un niñito inmigrante, tímido y ojerizo llamado Wilhelm Johannes Prize a quien no solamente lo perseguían los pájaros, sino que, además, poseía la habilidad de escupir estorninos que se le formaban en el estómago. Lo que vino a continuación fue interesante porque Wilhelm no me reveló su historia de inmediato, sino que dejó que otra voz tomara la luz por él. A veces pienso en Cordelia como el monigote de una caja de resorte. Ella asumió las riendas del texto rápido, era muy difícil callarla. Aunque tengo la sensación de haberme quedado corta con la historia, me parece que la yo de mis veintes sí tuvo algo de éxito al representar su corporalidad y lo dominante de su presencia en el texto. A partir de ahí, mi obsesión fue narrar la inevitabilidad del vínculo entre ambos personajes.

 

Estorninos negros (Foto cedida por la autora) información en https://www.instagram.com/dospajarosediciones/


Los vínculos son una gran obsesión mía. Me parece que son una fuente espectral, expansiva y contaminante. Esa sensación está en los cuentos de Un animal impronunciable. Me atraen las ruinas, los arquetipos, las repeticiones y rituales que construyen nuestra identidad. El animal acabó siendo un tributo a las genealogías, a lo que las mujeres no se atreven a verbalizar, a la crueldad, a la rabia, a la incertidumbre de las heroínas que caminan a tientas en la oscuridad y que avanzan a pesar de intuir que ellas son el verdadero monstruo oculto en la hierba alta. Escribí a los personajes de esos cuentos con la intención de asimilar esa monstruosidad interior; irónicamente, el miedo, para mí, yace en la ausencia del monstruo, en la informidad de lo blanco.       

 

Un animal impronunciable disponible en https://trazosdeaves.cl/libros-ave/zorzal-mecanico/un-animal-impronunciable/


3) ¿Qué significó ser parte de «Feroces: Compilación de autoras jóvenes venezolanas» (Sello Cultural, 2023), «Cabezas en la ventana. Antología de terror latinoamericano» (Elefanta Editorial, 2024) y, recientemente, «Madrigueras: Una antología de Imaginación» (Entretierras, 2026)?

N.R.: Una vez más, se trata de experiencias con características propias. Feroces supuso encontrar a una comunidad de escritoras e interlocutoras de mi país. Siempre he dicho que Andrea Leal es mi hermana de escritura, mi interlocutora más directa debido a la cercanía y el tratamiento de los temas; pero Feroces fue la oportunidad de leer el trabajo de autoras contemporáneas con estilos y perspectivas muy diversas. Yo le huyo a la homogeneidad, no me interesa leer a gente que escriba “igual” o “parecido” —de hecho, me fastidian un poco las cuñas editoriales que tratan de “venderte” a otras autoras según qué tanto se parecen a otras: “Si te gustó el libro de fulana, seguro vas a querer leer a mengana”. Es aburridísimo eso porque condicionas al lector antes de que se abra a la experiencia de mundo de este nuevo libro— ¿Para qué? ¿Dónde está la voz? ¿Qué es lo que tienes para decir? Debería haber tantas propuestas como tipos de lector; y Feroces fue el abrebocas para mirar esa variedad y continuar buscándola en mi país.


Feroces disponible en https://www.amazon.com/-/es/Feroces-Compilaci%C3%B3n-autoras-j%C3%B3venes-venezolanas/dp/B0CQHNTJFM


Cabezas en la ventana, por otro lado, fue la entrada a un mercado inmenso como el mexicano. Todavía flipo recordando a Alberto Chimal leyendo el inicio de mi cuento “Cabeza de cerdo” en la presentación que hubo en Librerías Gandhi. El impacto se irá viendo conforme pase el tiempo, pero es una antología que me regaló la ilusión de horizontalidad junto a nombres de autoras que admiro como Enza García Arreaza, Verena Cavalcante, Elaine Vilar Madruga y Mariana Enriquez. Tanta exposición apabulla, pero es bonito imaginar que hay un “archipiélago” de papel en el que nuestras historias son vecinas.

 

Finalmente, Madrigueras me entusiasma un montón por lo que representa para la literatura imaginativa con sello venezolano. Creo que Tito Herbonniére es una de las voces más singulares que trae la antología. Pero, en líneas generales, me parece que la propuesta de la editorial Entretierras nos invita a hurgar en nuestro imaginario y a discutir las estéticas, las fallas y las potencialidades de nuestros sistemas de creencias.  


Disponible en https://www.entretierraseditorial.com/nuestros-libros


4) En nuestra época desbordada por la multimedia, ¿cuál consideras es el impacto de las redes sociales y medios digitales en su obra?

N.R.: Me atrae experimentar con formatos que reten mi manera de leer. Creo que no mencionaría las redes sociales como tal, pero sí los podcasts, por ejemplo; las transcripciones de audio e, inclusive, la disposición de los archivos en Google Drive como contenedores y medios de representación de la escritura. Esto último fue algo que usé en el cuento “Wendigo” que está en Un animal impronunciable. Me llama muchísimo la atención ver cómo el uso de un medio puede servir como relato secundario de una historia. Recuerdo que en Project Zero, que es una de mis franquicias favoritas, los objetos y los diarios servían como formas de caracterizar los espacios, el inconsciente y las motivaciones de las personas haunted del juego. Y, de nuevo, la fragmentariedad en estos dispositivos servía no solo para crear un relato coral y comunitario, sino para enfatizar la atmósfera poco confiable de la narrativa.

 

5) ¿Posee algunos referentes literarios/influencias que te han acompañado en tu proceso escritural?

N.R.: Montones y cambian según el proyecto. Ahorita estoy con los fanzines de Hellebore; películas como Gaua, Onibaba, Lord of Misrule; antologías de gótico botánico; y la música de Kiki Rockwell, Eva Chatelain, Raury, Bôa, Baba Yaga Team y Otyken. Creo que la música suele definir mucho de mis proyectos, incluso más que la lectura, en ocasiones.  

 

6) ¿Tienes algún proyecto literario en mente a largo o mediano plazo?

N.R.: Tengo varios, pero voy por partes. En este momento, la prioridad es terminar el proyecto que tengo pautado con la editorial lecturas de arraigo; según yo, es una colección de relatos que se mete con “lo vegetal”, pero una cosa piensa el burro y otra el que lo monta.  

 

7) En el cuento «Los cañaverales» (Pandilla Chang de jóvenes narradores, 2025), leemos:

«Para nosotros no había reglas, ni responsabilidades, solo un principio básico: evitar el fuego».

 

¿Vivir para escribir o escribir para vivir?

N.R.: Vivir escribiendo.

Tadeo Fuentes (Foto cortesía del autor)


Tadeo Fuentes (Neuquén, Argentina, 2005) es un joven poeta argentino que ha publicado tres poemarios. El último, Conexión Náufraga (publicado por Ediciones con Doble Zeta en noviembre de 2025), fluye a partir de diversos estilos, temáticas y tonos donde el hacer poético sería:


...lo más cercano a

arremangarse y contener la respiración,

no querer llegar a la cima

pero sí al fondo.


Esas palabras las encontramos en el poema Hacerlo guarida (En Conexión náufraga), el cual hacemos nuestra puerta de entrada a la siguiente entrevista. Nos comunicamos con el poeta a través del correo electrónico para que nos aproxime a su idea de escritura, oficio, vocación literaria y, como no, sus influencias y definición personal (y siempre tentativa porque se ensancha con el vivir) de la poesía.


1) Poeta, tienes un programa radial artístico y filosófico, además de ser estudiante del Profesorado en Letras (Universidad Nacional del Comahue). Siendo tan joven, y con esa avidez por crear, comunicar y aprender/enseñar literatura, ¿cómo llegas a la escritura poética y a la vocación literaria?

TF.: Si tuviese que pensar en un origen, situaría el núcleo de la cuestión mucho antes de haber llegado, propiamente, a la escritura poética.

 Desde la infancia me encontré con el gusto por la palabra: cuentos infantiles, historias, mitos grecolatinos o las conversaciones cotidianas con sus ironías, chistes, ritmos, tonos, etc. Lo cierto es que las resonancias, el impacto y el efecto que podía causar el lenguaje llamaba mi atención desde chico.

En quinto grado de la primaria tuve como tarea escribir un cuento breve y descubrí que también se podía crear con las palabras. A los diez años, aproximadamente, mi papá me mostró unos poemas de Mario Benedetti -especialmente recuerdo Táctica y estrategia- y, al poco tiempo, a los once, casi sin quererlo, encontré (o me encontró) un primer esbozo de un poema propio. Vale destacar que las palabras no solo me llegaron por la oralidad o la lectura, sino que en mi casa siempre hubo un ambiente musical muy nutrido. Era común despertarme y que mis viejos pusieran discos de Spinetta, Pink Floyd, Radiohead, Vox Dei y, de hecho, mi mamá me hizo fanático de The Cure hasta el punto de que los fuimos a ver a Buenos Aires en 2023. Todo eso, de algún modo, fue trazando un rumbo artístico para explorar. Además, en la adolescencia, con un amigo intentamos armar una banda de punk rock en la que yo tocaba el bajo. Hasta el día de hoy, de vez en cuando vuelvo a enchufar el bajo para desconectar un poco de lo cotidiano.

La escritura surgió cuando no supe qué hacer con la intensidad que llevaba dentro. Al principio fue un “último recurso” para canalizar las emociones cuando la vida me fue arrimando a las primeras experiencias que me interpelaban desde los afectos. Hoy en día, aparece con la naturalidad de ir a comprar al supermercado. Basta con mirar de un modo diferente, desautomatizar lo cotidiano y la poesía puede asomarse en cualquier momento.

 

2) Poesía: ¿Mandato o elección?

TF.: Puede parecer contradictoria mi respuesta, aviso de antemano, pero creo que hay un poco de ambos. Sospecho que existe un mandato interno (llámese impulso o fulgor creativo) aunque, a fin de cuentas, uno es quien termina eligiendo si escribirlo o no. Supongo muchos/as estarán en el mismo punto; tengo más poemas no escritos que los que logré escribir. A menudo ocurre que, al querer 'bajarlo a tierra', el poema ya se ha fundido en los pliegues de la memoria, esperando por volver, de esa u otra forma, a concretarse.

Por eso no podría tomar partido fácilmente: la poesía es mandato y elección a la vez, y quizá se trate de otra cosa que solo podamos olfatear cuando la escribimos.


3) Publicaste «Poemas a contraluz» (Kuruf, 2021), tu primer poemario, y «Temporales y equilibrios» (Kuruf, 2022). Considero que tus poemas, de suma lucidez, indagan en lo oculto del lenguaje; buscan adentrarse hasta ese muro infranqueable a través de las palabras; hacer constancia de lo que, aparentemente, no es de nadie y no nos pertenece.

Respecto al proceso creativo al escribir poesía, ¿primero nace el tema o son un cúmulo de exploraciones sensitivas/simbólicas hasta crear un cuerpo poético?

 

TF.: Podría decir que la poesía, de algún modo, “me asalta", me encuentra sin ser buscada. Lo primero que llega suele ser un verso suelto cargado con el tono y la potencia de lo que después será desplegado de forma más amplia. Es a partir de ese impulso que voy trazando los bocetos, conectando las palabras en sus propias redes de significado y significante.

Por lo menos, hasta este momento, no busco en absoluto una escritura "dirigida" en el sentido de levantarme y decir "hoy quiero hablar de esto". En ese trazo por supuesto que opera el inconsciente, los estados de ánimo, las sensaciones o impresiones de las cosas. Por lo general me encuentro con temporadas en que los poemas salen más o menos similares. De ese conjunto de poemas suelo tomar versos de cada uno, al estilo "collage”, hasta dar con un resultado más elaborado que represente mejor la sensación a la que apuntan.

Así que me quedo con la segunda opción, en la que la poesía es una masa amorfa que orbita dentro de uno y nos hace enfrentarnos con lo que llevamos internamente.  

 

4) ¿La palabra justa o la necesidad de que la palabra se ajuste a lo deseado?

TF.: Dentro de las palabras que se van acoplando en diversos planos de significación a lo deseado, intento hallar aquellas más justas, las que mejor logren expresarlo.

 

5) ¿Cómo fue el proceso de escritura de «Conexión Náufraga» (Ediciones con Doble Zeta, noviembre de 2025)?

TF.: Tras la publicación de Temporales y Equilibrios (2022) seguí escribiendo. En esos tres años fui hilvanando lo que terminaría siendo Conexión Náufraga. Un año antes de su publicación me encontré con que tenía más de cien poemas y ahí comenzó el trabajo 'grueso' de seleccionar, recortar y pulir lo ya escrito, añadiendo los poemas nuevos que se presentaban.

Fue un proceso trabajado con detalle casi milimétrico. La primera parte, más referida a lo jovial, místico y aventurero, nutrida de experiencias en su mayoría compartidas, los poemas se organizan en pares temáticos: el viaje, la tecnología, el río, el amor, la amistad, la música, la metapoesía, el azar, etc. Por contraste, en la segunda parte, que se focaliza en los pliegues del interior con tonos más oscuros, construidos desde lo 'no dicho', opté por no seguir ningún orden ni par temático y decidí utilizar una estructura más caótica frente a la armonía de la primera parte. Este enfoque estético, junto a la marea de influencias y 'ecos' con otros/as poetas, constituye el proceso de estos tres años ajustando los versos náufragos hasta que 'conecten' en alguna parte. Todo en el libro -estructura, temáticas, ritmos, tonos- está en función de generar el leitmotiv que atraviesa el poemario: la antítesis, el oxímoron.

Respecto al título, al principio me atraía "Conexión Diáfana” por su musicalidad. Sin embargo, conforme se fue definiendo la segunda parte y llegué a la conclusión de que quería trabajar con los opuestos, apareció "Conexión Náufraga". Un contraste quizá más abstracto, pero que conserva algo de la idea original del título. Lo de Náufraga tiene que ver con que en ambas partes hay un campo semántico del agua, incluso pensé fugazmente en nombrarlo "Nadar de noche" (título del poema que enlaza ambas partes) pero lo descarté al saber que es el título de una novela de Juan Forn. Esa observación me la señaló el destacado poeta Ricardo Costa, quien acompañó la lectura del primer borrador de Conexión y cuyas sugerencias fueron claves para 'estabilizar' el barco y poder seguir navegando con los demás borradores hasta el naufragio final (la publicación).

 

Conexión náufraga de Tadeo Fuentes (Foto cortesía del autor)


6) En nuestra época desbordada por la multimedia, ¿cuál consideras es el impacto de las redes sociales y medios digitales en su obra?

TF.: Como mencioné, el tema multimedia es uno de los que atraviesa la primera parte de Conexión Náufraga con los poemas titulados “Sísifo del S. XXI" y "Pseudo estar".

Es innegable que, en algunos aspectos, la tecnología ha aportado soluciones rápidas ofreciendo opciones antes impensables. Pero en la mayoría de los casos, aparece como un modo de estar ausente, una atadura que condiciona nuestra presencia debilitando el vínculo con los demás. Si   observamos un poco al costado, en los colectivos, terminales, salas de espera o bares, es muy común ver a personas consumiendo videos de quince segundos durante horas. Pero, sin entrar más en detalle, abocándome ahora al punto del escritor/a frente a “redes sociales y medios digitales” a muchas páginas, como en este caso, les estoy muy agradecido. Celebro las antologías digitales nacionales e internacionales, los espacios virtuales (y presenciales, claro está) que difunden artistas de diferentes lugares del mundo, que promueven la lectura, que brindan la posibilidad de descubrir nuevas voces, entre tantas otras cosas que sostienen los medios culturales.

 

7) ¿Tiene algún proyecto literario en mente a largo o mediano plazo?

TF.: Por ahora no tengo un proyecto concreto a corto plazo, aunque la idea de crear algo nuevo siempre está presente. Este año decidí pausar el programa radial debido al tiempo destinado a la universidad, pero en años anteriores me enfoqué en entrevistar a artistas y maquetar lo que hoy es Conexión Náufraga. En este 2026 estoy más volcado a explorar diversas lecturas, tanto de poesía como narrativa y teatro, es por eso que, en paralelo con la universidad, vengo participando de talleres literarios de temas variados como haiku, la literatura de entreguerras y posguerras, la ecopoesía o el sonido del poema, entre otros.

A largo plazo sí tengo en mente un nuevo poemario, con una impronta quizá más existencialista, más breve y con ánimo de seguir revisando el campo de la metapoesía. De todos modos, se irá revisando en el camino.

 

8) En Poema oculto, podemos leer: 

 

Inspiración:

me acompañarás

hasta el momento en el que pueda decir algo.

 

¿Qué es la poesía para ti?

TF.: Las concepciones poéticas siempre van cambiando en el tiempo, al menos en mi caso, pero una de las cosas que defiendo es que la poesía puede estar en todos lados y a nadie (ni a una definición) le pertenece. Por eso, en diálogo con ese fragmento que citás, la poesía no es ni siquiera producto de la 'inspiración', es una manera de mirar y estar siendo en el mundo, de recepcionar aquello con lo que estamos en contacto, y que cuando queremos 'atraparlo' se escapa, deja aristas, espejos en todas las creaciones, porque, así como miramos al arte, el arte nos devuelve la mirada, y los sentidos -como escribe Baudelaire- se corresponden. El impacto que una imagen poética puede generarnos, y lo que nosotros percibimos de ella, es una representación, un punto de vista de los muchos posibles, por eso no puede haber una obra literaria que sea exactamente igual a otra.

Para ahondar un poco más en esto voy a mencionar, muy brevemente, algunas concepciones poéticas que, sin duda, influyeron la manera en la que entiendo la poesía.

En uno de sus ensayos, Virginia Woolf nos comenta que: “La «materia propia de la novela» no existe, todo es materia propia de la novela, todo sentimiento, todo pensamiento. Todas las cualidades de la mente y del espíritu contribuyen a la novela, ni una sola percepción es ajena a ella”. Esta cualidad que Woolf atribuye a la novela en su ensayo La narrativa moderna, podemos aplicarla sin problema a la poesía, ya que todo puede ser materia poética, toda impresión que tengamos, no solo lo bello, feliz o sublime.

A su vez, el poeta chileno Jorge Teillier nos cuenta que la poesía interesa como creación del mito, de un espacio y tiempo que trascienden lo cotidiano desde lo cotidiano. Y, ante todo, que de nada sirve escribir poemas si somos personajes antipoéticos, porque no importa ser buen o mal poeta, sino transformarse en poeta, luchar contra el universo que se deshace y no aceptar ningún valor que no sea poético.

Rainer María Rilke, quien creía que cada cosa tenía una voz secreta que solo la poesía podía traducir, ve en la escritura una forma de aprender a mirar, transformando la palabra en un espacio de revelación. Como podemos ver en uno de los principales poemas de Sonetos a Orfeo “¡Oh, aliento, tú, invisible poema! /Puro trueque jamás interrumpido /del propio ser y el espacio del mundo.” Posiblemente, habita otro poema ‘dormido’ al lado del que está escrito. Esta idea aparece representada en los versos citados en la pregunta. En “Poema oculto” apunto a que la poesía no se termina después de la inspiración (ni se llega únicamente con ella). La poesía está siempre, es cuestión de cómo vemos lo que vemos, a qué le prestamos atención, en qué aspectos focalizamos en nuestro día a día. Por eso “se escapa”, porque en realidad no hay manera de contenerla. Al lado del poema escrito, permanecen muchos otros ocultos, bajando “por los techos, los codos, las fábulas, las recetas…”

No puedo dejar de mencionar a las vanguardias, cuyas propuestas desafiaron todo límite poético y han notado la poesía en el azar, en los sueños, en el movimiento, en lo automático, entre otras, o Pessoa con la disolución de la voz unipersonal en sus famosos “heterónimos” que tanto han revolucionado el mundo artístico del S. XX

Como podemos ver en este breve recorrido, todos son trazos oblicuos, una pincelada cubista en la múltiple perspectiva de la poesía. ¿Cómo podríamos quedarnos con una sola definición? El poema que fue, el que no fue, y el que está siendo cohabitan en la misma vorágine.

 

9) ¿Posee algunos referentes literarios/influencias que te acompañan en tu proceso creativo?

TF.: Durante mi proceso en la escritura me han ido acompañando diversas influencias que han cambiado con el tiempo. En esta pregunta responderé por las de "Conexión Náufraga" y quienes están delineando para lo que viene.

En Conexión incluí trece citas de poetas del siglo XIX y XX, de variadas geografías y propuestas literarias, distribuidas en las noventa páginas del libro. En la primera parte aparecen citados versos de Arthur Rimbaud, Juana de Ibarbourou, Héctor Viel Temperley, Stéphane Mallarmé, William Blake y una parte de la canción “Noche Azul” de la banda argentina Los visitantes. En la segunda, junto al cambio de tono, están Delmira Agustini, Antonin Artaud(x2), Alejandra Pizarnik, Michael Strunge, Friedrich Hölderlin y Federico García Lorca.

Los/as poetas mencionados/as los llevaré conmigo a lo largo de la vocación, pero lo cierto es que, en lo próximo, apunto a una impronta más específica. A diferencia de Conexión, dividida en dos partes con estilos opuestos y temas relativamente amplios.

Como sugerí en la pregunta sobre los futuros proyectos literarios, trabajo en poemas más existenciales. Si bien siempre me impactó, en este último tiempo, gracias a la narrativa de Antonio Tabucchi, me reencontré fuertemente con Fernando Pessoa. Junto a Kafka, Camus, algunas cosas de Sartre, poemas de Juana Bignozzi, Roberto Juarroz y Jorge Teillier, van dejando huellas en lo que viene.

 

10) ¿Vivir para escribir o escribir para vivir?

TF.: Si bien, a fin de cuentas, uno vive para escribir en el sentido de que se alimenta de experiencias que, al impactar con nuestra subjetividad, serán el telón de creaciones futuras, no desestimo el "escribir para vivir" ya que es un momento que siempre emerge en el/la escritor/a. Publicado/a o incógnito/a (da lo mismo) siempre hay una vivencia límite, una vorágine significativa en un punto de la vida en la que la escritura se presenta como un espacio fundamental. Llámese artículo, cuento, poema, novela, aforismo, reseña; los escritos vuelven, y ese impulso del que hable antes tensiona la manera de enfrentarse y percibir el mundo.



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Dos poemas de Tadeo Fuentes

 

Valenthina Fuentes (Foto cedida por la autora)

 

Valenthina Fuentes (Caracas, 1985) es una poeta, investigadora y artista visual venezolana. Licenciada en Artes y Letras (Universidad Central de Venezuela), Maestría en Literatura Latinoamericana (Universidad Simón Bolívar), ha publicado Sumergida (Premio Nacional de Poesía Fernando Paz Castillo, 2012) y Kerosén (Premio Bienal Internacional de Literatura Eugenio Montejo, 2017).

Nos propusimos realizar una entrevista por correo electrónico para que la poeta nos cuente sobre su idea del arte, la producción poética, así como sus proyectos creativos.


Preguntas:

 

1) Poeta, literata, artista, tallerista, investigadora... ¿La metodología es parte medular de tu creatividad?

V.F.: Nunca lo he pensado de ese modo, pero podría ser. Me gusta pensar y descubrir procesos creativos. Quienes creamos dependemos de las maneras de crear (de los métodos), así que buscamos, de manera más o menos consciente, esos métodos para que un texto o una obra se logre. En mi escritura poética, ese interés no supone un sistema fijo o programático. Mientras que la escritura teórica o crítica la veo como una actividad diferenciada y creativa desde otro lugar. Y, aunque he podido identificar patrones en cómo experimento la creación, tanto como puedo reflexionar sobre las condiciones que han facilitado mi trabajo creativo, es algo que he pensado posteriormente. La investigación y cierta laboriosidad creo son aspectos medulares, pero la investigación entendida como una actividad muy amplia, con cierto rigor. Pienso que cada proceso, cada obra, tiene exigencias distintas. Y en el caso de mi obra poética la voy sintiendo más o menos completa en la medida en que recorro un camino más bien intuitivo de escritura, que en el tiempo voy definiendo mejor, mientras corrijo, mientras busco leer textos de otros, o bien busco lecturas de otros sobre los textos propios, si es posible. En todo caso, no ha supuesto para mí un formato previo, más bien, he tanteado intuiciones sobre cómo seguir y quizás eso también pueda declararse como método.   

 

 

2) Se ha escrito que sus poemas indagan sobre lo órfico, el misterio, los vericuetos de la Otredad; la tradición literaria de escritoras venezolanas y su legado en la herencia cultural; la pérdida materializada en lo corpóreo tanto en lo humano y lo urbano, lo inasible y la capacidad del lenguaje para articular el desarraigo; la dialéctica entre luz/oscuridad, así como también sobre la alienación en componentes estructurales del espacio social... ¿lo poético ha sido el lenguaje propicio para inscribir discursos ausentes en un cuerpo más extendido?

V.F.: Creo que la poesía es el lugar donde el lenguaje puede liberarse, jugar, reinventarse desde una necesidad, desde una búsqueda interior, quizás de una verdad. Y ha sido desde esa premisa, dicha de una manera bastante reducida, que he podido vincularme, con aciertos y fracasos, con la escritura poética.

 

 

3) Quisiera conocer el contexto para la escritura de «Sumergida» (Celarg, 2012). ¿Consideras que, al escribirla, le quitaste el mutismo a la máscara o aún permanece en la sombra de lo que reverbera?

V.F.: Sumergida fue la reunión de mis primeros poemas. Empecé a escribir poesía algo tarde, mientras estudiaba en la universidad. Las lecturas de ese momento me conmovieron, me hicieron pensar y habitar de otra manera el lenguaje, así comencé a escribir algunos textos. No sabía que reuniría algunos de esos poemas bajo ese nombre, ni cuáles. Comencé a juntar los que me parecían afines, y mientras los ordenaba comprendí que podían desplegar imágenes comunes. Estaba en un contexto de mucha lectura, muy diversa, y creo que reflejan esa interioridad. Pero siempre quedará mucho por decir y mucho que todavía no encuentre una forma terminada en la escritura. Decir, escribir, es algo que siempre estará entre lo expresado y lo no expresado, emergente del silencio o del ruido. Por otra parte, la constitución de lo personal, de la persona, suele pasar por el reconocimiento de sus máscaras.

 

 

Disponible en https://eldienteroto.org/wp49/kerosen/

 

 

4) Mientras que en «Sumergida» te adentras a la geografía emocional y física de lo que permanecía vedado, «Kerosén» (Fundación La Poeteca, 2018) parece la radiografía de una ciudad en llamas. ¿Crees que tu segunda obra fue producto de una metamorfosis temática de la primera o una amplitud convulsa de sus límites?

V.F.: Resultó de la misma forma que Sumergida, de la reunión de poemas afines en una escritura de algunos años, quizás con más experiencia para identificar cómo los textos podían ordenarse. Luego tuve la idea de que eran poemas con un tono apocalíptico, muy arraigados en lo urbano, que implica una devastación, una violencia organizada de distintos modos, de la polis, de lo político, así que ese espíritu fue guiando la selección del conjunto. Hay otros temas, sí. Una relación con ese entorno desde su interiorización.

 

 

5) La sed, el deseo, la fractura entre la realidad y el sueño, la oscuridad reptante, lo abismático... ¿La palabra justa o la necesidad de que la palabra se ajuste a lo deseado?

V.F.: Creo que el poema como organismo desea palabras verdaderas. O quizás sea yo, cuando escribo, quien desee algo de verdad en el juego de las palabras, así que primero habría que definir lo que es justo, tanto como el deseo en el lugar del lenguaje, que no es poco por definir.

 

 

6) El epígrafe es un elemento recurrente en tu producción poética. ¿La lectura como búsqueda subrepticia de lo interior o ventana ocasional a la obra?

V.F.: Creo que es una manera de honrar la lectura y mis lecturas, de hablar de la tradición de donde vienen mis propias palabras, de las resonancias de la escritura. También es una imagen de cómo se hace la literatura, de palabras de otros que se entrelazan a las “nuestras”, de ecos y apropiaciones. Es una idea manida, pero muy certera, en la literatura. Es volver a hacer ese tejido, reunirme en una conversación ya empezada, y una forma de invitar a leer más, a descubrir otras escrituras.

 

 

7) Respecto al proceso creativo de escribir poesía, ¿oficio de artista en su taller o inspiración de una resistencia liberadora?

V.F.: Pienso que se puede presentar de distintas maneras, que hay diferentes momentos en el proceso de escribir. Unos momentos más vinculados al oficio y la laboriosidad, y otros más relacionados con la inspiración, con el impulso de unas palabras que parecen dictadas. Creo que ambas instancias son muy necesarias para escribir, para crear y para que eso se llegue a fijarse, a mostrarse, a ser publicado.

 

 

8) La palabra: ¿cuerpo libre o súbdito de nuestra propia corporeidad?

V.F.: Quizás es parte de lo que nos preguntamos quienes escribimos, de las preguntas que transitamos al escribir, entre tantas que nos hacemos, que proliferan más de lo que logran responderse.

 

 

9) «El vaso da una forma al vacío, y la música, al silencio» escribe Georges Braque en El día y la noche. ¿Qué espacio consideras ocupa la poesía?

V.F.: No lo sé, puede ser que abra espacio al lenguaje para renovarse, más allá de lo comunicativo, o que haga comunicable algo que en principio no se suponía emerger. Quizás sea donde se expresa el ser del lenguaje o donde podamos experimentarnos como lenguaje. No creo que pueda saberlo.

 

 

10) En Poesía («Escrito con sombra», abril 26, 2021) leemos:

Escritura
telar de pesadumbre
mustia memoria entrelazando
manos heridas con sed de vastedad
no dejan de tejer
en un tropel de voces que se enredan
ciñen los dedos
enramándose

reviste el cuerpo
una piel pétrea
una espera
la ha dejado crecer sobre la página

 

La escritura: ¿mandato o elección?

V.F.: Podría ser un mandato elegido o una elección mandada. Puede derivar de muchas condiciones y tener propósitos variados, así que puede convertirse por igual en muchas imágenes. Y justo en ese conjunto de textos de “Escrito con sombra” exploro algunas imágenes de la escritura.

 

11) Además de tu labor académica e investigadora, ¿tiene algún proyecto literario en mente a largo o mediano plazo?

V.F.: Siempre tengo proyectos en mente, en marcha, de escritura poética, de creación, aunque a veces a medias, porque las circunstancias para que esos proyectos se muestren o florezcan puedan ser adversas. Hay libros sobre los que trabajo, lentamente. Y últimamente estoy dedicándome a un canal divulgativo sobre poesía en Youtube. Es un proyecto personal en el que soy todavía inexperta, así que iré mejorando y buscando mi forma comunicativa, pero me entusiasma porque me permite vincular muchos intereses: el formato audiovisual, la escritura, la expresión y lo educativo. 

Estoy empezando y no he hecho difusión, porque aún no lo siento definido, pero espero comenzar a invitar a mirarlo. Más que todo porque creo que es muy importante ahora intentar crear espacios y reivindicar el trabajo poético y creativo como trabajo humano, sensible y complejo. El canal se llama Tachaduras. Dejo por aquí el link por si alguien se siente llamado a visitarlo o a apoyar este tipo de proyectos: https://youtube.com/@tachaduras?si=sdHVyM3rJ_UDpCdy

 

 

 

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Tres poemas de Valenthina Fuentes 

En urdimbre de sal 

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