
Tina Blau, "Atelierecke" (1872)
Hay palabras brillantes despertando la vida;
sin embargo, he muerto persiguiendo su llama.
Caen sobre el pecho en el llanto ateridas,
en el gozo despiertas,
y cuentan los barcos
perdiéndose
cuando aún el ancla estira
en el fondo del mar su pierna solitaria.
Qué clara paz, su paz. Qué enjambre circuido de qué fuegos.
Qué vasta galería de resplandores.
Qué musical vigilia en sus plumas salobres
vibrando tras del sueño.
Alguna vez el viento pudo haberse dormido
en el instante de morir cantándolas,
sin haber descubierto el secreto
de las más altas piedras sobre las catedrales.
Su fecundo relámpago se alza de la entraña
y perdura en su flor amorosa, intangible,
detrás de nuestra voz,
atisbando el reflejo de un rostro bajo el agua.
Decirlas es hallarlo
y descubrirnos vivos,
porque si enmudeciéramos
romperían la garganta en su acervo de miel,
de espuma, de esperanza.
Emerja de esta hora su transitorio gozo.
Arda la maravilla y descubra su génesis.
Mi pecho está esperándolas en su ara de fiebre.
Que alguien abra las puertas. Que alguien tenga las llaves.
Que alguien conquiste el aire y su flor de leyenda.
La luna lleva un gato de nácar en la espalda
y sobre mi cabeza baila una bruja.
Y pasan...
Luz Machado (1916-1999). Pequeña lámpara gemela, la espiga amarga y la casa por dentro. Caracas: Fundación La Poeteca, 2023.

