Las Flores Rotas

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Portada de Bajo el camisón sonreía una mosca, de Isaura Duarte


Luciano, en su Elogio de la mosca, nos recuerda que Homero, el gran poeta, fue amable con ese insecto, al cual le profirió alabanzas discretas: quiénes somos nosotros, entonces, mortales, para intentar exterminarlas. 

Podemos hacer un pequeño elogio sincero de ese insecto: desde su definición, la mosca carga con varios estigmas y que, entre algunos de esos, se encuentra el que nace de los muertos; reptando, evoluciona de su estadio terrenal para volar y, al alimentarse de casi cualquier cosa, se podría decir que es un bicho oscuro por nuestra profunda ignorancia o prejuicios, cuando lo fáctico es que ella prefiere morar en la luz sobre la tenebregura.

Entre las tantas preguntas, fisiológicas y filosóficas, que nos podemos hacer sobre la mosca, me quedo con estas dos: ¿La mosca puede ver su reflejo en el espejo del sueño humano? ¿Cómo sonríe una mosca?

Todo este ejercicio barroco y pedagógico viene a cuento por la recomendación del libro Bajo el camisón sonreía una mosca, de Isaura Duarte. Es importante, antes de dar nuestra percepción en torno a dicha obra, poner en contexto sobre lo que se ha dicho de la poesía de la autora venezolana. 

Sobre la poesía de Duarte se ha escrito que es vanguardista (Revista Montaje, Chile, 2 de septiembre de 2024. Pinchar aquí). También, que tantos sus versos como su prosa poética dan registro de un Yo poético que permite elucidar un ejemplo del vivir profundo atravesado por el dolor, el desgarro y la lucidez, haciendo del sentir y el pensamiento andamios para indagar sobre las luces y sombras del Ser (Irredimibles, Club Poético: Isaura Duarte, 22 de febrero de 2024. Por acá la reseña). Por último, que su voz, estrictamente personal, trasunta cuestiones en el que nos podemos ver reflejados para emprender una introspección profunda, extendiéndose sin discriminación ni trivialidades (¿Soy yo una persona?, Iberoamérica, 8 de julio de 2025).

Al entendimiento de quien escribe, la obra de Isaura Duarte, al menos en su primer poemario Bajo el camisón sonreía una mosca (Fundarte, 2022), pasa por tantos registros que, si somos justos al emplear categoría alguna, aunque sea para negociar una fundación provisoria y argumentativa, lo primero que viene a la mente es la palabra «libertad». Duarte nos ofrece una búsqueda notable de libertad poética en cuanto a temas, formas e indagaciones hasta dar con el hueso de la luz que cada lector debe desenterrar por su cuenta.

 

Los desiertos del Ser,

son abono de sangre,

ausencia,

bocanadas de soledad a la deriva...

 

(Extracto del poema Desiertos del Ser)

 

Desde el título del poemario de la poeta, actriz y artista visual caraqueña, lúcido y transgresor, la obra promete transitar en lo aparentemente vedado al Ser (y al conocimiento) para así apropiarse de lo ignoto, de lo surreal (las gemas rescatadas de los baúles del sueño) y de la lección de su padre, el simbolismo, labrado en una narrativa, un acto, un soliloquio, un canto, la conversación y la ofrenda de versos y prosa despiadada en su belleza secreta y de confesión voraz. No es menor el uso del copretérito sonreía en el título, ya que según Juan Manuel Esquivel, poeta y traductor mexicano, al hacer la traducción del poema Easter, 1916 de W.B. Yeats, tal decisión sintáctica conlleva, a su vez, una meditada y fundamental propuesta estética: el copretérito funge como "... el tiempo de los sueños" (Juan Manuel Esquivel, Una belleza terrible: traduciendo Easter, 1916 de W.B. Yeats. Bogotá: La Otra Margen).

 

 

El mundo se entrega

sin marcas bajo la nieve.

El segundo amarillento

                  [Eufórico...

 

(Extracto del poema Memoria)

 

Si tenemos que acusar algún parentesco y tradición, encontramos que su estirpe verlainiana (?) la lleva a tener el arma cargada en la mano dispuesta, con cada poema, a hacer estallar, desangrar todo resquicio de humanidad que parecía yacer inmóvil abovedado en el escondrijo oculto de la aparente realidad; de rescatar, levantar de su estancia a la vieja herida, abrir la cicatriz tierna e insegura de su mausoleo de ayeres. Ese es su camposanto: allí se encarga de exhumar tanto lo que se cree está en la profundidad como el cuerpo fresco de la ilusión. En todo caso, la muerte, lo oculto, el dolor no es un fracaso: es un circunloquio dialógico con lo vivo. Pero es la vida la que debe tocar la puerta, iniciar la conversación con lo vedado, hasta lograr transmutar secretos, goces, guías necesarias y reencontrar (o, al menos, dilucidar) algún símbolo perdido.

 

Desnuda, improcedente, sin ataduras ni ideología que haga de lo incierto realidad consustancial a lo primario (el cual, en este mundo cada vez más achicado por la operística de lo funcional, la premura del instante mediatizado, nos hace preguntarnos: ¿qué es realmente importante? ¿estamos vivos y viviendo?); sin lecciones, solo sentires: marcas, hendiduras, quiebres, la taxonomía clarividente de la valentía (y que es el arte si no es un atrevimiento descarnado a develar lo que se ha visto, palpado, aunque se esté solo en esa veracidad comunicada a las tinieblas y fantasmas) que arranca la escritura feroz desde las entrañas.

 

Mi mosca me era tan fiel, puente verde de antenas delgadas. Yo vivía presa he iba de un sol a un puñado de letras, ella no dependía ni de la tarde ni de la noche, fiera y potra y, sin embargo, todas sus horas eran mías...

 

(Extracto del poema Bajo el camisón sonreía una mosca)

 

 

Estamos ante la declaración insigne de una artista: quien pueda reconocer su rostro, cuerpo, gravitar en los fragmentos de emociones colgadas en la meditada anarquía de Duarte, puede considerarse experimentado. Ha vivido sin contentarse con el mero existir como decía Oscar Wilde, escritor irlandés, acomete la mayoría. Es, ante todo, individuo.

 

 

Se me gastó la voz,


se me cayeron los párpados​​ 

desde sus altas torres de pupilas cristalinas.​​ 

 

Vi tu clavícula mojada pasar​​ 

por el río rojo.​​ 

 

Se me hirió la niebla,​​ 

 

la cara hinchada balbuceando​​ 

en la rodilla izquierda​​ 

del recuerdo,​​ 

 

el pelo seco de tanta soledad...​​ 

 

 

(Extracto del poema Ovillo Dorado)

 

 

A falta del descarrilamiento pasional, algunos versos son, en ocasiones, su propia iluminación rimbaudiana cuya exuberancia, luminosidad, rebeldía y cadencia salvaje del joven poeta reposa en la vereda contigua a la yerba fresca de la tenebregura del poeta adulto, saturnino, sacudido de su ensimismamiento lisérgico y diletante. El camino, sabemos, está repleto de sombras y lunas oscuras convidando a la ebriedad taciturna de sus misterios. El reflejo sobre sus aguas manchadas por la enfermedad anterior, la de no ver lo urgente reclamado por un corporalidad de agonía, nos llevará al autoexamen propicio: iniciáticos en la antigua verdad, la atestiguada en el manual del no saber, apremiaremos el paso hacia la incertidumbre con huesos, carne y sangre; el cuerpo de expiación indomesticable fuera de su jaula programática.

 

Mencionamos la raíz surrealista en la poesía de Duarte. Nos dice André Breton en el Primer manifiesto del surrealismo (1924) que el ser humano, con los bolsillos vacíos, sin fortuna y solo con sueños revoloteando su existencia, echa mano en el saco de sus recuerdos. Así, "Si conserva cierta lucidez no le queda sino volverse para mirar atrás, hacia su propia infancia que, por mutilada haya sido gracias a los cuidados de sus domadores, no por eso deja de parecerle llena de encantos" (Bretón, Manifiestos del surrealismo, 2001, p. 19).

 

[...] 

 

Mi cuerpo rojo

La llaga

La acústica de la noche reposada

El cromático recuerdo

Espasmo

El crimen de la flauta


El último aviso de salida roído

en un ticket donde mis manos

arrojaron el adiós a su existencia...

 

 

(Extracto del poema Conexiones)

 

 

Volviendo a la libertad antes mencionada, noción manida en estos tiempos de desvaríos ideológicos, y cuya bandera ha sido prostituida por individuos y grupos que se escudan en esa bella idea para atentar contra la misma, empeñándose en atacar al que disienta, tire la puerta de la gran prohibición y deje que su curso imaginativo fluya para dar un informe conspicuo del existir. De esta manera, Breton, en el mencionado manifiesto, nos dice: "Lo único que todavía me exalta es la palabra libertad. La creo capaz de mantener indefinidamente el viejo fanatismo humano. Responde, sin lugar a dudas, a mi única aspiración legítima" (Ibíd., p. 20-21).

La libertad es una posibilidad. Nunca se halla del todo presente y, en ocasiones, se ovilla en el callejón de nuestro latir, sentir y pensar. Recatarla, darle un cobijo digno y hacer que entre en la cotidiana manifestación de toda nuestra potencialidad es, antes que una mecánica utópica, un desempeño mnemónico; constante, arbitrario, en ocasiones difuso ante una temporalidad arenosa y atribulada cargándose toda tentativa de cambio y de construir un asidero provisorio con un clima más amable.

 

[...]

 

Estás dentro.​​ 

Estás fuera.​​ 

Como un molusco.​​ 

Eyaculas una vez más en su boca.​​ 

Estás en otro lugar

donde el tiempo está perdido.

Los dedos de ambas manos​​ 

sobre la mesa,

otro sorbo de café, pálida sonrisa.

La descarga de un rayo...​​ 

 

 

(Extracto del poema Pensamientos Parapléjicos)

 

 

Bibliografía:

Breton, A. Manifiestos del surrealismo. Buenos Aires: Editorial Argonauta, 2001.

Duarte, I. Bajo el camisón sonreía una mosca. Caracas: Fundarte, 2022.

Luciano. Obras. Vol. I. Madrid: Editorial Gredos, 1981.

Libros recomendados, Oriette D'Angelo, Cardiopatías, Escritoras de Venezuela, Poetas venezolanas


Nos dice Julia Kristeva en «El lenguaje ese desconocido» algunas de las funciones principales del lenguaje en la articulación social: «Pero quien dice lenguaje dice demarcación, significación y comunicación» (p. 6). De este modo, esa tríada se ramifica de diversos modos en cada hablante, el cual nos puede indicar su creatividad, posición social, bagaje cultural y esas esencialidades que, grosso modo, nos ofrecen un cuadro tan amplio como singular de interés.

Cardiopatías (2016) fue el primer poemario de Oriette D'Angelo (Caracas, 1990), abogada, escritora, artista visual y editora venezolana radicada en Estados Unidos, el cual fue premiado en el Concurso para Autores Inéditos de Monte Ávila Editores en el 2014. Un primer acercamiento al libro, dividido en tres partes, nos puede mostrar un cuerpo poemático con varios niveles de interpretación. 

Como aclaratoria, o advertencia, es una osadía, si no una tarea infructuosa, hacer hablar a los poemas; que se expresen en un apéndice modular a su existencia. Puede que sea tan arriesgado como separar un órgano y dejar que por sí solo funcione en la intemperie. Rafael Castillo Zapata, poeta, ensayista y profesor universitario venezolano, en su texto A Cadenas, variaciones (Prodavinci, 28/05/2024) menciona si no es nuestra ignorancia, tan amplia, la que se apresura por nombrar lo que está allí fluyendo, abierto, esperando una comunicación secreta (o su tiempo acorde) con algo más; amplificarse a una eternidad de la que somos parte integral en nuestras propias coordenadas: duales, donde lo uno terrenal y el allá metafísico, las conjeturas sobre la vida y la muerte, principios elementales de toda existencia, son manifestadas en la fijación prestada que termina por ser incomplexa y mucho más compleja a lo vislumbrado y al entendimiento. 

No obstante, a manera de ejemplos para una discusión inacabable e inabarcable en su totalidad, elegimos dos vertientes para aproximarnos a ese canal dialógico a partir del mencionado poemario recomendado: el social (se aborda la violencia, la crisis generalizada en Caracas como centro neurálgico del poder político, económico, cultural, en fin, ciudad enclave del centralismo burocrático de Venezuela y lugar de origen de la poeta) y el íntimo (la tradición confesional, siguiendo a esas voces como las de Anne Sexton, Sylvia Plath, Miyó Vestrini, Martha Kornblith, etc., donde el dolor enconado necesita ser expresado, buscar una vía de desahogo vital y respiradero auxiliar). 

Ambas vías tomadas como bisagras aproximativas, lo social y lo íntimo, desembocan en un órgano de pensamiento y comunicación eficaz (indisociable, como nos dice Kristeva en su libro antes mencionado, en toda función lingüística): en algunos poemas se manifiesta el devenir de un país; circunstancias obvias en las preocupaciones, sentires, experiencias y dilemas de una poeta joven, mientras que en otros poemas nos encontramos con una desolación, que nos recuerda a la tradición confesional antes mencionada, por una relación amorosa fallida, una pasión ahogada en el magma del tiempo, que transmuta sus dilemas en lo corporal, además de preocupaciones varias por el bienestar físico, el acecho de una enfermedad, etc.

De este modo, el corazón, los huesos, lo clínico, son parte del escenario idóneo para tratar esos asuntos privados y comunes (integrar esas significaciones a ese sistema extendido, y que nos puede interpelar a partir de miedos, vivencias, reflexiones y sentires), los cuales pueden hacer resonar al lector/lectora en diferentes grados de emotividad y competencia (por ejemplo: el análisis político, sociocultural, la ideología, lo sistémico, el rol de los géneros y la diversidad en la Venezuela contemporánea, etc.). 

El poema «Rodilla en tierra» es perfecto para ejemplarizar este asunto de la dualidad física y social:

 

... Fémur en tierra

tibia en tierra

autoestima en tierra

patriotismo en tierra

ego de país sostenido en el abono

en estiércol visceral

que nos hace ciudadanos...

 

Para alguien que no sea venezolano/a y/o no siga la política de nuestro país, capaz se le escape el contexto de la frase: «Rodilla en tierra» significa, según el decir del ex mandatario Hugo Chávez Frías (en su mandato desde 1999 hasta el 2013), el apoyo incondicional con la llamada Revolución Bolivariana, su proyecto político que en la actualidad aún divide la opinión, toda forma de praxis, y, desde luego, a la sociedad. Entonces, en esa polaridad entre el eslogan gubernamental y el descontento con el devenir sociopolítico nacional, el poema de D'Angelo plantea una postura que permite un juego con los sentidos instaurados desde el orden discursivo, donde lo "normativo" es parte del empaque ideológico adjunto a un programa de gobierno, y la resemantización de ese aparato se tramita en una queja, rebelión y desahogo contra la vesania colectiva impregnada en la atmósfera social.

Por otra parte, lo íntimo antes expuesto brevemente, puede ser ejemplificado en el poema «[Sala de emergencia]»:

 

Nos convertimos en un accidente que dejó estragos.

Explosión de guerra avisada. Te conocí cometiendo el

delito de lanzar una bomba directo al miocardio.

 

El amor, entonces, y su remanente de dolor se ajustan a la imaginería de la autora (ligada a la concepción occidental) donde orbita el filo de la enfermedad, la recurrente visita hospitalaria como un tercer ojo constante sobre el cuerpo, y esa agonía colgada en el friso temporal, donde la muerte parece merodear sin su halo impredecible y aséptico. 

Volviendo a Caracas, esa ciudad toma el cuerpo de una mujer maltratada a plomo, desahuciada; la que te obliga a amarla con violencia. Y es que ese tópico, el de la violencia social, se repite en el libro: en el poema «Síndrome delictivo» es descripta como «Patología de un país en ruina». Luego, es enunciada, digamos, sin pelos en la lengua:

 

Matar y morir por un paquete de harina. matar y morir 

por un celular inteligente. matar y morir porque te metes 

en mi vida.

 

Así, el escenario urbano, al menos el capitalino, se presenta con sus síntomas de desvarío, enfermedad, donde la sangre en la acera:

 

...Se asemeja a una mancha de aceite, pero

más espesa, más humilde que el petróleo, más sincera.

 

(En el poema: «Quince minutos para ser póstumo»)

 

Uno de los quid del poemario, a mi entender, se halla en la segunda sección (el principal, desde luego, es el poema homónimo al libro). Allí se define la condición y/o padecimiento crónico:

 

Cardiópata:

persona en forma de herida

     que no se va de uno

     hasta que llega otra.

 

El dolor, como un viejo espectro, se instala en el corazón del amante; cobra vida en la acera del ciudadano; congestiona las arterias urbanas y asola a una nación entera hasta hacerse regularidad en su delirio, en su fractura, con sus latidos de ultratumba produciendo una mortalidad gradual y agónica. Ante toda esa amenaza inminente, el individuo sigue insistiendo por la voluntad de vivir y la posibilidad de redención.

Cardiopatías fue traducido al inglés como Homeland of Swarms en el 2024 (uno puede intuir que Lupita Eyde-Tucker, la traductora, negoció con la autora esa centralidad simbólica, haciendo de la casa, el país, el quid de todo el nido de malestares y enfermedades que atraviesa el cuerpo individual y social. Igual, el título sale de un verso del poema «Subrayo un título como subrayo un país»: Tengo una patria de enjambres). Lo visceral, entonces, es cónsono a todo lo ocurrido durante la última década en Venezuela. De esta manera, el poemario de D'Angelo cumple un rol de denuncia (en el síntoma que diagnosticó en su momento) y de interés vigente para todos aquellos que quieran adentrarse al signo palpado de desamparado y dolor en la contemporaneidad nacional a través de la propuesta artística de, en este caso, una poeta caraqueña. No obstante, es importante destacar que, al menos desde mi lectura, D'Angelo no hace apología de la enfermedad ni la presenta desde el morbo. Para enlazar esto muy bien con otras lecturas, George Canguilhem, médico y filósofo francés, en «Lo normal y lo patológico» se pregunta por el cuadro de lo saludable en un contexto ambiental determinado donde lo cambiante es parte de su entramado logical (y cuyas abstracciones son abonadas por todas las teorías, leyes y normas que se siguen e imponen): «La salud es un margen de tolerancia con respecto a las infidelidades del medio ambiente. ¿Pero no es acaso absurdo hablar de infidelidad del medio ambiente? Esto puede ser así en el caso del medio ambiente humano social, en el que las instituciones son en el fondo precarias, las convenciones revocables, las modas fugaces como un relámpago» (Ibíd., p. 150).

Para finalizar, Cardiopatías es un poemario complejo, profundo, el cual permite un sinfín de análisis y que, al menos a la brevedad de nuestra recomendación, podemos decir que nos acerca a los miedos, frustraciones y belleza en esa rotonda agrietada por la incertidumbre y el sufrimiento. Nos habla de cerca a partir de esa herida abierta por donde, si estamos atentos, podemos vislumbrar cuerpos amenazados desde lo biológico, lo interno, y lo social, lo externo. Dicha fragilidad puede manifestarse de súbito: un infarto, una dolencia, un hueso que se quiebra, una anomalía palpable en el seno, extendiéndose más allá de lo físico, lo "micro", hasta ese cuerpo mayor, "macro", que nombramos sociedad: nuestro entorno próximo, más o menos abarcado en las noticias, sucesos, lo experimentado en la cotidianidad y descubierto a partir de nuestros semejantes. La otredad constituida en obediencia/desobediencia; orden/desorden; salud/enfermedad, entre otras categorías discurridas en una polarización cada vez más acuciosa y nutrida en el desvarío ideológico y el sinsentido común abriendo las fisuras para distanciarnos e imposibilitar el encuentro y diálogo necesario. 



Bibliografía

Castillo Zapata, R. (2024, 28 de mayo). A Cadenas, variaciones. Prodavinci.

Kristeva, J. (1988). El lenguaje ese desconocido. Madrid: Editorial Fundamentos.

Canguilhem, G. (1971). Lo normal y lo patológico. Buenos Aires: Siglo XXI Argentina, S.A.

Claudio Bertoni

Edición de El cansador intrabajable, cortesía de Memoria Chilena.



Libros recomendados: Claudio Bertoni Lemus, El cansador intrabajable (II), (Chile: Ediciones del Ornitorrinco, 1986).


Leer a un poeta foráneo, aún cuando sea en nuestra propia lengua compartida (obviando los idiolectos, modismos y esos guiños culturales auxiliares a una mejor comprensión/interpretación), siempre es un reto. Una complicación menor, si no exageramos. Con Claudio Bertoni Lemus, poeta, músico y fotógrafo chileno, lo hilarante, la nostalgia, el dolor, la vergüenza, lo lúdico (en forma y fondo), la sexualidad, entre otros asuntos, están en la carta.  

 

El cansador intrabajable (II), poemario publicado en 1986, comienza con un díptico familiar dedicado al padre y a la madre. En el poema Mi padre y yo, un viaje en carro es motivo para describir los pormenores circundantes y afectivos desde la mirada del poeta en su juventud:

 

Nos mirábamos a la pasada sin darnos cuenta
         cuando nuestras miradas se tocaban
         en los cerros
                                en el cielo
                                                    en un potrero...


Las circunstancias de esa travesía reflejan un afuera marcado por esa división sexual del trabajo en una familia común clase media, donde la figura del padre "es de la calle" (y la madre "de la casa", como leeremos a continuación), como se remarcaba popularmente, de forma sexista, esa brecha entre géneros. Ese escenario antes mencionado es explícito en Mi madre y yo, poema que establece un retrato de la vida cotidiana del escritor chileno con ella:


Llevamos una vida
perfectamente triste
y tranquila


Yo voy de compras
ella cocina
y yo lavo las ollas...


El contexto es importante: hablamos de la década de los 70 y 80 del siglo XX. Bertoni, de forma emotiva, melancólica, sin juicios, expresa un tiempo pasado de su infancia y/o adolescencia que extraña por su sencillez y despreocupación. También, es importante añadir de forma concisa una reflexión de Lou Andreas-Salomé, escritora y psicoanalista rusa, en su texto El ser humano como mujer, sobre su visión de lo femenino que concatena con lo antes expuesto:

 

En la mujer parece como si todo desembocara en su propia vida interior, no hacia el exterior: dentro de su interior como en el ámbito de su propio círculo, como si no pudiera salir de ella sin herida o dolor como la sangre de la piel (p. 21).


Siguiendo, en Watergate, el poeta describe una serie de rutinas cotidianas previas a la rueda de prensa del entonces presidente estadounidense Richard Nixon, el cual fue vinculado con una red de espionaje contra el Partido Demócrata, y por el que dimitió a la jefatura del gobierno, siendo hasta ahora el primer mandatario de ese país en hacerlo. En las divagaciones ansiosas de ese poema leemos:


¿Haré algún día en poesía
lo que hace Big Bill
en Blues?


A lo largo del poemario es constante el juego con las formas en muchos poemas descriptivos sobre eventos regulares con algunos toques fantásticos: el asedio de tres tazas de greda, un baño en la tina, el descenso del telón de la niebla londinense, etc. También, al ser Bertoni músico, despliega su conocimiento melómano en muchos de sus poemas sobre el Jazz, Rock, Blues y hasta el Pop, o retratando a interpretes, músicos y grupos de esos géneros, no sin añadir sus tintes de irreverencia y jugarretas personales o referencias a otros autores (por ejemplo, en el poema Los Rolling Stones menciona a Nicanor Parra, Ezra Pound y a Peter Schjeldahl, crítico de arte de nacionalidad estadounidense).


Por otra parte, el amor y lo erótico, ya sea de su novia, en el ejercicio memorístico de sus ex amantes o en el enamoramiento fortuito en el Underground de Londres, son otros temas distinguidos en la obra. En Flaquita, leemos:

 

eres 

la estufa

más poderosa 

de la tierra

                        estás

                         en Barcelona

                                                    [...]

                                                              y 

                                                               todavía 

                                                               me calientas


Claudio Bertoni es un prolífico escritor que se desgañita (¿habrá un equivalente en español chileno?) en sus obsesiones y en el que, al adentrarnos en su obra, por lo menos en la reseñada, los lectores salen con ganas de más o dimiten a continuar esa senda donde lo reiterativo, el diario familiar, amoroso, sexual, los cantantes, escritores, música y, por supuesto, la escritura, entre otros asuntos, guían la educación sentimental de un escritor que desea, en esa meta elevada de un escritor zen sureño, no tener dolor, tal como aseguró en una entrevista (The Clinic, 8 de febrero, 2022):


Y lo único que busco, el único norte que tengo hace unos años, se vincula con algo que dice Aristóteles: el hombre no busca el placer sino la ausencia del dolor. Eso es absolutamente lo que yo-hago y he-hecho-toda-mi-vida. Y me aseguraré de tener montones de morfina si hay que aliviar algún dolor. 

 

Bibliografía

Lou Andreas-Salomé. "El ser humano como mujer" en El erotismo. España: José J. de Olañeta Editor, 1983.

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Harry Almela
Edición de Los daños colaterales, cortesía de La Poeteca.

 

Libros recomendados: Harry Almela, Lo daños colaterales (Caracas: La Poeteca, 2019). 


Harry Almela (Caracas, 1953- Carabobo, 2017) fue un poeta, narrador, educador, ensayista, investigador, editor y promotor cultural venezolano. Su trayectoria literaria es profusa en la poesía (con más de una docena de poemarios publicados), destacándose en el panorama literario contemporáneo de Venezuela en dicho género, además de una notable incursión escritural en la narrativa, crítica y el ensayo. 


Los daños colaterales, publicación póstuma gracias a la notable labor de la Fundación La Poeteca, nos plantea un desafío particular: salir airoso contra la desesperanza de la pérdida, la derrota, en ese saberse extranjero en sus propias tierras; en la rebeldía contra todo mandato forzado que cae, con el martillo de la soberbia, por fuerzas humanas en una tierra edénica y, paradójicamente, yerta. Eso fue lo que, según mi aproximación, plantea, a grandes rasgos, Almela en el poemario que recomendamos:

 

y este refugio
encaramado
en el centro de ninguna parte
se derrumba


con nosotros...


La destrucción es cónsona a las vivencias de los últimos años en el país. La experiencia propia, vivida, leída y comentada, con sus matices esenciales, se contrasta con la de nuestros semejantes para crear memoria (y/o despertarla):

 

hay cosas de las que se puede hablar
sólo al volver de ellas...

 

Una breve y sentida semblanza del poeta, realizada por Edda Armas (El Cautivo, 28 de abril de 2018), nos vendría bien para crearnos una imagen próxima a él:


Batalla consigo mismo pero también con los otros. Harry no era hombre de dudar en hurgar, aclarar, zanjar incisivo y clavar el colmillo en el tobillo si convencido estaba de tener que hacerlo en busca de una verdad, aunque le valiera enemistades. Tú, “mejor de amigo que de enemigo”, le decía siempre yo. Más amigo (cómplice) que enemigo resultó ser, a pesar de nuestras diferencias y algunos pocos líos con los que lidiamos a lo largo de la vida.


También, nos resulta interesante el panorama que bosquejó Almela (entrevista realizada por Mariana Centeno, 14 de septiembre de 2012) de la Venezuela contemporánea:

 

Ha habido una mutación del paisaje, lo han cambiado todo, y lo poco que ha quedado se ha ido derrumbado. Nos cambiaron la hora, el escudo, la bandera, las calles, los edificios, las carreteras, el paisaje natural, y todo lo demás se está destrozando [...] Al desaparecer los paisajes, al transformarse, hay una ruptura entre los seres y su entorno. Hay un hueco terrible que sólo una modulación de lamento, de queja, de rezo, de oración, puede intentar resolver.

 

Volviendo al poemario, la influencia bíblica se plasma en las imágenes, metáforas de ese trabajo que permaneció inédito hasta su fallecimiento:


...se oye el shofar
y las trompetas del juicio...


Poetas como Ajmátova, Tsvetaieva y Mandelstam (gracias a la referencia de Edda Armas), los cuales vivieron el ostracismo, la pobreza y, como en el caso de Mandelstam, la muerte por la maquinaria burocrática soviética, también son parte que integran el imaginario recorrido en Los daños colaterales. 


No obstante, no hay un enemigo particular en la obra; ni el Estado, ni el letargo de sus ciudadanos, ni mucho menos está calibrado por la resina de la mansedumbre ideológica de sus figuras heroicas, distorsionadas por la propaganda partidista y el resquemor de la nostalgia. 

 

Es que, lejos de plantear una postura moral o un recetario subversivo, los poemas de Los daños colaterales ahondan en el Yo frente ese desierto de respuestas humanas; el poeta, y el lector, cómplice, se ven solos ante un mar indomable, sin islas que puedan guarecerlos, y, sin duda, contemplando el parto de un naufragio inminente:


...sumisos
entre quien abandona
y quien maltrata


no hay boyas sobre la espuma...


Su ética, en todo caso, sería la del observador: incansable, metódico, la de un solitario deambulando ante la bruma sin horizonte promisorio, sugiriendo un refugio en nuestra única y consoladora esperanza ante la muerte: la palabra.


fundamos nuestro infortunio


fieles a esa heredad
permanecemos en el maquillaje
que nos oculta


y ningún secano está a salvo
de nosotros


La lengua común será el desamparo. Resistir es el único mandato en esos códigos de un silabario que manejamos (¿o nos maneja?) a tientas, deambulando en las coordenadas de ese temporal que mueve, imparable y caprichoso, la escora de nuestra embarcación: 


el océano no borra
nuestro abismo


Harry Almela, con su mirada de marinero aventajado pergeñando otro horizonte, debe ser leído y releído, no solo por los jóvenes en formación sino por cualquier persona en general; difundir su obra, arropar hasta dónde se pueda con su palabra el ciego instinto individual en una tierra de luz esencial, con su tristeza, exuberancia y esencia de piel traslucida en el desamparo, es una empresa lúcida. Sin promesa ni decálogo, navegando entre los iceberg de piedra sólida, solo podemos conformarnos con un aliciente ínfimo a ese andar errabundo cotidiano (¿para despertar? ¿conocer? ¿accionar?):


...huimos del abismo
y no queremos ver...

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Alejandro Salas, Erotia
Ejemplar de Erotia.

 

Libros recomendados: Alejandro Salas, Erotia (Caracas: Editorial Mandorla, 1986). 


Di con Erotia como quien descubre un objeto ajeno a ese paisaje urbano caminado y digno de escrutinio diario. Desconocía la obra y persona: Alejandro Salas (Caracas, 1960-2003), poeta, artista plástico y editor caraqueño, ya sea por mi ignorancia, que es mucha, o por la poca reseña que se le ha dado a su obra, al menos en el ámbito digital. 


El asunto es que, tal hallazgo, en gran medida por la labor de Círculo de Poesía, página y grupo editorial mexicano, publicando una relectura de su 40 aniversario del poemario que recomendamos, es digno de compartir. 

 

En otra casualidad, ya un poco más meditada, consigo Erotia de forma íntegra. La primera lectura me ofrece un paralelismo circunstancial (y otro primitivo): circunstancial porque lo emparento con otro poeta caraqueño, Alejandro Castro, cuya poesía erótica, descarnada, lúcida y transgresora soy lector asiduo (en lo primitivo, ya que he leído su poemario No es por vicio ni por fornicio... diez veces o más, y puede que ese parentesco se deba a mi percepción viciada por los poetas de mi tiempo en ese empeño cronológico y ortopédico de las lecturas contemporáneas). Luego de esa impresión, la obra de ese otro Alejandro, fallecido prematuramente, se sostiene por sí solo.

 

Erotia se publicó en 1986. En el poemario, cuyos dibujos son del mismo autor, Salas despliega un juego de joven aventajado sobre la rayuela del amor: un cuerpo, entregado a otros cuerpos, a los voyeur, sean visitantes recurrentes o merodeadores. En el primer poema hace una advertencia a los que no creen en esa religión tan divulgada y que abraza a feligreses de toda índole:


... sus negadores pueden ahora oír la verdad

y también aquellos que lo llaman

sin esperanza...


Esa ofrenda a los escépticos, solitarios, a los Luteros que cuelgan sus enmiendas en el pórtico de la habitación, lugar donde se resguarda la cama, escenario de ritos (por allí se cuela la luz del alba, donde se espanta la oscuridad del mundo), santificada predilección para la entrega de los amantes:

 

La historia de amor comienza en la cama

el lugar de la desesperación

de las sábanas sucias que llevan al olvido...

 

El amor, entonces, es el verbo hecho carne que sostiene la creencia pagana más difundida por la humanidad: sacralizada, vendimiada, negada, bifurcada hacia el rencor, el odio, en la incomprensión material de sus oficiantes. Como todo resquicio antropológico, Dios entra en sus dimensiones: éste, en el poeta, es producto de la oración vespertina antes del acto:


Escribimos con nuestros cuerpos los hexagramas

mi señor, en cada estación nos llenamos de signos...


o es parte de la animalidad nocturna negada a toda metafísica de la entrega:

 

...vaivén que recibe a dos amantes llenos de

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ [miedo

que buscan enfrentarse, herirse y perecer

hasta no tener más hambre

tirados allí como víctimas de una matanza:

el dios de ellos está lleno de rabia

por eso, después de la entrega, no vuelven a

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ [hablarse.

 

Denis de Rougemont, en su libro Amor y occidente, nos recuerda que su base ha sido la pasión: ardorosa, mortal, sufriente. Ese elemento filial e indistinguible en la literatura de este lado del mundo (recordemos Romeo y Julieta, cualquier novela de  Jane Austen, etc) es parte del poemario que recomendamos. Entonces, los gemidos, gritos, el cuerpo contorsionado en la vorágine del dolor y placer, en el goce y la agonía, en la victoria de la vida ante la muerte y, en esa mecánica, limitando la geografía certera de la extinción, son parte de esos elementos complementarios y antagónicos que no pueden escindirse del encuentro tan humano como divino:


Este es el círculo de los violentos contra la 

                                                                   [naturaleza...

 

Federico Paganins, en Papel Literario (El Nacional, publicado el 23 de abril de 2021), habla de Alejandro Salas como un renacentista nacional. Y estoy de acuerdo: es un artista que manejó la simbología culta, las lecturas populares, conoció la tradición haciéndole tomar partido por el bando dionisíaco, y así dispuso, al trascender la palabra santa y la representación (es un heredero de Caravaggio donde estudió a la prostituta que posee suficientes virtudes para hacer de Santa, y al pordiosero fiel a la imagen de Cristo) de ese debate tenebrista de las luces viriles y la virginidad de las sombras prohibidas:


Lesbia ha estado conmigo Catulo hace un instante

sus nalgas de luz de lámpara me han acompañado...


La amante es una promesa de totalidad. A veces encarnada en la primicia de su genitalidad, otras con su voz lasciva animal o representada en la nada sensual desbordada de su corazón que lo acompaña. Es importante señalar esa mención a Catulo (ese poeta que quiso vivir de la poesía y el ocio, muriendo a los treinta años) y a su amada, Lesbia (esposa y amante, musa del rapto poético y flor caída de la desilusión amorosa), cuya pasión estuvo urdida en un pacto sáfico. Entonces, como sucede con esos amantes mencionados, se recalca, en ese canto exuberante, que el sexo, en toda su potencialidad, es una cuestión de amar: 


...Dentro de poco una mujer va a ser colmada.

Muerde sus labios.

Es un asunto de amor.


No deja de ser interesante llevar la lectura de Erotia al callejón de nuestra época donde un tajo del amor romántico parece ser precario, distendido en la ludopatía de las App y redes sociales digitales. Capaz, en un no menor porcentaje, las relaciones sexuales pueden ser percibidas como un lenguaje fuera de la relación amorosa (fuera de esa liturgia referida anteriormente), para brindar una operación taxonómica cónsona a la economía dominante: de aparente libertad, fluctuación, sin la estática provisión de lo duradero, prometiendo la inflación ilusoria del deseo sin aterrizar en la realidad de la carne. Siguiendo esos puntos, nuestro libro recomendado puede servir a esos individuos que confían en la entrega, lo utópico, en la sacralización de los rituales, en la salud de eros para hablarnos de otro tiempo y su porvenir.


Bibliografía

Rougemont, D.  Amor y occidente. Editorial Leyenda, S.A.

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