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| Pablo de Rokha, imagen archivo (Memoria Chilena) |
Pablo de Rokha: el hombre con olor a tumba
...El hombre y la mujer tienen olor a tumba,
el cuerpo se me cae sobre la tierra bruta
lo mismo que el ataúd rojo del infeliz...
Pablo de Rokha, pseudónimo de Carlos Díaz Loyola, poeta nacido en Licantén, Chile, el 17 de octubre de 1894 y muerto, por su propia mano, en la capital de ese país, el 10 de septiembre de 1968. Hombre duro, Amigo Roca, hombre que aulló y cantó irremediablemente porque sí, con una obra poética tan sólida como su carácter crítico, honesto, vanguardistas, lúcido y rebelde.
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...Enemigo total, aúllo por los barrios,
un espanto más bárbaro, más bárbaro, más bárbaro
que el hipo de cien perros botados a morir.
De Rokha, poeta de la tumba, de los enfermos, de la muerte, de los pobres, de la estirpe dolorosa y amarga, de los desterrados y ateos, puede ser reconocido, en un país de raigambre lírica (Mistral, Huidobro, Neruda, Lihn, Parra...), como uno de los más grandes poetas del pueblo chileno.
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...Dromedario, polvoroso dromedario,
gran animal andariego y amarillo de verdades crepusculares,
voy trotando con mi montura de amores tristes . . .
De escritura anárquica, volcánica, inclaudicable con sus principios y fervores, escribió más de treinta libros de poesía, entre ellos Los gemidos (1922), obra portentosa, bíblica, desdeñada y vilipendiada por los críticos.
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Una de sus facetas poco conocidas, fuera de las fronteras de ese país sureño, es su trabajo ensayístico y periodístico sobre estética y asuntos varios (comida, viajes, bebidas chilenas, etc.). Entre esos libros podemos mencionar: Arenga sobre el arte (1949), Epopeya de las comidas y bebidas de Chile (1965), Mundo a mundo: Francia (1966), entre otros.
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Siendo miembro del PC fue expulsado por los popes del comunismo; su postura ética le hizo crítico del capital, de ese Dios yanqui (Rubio y serio, completamente afeitado, completamente, dice : yes, oh! yes, yes, a las dactilográficas cínicas que inquieren como tumbas, sus designios trascendentales...) omnipresente en nuestra América.
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Poeta colosal que se midió con los grandes de su tiempo: su enemistad con Pablo Neruda es legendaria (escribió Neruda y yo en 1955, una injuria poética contra el Premio Nobel de Literatura), al cual acusó, entre muchas cosas, de plagiador.
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...Voy como los peros mojados
a la siga de tu recuerdo
sujetándome las palabras...
De Rokha amó y odió a partes iguales: amó a su familia (su devoción por su esposa, Winétt, también poeta, y por sus hijos), a su pueblo, a su país; odió la hipocresía, falsedad, a los autonombrados profetas que se arrastraban en el pantano y metían el pie a todo aquel para sobrevivir, manchados, en el panteón de la historia.
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... Soy el hombre de la danza oscura
y el ataúd de canciones degolladas...
El poeta de Licantén, comuna de la provincia de Curicó, en la zona central de Chile, sobrevivió a la muerte de su esposa, Winétt, seudónimo de Luisa Anabalón Sanderson (1892-1951), escritora con seis poemarios publicados. A ese dolor desgarrador, le siguió el suicidio de su hijo Carlos de Rokha (1920-1962), poeta rimbaudiano y pintor. Así, la poesía y la tragedia se unieron para dar un linaje selecto de talento y desgracia.
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...El cadáver de Dios, furioso, aúlla en mis entrañas...
Me temo que repetiré ese dicho popular: la muerte es lo único seguro que tenemos. Se dice que Pablo de Rokha, aquel 10 de septiembre de 1968, desayunó tostadas, tomó café y el jugo de huesillos. Se encerró en su escritorio, lugar de trabajo, y a golpe de las 10:10 am se escuchó el disparó que le quitaría la vida (Fuente: Marcelo Mendoza, Poesía y suicidio del dinosaurio irritante, 1968). La muerte, la forma en que morimos, marca ese tramo de la existencia que, para algunos con tendencias metafísicas y religiosas, se prolonga en los aullidos del más allá, de cara a Dios o al Diablo, a los ángeles o a las bestias ruidosas.
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...Me hundiré en el continente que habito, con mi siglo y con mi
pueblo, con la tierra entera y sus planetas, con los ejércitos de los
ejércitos, rugiendo.
Los poemas que he incluido en ésta breve semblanza de Pablo de Rokha se encuentran en Antología, 1916-1953 (Santiago de Chile, Editorial Multitud, 1954).









