![]() |
| Karl Wiener, "Fabriksstadt" (1939) |
¿A QUIÉN LE IMPORTA EL CUELLO de la retórica
o la mano alzada contra los cisnes?
Ni siquiera la verdad
dicha oblicuamente:
eres número y perfil de cliente.
Si vales la inversión y sumas porcentaje a la estadística,
eres gente.
Pero tú apruebas sin protesto esa condición,
te pliegas a la barra festiva sin alejarte de las orillas familiares.
Te horroriza desentonar:
prefieres los sucedáneos del vértigo
y darte a la feligresía poseída y poseedora.
o la mano alzada contra los cisnes?
Ni siquiera la verdad
dicha oblicuamente:
eres número y perfil de cliente.
Si vales la inversión y sumas porcentaje a la estadística,
eres gente.
Pero tú apruebas sin protesto esa condición,
te pliegas a la barra festiva sin alejarte de las orillas familiares.
Te horroriza desentonar:
prefieres los sucedáneos del vértigo
y darte a la feligresía poseída y poseedora.
*
¿QUIÉN QUIERE ALEJARSE de los linderos de la indiferencia y
andar por sus propios callejones del distanciamiento?
Aterra estar despierto en un mundo de sonámbulos.
Las palabras se vuelven clavos calientes en las sienes, se descubre
la falsedad de los postulados y del derecho. Se vaga por las calles
y ya sólo se ven las evidencias de las derrotas colectivas, se aguza
el sondar toda fraseología y toda benevolencia: la veracidad
fustiga día y noche, se vuelve obsesión de hambriento y en la
intimidad de las contrariedades afloran las palabras punzantes.
El desentono lacera, pero regala otros orgullos.
andar por sus propios callejones del distanciamiento?
Aterra estar despierto en un mundo de sonámbulos.
Las palabras se vuelven clavos calientes en las sienes, se descubre
la falsedad de los postulados y del derecho. Se vaga por las calles
y ya sólo se ven las evidencias de las derrotas colectivas, se aguza
el sondar toda fraseología y toda benevolencia: la veracidad
fustiga día y noche, se vuelve obsesión de hambriento y en la
intimidad de las contrariedades afloran las palabras punzantes.
El desentono lacera, pero regala otros orgullos.
*
LA PAZ ES UN PRIVILEGIO ESCASO.
¿Sabe de paz quien lucha por mantenerse o alcanzar el vértice de
cualquier pirámide?
¿Sabe de paz quien fue condenado a las sobras de los inversores
o de los redentores de oficio?
Tal vez en un tiempo bastaban las preocupaciones propias, pero
llegó el día en que la avaricia se elevó a potencias mayores y los
descalabros se hicieron rutinarios.
¿Acaso no hubo un día en que la piedad prefirió para siempre las
mitras y los palacios?
¿Qué podíamos esperar después, que no fueran las
remuneraciones a toda costa y en toda ocasión?
¿Sabe de paz quien lucha por mantenerse o alcanzar el vértice de
cualquier pirámide?
¿Sabe de paz quien fue condenado a las sobras de los inversores
o de los redentores de oficio?
Tal vez en un tiempo bastaban las preocupaciones propias, pero
llegó el día en que la avaricia se elevó a potencias mayores y los
descalabros se hicieron rutinarios.
¿Acaso no hubo un día en que la piedad prefirió para siempre las
mitras y los palacios?
¿Qué podíamos esperar después, que no fueran las
remuneraciones a toda costa y en toda ocasión?
*
DE LOS TORMENTOS DE LAS GRANDES CIUDADES, de los miedos
de los ciudadanos, de las calles que exponen nuestras
infidelidades, de los ritmos que en las noches vuelven a los
cuerpos más cuerpos, de cada hora burocrática y de los sudores y
de los fluidos orgiásticos dejados en las sábanas de habitaciones
donde se revelaba eso innominado en cuerpos sabedores y en
corazones estremecidos juntos.
De todo ello están hechos mi carne y mi espíritu, a ello
pertenezco y de ello me separo y a ello vuelvo por gravitaciones
incomprensibles.
Por eso puedo hablar con doctitud de traiciones y puedo dar
detalles de la letra violada; puedo alzar la mano derecha y
declarar con burla y amargura.
de los ciudadanos, de las calles que exponen nuestras
infidelidades, de los ritmos que en las noches vuelven a los
cuerpos más cuerpos, de cada hora burocrática y de los sudores y
de los fluidos orgiásticos dejados en las sábanas de habitaciones
donde se revelaba eso innominado en cuerpos sabedores y en
corazones estremecidos juntos.
De todo ello están hechos mi carne y mi espíritu, a ello
pertenezco y de ello me separo y a ello vuelvo por gravitaciones
incomprensibles.
Por eso puedo hablar con doctitud de traiciones y puedo dar
detalles de la letra violada; puedo alzar la mano derecha y
declarar con burla y amargura.
*
NI VIGA NI PAJA.
Darle crédito a los ojos, dejarlos fieles a su condición.
En ellos y ante ellos
el espejo que se reconoce
y no guarda argumentos.
Se elevarán alegatos,
se fijarán distancias para ceñirlos
cuando se quiera negarles su primacía,
su callada lógica,
su benevolencia sin precio,
aunque los tasadores quieran justificar
el darle cifras a su existencia.
A sus detractores el número los apremia,
si se trata de repudiar cuyos saberes no alcanzan.
Si los ojos saben,
a su modo,
las razones desfallecen.
Darle crédito a los ojos, dejarlos fieles a su condición.
En ellos y ante ellos
el espejo que se reconoce
y no guarda argumentos.
Se elevarán alegatos,
se fijarán distancias para ceñirlos
cuando se quiera negarles su primacía,
su callada lógica,
su benevolencia sin precio,
aunque los tasadores quieran justificar
el darle cifras a su existencia.
A sus detractores el número los apremia,
si se trata de repudiar cuyos saberes no alcanzan.
Si los ojos saben,
a su modo,
las razones desfallecen.
Mario Amengual (1958). El juicio de los días. Bogotá: El Taller Blanco Editores, abril de 2020.

