
Bonifacio Veronese, Cupid With A Violin In A Landscape (s/f)
ONDA
La luna es ahora un tótem abatido,
tumbada en el margen
de aquello que transcurre.
El sabor del fruto del serbal al madurarse
es un ardor punzante encima de mi lengua,
pero nunca he visto
cómo luce un árbol de serbal.
Reconozco en la cigarra el horadar de una sinfonía,
persistente arado en la quietud
del disolverse.
En el firmamento, balizas que confluyen y que chocan,
y el verbo, atávica florescencia que revienta:
una onda que con delgadez se expande
y al abrirse
sufre
y
se
disgrega.
BRUMA
Mi rostro es la bruma
en este barco sin latitud ni longitud
que navega sobre mares inmóviles
donde el oleaje y su espuma son la caligrafía gris
de un mapa inconcluso.
¿Cuál de todos los horizontes estaré mirando?
¿Cuál es el ojo que hacia mí apunta?
¿Aguarda acaso para mí alguna costa?
El temporal será un albatros que revolvió sus alas
con dolor hasta perderlas. La niebla se irá a dormir
dentro de las caracolas que descansan de la marea
en la oscilación del hemisferio.
Las redes no volverán a cubierta,
moldeadas por una carga misteriosa
que hará de su tejido atroces anclas.
Los himnos de viejos marineros llegarán a mí
con un timbre de escamas encendidas,
ahora que el frío decide el curso de las brújulas
ahora que la agitación es una plegaria nueva
ahora que el sol parece dividirse
y toda quietud inició su marcha
hacia el Norte
y veo la tierra fragmentada
súbita
y toda entera
a la deriva.
Magdalena Camargo Lemieszek (1987). El Iceberg. Selección de poemas en
https://www.magdalenacamargolemieszek.com/projects-6
