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| Leonardo Javier Rivas Lobo (foto cedida por el poeta) |
Leonardo Javier Rivas Lobo (Timotes,
Mérida, 1995). Licenciado en Letras mención Lengua y Literatura
Hispanoamericana y Venezolana (ULA, Mérida, Venezuela). Tercer lugar en el I
Concurso de Ensayos Constelaciones (Departamento de Literatura
Hispanoamericana y Venezolana, ULA). Obtuvo el 2do Lugar en la IV entrega del Concurso Nacional de Joven
Poesía Hugo Fernández Oviol (2020). Finalista del 6to Concurso Nacional
de Poesía Joven Rafael Cadenas (2021). Ganador de una mención honorífica en la
V Edición del concurso Descubriendo Poetas (2021). Publicó el poemario Liminares
y transversales (Ediciones Palíndromus, 2022). Forma parte de la antología
de poesía venezolana, Antropología del fuego (Ediciones
Palíndromus, 2020). Ganador del Premio RSE en la 7ma. Edición Premio Lo
Mejor de Nos por el texto La partitura,
su vida (2024). Obtuvo el Segundo lugar del Premio de Cuento Julio Garmendia para Jóvenes Autores (2026) con el cuento Cómo rebobinar un día.
La entrevista se dio vía correo electrónico para que el poeta nos hable de su vocación literaria, poesía, su obra, el asunto tan poroso como lo es el dinero y el amor homosexual en la literatura nacional y, desde luego, la vida.
Preguntas:
1) Poeta,
ensayista, docente. ¿Cómo fue ese despertar poético y tu vocación literaria?
L. J. R.
L.: Pues docente todavía no, mi mamá sí es docente
jubilada de primaria. Escribo poemas y también he ensayado sobre algunas cosas
por allí. Por ahora he impartido talleres muy ocasionales. Sobre el despertar
poético, creo que se debo a la lectura de Jorge Luis Borges y otros poetas
latinoamericanos, empecé a leerlos como a los 18 años y poco tiempo después
empecé a escribir poemas que leía en algunas tertulias que se organizaban en
Timotes, lugar del que provengo. Estos encuentros me permitieron compartir con
músicos, declamadores, poetas y otros jóvenes que también albergaban ese gusto
por leer o escribir poemas en ese pueblo por el que pasó Andrés Eloy Blanco
(1896 – 1955). Mi vocación literaria está cifrada en el poema “Grafía
salvaje”.
2) Poesía: ¿Mandato o
elección?
L. J. R.
L.: Yo creo que elección, elijo escribir o leer, y
sacrifico cosas por ello, este acto implica igualdad de condiciones, equidad,
cierta ética, cierto criterio en torno a lo que uno quiere para sí. La palabra
"mandato" me inquieta, porque pareciera otorgarle al poeta un poder
más allá de la palabra, y nada me incomoda más que un escritor que se cree más
allá del bien y del mal, porque también los he conocido, he visto sus rostros
de forajidos, empuñando ese “mandato poético” con una extraña confianza.
3) Publicaste «Liminares y transversales» (Ediciones Palíndromus, 2022) y eres parte de la
antología de poesía venezolana «Antropología del fuego» (Ediciones Palíndromus, 2020). ¿La poesía es un rito
de una lengua inquieta o es una
ofrenda de una inmolación progresiva?
L. J. R.
L.: Me inclinaría por "lengua inquieta",
ese movimiento variable, siempre motivado por la incomodidad en torno a una
idea, un contexto, un hecho o un juego, me han impulsado desde los primeros
poemas que escribí: lo experimental, lo lúdico, lo político, lo vulnerable, lo
no dicho, las escrituras del margen, todo esto serían algunos signos de mi
poética inquieta. También he conocido a personas para quienes la escritura es
esa "inmolación progresiva" que mencionas, porque sus páginas también
ocultan un sufrimiento inusitado, a nivel corporal y psicológico.
4) Respecto al proceso
creativo al escribir poesía, ¿primero nace el tema o son un cúmulo de
exploraciones sensitivas/simbólicas hasta crear un cuerpo poético?
L. J. R.
L.: Creo que hay un poco de ambas, mi proceso parte
de ideas que despiertan mi curiosidad por abordar cualquier hecho, recuerdo o
juego desde lo poético; también he sido asaltado por versos
sensitivos/simbólicos que me han llevado a conformar un cuerpo que pueda
sorprender a otro. Puedo pasar meses con esa idea rondando la cabeza, a veces
la anoto. Cuando ya me parece que puedo desarrollarla, entonces escribo hasta
que termine de esbozarla, después comienza el obsesivo proceso de edición:
corregir, leer y corregir.
5) ¿La palabra
justa o la necesidad de que la palabra se ajuste a lo deseado?
L. J. R.
L.: Considero que la voz poética, por pensar en la
más maleable, debe ajustar la palabra a lo deseado, al menos yo procuro
hacerlo: tenso el sentido, le doy la cuerda suficiente para que ese movimiento
fugaz también desbarajuste la justeza innata de la palabra.
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| Liminares y transversales @edicionespalindromus. Ilustración de María José Navas (@majolibri) |
6) ¿Cómo fue el
proceso de escritura de «Liminares y transversales» (Ediciones
Palíndromus, 2022)?
L. J. R.
L.: Ese poemario se sostiene sobre la memoria
familiar, es un tributo a ciertos lazos sanguíneos que me conmueven, más allá
de casi no haberlos conocido o perderlos antes de tener memoria. Tiene algunos
aciertos, también acepto sus desaciertos, porque ese libro era una especie de
promesa que tenía conmigo mismo: “Si vas a publicar un primer libro, tienes que
hablar sobre…” y así fue, el primer poema anuncia un pasado, el recuerdo que se
quiere honrar, lo demás son rasgos para un retrato hablado de alguien que ya no
está, quien me sigue asaltando desde la idealización de un pasado que lleno con
palabras sobre las que pueda caminar, como yo mismo lo intento. Ya después de
ese poemario, he podido escribir con más libertad, afrontando otros retos
creativos y sensibles. He crecido, reconozco ese primer paso titubeante y la
seguridad que vino después.
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| Antropología del fuego Vol. II @edicionespalindromus |
7) En nuestra época
desbordada por la multimedia, ¿cuál consideras es el impacto de las redes
sociales y medios digitales en tu obra?
L. J. R.
L.: Las redes sociales y los medios digitales
(desde blogs hasta la más esquizofrénica IA) son lenguajes mecanizados que asedian
nuestra cotidianidad, a veces achican distancias o agudizan el alienamiento, yo
he tratado de trastocar esos medios desde lo poético, tengo algunos poemas en
los que hice el experimento de responderle con versos a un chatbot, eso fue
durante la pandemia del COVID-19, el resultado fue intrigante, porque ese
lenguaje predictivo, tan incipiente en ese momento, ahora pareciera ser solo un
balbuceo, pienso en la inevitable evolución de la IA y ese loop de usos sobre
el que se alimenta (devorando lo que estuvo antes, libros por ejemplo),
procurando siempre validar al usuario, mantenerlo el mayor tiempo posible del
lado del consumidor alienado. Esos poemas, junto a otros menos experimentales,
fueron reconocidos en un concurso nacional con una mención honorífica, esa
selección la titulé: "Versos / máscaras / algoritmos". Allí condensé
esas inquietudes que se agudizaron desde la reclusión espacial (una jaula
digital). Tras ello, no he vuelto a escribir cosas así, dejé en standby esas
inquietudes, que solo han crecido.
8) ¿Tienes algún
proyecto literario en mente a largo o mediano plazo?
L. J. R.
L.: Este año ha sido uno de los más movidos a nivel
de proyectos literarios, afortunadamente. Algunos saldrán pronto a la luz. Por
ahora, lo más inmediato es ampliar una serie de poemas en los que he estado
trabajando, procurando que allí germine un poemario. Seguiremos informando.
9) En un poema de «Grafías del topo» (Casapaís, Junio 2022), podemos leer:
...
Corruptos los que especulan con las herencias del tiempo labrado por otros...
¿Qué es la poesía para
ti? ¿Y, de hacerlo, con qué especula la poesía?
L. J. R.
L.: Cuando yo escribí esos versos, partí de una
inquietud social y política, sin embargo, me sorprende esta pregunta que
plantea otra línea de fuga. Considero que la poesía especula con todo lo que
toca nuestra vida, desde un tiempo para acá busco plasmar algo de todo eso que
me ha conmovido o que recuerdo, asaltado por un verso. La poesía es una cámara
oscura.
10) ¿Posees algunos referentes
literarios/influencias que te acompañan en tu proceso escritural?
L. J. R.
L.: Quisiera delimitar un poco mi respuesta, voy a
quedarme con referentes poéticos venezolanos, a quienes a veces leo antes de
escribir: Eugenio Montejo, Adalber Salas Hernández, Luis Moreno Villamediana,
Vicente Gerbasi, Alfredo Silva Estrada, Ida Gramcko, Martha Kornblith, Lucila
Velázquez y Julio Miranda. También los releo cuando recuerdo algún poema de
alguno.
11) En tu rol de ensayista sobre la tradición literaria nacional, atento
al trabajo de poetas y narradores contemporáneos, además de seguir, enunciar y
pensar el devenir nacional desde tu trinchera, ¿consideras que se habla poco de
la importancia del dinero para pensar un país? ¿Se discute en el cómo esa
abstracción lúdica, bella, urgente para muchos como lo es el quehacer y el reflexionar
sobre la poesía es un trámite dado o condicionado por esa otra abstracción
fiduciaria? Lo traigo a colación por un poema (Casapaís, Junio 2022) donde
hablas brevemente de ese asunto. Sin un mínimo acuerdo sobre la palabra
escrita, ¿cuál es el pacto de verosimilitud idóneo para reconocernos en un país
sin dinero para la mayoría y pariendo poetas, escritores de talento a granel?
L. J. R.
L.: Siempre es complejo hablar sobre la escritura y
su remuneración, pareciera que no se discute mucho porque no hay medios en los
que podamos exponer esas inquietudes, pero es una reflexión generalizada. El
ecosistema literario venezolano, más allá de premios puntuales y mermado hasta
su mínima subsistencia por problemas más allá de la literatura, sigue estando
lejos de generar circuitos monetarios en los que los lectores paguen una
suscripción o en el que editoriales paguen publicidades en medios culturales,
por mencionar dos eslabones de una cadena muy larga, en la que el autor también
recibe su aliciente para seguir escribiendo y reflexionando. Con una moneda que
se devalúa diariamente, todo es urgente. Lo increíble y emocionante es saber
que hay iniciativas, una minoría todavía, que hacen sus cuentas y buscan su
financiamiento para ir cambiando un poco eso, allí van, adentro y afuera del
país, sirviendo como punto de encuentro para lectores y autores, encauzando la
proliferación del talento venezolano en narrativa y poesía. Es un proceso
lento, incierto y secreto, pero creo en los que creen que podemos cambiarlo.
12) Saberse extranjero en Venezuela es un tema que parece parte del
paisaje circundante, ya sea rural y/o urbano. Dicho asunto ha sido mencionado
por poetas tan diversos como Ramos Sucre, Armando Rojas Guardia, Harry Almela,
Ricardo Ramírez Requena, por nombras unos pocos. Te incluyo entre esos. Siendo
un poeta joven, viviendo fuera de la capital, ¿cuál consideras es el rol de la
poesía en la sociedad venezolana de hoy? ¿Crees que persiste la diferencia entre "centro" y
"periferia"? ¿Lo liminar se ha expandido o achicado?
L. J. R.
L.: Venezuela tiene una geografía muy diversa, por
ejemplo, la región andina tiene como fronteras inusitadas las montañas, sumado
a eso, la centralización de muchos sistemas como el político y el literario han
mantenido vicios administrativos y gerenciales que siguen haciendo inevitable
el paso por la capital, porque a pesar de tener lo mínimo necesario para
cambiar esas dinámicas, el “centro” y la “periferia” siguen siendo dos
antípodas que signan el acontecer literario venezolano desde el siglo pasado.
Todos pasaron por Caracas (nosotros tenemos que seguir pasando también), pero
nadie viene para acá (algunos han venido), todo agudizado por un contexto que
solo ha propiciado el aislamiento y la atomización entre autores, lectores,
editoriales, universidades, investigadores, y pare usted de contar. La era
digital ha permitido franquear esas brechas espaciales, pero no es suficiente.
Posiblemente el último gran esfuerzo por achicar esos umbrales fue la Bienal de
Literatura Mariano Picón Salas, una conjunción entre organismos universitarios,
gubernamentales y privados, pero eso fue en otro país, a 35 años de la primera
edición y a no sé cuántos de la última. Es complejo responder a una pregunta
con una respuesta esclarecedora, más cuando hay tantas variables irresolutas
pululando alrededor, todavía.
13) Los poemas, y
poemarios, publicados que expresan cierta sensibilidad masculina, lejos de la
figura del macho, son, por decirlo de alguna forma, escasos y raros en la
producción poética nacional. También, desde luego, el amor homosexual. Sin
ánimo de categorizar, pienso en algunos poemas de Alejandro Castro (No es
por vicio ni por fornicio...), Armando Rojas Guardia (El Dios de la
intemperie), Rafael Castillo Zapata (Árbol que crece torcido), por
nombrar unos pocos, con sus estéticas y exploraciones tan distintas, dentro del
canon nacional. No eludes este tema en algunos de tus poemas, al igual que José
Miguel Navas, por nombrar dos de los poetas más jóvenes. ¿Consideras que es un
tema de homofobia, ignorancia o pacatismo crónico?
L. J. R. L.: Sigue siendo raro, pero iniciativas como “Narrar la
diversidad” (un concurso de narrativa gestado en la Universidad Central de
Venezuela) y “Poesía diversa” (un concurso de poesía convocado por el perfil de
Instagram @perfil.poetico) han engrosado la lista de voces que siguen esa
tradición de poesía LGBTQ+ que has mencionado. Yo he cuestionado ese machismo
imperante en algunos versos muy puntales, pero he seguido con entusiasmo esas
voces que han surgido a la palestra a raíz de estos concursos.
14) En una entrevista realizada a José Pulido (recogida en Grupo Li Po, 26 de diciembre de 2024), poeta y periodista venezolano, él mencionó que los autores venezolanos no se leen entre ellos. ¿Consideras que esto es así o es una cuestión del pasado?
L. J. R. L.: Pues
yo procuro leer autores venezolanos, siempre que puedo, desde los más
contemporáneos hasta los que considero esenciales en mi búsqueda estética, sé
que no soy el único, solo que no hay muchos medios en los que todos podamos
reflexionar sobre lo que es, ha sido y puede ser la literatura venezolana. Por
ahora, esa reflexión sigue deambulando por las calles de un país muy vapuleado.
Tal vez el pasado fue así, no sé, pero lo que sí puedo decir es que muchos
analizamos bajo el microscopio lo que se publica, quienes tienen más
visibilidad, los que vienen detrás, los que ya se han consolidado y tantos
perfiles más. Nos leemos, hay medios digitales que convocan, difunden y
resguardan algo de lo escrito durante estos años.
15) ¿Vivir para escribir o escribir para vivir?
L. J. R. L.: Vivir para escribir.
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