TRES POEMAS DE FRANCIS PONGE
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| Franz Michael Siegmund von Purgau the elder, Rasenstück mit Distel, Fröschen und Libelle (1738) |
Los placeres de la puerta
Los reyes no tocan las puertas.
Ellos no conocen esta dicha: empujar ante sí con suavidad o rudeza uno de esos grandes paneles familiares, volverse hacia él para colocarlo de nuevo en su lugar, –tener entre sus brazos una puerta.
…La dicha de empuñar por el vientre, por su nudo de porcelana, uno de esos altos obstáculos de una pieza; ese cuerpo a cuerpo rápido mediante el cual, detenido el paso un instante, los ojos se abren y el cuerpo todo se acomoda a su nuevo apartamento.
Con una mano amistosa, él la retiene todavía, antes de empujarla decididamente y encerrarse, –de esto, el clic del resorte poderoso pero bien aceitado agradablemente lo asegura.
Los árboles se deshacen en el interior de una esfera de niebla
En la niebla que envuelve a los árboles, las hojas les son hurtadas; las cuales ya desconcertadas por una lenta oxidación, y mortificadas por el retiro de la savia en provecho de las flores y frutos, desde los grandes calores de agosto estaban menos apegadas a ellos.
En la corteza se cavan regueras verticales por donde hasta el suelo la humedad es conducida a desinteresarse de las partes vivas del tronco.
Las flores son dispersadas, los frutos son entregados. Desde su más temprana edad, la resignación de sus cualidades vivas y de partes de su cuerpo se ha vuelto para los árboles un ejercicio familiar.
El pan
La superficie del pan es maravillosa, ante todo, a causa de esa impresión cuasi panorámica que ofrece: como si uno tuviera, a mano y a su disposición, los Alpes, el Tauro o la Cordillera de los Andes.
Así pues, una masa amorfa mientras eructaba fue deslizada para nosotros en el horno estelar, donde, endureciéndose, se ha labrado en valles, crestas, ondulaciones, grietas… Y todos estos planos desde entonces tan netamente articulados, todas estas losas delgadas donde la luz con aplicación tiende sus fuegos, -sin una mirada para la innoble blandura subyacente.
Ese flojo frío subsuelo que uno llama la miga tiene su tejido semejante al de las esponjas: hojas o flores son allí como hermanas siamesas, soldadas por todos los codos a la vez. Cuando el pan se apelmaza, esas flores se marchitan y se encogen: se separan entonces unas de otras y la masa se vuelve friable…
Pero cortémosla aquí: porque el pan en nuestra boca debe ser objeto no tanto de respeto como de consumo.
Francis Ponge (1899-1988). 7 poemas. La Antorcha Magacín, 2023. Traducción de Alfredo Silva Estrada.


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