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| Julieta Omaña (Foto cedida por la autora) |
Julieta Omaña es una escritora, docente y editora venezolana. Magíster en Letras Modernas (U. Iberoamericana, México) y Magíster en Literatura Hispanoamericana y Española (UM, Miami). Ha dictado cursos de literatura hispanomericana y de lenguaje en la Universidad de Miami y en la Universidad Simón Bolívar en Caracas. Tiene experiencia en el área editorial y de educación en diversas instituciones como Penguin Books (Nueva York), Alfaguara (Caracas/Miami), el Centro de Arte la Estancia (Caracas) y el Museo Rufino Tamayo (México). Ha publicado ensayos sobre arte y literatura contemporánea en revistas españolas, venezolanas y norteamericanas, y dictado conferencias en Venezuela, México y en los Estados Unidos. Desde el 2015 organiza anualmente el Premio de Cuento Santiago Anzola Omaña dirigido a estudiantes universitarios en Venezuela. Es coautora de las antologías Catorce mujeres que cuentan (Mexico 2017) y Mujeres que cuentan secretos (México 2020). Es autora de las novela Nuestra Señora de Caracas (Madrid 2018) y Molokotov (Chiapas 2021) galardonada con el Premio Internacional de Novela Breve Rosario Castellanos 2020, y el International Latino Book Award en Drama y Aventura (Medalla de Oro) 2022 [Artishock]
La entrevista se da por correo electrónico para que la escritora nos hable sobre Cartografías imaginadas, el nuevo libro que celebra los diez años del Premio de Cuento Santiago Anzola Omaña, además de conocer el origen de dicho concurso, los procesos en la edición y su percepción del panorama literario actual en Venezuela.
PREGUNTAS:
1) ¿Cómo nace el Premio de Cuento Santiago Anzola Omaña?
J.O.: El Premio nace como consecuencia de querer seguir vinculada a los estudiantes universitarios y con Venezuela. En el año 2015 debí mudarme de Caracas a Ciudad de México. En aquella época, antes de mudarme, daba clases en el Departamento de Lengua y Literatura en la Universidad Simón Bolívar. Yo no quería mudarme, pues ya había vivido varios años en el extranjero y quería asentarme en Venezuela. Sin embargo, por razones familiares y laborales debimos irnos de nuevo. Un día, recién llegada a México, le regalaron un Ipad a mi esposo. Realmente no lo necesitábamos y se me ocurrió dárselo a alguien que lo apreciara y que se lo ganara de alguna forma. Entonces se me ocurrió armar el Premio.
Amigos en común me habían hablado de Alberto Barrera Tyszka, quien vive en México desde hace muchos años. Conocía su obra, pero no lo conocía personalmente. Le propuse ser miembro del jurado. Asintió de inmediato. También le propuse a Roberto Martínez Bachrich, que en aquél entonces terminaba su doctorado en CUNY en Nueva York. Pedí apoyo en la Simón Bolívar para armar las bases y tener cierto soporte logístico, y me sugirieron incluir a algún profesor de larga trayectoria en el jurado. Contacté a Lourdes Sifontes Greco, profesora de larga data, escritora y miembro de la Academia de la Lengua en Venezuela. Todo se dio con mucha fluidez.
Por casualidad, ese año, Vicente Lecuna organizó un capítulo de la Conferencia LASA (Latin American Studies Association) en Caracas. Vicente me invitó a participar en el Congreso, cuyo cierre se haría en la Sala Cabrujas en Los Palos Grandes. Vi en el programa que Alberto Barrera iba a leer un cuento en la clausura, por lo que se me ocurrió hacer la entrega del Premio en el cierre del Congreso. Vicente aceptó y fue el evento final de la clausura. Fue muy significativo. Acudimos todos los miembros del jurado, excepto Roberto Martínez que vivía en Nueva York. Entre Alberto, Lourdes y yo leímos el dictamen y le entregamos el diploma al primer ganador del Premio de Cuento Santiago Anzola Omaña: Marcel Áñez, por su fabuloso texto “Gryllidae”. También le pedí que leyera alguna sección de su texto frente al público. Marcel temblaba, pues no lo vio venir. Fue su primera lectura frente a una sala repleta de gente. Fue un evento muy lindo e importante para mí. Sentí que el Premio comenzó con buen pie, y así ha sido desde entonces.
2) ¿Qué percibió en la narrativa joven venezolana para que siga siendo celebrada por el Premio hasta ahora?
J.O.: Percibo mucha fuerza, ganas de escribir y talento. He visto cómo han ido cambiando los temas. Durante los años de inicio del Premio, sobretodo del 2016 al 2019, las temáticas estaban muy vinculadas a la situación del país, a la escasez, la violencia, lo político. Luego, durante el año de la Pandemia, fue la edición en que más recibimos manuscritos: un total de 240. De allí en adelante, siento que los temas se volvieron más universales y menos locales. Quizá como consecuencia de la crisis mundial, junto al cansancio de la realidad del país: una manera de imaginar otros mundos.
Me impresiona el talento joven en Venezuela. Siento que los muchachos están conscientes de la trayectoria narrativa y poética que históricamente se ha dado, y de alguna manera la quieren continuar. También son personas que han leído mucho. Hace poco me comentaban unos escritores guatemaltecos (tuve la oportunidad de vivir el año pasado en Guatemala), acerca de la supuesta frivolidad y superficialidad de la generación actual. Luego de que todos hablaron, expuse mis ideas al respecto. Hablé sobre el Premio, lo que me ha tocado leer a lo largo de estos diez años, y mi experiencia viendo a los jóvenes narradores crecer con cada edición. Siento que en Venezuela hay una generación a la que le ha tocado vivir situaciones muy fuertes a raíz del contexto político. Quizá sea uno de los factores que los ha hecho madurar, profundizar en sus temáticas, en el trabajo de la palabra y la consciencia creativa.
Es una generación madura, que siente, que entiende, y que sabe traducir todo aquello en literatura. La mayoría de los ganadores y menciones honoríficas de estos años no sólo escriben narrativa: muchos escriben poesía y han ganado varios premios.
Ayer, por ejemplo, me enteré de que Felipe Ezeiza, mención del Premio Santiago Anzola 2024, ganó el Premio de Poesía de la Embajada de Francia. Marcel Añez, el ganador de la primera edición, ganó el Concurso Nacional de Poesía Joven Rafael Cadenas un año después. Jorge Morales Corona, ganador y finalista del Premio es poeta, médico y lleva la magnífica editorial Palíndromus, gracias a la que hemos logrado sacar las dos compilaciones del Premio. Andrea Leal y Leonardo Mendoza han sido finalistas del Concurso de Cuento Julio Garmendia. Jacobo Villalobos, galardonado en 2018, obtuvo el Premio Franco Venezolano a la Joven Vocación Literaria por su libro Intrusos un año antes, y también ganó el Concurso de Monteávila para Obras de Autores Inéditos. Por cierto, Jacobo fue el primer galardonado que me ha acompañado como jurado, modalidad que quisiera repetir. También llevó a cabo en España la compilación Feroces de escritoras venezolanas, donde se encuentran Andrea Leal y Clara de Lima. Y así se van dando estas constelaciones de jóvenes que trabajan narrativa, poesía, ensayo y hasta periodismo, que realmente viven y actúan desde y a través de la literatura.
Me emociona mucho ver la pasión con la que los muchachos escriben y hablan sobre su narrativa. Hace menos de dos meses bauticé la segunda compilación del Premio titulada Cartografías imaginadas, y vinieron unos veinte ganadores y finalistas de esta primera década. Luego de presentar el libro, ellos mismos quisieron compartir sus textos en voz alta. Tomaron una copia y empezaron a turnarse leyendo sus cuentos de manera natural y a exponer sobre sus procesos creativos con mucha confianza. Algunos ya se conocían, otros se conocieron ese día. Son reuniones muy lindas donde hacemos comunidad. Espacios que hacen mucha falta en el país.
3) Se conmemora una década desde el primer cuento premiado, Gryllidae de Marcel Añez Valentinez. ¿Cuál es su balance de la narrativa joven nacional desde ese momento hasta el presente?
J.O.: Como comenté antes, siento que hay un compromiso real con la literatura. Que son jóvenes que la viven desde dentro con pasión. Que leen mucho, profundizan, que escriben con seriedad, que hacen comunidad y buscan establecer redes para crecer, informarse, expandirse. Siento que hay un trabajo poético en la narrativa, que hay una búsqueda de la palabra, más allá de las tramas y los temas. Hay un verdadero sentir por detrás de sus trabajos.
4) Publicar en Venezuela, dado el contexto de la conocida situación país, además de lo vivido por la pandemia global, es bastante complicado. Primero vio la luz la antología De grillos, sueños, hogares y combates (Palíndromus, 2020) ¿Cómo fue ese primer proceso de edición de los primeros cinco años del Premio y, en retrospectiva, qué nos puede decir sobre esa recopilación?
J.O.: Fue muy bello el proceso de De grillos, sueños, hogares y combates. A lo largo de estos años todo ha fluido de manera ágil y espontánea. Cada año publicamos los cuentos ganadores y finalistas en la página web. Pero cuando el Premio cumplió cinco años, quise hacer una compilación. Todo esto fue posible gracias al apoyo incondicional de Jorge Morales Corona (ganador 2019 y mención 2018), que también es poeta, médico y editor. Jorge vive en el Zulia y maneja la editorial Palíndromus, con quien hemos publicado varios libros individuales y las compilaciones. Con Jorge todo marcha perfecto siempre, es una persona no sólo brillante pero educada y muy hábil: escribe, corrije, edita, diseña, está lleno de ideas y se encuentra al día con absolutamente todo. Fue un proyecto muy bonito que ambos disfrutamos, y que hemos continuado con la compilación que acabamos de sacar hace un par de meses: Cartografías imaginadas.
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| Disponible en https://premiosantiagoanzola.com/cuentos/ |
5) Bajo el lema: Talento venezolano, narrativa urgente, nos llega Cartografías imaginadas: Diez años del Premio de Cuento Santiago Anzola Omaña, 2021-2026 (Palíndromus, 2026), reuniendo los últimos cinco años de los cuentos premiados. ¿Cuál es su apreciación sobre la nueva antología del Premio y en qué se diferencia de la primera?
J.O.: Cartografías imaginadas es casi el doble de extensión que De grillos, sueños, hogares y combates. Básicamente porque hemos decidido otorgar más menciones honoríficas de unos años para acá. Fue idea de Raquel Rivas Rojas, quien nos acompañó como jurado hace unos años. La intención es reconocer a más escritores, ya que hay muchos cuentos excelentes cada año. Es una forma de visibilizar a los jóvenes. Me dio más trabajo por su extensión, pero con Jorge todo es fácil. Me gusta el proceso de releer los cuentos, recordar los textos, a los autores, leer los dictámenes. Es como disfrutar todo el proceso una vez más, saborearlo de nuevo.
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| Disponible en https://premiosantiagoanzola.com/cuentos/ |
6) Muchos de los autores y autoras premiados ya han dado su siguiente paso en la literatura venezolana, entre ellos Jacobo Villalobos, Andrea Leal, Felipe Ezeiza, Annya Rivas López, entre otros. ¿Cómo ve la salud de la literatura venezolana en la actualidad?
J.O.: Tengo mucha fe en el país, en parte gracias a este proyecto y al talento y compromiso que encuentro en estos muchachos. Andrea Leal, por ejemplo es una gran narradora, y además una joven comprometida y una bella persona. Ha sido finalista en otros premios de narrativa, como el Julio Garmendia. También escribe poesía y ha quedado finalista en concursos como el Rafael Cadenas.
Por su parte, Annya Rivas ganó el primer lugar del Premio Julio Garmendia hace dos años. También colabora en Ficción Breve y Prodavinci.
Jacobo Villalobos es un tipo genial, comprometido con todo lo que hace. Está justo terminando su doctorado en Filosofía en Chile. Es de la generación más grande, ya “un viejo” del Premio. Apoya en todo a los más jóvenes, como hizo con las escritoras de su compilación Feroces donde incluyó a Clara de Lima y Andrea Leal.
Felipe Ezeiza es brillante también, como comenté antes, justo ayer anunciaron que fue ganador del Premio de Poesía de la Embajada de Francia. Leo ese tipo de noticias y me emociono como si fuesen mis hijos. No en vano Jacobo me dijo hace unos meses: “Julieta, estos muchachos te ven todos como su mamá”. Ese tipo de conexiones me entusiasma y me da la energía necesaria para continuar.



