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| Portada de Bajo el camisón sonreía una mosca, de Isaura Duarte |
Luciano, en su Elogio de la mosca, nos recuerda que
Homero, el gran poeta, fue amable con ese insecto, al cual le profirió
alabanzas discretas: quiénes somos nosotros, entonces, mortales, para intentar
exterminarlas.
Podemos hacer un pequeño elogio sincero de ese insecto: desde su
definición, la mosca carga con varios estigmas y que, entre algunos de esos, se
encuentra el que nace de los muertos; reptando, evoluciona de su estadio
terrenal para volar y, al alimentarse de casi cualquier cosa, se podría decir
que es un bicho oscuro por nuestra profunda ignorancia o
prejuicios, cuando lo fáctico es que ella prefiere morar en la luz sobre la
tenebregura.
Entre las tantas preguntas, fisiológicas y filosóficas, que nos
podemos hacer sobre la mosca, me quedo con estas dos: ¿La mosca puede ver su
reflejo en el espejo del sueño humano? ¿Cómo sonríe una mosca?
Todo este ejercicio barroco y pedagógico viene a cuento por la
recomendación del libro Bajo el camisón sonreía una mosca, de Isaura
Duarte. Es importante, antes de dar nuestra percepción en torno a dicha
obra, poner en contexto sobre lo que se ha dicho de la poesía de la autora
venezolana.
Sobre la poesía de Duarte se ha escrito que
es vanguardista (Revista Montaje, Chile, 2 de septiembre de
2024. Pinchar aquí). También, que tantos sus versos como su
prosa poética dan registro de un Yo poético que permite
elucidar un ejemplo del vivir profundo atravesado por el dolor, el desgarro y
la lucidez, haciendo del sentir y el pensamiento andamios para indagar sobre
las luces y sombras del Ser (Irredimibles, Club Poético: Isaura Duarte, 22 de
febrero de 2024. Por acá la reseña). Por último, que su voz,
estrictamente personal, trasunta cuestiones en el que nos podemos ver
reflejados para emprender una introspección profunda, extendiéndose sin
discriminación ni trivialidades (¿Soy yo una persona?, Iberoamérica, 8 de
julio de 2025).
Al entendimiento de quien escribe, la obra de Isaura
Duarte, al menos en su primer poemario Bajo el camisón sonreía
una mosca (Fundarte, 2022), pasa por tantos registros que, si
somos justos al emplear categoría alguna, aunque sea para negociar una
fundación provisoria y argumentativa, lo primero que viene a la mente es la
palabra «libertad». Duarte nos ofrece una búsqueda notable de
libertad poética en cuanto a temas, formas e indagaciones hasta dar con el
hueso de la luz que cada lector debe desenterrar por su cuenta.
Los desiertos del Ser,
son abono de sangre,
ausencia,
bocanadas de soledad a la deriva...
(Extracto del poema Desiertos del Ser)
Desde el título del poemario de la poeta, actriz y artista visual
caraqueña, lúcido y transgresor, la obra promete transitar en lo aparentemente
vedado al Ser (y al conocimiento) para así apropiarse de lo ignoto, de lo
surreal (las gemas rescatadas de los baúles del sueño) y de la lección de su
padre, el simbolismo, labrado en una narrativa, un acto, un soliloquio, un
canto, la conversación y la ofrenda de versos y prosa despiadada en su belleza
secreta y de confesión voraz. No es menor el uso del copretérito sonreía en
el título, ya que según Juan Manuel Esquivel, poeta y traductor
mexicano, al hacer la traducción del poema Easter, 1916 de
W.B. Yeats, tal decisión sintáctica conlleva, a su vez, una meditada y
fundamental propuesta estética: el copretérito funge como "... el tiempo
de los sueños" (Juan Manuel Esquivel, Una belleza terrible: traduciendo Easter, 1916 de W.B. Yeats.
Bogotá: La Otra Margen).
El mundo se entrega
sin marcas bajo la nieve.
El segundo amarillento
[Eufórico...
(Extracto del poema Memoria)
Si tenemos que acusar algún parentesco y tradición, encontramos
que su estirpe verlainiana (?) la lleva a tener el arma cargada en la mano
dispuesta, con cada poema, a hacer estallar, desangrar todo resquicio de
humanidad que parecía yacer inmóvil abovedado en el escondrijo oculto de
la aparente realidad; de rescatar, levantar de su estancia a la vieja herida,
abrir la cicatriz tierna e insegura de su mausoleo de ayeres. Ese es su
camposanto: allí se encarga de exhumar tanto lo que se cree está en la
profundidad como el cuerpo fresco de la ilusión. En todo caso, la muerte, lo
oculto, el dolor no es un fracaso: es un circunloquio dialógico con lo vivo.
Pero es la vida la que debe tocar la puerta, iniciar la conversación con lo
vedado, hasta lograr transmutar secretos, goces, guías necesarias y reencontrar
(o, al menos, dilucidar) algún símbolo perdido.
Desnuda, improcedente, sin ataduras ni ideología que haga de lo
incierto realidad consustancial a lo primario (el cual, en este mundo cada vez
más achicado por la operística de lo funcional, la premura del instante
mediatizado, nos hace preguntarnos: ¿qué es realmente importante? ¿estamos
vivos y viviendo?); sin lecciones, solo sentires: marcas, hendiduras, quiebres,
la taxonomía clarividente de la valentía (y que es el arte si no es un
atrevimiento descarnado a develar lo que se ha visto, palpado, aunque se esté
solo en esa veracidad comunicada a las tinieblas y fantasmas) que arranca la
escritura feroz desde las entrañas.
Mi mosca me era tan fiel, puente verde de antenas delgadas. Yo
vivía presa he iba de un sol a un puñado de letras, ella no dependía ni de la
tarde ni de la noche, fiera y potra y, sin embargo, todas sus horas eran
mías...
(Extracto del poema Bajo el camisón sonreía una mosca)
Estamos ante la declaración insigne de una artista: quien pueda
reconocer su rostro, cuerpo, gravitar en los fragmentos de emociones colgadas
en la meditada anarquía de Duarte, puede considerarse
experimentado. Ha vivido sin contentarse con el mero existir como decía Oscar
Wilde, escritor irlandés, acomete la mayoría. Es, ante todo, individuo.
Se me gastó la voz,
se me cayeron los párpados
desde sus altas torres de pupilas cristalinas.
Vi tu clavícula mojada pasar
por el río rojo.
Se me hirió la niebla,
la cara hinchada balbuceando
en la rodilla izquierda
del recuerdo,
el pelo seco de tanta soledad...
(Extracto del poema Ovillo Dorado)
A falta del descarrilamiento pasional, algunos versos son, en
ocasiones, su propia iluminación rimbaudiana cuya exuberancia, luminosidad,
rebeldía y cadencia salvaje del joven poeta reposa en la vereda contigua a la
yerba fresca de la tenebregura del poeta adulto, saturnino, sacudido de su
ensimismamiento lisérgico y diletante. El camino, sabemos, está repleto de
sombras y lunas oscuras convidando a la ebriedad taciturna de sus misterios. El
reflejo sobre sus aguas manchadas por la enfermedad anterior, la de no ver lo
urgente reclamado por un corporalidad de agonía, nos llevará al autoexamen
propicio: iniciáticos en la antigua verdad, la atestiguada en el manual del no
saber, apremiaremos el paso hacia la incertidumbre con huesos, carne y sangre;
el cuerpo de expiación indomesticable fuera de su jaula programática.
Mencionamos la raíz surrealista en la poesía de Duarte.
Nos dice André Breton en el Primer manifiesto del surrealismo (1924)
que el ser humano, con los bolsillos vacíos, sin fortuna y solo con sueños
revoloteando su existencia, echa mano en el saco de sus recuerdos. Así,
"Si conserva cierta lucidez no le queda sino volverse para mirar atrás,
hacia su propia infancia que, por mutilada haya sido gracias a los cuidados de
sus domadores, no por eso deja de parecerle llena de encantos"
(Bretón, Manifiestos del surrealismo, 2001, p. 19).
[...]
Mi cuerpo rojo
La llaga
La acústica de la noche reposada
El cromático recuerdo
Espasmo
El crimen de la flauta
El último aviso de salida roído
en un ticket donde mis manos
arrojaron el adiós a su existencia...
(Extracto del poema Conexiones)
Volviendo a la libertad antes mencionada, noción manida en estos
tiempos de desvaríos ideológicos, y cuya bandera ha sido prostituida por
individuos y grupos que se escudan en esa bella idea para atentar contra la
misma, empeñándose en atacar al que disienta, tire la puerta de la gran
prohibición y deje que su curso imaginativo fluya para dar un informe conspicuo
del existir. De esta manera, Breton, en el mencionado manifiesto, nos dice:
"Lo único que todavía me exalta es la palabra libertad. La creo capaz de
mantener indefinidamente el viejo fanatismo humano. Responde, sin lugar a
dudas, a mi única aspiración legítima" (Ibíd., p. 20-21).
La libertad es una posibilidad. Nunca se halla del todo presente
y, en ocasiones, se ovilla en el callejón de nuestro latir, sentir y pensar.
Recatarla, darle un cobijo digno y hacer que entre en la cotidiana
manifestación de toda nuestra potencialidad es, antes que una mecánica utópica,
un desempeño mnemónico; constante, arbitrario, en ocasiones difuso ante una
temporalidad arenosa y atribulada cargándose toda tentativa de cambio y de
construir un asidero provisorio con un clima más amable.
[...]
Estás dentro.
Estás fuera.
Como un molusco.
Eyaculas una vez más en su boca.
Estás en otro lugar
donde el tiempo está perdido.
Los dedos de ambas manos
sobre la mesa,
otro sorbo de café, pálida sonrisa.
La descarga de un rayo...
(Extracto del poema Pensamientos Parapléjicos)
Bibliografía:
Breton, A. Manifiestos del surrealismo. Buenos Aires:
Editorial Argonauta, 2001.
Duarte, I. Bajo el camisón
sonreía una mosca. Caracas: Fundarte, 2022.
Luciano. Obras. Vol. I. Madrid: Editorial Gredos, 1981.


