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| Eugène Carriere, Etude de Femme ou Elise riant (1893-1895) |
Sigo comiendo el silencio,
la abeja negra atemorizada,
la expresión de una pantalla
[simulando]
el borde de un mundo
alejado de sí mismo,
(un modelo antiguo
de escasas formas).
Sin particularidad alguna
para:
el escribano
del fondo
de las aguas.
El silencio más introspectivo
donde
no llega
la metereología
de ninguna carta
de antecedentes
dormidos
y resultados baratos.
Apenas el viento
como estancia
(comienza a andar libremente)
sin posturas ajenas,
con la hierba en la boca de los
que observan plácidamente la
profunda significación del saberse:
[Nacidos de un día animal
paridos en el suelo
de la fornicación,
la sangre y el miedo]
La mirada nacida de la sombra
–abstracta cata de gemidos–
abierta entre corchetes negros.
La metamorfosis de las alas
donde se parten los ecos
[Aullidos de la ternura]
De:
Una danza inmóvil
tatuada en la pared.
–Interrupción–
He sobrevivido a otro corto silencio.
Días sin telefonear a los ojos
de lo cotidiano, al sexto tono se caen
las llamadas.
Lluvias:
gritan.
Fuera:
se estremecen los vientos.
–Interrupción número 2–
Hacemos una llamada y
establecemos la conciencia del Yo,
(eso que la mayoría lleva
al «love hotel» más cercano de la
prostitución)
[NO física]
sin que se le cruce un sólo
pensamiento en media jornada de vida,
y recalco:
[NO física].
–Interrupción número 3–
Lo mejor es acelerar la curva,
la línea discontinua,
el turbo de la pasión de tres dígitos,
no más.
[Porque no le llegarán]
<<Créanme>>
El deseo es fuerte, pero…
en sus ojos brilla la luz neutral,
la oscilación de la rama que
parece ir retrocediendo hacia
un lugar lejano,
la inversa de las manos
se me acercan,
(envueltas por la cáscara que habitamos),
recipiente actual en
la bandeja del pensamiento,
el tacto de la serpiente expuesta
entrecerrando los ojos,
bebiendo el agua de las pupilas
en un charco plano.
[Tomando tu lugar] –Interrupción número 4–
Mi lengua y mis labios
junto a la botella de vino
absorbiendo el instante,
el triángulo fijo en el papel
visualmente estático,
(se arruga en las lenguas
de quienes saben darle forma
al filo hambriento
del placer),
y le lanzo un gesto de reclamo al
giro del reloj,
nada se mueve excepto él,
siendo
la licencia turbada de mi distorsión,
(no se cuentan mis latidos en
el zumbido inalámbrico).
Las sensibilidades se las dimos
al estimulante de baja estatura,
de formas fálicas,
el Ser como manifestación de
espinas,
como culto
y costumbrismo.
–INTERRUPCIÓN NÚMERO X–
=(Des)conexión.
Isaura Duarte. Poemas. Isaura Duarte. Santiago de Chile: Revista Montaje.

