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| Nicolaes de Bruyn, Lion and lioness tear putti apart (1594) |
El término nihilismo fue una gran preocupación teórica para Friedrich Nietzsche (1844-1900), filósofo, filólogo, poeta y pedagogo alemán. Podemos decir que el nihilismo representó un escollo en el cuerpo social, el cual está enraizado en los juicios cristianos y su moral, trastocando por completo la vida en general: en la ciencia, lo económico, lo político, lo fisiológico, etc. No obstante, Michael A. Gillespie (1951), filósofo estadounidense, nos da un repaso a esa categoría, su "origen" y, por supuesto, uso antes del pensador de Röcken.
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Podemos decir que el nihilismo, interpretado a grandes rasgos como el devenir de una serie de rupturas en las creencias y normas sociales, arraigado en la moral cristiana, nace en el corazón del individuo, cuya fe y sus estructuras han sido puestas en entredicho, y cuyo escepticismo fue vertiendo una rebeldía contra ese muro antiguo, poniendo la lupa sobre esa mancha que corroe amplia y generosa hasta la masa, siendo, sin lugar a dudas, expresión del mundo. Uno del que somos parte activa y/o pasiva, en sus diferentes grados de participación en el entramado social, y en el que inscribimos nuestras formas de ser y habitar; los deseos y esperanzas para abrir nuevos horizontes posibles. Sin embargo, poco nos preguntamos si lo conocido no son sentidos producidos; si lo vendimiado con tanta intensidad y violencia no es una trampantojo más. Es decir, si son parte de las interpretaciones del hombre que simulan otras cosas (con sus promesas del más allá ante el vacío, el sinsentido y la pobreza) para instaurar valores absolutos.
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Entonces, dado que nada permanece, las cosas mutan hacia terrenos insospechados. Lo que ayer fue un canto de gloria, mañana puede ser el grito desesperado de la guerra. Gillespie, en "Nihilism after Nietzsche", nos cuenta que dicho término fue usado primero, hacia finales del siglo XVIII, para describir el "egoísmo" inherente en el pensamiento de Johann Gottlieb Fichte (1762-1814), filósofo alemán, y de sus seguidores, los cuales desarrollaron el Círculo de Jena, padres del romanticismo.
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No es sino después, con la expansión popular de la literatura rusa, principalmente con Iván Turguénev (1818-1883) y Fiódor Dostoyevski (1821-1881) que, según Gillespie, el concepto de nihilismo se le asocia al ateísmo.
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La discusión sobre la muerte de Dios, la caída de toda autoridad, devino en dos asuntos primarios: por un lado, la exaltación del hombre, su opinión y acciones; por el otro lado, y acá está la letra chica nietzschiana según Gillespie, impulsó la liberación del ser humano de la antiquísima esclavitud "moral".
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Nietzsche puso los clavos al conectar la fe cristiana con la democracia (y los sistemas socialistas) como es conocida hasta hoy. Esto, en pinceladas gruesas, ha representado la instauración consensuada de la deformación de los valores, a su interpretación, donde el juicio cristiano hace de lo pernicioso para el hombre algo que se cuela por "bueno", "humilde" y "castizo", otorgado y sustentado por el voto de la mayoría. Su crítica fervorosa se dirige hacia ciertas élites, clericales, económicas y políticas, apoyadas por filósofos, artistas, sabios, entre otros, los cuales han permitido el avance de dicho contagio, y del que se está lejos de superarse en forma y esencia.
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El nihilismo, siguiendo la explicación de Nietzsche, como virus y, a su vez, panacea, representaría el colapso inminente en la decadencia moral del cristianismo (y del Dios cristiano) para que, en un estadio superior, emerja el Superhombre (Übermensch): albor de largo aliento a ese desvarío bimilenario.









