
Eglon van der Neer, Portrait of a woman with a wreath of flowers (1694)
ENSAYO
SOBRE LA SORDERA
Todos
los días se izan ceremonias.
sus
actas de nacimiento
imprimen
Indelebles
en la tinta
que
cede
y
se dibuja.
Se
disipan personas,
sus
pasos percuten
en
la levedad
de
un hermoso suelo lunar
en
el que se levantan
siglos
y tormentas.
Aún
en este minuto
alzadas
las astas
del
color,
anidan
y buscan
el
detalle.
Aún
se trazan,
andan
a tientas
pero
se tocan.
Sí
que se tocan.
Todos
los cielos
se
cosen a sus sombras,
las
sacan a caminar
les
parece permitido
el
dolor y el olivo .
Todo
al mismo tiempo.
Por
eso, los siglos
cruzan
las ventiscas
sus
tianguis en otra parte,
la
dulzura de un silencio
almidonado
casi
estancia
todo
música.
La
importancia
de
cierta vibración
en
el pecho.
Una
sinfonía,
el
silicio ardiendo
cerca
del tímpano.
Siempre
un mar
que
se expande,
se
contrae.
Como
ciertas voces
que
a ciegas
postulan
para
callarse.
QUEDARSE
CALLADO
Para
que eso,
sombra,
o
segundero,
haga
su trabajo.
Decir
con eso
que
pasa:
tanta
desgracia
tanta
humedad
solo
sucede
evapora
está
allí
para
acometerse.
Partir
de cero:
nuestra
ropa
hace
siglos
nos
hace el cortejo:
imposible
seguirnos el rastro:
nos
viste el dolor y su secuencia.
Entonces
se prenden
pentagramas:
garabatean
ciertos sonidos
como
los del principio
de
los tiempos:
la
huella sideral
de
Gardel
saludando
el viejo tocadiscos.
Culpan
la cercanía
de
sus olores internos.
están
con ellos
y
parpadean.
Eso
son.
Como
una película
de
cine sin cortes
silente,
la
luz baja.
La
urgencia
de
viajar
por
ejemplo a Cuba,
elevar
anclas
con
el alma llena
un
día de mar embravecido.
Guillermo Acuña González (1969). Ensayo sobre la sordera poemas de Guillermo Acuña González. México: Revista Innombrable. Publicado el 13 de noviembre de 2025.
