ENTREVISTA A M. M. J. MIGUEL (ENTRETIERRAS)

by - abril 22, 2026


M. M. J. Miguel (Foto cedida por el autor)

Con M. M. J. Miguel (José Miguel Mota Mendoza, 1989), escritor, editor y músico venezolano, seguimos con Punto y Coma, una sección para, de ser posible, charlar con narradores, editores y todos aquellos involucrados en el género narrativo.

M. M. J. Miguel se toma muy en serio lo especulativo y las fuentes inagotables de la imaginación fuera de los lindes materiales y perceptivos del realismo. Tesista de Letras (UCV), ha sido merecedor de la Mención honorífica en Solsticios: Concurso Venezolano de Cuentos de Fantasía y Ciencia Ficción (2017) y en el Premio de Cuento Julio Garmendia de la Policlínica Metropolitana (2023). Entre sus publicaciones podemos mencionar las antologías: Ecos de la tundra (2019), Brevelectric: narrativa sin sello (2020), Fractal (2023), Los novísimos (2023), Los elementos y el hado (2024) y Peregrinos en un mundo árboles entrelazados (2024).

La entrevista surge por el lanzamiento de Entretierras, editorial que reúne la literatura imaginativa actual de jóvenes escritores y escritoras en Venezuela. De este modo, a través del correo electrónico, le enviamos las preguntas para conocer más sobre él, su noción de la escritura, gustos literarios y dicho proyecto mencionado, además propiciar el debate sobre el panorama actual de la crítica, gestión cultural, edición de libros y publicación en el país.


PREGUNTAS:

 

1) Escritor, lector, músico y editor. Con esa síntesis, podemos decir que la creatividad y el conocimiento son parte de ti. ¿En cuál elemento creativo te sientes más cómodo?

 

M. M. J. Miguel: La verdad sea dicha: no estoy tan seguro de si al conocimiento le guste juntarse conmigo, y menos en estos últimos años donde mi holgazanería y desdén se acrecienta. Sin embargo, lo cierto es que los arranque de involucrarme con alguna rama artística proviene de la curiosidad y de la fascinación; me embeleso por la manera en que cada medio construye sus propios discursos, cómo los deforma, cómo se enfrentan al ruido. El arte es el depredador natural del ruido; una reacción en la que nuestros sentidos se resguardan para sobrevivir. En el preciso momento en que una escena de tal videojuego roza cierta inquietud, o tal pasaje de un libro nos sostiene la mirada, allí nace la verdadera lengua de existencia, y comenzamos en cierta medida a traducir(nos) el espacio que habitamos y los pensamientos que nos circundan; participamos, quizá, de la experiencia más racional que tenemos como especie: la observación de una brecha expansiva entre lo vacuo y lo divino.

 

Perdón. Me puse muy místico, muy abstracto, para decir que el arte nos entrega cabeza en la medida en que nos reta y ejercita desde todos los sentidos posibles; desde la admiración, desde el repudio, desde el desenfado, desde la ironía, la risa y la tristeza. La relación con el mundo empieza a mutar, a intensificarse, y la única manera de no reventar desde dentro es intentar otorgar(nos) correspondencias con lo que tengamos a la mano. A algunos les funciona el aspecto sonoro, sea con un instrumento o la manipulación de las ondas físicas; a otros, terraformando materiales, mezclando pinturas; muchos, creando experiencias inmersivas desde lo digital; y al resto, nos simpatizan las palabras y sus infinitas combinaciones desde la imaginación. En este aspecto he sido afortunado al pasar por cada peldaño y absorber un poquito de cada cosa; desde el tronador acorde de un amplificador distorsionado hasta la solitaria languidez de la escritura. He hecho de la música y de la literatura mis escuderas; no sé si habré tenido el talento suficiente en alguna para crear algo memorable, y sé que se me acaba el tiempo; puede que me lean cuando ya esté muerto. Quisiera mentir al decir que estoy en paz con esa idea. 

 

Lo cierto es que no me veo en otro oficio. Convivo con el arte, con mis creaciones, con los espacios que me he procurado para seguir en esto, con las ideas inconclusas, con la noción de que podría dar más en cada área. Me arrebata escuchar música, y en su momento estudiarla a profundidad, grabar un disco y andar de gira (dentro de las posibilidades que brindaba este país); también disfruto mucho leyendo, escribiendo, corrigiendo, conversar imaginariamente con otros autores vivos o muertos; gozo de llevar la contraria, por necedad, a literatos que parecen solo conversar con ellos mismos o sus homólogos alcahuetas. En fin, el arte sonoro y escrito es lo mío, con mis maneras, con mis mañas.    

 

2) En tu labor como editor has estado detrás de Brevelectric, Pasillo y ahora Entretierras (junto a Marian De Marcos). ¿Cómo nace la editorial?

 

M. M. J. Miguel: Es una historia menos épica de lo que se espera. Nace como la mayoría de las cosas a las que me avoco: posiblemente por insatisfacción, molestia, y un autoimpuesto deber del hacer al respecto sin importar los recursos, el capital humano, el tiempo u horas de sueño disponibles. Brevelectric me dejó un buen andamiaje sobre la movida literaria emergente en Venezuela, además de evidenciarme una problemática recurrente en lo que respecta a los espacios para la divulgación de la narrativa. Cabe destacar que Natasha Rangel fue quien me abrió las puertas a participar en el proyecto, y puedo decir con total seguridad que hacer equipo con Andrea Leal y Verónica Flórez fue una escuela sobre cómo sacar el cuento de la página. En cuanto a Pasillo, la revista surge por una necesidad expresiva impulsada por el inexistente interés de las instituciones universitarias, sobre todo en Letras, de editar revistas literarias; sin desmeritar a la academia, que aparentemente nunca hace nada mal, en estos recovecos hay una constante castración de la escritura y de la crítica divergente, cosa contradictoria, pues una crítica complaciente siendo propaganda. Quienes integrábamos el comité editorial (alrededor de nueve personas) nos asimos a la idea de que la revista era un taller, y ¡vaya taller! Hasta el día de hoy no conozco alguna otra revista universitaria venezolana contemporánea que le haya puesto más empeño a la edición de sus artículos, de sus ensayos, de sus cuentos y demás asuntos, con errores incluidos; fue nuestro orgullo durante esos cuatro números que existió. Lo destacable es que fue una iniciativa de estudiantes, que a pesar de tener un parcial mañana o mendigar para el pasaje, se daban con todo a quemarse las pestañas, sin remuneración económica y nada más que la voluntad de hacer literatura. A mí que no me venga algún crítico literario residenciado en el exterior a decir que en Venezuela no se trabaja para preservar el arte de la palabra que tanto dicen amar.

 

Ahora, fundar Entretierras Editorial parece natural si se toma en cuenta lo anterior; y también Letras te da nociones sobre el mundo del libro. Con estas herramientas a la mano, algo de seso, y la ayuda de Marian De Marcos, quien trabajó conmigo en Pasillo, puse en marcha el proyecto de armar una casa creativa para la literatura imaginativa en Venezuela: fantasía, fantástico, ciencia ficción e híbridos de lo extraño. No me interesa la hegemonía del realismo; me llaman, eso sí, la capacidad de recrear, conversar y narrar otros mundos; soy acérrimo defensor de las alteridades, e incluso mi trabajo como escritor circunda una poética de la otredad, del velo discurrido. Bajo esta premisa, y como reto personal —mi excusa para eludir la tesis de pregrado— convoqué a doce autores venezolanos y emergentes, para editar una antología de cuentos que abarcasen la literatura fantástica en su amplio espectro. Al principio no me lo tomaba muy en serio; era un experimento autogestionado, pero fue escalando hasta que tomé la decisión de consolidar Entretierras Editorial como lo que estaba destinada a ser: la única editorial venezolana dedicada a la literatura imaginativa. Aquí queremos darle voz a todo entusiasta de faërie; esa es la misión. (Nota: cuando hablo de consolidar me refiero a registrar la empresa, pagarle a los autores, hacer contratos, gestionar cada eslabón del proceso de edición, intercambiar constantemente el empuje del artista con el aura del vil mercantilista; es decir, un «emprendimiento» con libros).

 

3) Madrigueras reúne una docena de cuentistas jóvenes de Venezuela. Sabemos lo complicado que es editar en nuestro país. ¿Qué nos puedes contar sobre los desafíos actuales en el mundo editorial venezolano?

 

M. M. J. Miguel: El primer desafío es admitir que la narrativa venezolana tiene más tela que sus propias tragedias. No vale contar a Venezuela si se hace desde la pornomiseria disfrazada de literatura. Eso es urdir un encantamiento de embaucadores. A quien le quede el saco. Como dice una buena colega, tenemos un problemón de diversificación lectora, y esto trae como consecuencia que las discusiones giren más o menos sobre lo mismo. Las razones son bien conocidas. La cuestión con esto es que los narradores, los escritores venezolanos, y los que interesan para un proyecto así, están algo dispersos, escondidos o no existen de plano. Reunir un grupo de autores diligentes y con criterio para formar parte de la primera antología de una editorial, y de paso de corte imaginativo, fue retador. De nuevo tengo que darle las gracias a Brevelectric y a Pasillo porque a muchos pude leerlos en esos proyectos independientes. 

 

El segundo problema es un corolario de lo anterior. Las pocas editoriales que sobreviven acá lo hacen como pueden, eso dicen, dentro de su extraño hermetismo, y con la difícil tarea de hacer circular sus libros a nuevos lectores. De vez en cuando hay ferias, pequeñas presentaciones, y aún así el panorama editorial venezolano se siente como un gran fantasma, uno pesado que deriva adonde sople el viento. Sin embargo, y parece que hay que recordarlo como si no fuese una obviedad, hay gente escribiendo, creando, dando rienda suelta a lo que quiere decir. Hay que buscarlos, darse a la tarea de escucharlos y leerlos. Muchos de los que estamos peleando por el arte desde acá nos conocimos en La Semana de la Narrativa 2019, auspiciada por Revista Ojo y Ficción Breve, por ejemplo. Mientras más le doy vuelta, concluyo que ese evento fue el punto de inflexión para que los narradores emergentes y contemporáneos nos viéramos las caras y empezáramos a actuar desde nuestras propias trincheras. El brazo fuerte de Brevelectric, Pasillo y Gato Negro surgió de esa iniciativa. No debería pasarse por alto si alguien decidiera registrar la historia de la narrativa sin sello. 

 

Otra cosa es que tampoco se reedita mucho, ni lo nuevo ni lo viejo. Estamos atrapados en el abismo de la segunda mano, en cambalaches y donaciones de bibliotecas enteras. No me gusta pensar que leer es un lujo; al contrario, leer es una vía de libertad que el mundo contemporáneo parece cercenarnos en la creciente ola de los autoritarismos análogos y digitales.

 

Por último, los costos de producción literaria son suficientes para tumbar las aspiraciones de cualquiera. Si bien la edición digital facilita la distribución, en carne propia hemos notado que el lector nacional sigue sin adaptarse a este formato; cosa que es irónica porque también somos un sector experto en piratear, con toda la razón del mundo, pues somos un país aislado y hay que bandearse alternativas. Nosotros como editorial hemos puesto a disposición la venta de Madrigueras en formato digital fuera de Amazon KDP para los lectores de Venezuela, y lo que podría ser ventana no ha dado resultado. Claro está, estamos empezando, así que suponemos que al crecer el catálogo, la opción sea más atractiva. 

 

(Valga la cuña. Pueden adquirir Madrigueras por acá)

 

El mayor reto es intentar sortear todo al mismo tiempo, en todo momento y lugar, y no volverse loco. Hacer libros no es fácil. Es un arte. Y todo arte requiere paciencia.

 

Disponible en https://www.entretierraseditorial.com/nuestros-libros


4) Como escritor de fantasía o literatura imaginativa, ¿cuáles son los escritores/as en ese continente que consideras fundamentales en tu formación literaria?

 

M. M. J. Miguel: Es ineludible hablar de J. R. R. Tolkien. No solo por lo que El hobbit y El señor de los Anillos significa para la consolidación moderna de la Fantasía, sino por el trabajo poético y crítico que hay detrás de toda su obra. El pensamiento del Tolkien se embarca en las aristas de algo que yo considero divino, hierático; es el entendimiento de la literatura como pilar fundamental del quehacer imaginativo, donde la palabra, sus fuentes, y cada uso, puede moldear y vestir hasta la más nimia anécdota en una épica de proporciones vastas y mitológicas. El profesor es el recordatorio de que toda literatura necesita de su matiz mitológico para dar cuenta de las grandes inquietudes del ser humano, desde su nacimiento hasta, precisamente, la muerte. Tal como Homero, o lo que convengamos que es Homero, nos aferra y nos insta a una observación constante de nuestros viajes y batallas, tal lo hace Tolkien en este presente tan estrecho.

 

En un plano dialógico semejante también resulta obligatorio hablar de Ursula K. Le Guin. Pienso que todo creador siempre debe reflexionar sobre su propio oficio, sobre lo que hace y hará; tener una convicción estética y plasmarla hasta la sublimación ficcional. En este caso, el pensar la literatura imaginativa desde un contexto fuera del entretenimiento es algo más que necesario; el estigma de una baja literatura vino de unos pocos, pero de unos pocos con poder. Por fortuna, Le Guin combate estas afirmaciones con novelas como Un mago de Terramar, donde las palabras son las que dan equilibrio al mundo, y confluyen con precisión en la justa medida en que la construcción ficcional la necesita. Todo lo insólito, todo lo especulativo, surge de la necesidad voraz no solo de hallar respuestas, sino de tener el valor de preguntarse, de tener dudas. Importan ambas acciones, claro, pero siempre y cuando el ejercicio creativo se manifieste desde la genuina curiosidad por entender al espejo.

 

Todo ese camino me condujo hacia Kentaro Miura, específicamente a Berserk. Este manga totaliza una poética de la imaginación. Lo que lo hace tan especial a esta obra, a su recientemente fallecido autor, es el respeto hacia los cuentos de hadas, la mirada continua hacia la profundidad de los miedos humanos, sus duelos, del horror; este respeto se resalta en la capacidad de cada panel de explorar el miedo, lo inmenso, lo abrumador, de una existencia marcada por el sufrimiento, con la particularidad de que todo el sadismo, toda esta amalgama sanguinolenta solo sería espectáculo sin ese balance luminoso que presenta el viaje heroico de Gutz. El manga nos presenta a los hombres como lo que son, impregnados de sus circunstancias, atados a sus delirios, desgraciados y dichosos por igual. No se trata de poner las cosas en términos de personajes grises, sino de personajes humanos, imperfectos, que se maravillan ante un campo de hadas, pero que lloran de rabia al verse arrancados de su amor. Berserk triunfa donde mucha Fantasía contemporánea falla al incomprender de qué van las historias, de qué materia están hecha los cuentos de antaño. Berserk triunfa, interesa y se mantiene porque penetra el (ser) héroe, en sus declives y sus victorias. Es una obra preciosa, y ojalá a mí me alcance la vida para escribir algo así.

 

5) En esa doble función escritor/editor, ¿cómo percibes el panorama literario venezolano y qué recomendaciones o deseos conjeturas sobre su devenir?

 

M. M. J. Miguel: Sería un lugar común el determinar que pasamos por un momento de cambio o tránsito. Desde que tengo memoria se repite el «ahora sí», y con esas eternas expectativas la vida se desinfla, los proyectos mueren, las personas se marchitan y el mundo cambia.

 

Desde un lado de la carretera observo los carros pasar; unos a gran velocidad, como si huyeran de sí mismos; otros, sin brújula alguna. En contadas excepciones he percibido certezas frente a nuestras crisis editoriales. Lo que hay por ahí, y es porque la apatía nos ha llevado a eso, son mercenarios de la palabra, de la crítica, del seminario, de la gestoría cultural. Es decir, pienso que quien hace vida en el ecosistema literario está muy a su bola, en su rollo y en su escritorio. No soy quien para juzgarlos porque entiendo que vivimos al ritmo del freelancer, al son del encargo, de la comisión. Entrego un prólogo hoy, mañana doy clases y el viernes por la noche tengo un club de lectura sobre xxxxxx. Así vamos. Mucho de todo, tanto que el ojo no da. Ojalá la vida nos permita estabilizarnos para que cada quien hable desde lo que sabe y no desde los zapatos que debe rellenar por falta de personal. Que los escritores vuelvan a ser escritores y dejen de ser gerentes de marquetin, que los críticos vuelvan a la tenacidad de comentar las novedades y se liberen del algoritmo o del desdén propio de posiciones acomodaticias. 

 

Genuinamente quiero que escribamos más, que se abran más espacios, que se pueda hallar la motivación necesaria para seguir creando, seguir imaginando. No sé si debamos hacer país, hacer historia o resistir; solo sé que estamos asfixiados de tanto mundo, de tanto ruido, de tanto monocromatismo y cháchara digital. Ojalá hagamos a un lado lo innecesario y nos lancemos a reformular la realidad vacua, dejar de imaginarse a sísifo feliz y mejor imaginar dragones volando bajito por el Ávila. No sé. Nos hacen falta libros, libros buenos, y también gente que quiera leernos, llorar o molestarse con lo que queremos contar. 

 

Sea como fuese, todavía quedan infinitas gestas por narrar.

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