LIBROS RECOMENDADOS (MARZO 2026)
Con el objetivo de apoyar a autores y autoras emergentes, libros que necesitan mayor difusión porque creemos en el talento nuevo, además de otros textos que requieren ser divulgados para no caer en el olvido (injusto), nos propusimos hacer una sección breve de libros recomendados.
Empezamos con Cualquier distancia es el mar. Antología poética de Arnaldo Jiménez (La
Guaira, 1963), poeta, docente y narrador venezolano con una amplia trayectoria literaria. En esta antología arbitraria, como explica su editor, el mar (el agua) es motivo para adentrarnos en las profundidades anímicas del autor, donde la familia y los recuerdos son una isla solitaria.
En Nunca es un artificio el viejo exilio de José Pulido (Villa de Cura, 1945), las vicisitudes diarias de un país en decadencia se concatenan con el exilio forzado, afilando la mirada de un poeta maduro, lúdico y reflexivo para hacer de todo a su paso un motivo que trascienda lo vivencial.
Con Hipótesis de Raúl Sanz García, escritor y poeta cuya obra habla sin biografía, autor de cinco poemarios y un diario de libre descarga, además de relatos y novelas, encontramos la transposición de los valores en un mundo mediatizado por la avaricia y el sinsentido. Sin moralina redentora, Sanz García muestra las costuras de un traje zurcido por los mercaderes ideológicos que han arropado el espectro estético (y comunicacional) como utopía global.
Por último, recomendamos Estallido de las piedras de Eva Tizzani (Coro, Venezuela, 1995), poemario corto de una poeta que no teme hablar del dolor y el desamparo. En sus poemas, Tizzani, escritora y profesora, plasma imágenes potentes que buscan asirse en una geografía única, sentida y apabullante. Su libro es una introducción lúcida a la posibilidad de sanar y encontrar vida lejos del muro mineral del sufrimiento.

Libros recomendados: Arnaldo Jiménez, Cualquier distancia es el mar. Antología poética (AlfaGuaro, septiembre de 2025)
Iniciamos con Cualquier distancia es el mar (Antología poética) de Arnaldo Jiménez (La Guaira, 1963), poeta, docente, articulista, narrador y ensayista venezolano. El mar es una pieza habitual en su obra, ya sea por haber nacido en el litoral central, residir en Puerto Cabello (ciudad y puerto marítimo de gran importancia comercial ubicado en el estado Carabobo, Venezuela) o por obsesión poemática. Pero el mismo, el mar, el agua, es una metáfora que fluye para adentramos al palimpsesto memorístico y emocional de un poeta constante; un recurso vital para introducirnos a sus vivencias más personales.
Jiménez es un escritor reconocido con una prolífica obra literaria entre poemarios, narrativa y ensayos. Su fuerte, si podemos elegir uno solo, es la fina observación de lo cotidiano; de lo que, con suma paciencia, plasma sobre lo que se intenta fugar: una nube, el olor del café o la ola de la memoria que se estrella en su malecón íntimo y reflexivo. Esa misma habilidad bifurca una profunda empatía por hacer nuestro lo que él ha visto, sentido, imaginado o soñado:
El cielo se va a caer
decía mi abuela
y tapábamos los espejos
poníamos los peroles
su sombra
aparecía
y desaparecía del suelo
el cigarrillo dentro de la boca
esos relámpagos encerrados
como la casa en nosotros
La casa, la abuela y madre, lo biográfico, en esencia nostálgico, toman un cuerpo, que envejece, en la memoria para ser luz y sombra de un poema:
El hueco de la muerte
no es de tierra
tampoco de luz prometida
abierto de par en par
su fecundidad
la abonamos
con nuestras vidas
Lo trágico, lo perdido se arrincona en ese paisaje esencial, con las personas, animales, deidad y vegetación, evocado de los elementos vivenciales para crear un artificio trascendental que nos devuelva la vida en todos sus matices (o, al menos, grabar lo fenecido en una marejada dulce y amable):
al final del muelle
queda la humedad
del regreso
en las huellas
y el mar inclinándose
para completar
los tramos rotos
del sueño
Lo efímero es una posibilidad para trazar un mapa somático, anímico y psíquico que, como la espuma que arrastra la ola, nos permita concatenar entidades inmutables y, de lograrse un resultado satisfactorio, transformarlo en una liturgia que nos ayude en las menudencias cotidianas:
El cuerpo ondulaba al capricho de dios
las palabras no tocaban
la distancia entre la vida y la muerte
un día más
y el suelo volvió a sentir
el lento arrastrar
de sus quehaceres
En una entrevista realiza por Manuel Tiberio Bermúdez (Letralia, publicada el 2 de mayo de 2025), Arnaldo Jiménez responde su manera de escritura poética:
Bueno, lo mejor de escribir poemas, para mí, es el detenimiento del tiempo mientras uno escribe, o su paso no percibido. Tratar de buscar, como decía Eugene Guillevic, “el poema perfecto, sabiendo que no se va a conseguir”, pero tratar de tener ese camino; además, uno tiene la sensación o la ilusión de creer que, al crear un poema, se está viviendo dos veces el núcleo de ese poema de donde nació.
Y, más adelante en la entrevista, nos acerca a su percepción de la poesía:
Para mí la poesía es el sinónimo más parecido a la vida. Es una forma de
conocer. Es una manera de indagar en lo real el misterio. Porque la
vida, así tú la estés viendo, la vida tiene sus misterios. No es
necesario morir para creer que uno pueda pasar a otro misterio donde
quizás no exista nada, pero en esta vida el misterio es aquello a lo
cual no podemos llegar a través de la razón y lo único que se acerca es
la poesía, la única que se acerca, que araña eso que está allí
intangible, misterioso, y que permite que la vida siga reproduciéndose.
Para mí es eso, es una manera de conocer, una manera de expresarse, una
forma de confesarse, una manera de estar con uno mismo.
La familia nos resulta la centralidad de la antología: una que, constituida principalmente por mujeres (abuela y madre, principalmente), esboza una coordenada matrilineal donde el padre, oculto, es una sombra que no deja de merodear sus predios afectivos:
Ella esperó
con eso partido
en su mirada
hasta que apareció
una distancia
y mi padre quedó oscuro
muy oscuro
en la humareda
de otro puerto
El puerto también es una figura esencial en la antología que brevemente reseñamos: funge como destinatario de la memoria (y agente reflexivo) que ve llegar y partir recuerdos a su propio ritmo (familiares, históricos) o por el capricho marítimo del pensamiento:
somos corotos en espera
de nuevas casas
la voz de lo que viene
se resbala sobre
nuestros cuerpos
nos guardamos casi
descascarados
usados por los puertos
llenos de sus ruidos
y de sus permanencias
Disponible en https://alfaguaroebook.blogspot.com/
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Libros recomendados: José Pulido, Nunca es un artificio el viejo exilio (Ediciones Pavilo, 2020).
Seguimos con Nunca es un artificio el viejo exilio de José Pulido (Villa de Cura, Aragua, Venezuela, 1945). Pulido es un poeta, narrador y periodista celebrado en el panorama literario venezolano. Ha escrito más de una docena de libros entre novelas, poemarios, entrevistas, narrativa breve y biografías. Su oficio poético, narrativo, periodístico y, esencialmente, lector se plasman en el poemario que nos concierne: en la obra, la historia de la Venezuela contemporánea, implícita e intuitiva en los elementos biográficos, se entreteje en la mirada de un flâneur acucioso, detallista, maduro y lúdico; estamos ante el testimonio un hombre con oficio que vive y rememora mientras prepara sus macundales hacia la senectud:
...ella sobrelleva su belleza como si fuera una triste verdad
al verme comentó que podíamos solicitar la jubilación del seguro
social
hoy me informaron que ya somos de la tercera edad, deslizó con
dulzura de tórtola...
En otro poema refleja el paso del tiempo y la pérdida de la juventud:
...tenemos que aceptar la edad cariño mío me decía mi esposa
y yo todavía sigo respondiendo
¿cuál edad? Porque igual que todos los ancianos debutantes
siento que mi cuerpo foráneo inverosímil
nada tiene que ver con el muchacho que mira desde adentro
Si bien Nunca es un artificio el viejo exilio es una crónica del exilio, forzado, doloroso hacia Italia, esa anécdota vivencial es un carromato que se traspone hacia lo memorístico: en esos paisajes profundos traza imágenes como un patio, el juego de los niños, una madre gritando, un establecimiento de comida, una esposa amoroso cocinando, el merodear de un gato, un chico fumando, los edificios de la ciudad, El Ávila, etc., la rayuela cotidiana y subjetiva de sus reflexiones, emociones y sentidos:
Sobrevivir un lunes es siempre muy costoso
la tarde supuraba hedor de pollos crudos
la noche estaba esperando su turno
en el fondo irredento de los supermercados
todos los pasamanos se veían desgastados
como las ranuras de los cajeros electrónicos
y los rostros amargos surcados de salarios
el enorme bloque de concreto y penas
tiene que poseer una restinga
de aislado amor...
Por otro lado, la crisis sociopolítica venezolana llevó al poeta, al igual que a millones de compatriotas, hacia otras latitudes, cercanas, lejanas, a veces imposibles en el imaginario de un gentilicio preparado históricamente para recibir inmigrantes. Es harto conocido que la estabilidad económica, producto de la bonanza petrolera en el "Siglo de la Paz" (Manuel Caballero dixit) de ese país caribeño, es decir, en el siglo XX, permitió la llegada de desplazados por territorios en conflictos (Europa en guerra, las dictaduras en el Cono Sur, la inestabilidad social colombiana, etc) para vislumbrar los andamios del sueño americano: trabajo y prosperidad. El vuelco de ese idilio comienza con la profundización de un modelo autoritario, corrupto y, como no, asediado por diversos intereses endémicos a sus élites como a otras foráneas. Un grueso importante de su población, en el corazón de esos vericuetos, tomó planes de huida para salvaguardar su integridad y aspirar con mejores posibilidades materiales en tierras más amables. Sin embargo, la mayoría sobrevive dentro de un país que se desmorona a un ritmo trepidante:
Fuimos perdiendo la cuenta de los amigos que morían
por falta de comida o medicinas
y porque sobraban criminales matando por tomates
Pulido amalgama progresivamente ese padecer multitudinario en pequeños detalles que son vitales para su quehacer diario:
...Toma una juventud, toma una juventud, devuélveme una vejez
Y se repite el coro como es de suponer
la jubilación nuestra fue como pedir limosna y obtenerla...
El cobro de su jubilación; la condescendencia y violencia de estar en el Metro; la juventud perdida en una ciudad agonizante y despiadada que parece desconocer a sus habitantes; la burocracia carcomiendo la existencia y nublando toda noción de desarrollo personal y colectivo; los tentáculos estatales orquestando los modos de vida y de muerte, así como la violencia urbana, entre otros asuntos, son parte del inventario de su denuncia social:
...Jóvenes que trabajaban y estudiaban
y otros que aparentemente no hacían nada
avasallados por toda la amargura municipal y de aquí mismo
muchos de ellos salieron a protestar y más de un centenar cayó
abatido
por los militares y grupos asesinos que el gobierno tiene para eso
la infamia aturde cualquier inmanencia de poder divino...
Lejos de casa, de sus lugares, Génova, ciudad italiana donde vive, también se integra a su imaginario:
En Génova encontramos un mar tan antiguo como la humanidad
Y edificaciones con tanta historia que sentíamos muy cerca a Marco
Polo, a Nietzsche, a Byron...
Génova, apunta Curt Paul Janz en su extensa biografía sobre Nietzsche, es una de esas ciudades en las que el filólogo y filósofo alemán tomó como cuartel contra el duro invierno en 1881, y en la que humanamente puede tolerar su achacosa vida, debido a sus constantes problemas económicos y de salud, por su cercanía al mar (p. 69).
Lo interesante es que, en otro poema, tras lo denunciado con anterioridad como un desahogo hábilmente estructurado en lo encarnado, Pulido nos ofrece su apreciación de la poesía (¿Ars poética?):
...La poesía no es un estertor
no es un grito pidiendo ayuda
no es un gemido adocenado
la poesía no es un lamento
la poesía no surge de alguien en particular
porque nació a la par de la luz de la existencia...
Para finalizar, en una entrevista concedida a El Tiempo ( publicada el 8 de enero de 2024), José Pulido expresa, en pocas líneas, lo que significa la poesía para él (y, más importante aún, lo que no es):
La poesía no es un refugio. Es un modo de asumir la vida abriendo caminos con el lenguaje, cabalgando un caballo hambriento de respeto y paz...
Bibliografía:
Caballero, Manuel. Las crisis de la Venezuela contemporánea 1903-1992. Caracas: Monte Ávila Editores, 1998.
Curt Paul Janz. Friedrich Nietzsche. Los diez años del filósofo errante (1879-1888). Volumen III. Madrid: Alianza Editorial, 1985.
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Libros recomendados: Raúl Sanz García, Hipótesis (Editorial Magaux, 2023).
Hipótesis, leemos en la RAE, es una suposición de algo posible o imposible para sacar de ello una consecuencia. Al leer el poemario de Raúl Sanz García, más que sacar algún provecho aleccionador, produce un recogimiento de la mirada para buscar nuevos territorios interiores; los que se han perdido por las buenas nuevas de la publicidad, la metafísica y la pequeña dosis de locura colectiva diaria (¿la semiótica del mundo de hoy?). O, si el paisaje queda inmutable, con sus señales en un cielo ilegible, toca encontrar otros atajos en las sendas que hemos transitado para fundar (con la palabra, ese refugio predilecto de la especie) algo reconocible y perdurable.
El camino es duro:
Observo en silencio a esos que se afanan
entre los restos del festín.
Llegan postreramente como aves del purgatorio
y separan científicamente el plástico
de la carne, el veneno del alimento...
El hastío es parte ineludible de lo sido y percibido. A veces toca silenciar lo que espanta, lo repetido en la maquinaria intransigente comunicacional. La lección, incesante, vidriosa, suena cansina. Nada nuevo crece. Tampoco nada perece (y este es el gran lamento). ¿Habrá nuevas melodías?
Cualquier renacimiento solo sirve, finalmente,
para apagar los rescoldos de aquello
que se quiere revivir...
La poesía, la palabra, en tiempos convulsionados por la píldora del marketing, es el producto más requerido en el déficit del negocio. Sanz García nos recuerda que, como ese famoso poema de Rafael Cadenas, la derrota es la piedra que sostiene el hombre contemporáneo:
No busque una épica distinta, incluso esta
que le proponemos es ya vieja,
y quizás la última y el único modo posible
de expirar...
El pacto (¿contrato social?) entre los desilusionados, los perdidos y los vivarachos que creen gobernar a las masas con los mismos trucos de siempre, será, en lo posible, volver a la duda. Nietzsche, en su Ecce Homo, dice que la locura es la certeza (p. 50-51). A lo mejor la confianza excesiva en las evidencias, en la verdad, han hecho que la chaladura ideológica sea la moneda de uso cotidiano: estamos tan ensimismados, ansiosos, deprimidos por las oscuras certezas de los comerciantes del mundo que, la liturgia del presente, escroleado hasta el hartazgo, nos da un informe detallado del desvarío (sin su belleza, ni capacidad genuina de asombro, ni aliciente). Entonces, ¿qué queda?
Qué será de nosotros cuando ya nadie se arrodille
y caiga como hoja de hierro todo el espanto
del paraíso...
Hipótesis esboza la geografía de una gran enfermedad: la que nos ha alcanzado de manera irremediable; la que se coló por la ventana y permitimos que se instaure en nuestra mesa, divague en las moribundas habitaciones, se regodee con nuestros enseres y haga suya nuestra casa:
Si cruzáis esta puerta,
abandonad toda esperanza.
Al otro lado está el asfalto
roto por la arena y la maleza...
No hay fórmula. Volvemos al inicio: la hipótesis supondría roer el error. El mismo. Invariable. Constante en su abismo humano colectivo, haciendo pasar, por puro acto lúdico y narcisista, la verdad por mentira, la salud por enfermedad, lo irracional como la nueva sagacidad popular disfrazada de potencia liberadora. Y, de nuevo, sigo con la terca pregunta: ¿qué queda?
El primero que abrió los ojos
lo hizo en un sueño
y los cierra en la vigilia...
Disponible en https://magaux.es/poesia/
Bibliografía:
Nietzsche, F. Ecce Homo: Cómo se llega a ser lo que se es. Madrid: Alianza Editorial, 1998.
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Libros recomendados: Eva Tizzani, Estallido de las piedras (Ediciones Palíndromus, 2020).
Lo primero que encuentras al abrir el poemario de Eva Tizzani (Coro, Venezuela, 1995), escritora, profesora de inglés y francés, es un epígrafe de Alfredo Silva Estrada (1933-2009):
»Juntos pisamos piedras de regreso«
No es fortuito que esa roca fundacional, haciendo de Pedro, sea la de ese insigne poeta venezolano. Se nota en Tizzani, poeta joven, una mezcla entre lo académico y la experimentación: son evidentes sus facultades para llevar la lengua a otras fronteras, hacer un puente con el francés e inglés dado su bagaje en esos idiomas, así como sus conocimientos de la tradición literaria venezolana (y foránea), cultivando una inventiva que nos ofrece imágenes deslumbrantes:
LAMO LA PIEDRA
para saberme río...
El trópico y su geografía (al menos la que intuimos en su natal Coro, llanura árida, de luz incandescente, sitiada por los Médanos, la serranía y, próxima, la costa) penetra en una doble corporeidad: la que nos guía la poeta a sus cuevas y secretos, y la que se muestra, con su exuberancia e independencia, en el aullido subrepticio de los poemas:
El futuro ha dejado de existir,
somos costra en la pared,
ciudad gangrenada...
Tizzani pinta la queja de una generación hacia un país que invalidó tantas manifestaciones y derechos para aislarse en su propio martirio insular. No obstante, más allá de hacerlo con una amargura tácita, se cuece, lento, un optimismo que pueda sacarnos del sopor cotidiano:
Mañana tal vez el día empiece de nuevo
Por otro lado, los títulos a los poemas nos muestran ese gran cuerpo emocional vertebrado en las palabras. Algunos de ellos son:
- Oí la negrura de mis huesos...
- Me hundo en palabras que flotan...
- Semivida...
- Todo fue un sueño...
El dolor, la melancolía, el desamparo han mudado sus propiedades inmateriales a ese mapa mineral, severo, que busca redención en la escucha atenta del que disponga sus sentidos a experiencias tan íntimas:
Qué hago con el vacío de este fuego.
Cuántos golpes en la palabra domingo...
La brevedad del poemario es proporcional a la capacidad expansiva para hacer resonar algo profundo, inestable: un hueso de emociones dislocado que merece la atención debida y, si nos permite la vida, disfrutar de un domingo apacible atisbando un día mejor, que se deslice hacia otro día más en el reposo de las palabras acordes.
Disponible en https://poetasvenezolanas.com/libros-para-descargar/




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