CAPSULARIO #18

by - abril 07, 2026

 

Imagen Archivo


Jacqueline Clarac de Briceño (1932-2023) fue una investigadora, docente y antropóloga venezolana de origen francés. En su ponencia La violencia venezolana dentro de la violencia mundial: ¿Tenemos perspectiva de solución?, explicó, a partir del término homo sapiens demens de Edgar Morin, un bosquejo evolutivo de la violencia. El ser humano como lo conocemos es producto de una compleja guerra para sobrevivir y perpetuarse como especie. A partir de ese proceso evolutivo, social e histórico tan complejo, el Homo sapiens desarrolla un cultivo génico-fisiológico para la lucha, primitiva, luego más sofisticada, siendo primario el medioambiente en el que se desenvuelve para luego propiciar su zócalo cultural. Así, la agresividad en la especie, esa locura, o parte de ella, se estructura en la composición cerebral: el conocido cerebro triuno (reptil, límbico y neocórtex), donde los dos primeros, el reptiliano y el límbico responden a etapas primitivas (instintos, emociones, supervivencia) y el último, el encefálico, siendo la etapa evolutiva más reciente de los llamados mamíferos superiores, entre esos, en la cúspide, el ser humano, permite la capacidad de adaptación, abstracción y racionalidad suficiente para mantenernos con vida. Ese último estadio del cerebro, para Clarac de Briceño«... es la base de nuestra imaginación creadora, se puede proyectar a futuro, por ejemplo, para prevenir situaciones negativas y conflictivas, y buscarles soluciones, planificando con base en la imaginación creadora.» (2024, p. 190-191)


*
Una vindicación al Homo sapiens demens en nuestro tiempo (¿no lo ha sido siempre?) tan sacudido por la violencia, nos permite aclarar la manera de gestionar las crisis en la especie. Con esto dicho, volvemos a Clarac de Briceño con su interpretación teórica de Morin: «La máquina social hipercompleja funciona 'normalmente' en el límite de la crisis, es decir que puede funcionar con desorden y al límite del desorden, y las soluciones a la crisis pueden funcionar sea en forma imaginaria (mitológicamente o mágicamente, por ejemplo, para autotranquilizarnos), sea en forma práctica y creativa, por lo que puede ser fuente de progreso... o de regresión, cuando la creatividad ha sido negativa.» (Ibíd., p. 191).



*
Lejos de hacerla un rasgo clínico que totaliza lo enfermizo, según la autora mencionala neurosis del homo sapiens es parte constitutiva de la especie. Dicha investigadora nos aclara que las dos formas de solucionar las crisis e incertidumbres han sido básicamente con los ritos de la comunicación social y los ritos patológicos en el individuo, los cuales se pueden extender a la comunidad (Ibíd., p. 192). Ambas derivan de manera ineludible hacia la respuesta mítica (traducida en la oralidad, en los relatos o, como no, en la búsqueda de soluciones mágico-religiosas y científicas) para establecer un orden que integra lo exterior-interior del individuo y la especie.



*
Es importante definir la cultura para tener una noción que haga de paraguas a lo antes dicho. Dicho término sirve para englobar las complejidades en el orden psíquico-ecológico-socio-histórico de los individuos y grupos. Entonces, la cultura sería ese fenómeno «... variable y distributivo, más que homogéneo y unitario» (Wolf, 1997, p. 54): interactiva, compleja, siendo la amalgama y, a la vez, producto heterogéneo de lo antes mencionado.



*
Ahora, ¿qué hacemos con el demens? El ser humano, nos dice Clarac, recicla lo mejor de sus integrantes y desecha lo negativo (Ibid., p. 195). Pero, pregunto: ¿es realmente así? ¿No hemos hecho del desastre, la locura, la guerra y lo insensato miembros vitalicios de la especie? Por más que se insista en la racionalidad y la pedagogía sobre los instintos perniciosos del hombre, éstos, en constante evolución, se integran al friso cultural por medios de determinadas prácticas sociohistóricas, sin olvidar la fundación de la transmisión génica. Es decir, la catapulta y la guillotina, por mencionar dos ejemplos de aniquilamiento, funcionaron en ciertos lugares con sus contextos históricos; el arma nuclear y el dron, entre otros, parecen vislumbrar formas de destrucción más sofisticadas en la contemporaneidad. No obstante, si algo podemos decir que queda, invariable, ahistórico, es el gen del relato apocalíptico: el fin del fin mítico, una y otra vez narrado en momentos convulsos.



*
La violencia dio ese salto de la raíz reptiliana para integrarse al árbol de la racionalidad de los programas televisivos y la mass media en general: para niños, adolescentes y adultos; en series, películas, diarios, videojuegos, etc. Su poder simbólico y maquinaria engrasada por el capital global, principalmente acumulado y hecho religión por los Estados Unidos, Israel y algunas naciones europeas, logran que, siguiendo lo propuesto por Clarac de Briceño, sea la peor de todas: la creencia que hace de las armas, el asesinato, los ataques como «...algo natural e incluso heroico y aplaudible.» (p. 199).



Bibliografía

Clarac de Briceño, J. La violencia venezolana dentro de la violencia mundial: ¿Tenemos perspectiva de solución? In-Sur-Gentes, no. 8 (enero-diciembre 2024), pp. 187-201.

Wolf, E. (1997) Perspectivas globales de la antropología: problemas y prospectivas. En Arizpa, Lourdes (ed.), "Las dimensiones culturales del cambio global: una perspectiva antropológica", pp. 43-64, Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias, UNAM. 

You May Also Like

0 comentarios