LIBROS RECOMENDADOS (ABRIL 2026)

by - abril 27, 2026

Claudio Bertoni

Edición de El cansador intrabajable, cortesía de Memoria Chilena.



Libros recomendados: Claudio Bertoni Lemus, El cansador intrabajable (II), (Chile: Ediciones del Ornitorrinco, 1986).


Leer a un poeta foráneo, aún cuando sea en nuestra propia lengua compartida (obviando los idiolectos, modismos y esos guiños culturales auxiliares a una mejor comprensión/interpretación), siempre es un reto. Una complicación menor, si no exageramos. Con Claudio Bertoni Lemus, poeta, músico y fotógrafo chileno, lo hilarante, la nostalgia, el dolor, la vergüenza, lo lúdico (en forma y fondo), la sexualidad, entre otros asuntos, están en la carta.  

 

El cansador intrabajable (II), poemario publicado en 1986, comienza con un díptico familiar dedicado al padre y a la madre. En el poema Mi padre y yo, un viaje en carro es motivo para describir los pormenores circundantes y afectivos desde la mirada del poeta en su juventud:

 

Nos mirábamos a la pasada sin darnos cuenta
         cuando nuestras miradas se tocaban
         en los cerros
                                en el cielo
                                                    en un potrero...


Las circunstancias de esa travesía reflejan un afuera marcado por esa división sexual del trabajo en una familia común clase media, donde la figura del padre "es de la calle" (y la madre "de la casa", como leeremos a continuación), como se remarcaba popularmente, de forma sexista, esa brecha entre géneros. Ese escenario antes mencionado es explícito en Mi madre y yo, poema que establece un retrato de la vida cotidiana del escritor chileno con ella:


Llevamos una vida
perfectamente triste
y tranquila


Yo voy de compras
ella cocina
y yo lavo las ollas...


El contexto es importante: hablamos de la década de los 70 y 80 del siglo XX. Bertoni, de forma emotiva, melancólica, sin juicios, expresa un tiempo pasado de su infancia y/o adolescencia que extraña por su sencillez y despreocupación. También, es importante añadir de forma concisa una reflexión de Lou Andreas-Salomé, escritora y psicoanalista rusa, en su texto El ser humano como mujer, sobre su visión de lo femenino que concatena con lo antes expuesto:

 

En la mujer parece como si todo desembocara en su propia vida interior, no hacia el exterior: dentro de su interior como en el ámbito de su propio círculo, como si no pudiera salir de ella sin herida o dolor como la sangre de la piel (p. 21).


Siguiendo, en Watergate, el poeta describe una serie de rutinas cotidianas previas a la rueda de prensa del entonces presidente estadounidense Richard Nixon, el cual fue vinculado con una red de espionaje contra el Partido Demócrata, y por el que dimitió a la jefatura del gobierno, siendo hasta ahora el primer mandatario de ese país en hacerlo. En las divagaciones ansiosas de ese poema leemos:


¿Haré algún día en poesía
lo que hace Big Bill
en Blues?


A lo largo del poemario es constante el juego con las formas en muchos poemas descriptivos sobre eventos regulares con algunos toques fantásticos: el asedio de tres tazas de greda, un baño en la tina, el descenso del telón de la niebla londinense, etc. También, al ser Bertoni músico, despliega su conocimiento melómano en muchos de sus poemas sobre el Jazz, Rock, Blues y hasta el Pop, o retratando a interpretes, músicos y grupos de esos géneros, no sin añadir sus tintes de irreverencia y jugarretas personales o referencias a otros autores (por ejemplo, en el poema Los Rolling Stones menciona a Nicanor Parra, Ezra Pound y a Peter Schjeldahl, crítico de arte de nacionalidad estadounidense).


Por otra parte, el amor y lo erótico, ya sea de su novia, en el ejercicio memorístico de sus ex amantes o en el enamoramiento fortuito en el Underground de Londres, son otros temas distinguidos en la obra. En Flaquita, leemos:

 

eres 

la estufa

más poderosa 

de la tierra

                        estás

                         en Barcelona

                                                    [...]

                                                              y 

                                                               todavía 

                                                               me calientas


Claudio Bertoni es un prolífico escritor que se desgañita (¿habrá un equivalente en español chileno?) en sus obsesiones y en el que, al adentrarnos en su obra, por lo menos en la reseñada, los lectores salen con ganas de más o dimiten a continuar esa senda donde lo reiterativo, el diario familiar, amoroso, sexual, los cantantes, escritores, música y, por supuesto, la escritura, entre otros asuntos, guían la educación sentimental de un escritor que desea, en esa meta elevada de un escritor zen sureño, no tener dolor, tal como aseguró en una entrevista (The Clinic, 8 de febrero, 2022):


Y lo único que busco, el único norte que tengo hace unos años, se vincula con algo que dice Aristóteles: el hombre no busca el placer sino la ausencia del dolor. Eso es absolutamente lo que yo-hago y he-hecho-toda-mi-vida. Y me aseguraré de tener montones de morfina si hay que aliviar algún dolor. 

 

Bibliografía

Lou Andreas-Salomé. "El ser humano como mujer" en El erotismo. España: José J. de Olañeta Editor, 1983.

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Harry Almela
Edición de Los daños colaterales, cortesía de La Poeteca.

 

Libros recomendados: Harry Almela, Lo daños colaterales (Caracas: La Poeteca, 2019). 


Harry Almela (Caracas, 1953- Carabobo, 2017) fue un poeta, narrador, educador, ensayista, investigador, editor y promotor cultural venezolano. Su trayectoria literaria es profusa en la poesía (con más de una docena de poemarios publicados), destacándose en el panorama literario contemporáneo de Venezuela en dicho género, además de una notable incursión escritural en la narrativa, crítica y el ensayo. 


Los daños colaterales, publicación póstuma gracias a la notable labor de la Fundación La Poeteca, nos plantea un desafío particular: salir airoso contra la desesperanza de la pérdida, la derrota, en ese saberse extranjero en sus propias tierras; en la rebeldía contra todo mandato forzado que cae, con el martillo de la soberbia, por fuerzas humanas en una tierra edénica y, paradójicamente, yerta. Eso fue lo que, según mi aproximación, plantea, a grandes rasgos, Almela en el poemario que recomendamos:

 

y este refugio
encaramado
en el centro de ninguna parte
se derrumba


con nosotros...


La destrucción es cónsona a las vivencias de los últimos años en el país. La experiencia propia, vivida, leída y comentada, con sus matices esenciales, se contrasta con la de nuestros semejantes para crear memoria (y/o despertarla):

 

hay cosas de las que se puede hablar
sólo al volver de ellas...

 

Una breve y sentida semblanza del poeta, realizada por Edda Armas (El Cautivo, 28 de abril de 2018), nos vendría bien para crearnos una imagen próxima a él:


Batalla consigo mismo pero también con los otros. Harry no era hombre de dudar en hurgar, aclarar, zanjar incisivo y clavar el colmillo en el tobillo si convencido estaba de tener que hacerlo en busca de una verdad, aunque le valiera enemistades. Tú, “mejor de amigo que de enemigo”, le decía siempre yo. Más amigo (cómplice) que enemigo resultó ser, a pesar de nuestras diferencias y algunos pocos líos con los que lidiamos a lo largo de la vida.


También, nos resulta interesante el panorama que bosquejó Almela (entrevista realizada por Mariana Centeno, 14 de septiembre de 2012) de la Venezuela contemporánea:

 

Ha habido una mutación del paisaje, lo han cambiado todo, y lo poco que ha quedado se ha ido derrumbado. Nos cambiaron la hora, el escudo, la bandera, las calles, los edificios, las carreteras, el paisaje natural, y todo lo demás se está destrozando [...] Al desaparecer los paisajes, al transformarse, hay una ruptura entre los seres y su entorno. Hay un hueco terrible que sólo una modulación de lamento, de queja, de rezo, de oración, puede intentar resolver.

 

Volviendo al poemario, la influencia bíblica se plasma en las imágenes, metáforas de ese trabajo que permaneció inédito hasta su fallecimiento:


...se oye el shofar
y las trompetas del juicio...


Poetas como Ajmátova, Tsvetaieva y Mandelstam (gracias a la referencia de Edda Armas), los cuales vivieron el ostracismo, la pobreza y, como en el caso de Mandelstam, la muerte por la maquinaria burocrática soviética, también son parte que integran el imaginario recorrido en Los daños colaterales


No obstante, no hay un enemigo particular en la obra; ni el Estado, ni el letargo de sus ciudadanos, ni mucho menos está calibrado por la resina de la mansedumbre ideológica de sus figuras heroicas, distorsionadas por la propaganda partidista y el resquemor de la nostalgia. 

 

Es que, lejos de plantear una postura moral o un recetario subversivo, los poemas de Los daños colaterales ahondan en el Yo frente ese desierto de respuestas humanas; el poeta, y el lector, cómplice, se ven solos ante un mar indomable, sin islas que puedan guarecerlos, y, sin duda, contemplando el parto de un naufragio inminente:


...sumisos
entre quien abandona
y quien maltrata


no hay boyas sobre la espuma...


Su ética, en todo caso, sería la del observador: incansable, metódico, la de un solitario deambulando ante la bruma sin horizonte promisorio, sugiriendo un refugio en nuestra única y consoladora esperanza ante la muerte: la palabra.


fundamos nuestro infortunio


fieles a esa heredad
permanecemos en el maquillaje
que nos oculta


y ningún secano está a salvo
de nosotros


La lengua común será el desamparo. Resistir es el único mandato en esos códigos de un silabario que manejamos (¿o nos maneja?) a tientas, deambulando en las coordenadas de ese temporal que mueve, imparable y caprichoso, la escora de nuestra embarcación: 


el océano no borra
nuestro abismo


Harry Almela, con su mirada de marinero aventajado pergeñando otro horizonte, debe ser leído y releído, no solo por los jóvenes en formación sino por cualquier persona en general; difundir su obra, arropar hasta dónde se pueda con su palabra el ciego instinto individual en una tierra de luz esencial, con su tristeza, exuberancia y esencia de piel traslucida en el desamparo, es una empresa lúcida. Sin promesa ni decálogo, navegando entre los iceberg de piedra sólida, solo podemos conformarnos con un aliciente ínfimo a ese andar errabundo cotidiano (¿para despertar? ¿conocer? ¿accionar?):


...huimos del abismo
y no queremos ver...

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Alejandro Salas, Erotia
Ejemplar de Erotia.

 

Libros recomendados: Alejandro Salas, Erotia (Caracas: Editorial Mandorla, 1986). 


Di con Erotia como quien descubre un objeto ajeno a ese paisaje urbano caminado y digno de escrutinio diario. Desconocía la obra y persona: Alejandro Salas (Caracas, 1960-2003), poeta, artista plástico y editor caraqueño, ya sea por mi ignorancia, que es mucha, o por la poca reseña que se le ha dado a su obra, al menos en el ámbito digital. 


El asunto es que, tal hallazgo, en gran medida por la labor de Círculo de Poesía, página y grupo editorial mexicano, publicando una relectura de su 40 aniversario del poemario que recomendamos, es digno de compartir. 

 

En otra casualidad, ya un poco más meditada, consigo Erotia de forma íntegra. La primera lectura me ofrece un paralelismo circunstancial (y otro primitivo): circunstancial porque lo emparento con otro poeta caraqueño, Alejandro Castro, cuya poesía erótica, descarnada, lúcida y transgresora soy lector asiduo (en lo primitivo, ya que he leído su poemario No es por vicio ni por fornicio... diez veces o más, y puede que ese parentesco se deba a mi percepción viciada por los poetas de mi tiempo en ese empeño cronológico y ortopédico de las lecturas contemporáneas). Luego de esa impresión, la obra de ese otro Alejandro, fallecido prematuramente, se sostiene por sí solo.

 

Erotia se publicó en 1986. En el poemario, cuyos dibujos son del mismo autor, Salas despliega un juego de joven aventajado sobre la rayuela del amor: un cuerpo, entregado a otros cuerpos, a los voyeur, sean visitantes recurrentes o merodeadores. En el primer poema hace una advertencia a los que no creen en esa religión tan divulgada y que abraza a feligreses de toda índole:


... sus negadores pueden ahora oír la verdad

y también aquellos que lo llaman

sin esperanza...


Esa ofrenda a los escépticos, solitarios, a los Luteros que cuelgan sus enmiendas en el pórtico de la habitación, lugar donde se resguarda la cama, escenario de ritos (por allí se cuela la luz del alba, donde se espanta la oscuridad del mundo), santificada predilección para la entrega de los amantes:

 

La historia de amor comienza en la cama

el lugar de la desesperación

de las sábanas sucias que llevan al olvido...

 

El amor, entonces, es el verbo hecho carne que sostiene la creencia pagana más difundida por la humanidad: sacralizada, vendimiada, negada, bifurcada hacia el rencor, el odio, en la incomprensión material de sus oficiantes. Como todo resquicio antropológico, Dios entra en sus dimensiones: éste, en el poeta, es producto de la oración vespertina antes del acto:


Escribimos con nuestros cuerpos los hexagramas

mi señor, en cada estación nos llenamos de signos...


o es parte de la animalidad nocturna negada a toda metafísica de la entrega:

 

...vaivén que recibe a dos amantes llenos de

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ [miedo

que buscan enfrentarse, herirse y perecer

hasta no tener más hambre

tirados allí como víctimas de una matanza:

el dios de ellos está lleno de rabia

por eso, después de la entrega, no vuelven a

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ [hablarse.

 

Denis de Rougemont, en su libro Amor y occidente, nos recuerda que su base ha sido la pasión: ardorosa, mortal, sufriente. Ese elemento filial e indistinguible en la literatura de este lado del mundo (recordemos Romeo y Julieta, cualquier novela de  Jane Austen, etc) es parte del poemario que recomendamos. Entonces, los gemidos, gritos, el cuerpo contorsionado en la vorágine del dolor y placer, en el goce y la agonía, en la victoria de la vida ante la muerte y, en esa mecánica, limitando la geografía certera de la extinción, son parte de esos elementos complementarios y antagónicos que no pueden escindirse del encuentro tan humano como divino:


Este es el círculo de los violentos contra la 

                                                                   [naturaleza...

 

Federico Paganins, en Papel Literario (El Nacional, publicado el 23 de abril de 2021), habla de Alejandro Salas como un renacentista nacional. Y estoy de acuerdo: es un artista que manejó la simbología culta, las lecturas populares, conoció la tradición haciéndole tomar partido por el bando dionisíaco, y así dispuso, al trascender la palabra santa y la representación (es un heredero de Caravaggio donde estudió a la prostituta que posee suficientes virtudes para hacer de Santa, y al pordiosero fiel a la imagen de Cristo) de ese debate tenebrista de las luces viriles y la virginidad de las sombras prohibidas:


Lesbia ha estado conmigo Catulo hace un instante

sus nalgas de luz de lámpara me han acompañado...


La amante es una promesa de totalidad. A veces encarnada en la primicia de su genitalidad, otras con su voz lasciva animal o representada en la nada sensual desbordada de su corazón que lo acompaña. Es importante señalar esa mención a Catulo (ese poeta que quiso vivir de la poesía y el ocio, muriendo a los treinta años) y a su amada, Lesbia (esposa y amante, musa del rapto poético y flor caída de la desilusión amorosa), cuya pasión estuvo urdida en un pacto sáfico. Entonces, como sucede con esos amantes mencionados, se recalca, en ese canto exuberante, que el sexo, en toda su potencialidad, es una cuestión de amar: 


...Dentro de poco una mujer va a ser colmada.

Muerde sus labios.

Es un asunto de amor.


No deja de ser interesante llevar la lectura de Erotia al callejón de nuestra época donde un tajo del amor romántico parece ser precario, distendido en la ludopatía de las App y redes sociales digitales. Capaz, en un no menor porcentaje, las relaciones sexuales pueden ser percibidas como un lenguaje fuera de la relación amorosa (fuera de esa liturgia referida anteriormente), para brindar una operación taxonómica cónsona a la economía dominante: de aparente libertad, fluctuación, sin la estática provisión de lo duradero, prometiendo la inflación ilusoria del deseo sin aterrizar en la realidad de la carne. Siguiendo esos puntos, nuestro libro recomendado puede servir a esos individuos que confían en la entrega, lo utópico, en la sacralización de los rituales, en la salud de eros para hablarnos de otro tiempo y su porvenir.


Bibliografía

Rougemont, D.  Amor y occidente. Editorial Leyenda, S.A.

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