CAPSULARIO #28
![]() |
| Egon Schiele, Self-Portrait With Lowered Head (1912) |
Escribir es permanecer bajo un amparo. ¿Cuál? ¿En el fondeadero del yo que observa en detrimento del yo que vive? ¿El de la experiencia como forma única y comunicable de estar en el mundo? Lo vivencial en el escritor es suplantado por la imaginación; suministra la combustión suficiente para el desarrollo de otras historias; para deslizar, con cierta habilidad enunciativa, las "buenas nuevas" al otro que lee (¿exorcizarlo?). Nuestro tiempo privilegia la centralidad del escritor (¡no ha muerto!) sin una necesidad de enmascararse tanto en las argucias del "código". Y éste, en cualquier lengua, apela a una comunidad, a la fundación de la otredad. Da igual el tema propuesto en cuestión: cocina, jardinería, poesía, ni la experticia del enunciador. Siempre se recurrirá al lector primigenio, fortuito, al que sigue los mismos pasos del extravío buscando (¿realmente lo hace?) algún aliciente, solución, distracción que lo saque de ese mero yo y lo devuelva más astuto, conocedor y/o renovado.
*
La muerte es un cuerpo fáctico de antropomórficas extremidades robustas y manos largas. Su rostro, de expectante abstracción, sucumbe al nuestro: máscara de gruesa fidelidad en traje hurtado a la realidad.
*
Busco una máscara de socrática redención en el reposo quiral del yo que recorre grandes distancias: las mismas del denso color de la ilusión.
*
El visado a la perdición es un enjambre inmediato: ayuno de desolación y lujuria.
*
El imperio del sopor humano navega en la masa espesa diluida en el declive vitral de nuestra mirada. Allí, entre espasmos, se forma el coágulo de nuestro saber: sin columna ni huesos redentores, sin manos ni pies que dejen huella en el barro de lo imaginado. Inanimada esperanza sin andamios estables; suplicio de rostro certero en la auscultación inabordable.
*
Rara vez nos queda a la medida el traje de nuestro tiempo.
*
La belleza, se ha dicho, es un parto de paternidad misteriosa, la cual insiste en la irremediable gestación prolongada.
*
Somos siempre un doble que se ilumina tardío en el sueño. Lo que no se puede saber del todo es cuál versión de nosotros despierta.
*
Somos conscientes del resquebrajamiento de la biografía de ese yo despojado de tantas estaciones silentes. Nos queda el rumor de lo acontecido en la vecindad agostada de árboles, cielo y flores.
*
Del corazón atado a la liturgia del deseo, solo quedan las espinas de su fe.


0 comentarios