CAPSULARIO #29

by - mayo 09, 2026

 Alfred Stevens, L’absence (1860s)



SUSCITACIONES EXTEMPORALES (II)

 

La ciudad duerme en ese ángulo de plegaria cementosa. La línea azul del mar a lo lejos en diálogo perpetuo con el guiño intempestivo del cielo. Fuera, los hombres atestados en la ausente homilía de perdiciones. Erecto y flácido sol. La luna es solo una plateada lamentación de tentativa inmortal: lágrima de sueño edénico en el paraíso fugaz.

 

 

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La mano laxa del poeta abre el pórtico secreto del sueño. El viejo filósofo, antes del torpe portazo por el viento, se entretiene con la flabelífera ansiedad del ángel que espía. 

 

 

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El desprecio ha ramificado un embrollo vetusto digno de entelequias sumerias. Los ojos empozan la glosa de tantos atentados cobardes. 

 

 

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El público argumenta el entusiasmo y la sanción laberíntica del artista: cárnico espíritu, angelical y demoníaco, salvado por la cochura involuntaria.

 

 

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El entusiasmo es la cogorza del que ignora el telón neblinoso al final de la jornada. 

 

 

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Permanecemos embojotados en la espina dorsal del tiempo.

 

 

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La mentira es un pescado que sacas jubiloso de un abrevadero rezongón para darte cuenta, fileteando, que la carne es ínfima: su cuerpo es totalidad espinas y escamas. 

 

 

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Un Dios famélico se oculta en la dadivosa bondad del creyente. Sus manos son ojos de ruego y su voz el débil amparo del padre.

 

 

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El tedio ha forjado en el hombre un hueso de renuncia en la cal de los días. Le cuelga un ropaje, de ambarina piedad ante la tempestad venidera, consolado en la caricia de un ruego mecánico impostergable. 

 

 

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Las mentiras despliegan una ternura escondida en el centro del ser, de entrada urdida a su personaje, manifestando sus proyectos tan íntimos: las ficciones que la gélida realidad no ha deshuesado aún.

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