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| Vincenzo Caprile, Study of a fisherman (s/f) |
Pocas cosas reúnen tanta paciencia y tenacidad
como lo hace un pescador:
sentado, la alforja de las horas encorva su postura,
al margen de sus labios, la ceniza del pitillo a nada del derrumbe,
las botas de goma donde el sol dibuja su reflejo,
como si fuera un niño con un crayón blanco,
y, por último, la caña, tan firmemente empuñada,
como si fuera una parte de sí mismo.
De ella nace un hilo muy delgado que une al pescador al agua,
como los cordones que unen a las madres a sus hijos,
cuando todavía los llevan en el vientre
y estos aún no han sentido en sus labios desmembrarse
el ardor de una partícula de nieve.
A veces me pregunto si realmente coloca algo en el anzuelo.
Nunca he visto la cuerda de su caña tensarse
ni lo he visto de pie, luchando a tirones con su presa.
Quizás está pescando otra cosa.
O quizás, como mucho de aquello que ocurre con los años,
finalmente ha entendido
que hay en el rito algo más grande
que cualquier pez.
Magdalena Camargo Lemieszek (1987). El Iceberg. Selección de poemas en


