2X4: DOS POEMAS DE CUATRO POETAS DE CUBA (I)

by - abril 01, 2026

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La Habana, Cuba. Foto de JF Martin en Unsplash


Heberto Padilla (Puerta de Golpe, Cuba, 1932 - Alabama, Estados Unidos, 2000):

 

Heberto Padilla (Imagen archivo)

Heberto Padilla fue un poeta cubano que protagonizó uno de los casos parteaguas entre los intelectuales de América Latina (y el mundo entero) desenmascarando el carácter autoritario de la revolución comandada por Fidel Castro. Desencantado con el régimen castrista, y tras un viaje por la antigua Unión Soviética, Padilla escribe Fuera de juego, poemario premiado en 1968 y alabado por los grandes escritores de ese país caribeño. El resto es historia: el poeta sería perseguido y encarcelado en 1971 por su posición crítica (subversiva contra el Gobierno). Tras torturas y vejámenes, a pesar del escándalo global y la carta publicada el 9 de abril de 1971 en Le Monde pidiendo su liberación, se le obligó a proclamar una autocrítica contra sus compañeros y colegas contrarrevolucionarios el 17 de abril de ese año en la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Después de tal hecho, saldría de su país hasta morir en Auburn, Alabama, Estados Unidos.

 

 

LOS POETAS CUBANOS YA NO SUEÑAN


Los poetas cubanos ya no sueñan
                        (ni siquiera en la noche).


Van a cerrar la puerta para escribir a solas
cuando cruje, de pronto, la madera;
el viento los empuja al garete;
unas manos los cogen por los hombros,
los voltean,
              los ponen frente a frente a otras caras
(hundidas en pantanos, ardiendo en el napalm)
y el mundo encima de sus bocas fluye
y está obligado el ojo a ver, a ver, a ver.

 

 

EL HOMBRE AL MARGEN

 
Él no es el hombre que salta la barrera
sintiéndose ya cogido por su tiempo, ni el fugitivo
oculto en el vagón que jadea
o que huye entre los terroristas, ni el pobre
hombre del pasaporte cancelado
que está siempre acechando una frontera.
Él vive más acá del heroísmo
(en esa parte oscura);
pero no se perturba; no se extraña.
No quiere ser un héroe,
ni siquiera el romántico alrededor de quien
pudiera tejerse una leyenda;
pero está condenado a esta vida y, lo que más le aterra,
fatalmente condenado a su época.
Es un decapitado en la alta noche, que va de un cuarto al otro,
como un enorme viento que apenas sobrevive con el viento de    [afuera.
Cada mañana recomienza
(a la manera de los actores italianos).
Se para en seco como si alguien le arrebatara el personaje.
Ningún espejo
             se atrevería a copiar
este labio caído, esta sabiduría en bancarrota. 

 

 

(Fuera de juego. Puebla, México: Círculo de Poesía. Edición íntegra)

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Mariela Martínez (La Habana, 1991):


Mariela Martínez (Imagen publicada en Revista Kametsa, 6 de octubre de 2025)

 

Mariela Martínez es una joven poeta, novelista y cuentista cubana que reside en España. Madre de tres niñas, su labor creativa se compagina con su trabajo en Recursos Humanos y su hogar. Ha publicado la novela El silencio de la lluvia (2025), thriller psicológico que te hará despertar del letargo cotidiano.

 

 

EL VACÍO

 

No me perdí de golpe, me fui apagando despacio.

Como una luz que nadie apaga pero que ya no alumbra igual.

Seguía diciendo sí, seguía llegando, cumpliendo por inercia.

Por dentro, todo se movía más lento.

Las emociones llegaban tarde. El dolor, cuando ya no servía de nada.

Aprendí a no sentir demasiado para no romperme. Y en ese cuidado excesivo, me fui quedando fuera.

Hasta que entendí que no estaba a salvo: estaba lejos.

Lejos de mí.

Y perderse así —sin ruido, sin caída— es seguir viva con algo esencial apagado.



LA TREGUA

 

Un día no quise más. No quise explicarme, ni rendir cuentas, ni ser ejemplo.

No fue valentía. Fue agotamiento.

Empecé a recoger mis restos sin intención de reconstruir nada, todavía.

Hay identidades que no vuelven. Y está bien. No todo lo que se pierde merece ser recuperado.

Ahora vivo más despacio. No mejor: más consciente.

Y eso —aunque incomode— es una forma legítima de existir.



(Mariela Martínez: todo aquello que no vuelve. México: Vislumbre.)

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Kelly Martínez-Grandal (La Habana, 1980):

 

Kelly Martínez-Grandal. Imagen en su página https://kellymartinezgrandal.com/

 

Kelly Martínez-Grandal es una poeta y ensayista cubana. Estudió una licenciatura en Artes y maestría en Literatura Comparada, ambas en la Universidad Central de Venezuela, país al que emigró a los trece años junto a su familia. Ha publicado los poemarios: Medulla Oblongata (2017), Zugunruhe (2020), Ritual para nacer dos veces (2025); las plaquettes Paria (2019) y Una luna anacoreta (2021). Además del libro de cuentos Muerte con campanas (2021). Martínez-Grandal reside en Miami, Estados Unidos desde el 2014.

 

 

Doméstica

Duermo sin madre.
Tengo miedo
de lo que cabalga hacia la luz. 
Trapo de silencio,
pesa el destino sobre estos huesos, 
su amor y su desamparo. 

Espanto de oro 
lloran los niños. 
Duermo sin madre
y en la casa se cuela un pájaro, 
aletea sobre las fotos,
apaga velas. 

En la casa se cuela la melancolía. 



Villancico

Esto 
no resuelve nada. 
Puedo escribir cien poemas 
que no resuelven nada. 
El mar sigue allí, 
la ciudad continúa 
su canto ajetreado de autopistas 
y que yo escriba los versos más tristes 
no repara la herida del mundo. 
Pero hace una noche esplendida,
un aire lleno de olores
de frituras grasientas que se cuecen en cebollas, 
un jazz lejano se cuela en la ventana.
En alguna parte la gente es feliz
y la Navidad se acerca. 

Si estamos lejos de casa,
estas líneas no podrán solucionarlo.

 

(Kelly Martínez-Grandal. Volar los techos. Hypermedia Magazine. Publicado el 28 de marzo de 2023)

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Taimi Dieguez Mallo (Jaruco, 1990):


Taimi Dieguez Mallo (Imagen publicada en Granada Ciudad de Literatura)


Taimi Dieguez Mallo es una poeta, dramaturga y narradora cubana. Licenciada en Arte Teatral, especialidad en Dramaturgia (Universidad de las Artes, ISA, 2018). Ha publicado los libros: Piedra a los varones; Con la ropa de mi madre. Obra para ser dicha por el perro hembra; El largo otoño; Tu reino, entre otros. Actualmente reside en Granada, España.



Nuestra casa

 

La casa donde nacimos definitivamente,​​ 

no será la casa donde moriremos.​​ 

La casa es una estación que se construye desde la raíz​​ 

hasta los empinados lomeríos de nuestros sueños, ​​ 

con alguna corteza de otoño, suelo de invierno,​​ 

alta humedad relativa para las abejas​​ 

que también encuentran su propósito

allá, sobre las flores que hemos dejado en la tumba​​ 

abierta. ​​ 

 

La casa donde nacimos definitivamente​​ 

será la casa de nuestros abuelos,​​ 

una casa en la que el mar recala con sus ostras​​ 

y deja en nuestros cuartos,​​ 

bajo nuestras almohadas, perlas​​ 

marinas perlas​​ 

con las que pagamos la luz eléctrica

o las papas que llegan a la bodega. ​​ 

 

La casa donde nacimos definitivamente​​ 

será la casa de nuestros abuelos​​ 

porque nuestros padres son muy jóvenes​​ 

para quererse tanto​​ 

y le han dado vueltas a este asunto​​ 

de traernos al mundo sin cuentas bancarias​​ 

para nuestros entierros,​​ 

porque los padres habitan esa estación de la muerte

que es una casa hecha con los nudos del mar.​​ 

 

La casa donde moriremos será un barco,​​ 

que en el verano más intenso,

se abrirá para todo el vecindario y zarparemos​​ 

hacia las costas más remotas en el tiempo.

El tiempo de nuestra muerte será inmenso​​ 

entre los peces, los frutos rancios, el invierno,

aquellos besos tardíos de nuestros padres,​​ 

aquellos abrazos inocentes​​ 

de nuestros abuelos.​​ 

 

Con la primavera regresaremos,​​ 

un poco dormidos, algunos enfermos,​​ 

otros embebidos de carne porque en el mar también​​ 

nos amaremos

para atracar en puerto seguro​​ 

y seguir construyendo esta casa desde la raíz​​ 

hasta los empinados lomeríos​​ 

en que el sol poniente nos aventaja,​​ 

incluso, nos aventaja​​ 

y se despide.​​ 

 

La casa donde moriremos hay que cavarla

ahora que hemos nacido definitivamente.​​ 

 

 

Réquiem por las bisabuelas

 

Mi abuela materna se casó con mi abuelo

para salir de la miseria, pero nunca fue rica;

mi abuelo nunca fue buen comerciante,

el torno en que moldeaba su acero​​ 

lo trituró poco a poco.

Mi madre se casó dos veces, creía que el amor​​ 

iba a salvarla, pero ni el matrimonio ni el amor

pudieron contra el cáncer.​​ 

Yo no seré la esposa de nadie,​​ 

aunque he sido el amor de alguien.

A mí me salvará la muerte,

como a mi bisabuela.

Mi bisabuela enviudó muy joven

con dos niñas pequeñas.

Puso la flor sobre la tumba

y se fue a limpiar y a lavar las sábanas de los hoteles,

las blancas sábanas en las que se derrama

el destino de algunos.​​ 

Yo no seré el destino de mi cadáver,​​ 

aunque mi cadáver me atraviesa.

Su voz es ronca, la mía todavía canta.

 

Mi abuela paterna se dejó raptar por mi abuelo,​​ 

vivieron en la deshonra hasta que les nació

un hijo.

Mi padre se ha casado dos veces, cree que el amor

va a salvarlo, pero a sus riñones les cuesta

depurar la sangre.​​ 

Yo no seré la novia de nadie.

A mí me salvará el olvido,

como a mi bisabuela.

Su nombre era Cristina

o Crisálida

o Cristo.

 

 

(Nueva poesía cubana. Taimi Dieguez Mallo. Puebla, México: Círculo de Poesía. Publicado el 22 de febrero de 2026).

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