Nos dice Julia Kristeva en «El lenguaje ese
desconocido» algunas de las funciones principales del lenguaje en
la articulación social: «Pero quien dice lenguaje dice demarcación,
significación y comunicación» (p. 6). De este modo, esa tríada se ramifica de diversos modos en cada hablante, el cual nos
puede indicar su creatividad, posición social, bagaje cultural y esas
esencialidades que, grosso modo, nos ofrecen un cuadro tan amplio como singular
de interés.
Cardiopatías (2016) fue el primer poemario de Oriette D'Angelo (Caracas, 1990), abogada, escritora, artista visual y editora venezolana radica en Estados Unidos, el cual fue premiado en el Concurso para Autores Inéditos de Monte Ávila Editores en el 2014. Un primer acercamiento al libro, dividido en tres partes, nos puede mostrar un cuerpo poemático con varios niveles de interpretación.
Como aclaratoria, o advertencia, es una osadía, si no una tarea infructuosa, hacer hablar a los poemas; que se expresen en un apéndice modular a su existencia. Puede que sea tan arriesgado como separar un órgano y dejar que por sí solo funcione en la intemperie. Rafael Castillo Zapata, poeta, ensayista y profesor universitario venezolano, en su texto A Cadenas, variaciones (Prodavinci, 28/05/2024) menciona si no es nuestra ignorancia, tan amplia, la que se apresura por nombrar lo que está allí fluyendo, abierto, esperando una comunicación secreta (o su tiempo acorde) con algo más; amplificarse a una eternidad de la que somos partes integral en nuestras propias coordenadas: duales, donde lo uno terrenal y el allá metafísico, las conjeturas sobre la vida y la muerte, principios elementados de toda existencia, son manifestadas en la fijación prestada que termina por ser incomplexa y mucho más compleja a lo vislumbrado y al entendimiento.
No obstante, a manera de ejemplos para una discusión inacabable
e inabarcable en su totalidad, elegimos dos vertientes para aproximarnos a ese
canal dialógico a partir del mencionado poemario recomendado: el social (se
aborda la violencia, la crisis generalizada en Caracas como centro neurálgico del
poder político, económico, cultural, en fin, ciudad enclave del centralismo
burocrático de Venezuela y lugar de origen de la poeta) y el íntimo (la
tradición confesional, siguiendo a esas voces como las de Anne Sexton, Sylvia
Plath, Miyó Vestrini, Martha Kornblith, etc., donde el dolor enconado necesita
ser expresado, buscar una vía de desahogo vital y respiradero auxiliar).
Ambas vías tomadas como bisagras aproximativas, el social e íntimo, desembocan en un órgano de pensamiento y comunicación eficaz (indisociable, como nos dice Kristeva en su libro antes mencionado, en toda función lingüística): en algunos poemas se manifiesta el devenir de un país;
circunstancias obvias en las preocupaciones, sentires, experiencias y dilemas
de una poeta joven, mientras que en otros poemas nos encontramos con una
desolación, que nos recuerda a la tradición confesional antes mencionada, por
una relación amorosa fallida, una pasión ahogada en el magma del tiempo, que
transmuta sus dilemas en lo corporal, además de preocupaciones varias por el
bienestar físico, el acecho de una enfermedad, etc.
De este modo, el corazón, los huesos, lo clínico, son parte del
escenario idóneo para tratar esos asuntos privados y comunes (integrar esas significaciones a ese sistema extendido, y que nos puede interpelar a partir de miedos, vivencias, reflexiones y sentires), los cuales pueden
hacer resonar al lector/lectora en diferentes grados de emotividad y competencia (por ejemplo: el análisis político, sociocultural, la ideología, lo sistémico, el rol de los géneros y la diversidad en la Venezuela contemporánea, etc.).
El poema «Rodilla en tierra» es perfecto para ejemplarizar este
asunto de la dualidad física y social:
... Fémur en tierra
tibia en tierra
autoestima en tierra
patriotismo en tierra
ego de país sostenido en el abono
en estiércol visceral
que nos hace ciudadanos...
Para alguien que no sea venezolano/a y/o no siga la política de
nuestro país, capaz se le escape el contexto de la frase: «Rodilla en tierra»
significa, según el decir del ex mandatario Hugo Chávez Frías (1998-2013), el
apoyo incondicional con la llamada Revolución Bolivariana, su proyecto político
que en la actualidad aún divide la opinión, toda forma de praxis, y, desde luego, a la sociedad.
Entonces, en esa polaridad entre el eslogan gubernamental y el descontento con
el devenir sociopolítico nacional, el poema de D'Angelo plantea
una postura que permite un juego con los sentidos instaurados desde el orden
discursivo, donde lo "normativo" es parte del empaque ideológico
adjunto a un programa de gobierno, y la resemantización de ese aparato se
tramita en una queja, rebelión y desahogo contra la vesania colectiva impregnada
en la atmósfera social.
Por otra parte, lo íntimo antes expuesto brevemente, puede ser
ejemplarizado en el poema «[Sala de emergencia]»:
Nos convertimos en un accidente que dejó estragos.
Explosión de
guerra avisada. Te conocí cometiendo el
delito de
lanzar una bomba directo al miocardio.
El amor, entonces, y su remanente de dolor se ajustan a la imaginería de la autora (ligada a la concepción occidental) donde orbita el filo de la enfermedad, la recurrente visita hospitalaria como un tercer ojo constante sobre el cuerpo, y esa agonía colgada en el friso temporal, donde la muerte parece merodear sin su halo impredecible y aséptico.
Volviendo a Caracas, esa ciudad toma el cuerpo de una mujer
maltratada a plomo, desahuciada; la que te obliga a amarla con violencia. Y es
que ese tópico, el de la violencia social, se repite en el libro: en
el poema «Síndrome delictivo» es descripta como «Patología de un país
en ruina». Luego, es enunciada, digamos, sin pelos en la lengua:
Matar y morir por un paquete de harina. matar
y morir
por un
celular inteligente. matar y morir porque te metes
en mi vida.
Así, el escenario urbano, al menos el capitalino, se presenta con
sus síntomas de desvarío, enfermedad, donde la sangre en la acera:
...Se asemeja a una mancha de aceite, pero
más espesa, más humilde que el petróleo, más
sincera.
(En el poema: «Quince minutos para ser póstumo»)
Uno de los quid del poemario, a mí entender, se
halla en la segunda sección (el principal, desde luego, es el poema homónimo al
libro). Allí se define la condición y/o padecimiento crónico:
Cardiópata:
persona en forma de herida
que no se va de uno
hasta que llega otra.
El dolor, como un viejo espectro, se instala en el
corazón del amante; cobra vida en la acera del ciudadano; congestiona las
arterias urbanas y asola a una nación entera hasta hacerse regularidad en su
delirio, en su fractura, con sus latidos de ultratumba produciendo una
mortalidad gradual y agónica. Ante toda esa amenaza inminente, el individuo
sigue insistiendo por la voluntad de vivir y la posibilidad de redención.
Cardiopatías fue traducido
al inglés como Homeland
of Swarms en el 2024 (uno puede intuir que Lupita
Eyde-Tucker, la traductora, negoció con la autora esa centralidad
simbólica, haciendo de la casa, el país, el quid de todo
el nido de malestares y enfermedades que atraviesa el cuerpo individual y
social. Igual, el título sale de un verso del poema «Subrayo un título como
subrayo un país»: Tengo una patria de enjambres). Lo visceral,
entonces, es cónsono a todo lo ocurrido durante la última década en Venezuela.
De esta manera, el poemario de D'Angelo cumple un rol de
denuncia (en el síntoma que diagnosticó en su momento) y de interés vigente
para todos aquellos que quieran adentrarse al signo palpado de desamparado y
dolor en la contemporaneidad nacional a través de la propuesta artística de, en
este caso, una poeta caraqueña. No obstante, es importante destacar que, al
menos desde mi lectura, D'Angelo no hace apología de la
enfermedad ni la presenta desde el morbo. Para enlazar esto muy bien con otras
lecturas, George Canguilhem, médico y filósofo francés, en «Lo
normal y lo patológico» se pregunta por el cuadro de lo saludable en un
contexto ambiental determinado donde lo cambiante es parte de su entramado
logical (y cuyas abstracciones son abonadas por todas las teorías, leyes y
normas que se siguen e imponen): «La salud es un margen de tolerancia con
respecto a las infidelidades del medio ambiente. ¿Pero no es acaso absurdo
hablar de infidelidad del medio ambiente? Esto puede ser así en el caso del
medio ambiente humano social, en el que las instituciones son en el fondo
precarias, las convenciones revocables, las modas fugaces como un relámpago»
(Ibíd., p. 150).
Para finalizar, Cardiopatías es un poemario complejo, profundo, el cual permite un sinfín de análisis y que, al menos a la brevedad de nuestra recomendación, podemos decir que nos acerca a los miedos, frustraciones y belleza en esa rotonda agrietada por la incertidumbre y el sufrimiento. Nos habla de cerca a partir de esa herida abierta por donde, si estamos atentos, podemos vislumbrar cuerpos amenazados desde lo biológico, lo interno, y lo social, lo externo. Dicha fragilidad puede manifestarse de súbito: un infarto, una dolencia, un hueso que se quiebra, una anomalía palpable en el seno, extendiéndose más allá de lo físico, lo "micro", hasta ese cuerpo mayor, "macro", que nombramos sociedad: nuestro entorno próximo, más o menos abarcado en las noticias, sucesos, lo experimentado en la cotidianidad y descubierto a partir de nuestros semejantes. La otredad constituida en obediencia/desobediencia; orden/desorden; salud/enfermedad, entre otras categorías discurridas en una polarización cada vez más acuciosa y nutrida en el desvarío ideológico y el sinsentido común abriendo las fisuras para distanciarnos e imposibilitar el encuentro y diálogo necesario.
Bibliografía
Castillo Zapata, R. (2024, 28 de mayo). A Cadenas, variaciones. Prodavinci.
Kristeva, J. (1988). El lenguaje ese desconocido. Madrid: Editorial Fundamentos.
Canguilhem, G. (1971). Lo normal y lo patológico. Buenos Aires: Siglo XXI Argentina, S.A.



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