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| Rafael Cadenas. Foto Vasco Szinetar, Junio 2019. |
Primera: Para mí la
literatura comienza a ser algo determinante desde que me aficioné a la lectura
y, con ella, a tratar de escribir poesía. Pero hoy pienso que la poesía es un
arte volcado a lo indecible. Se trata de una imposibilidad, a la que tampoco escapa
la prosa. La realidad es el misterio absoluto, y el lenguaje, que trata de
asirla, yace en una segunda instancia. Para caracterizar esta separación, el
polaco Alfred Korzybski, creador del concepto “semántica general”, usa la
palabra unspeakable.
Segunda: En cuanto a
influencias literarias, puedo mencionar a Whitman, Rilke, Michaux, Cavafy,
Pessoa, William Carlos Williams y muchos más. En medio de sus voces trato de
encontrar la mía propia. Y en cuanto a la prosa escrita en nuestro idioma, me interesan
Alfonso Reyes, Antonio Machado, Baldomero Sanín Cano, Pedro Salinas, Jorge Luis
Borges, Gabriela Mistral, Octavio Paz, Fernando Savater, y por supuesto otros,
porque la lista es larga. Aquí incluyo a poetas que son magníficos prosistas.
De algunos prefiero incluso su prosa, sin que esto signifique subestimar su
poesía.
Tercera: Creo no tener obsesiones por textos, movimientos o autores.
Aunque sí debería reconocer que me obseden aquellas corrientes de pensamiento
que tienen que ver con una constante muy fuerte en mí: el asombro ante el
misterio de la existencia, algo que es absolutamente infranqueable para la
mente. Aunque podamos entender que exista, ese hecho nos sobrepasa. Por eso siento
que mi habitación es el no saber.
Cuarta: En cuanto a la evolución de mi obra, diría que la poesía
viene de la poesía, y la que he venido escribiendo ha ido hacia una contención.
En prosa se puede decir todo, pero en poesía, a pesar de que el lenguaje se ha
ampliado muchísimo, mora sobre todo el silencio. Aviso a los poetas: la
principal fuente del idioma está en la prosa.
Quinta: Me cuesta mucho valorar mis libros, pero creo que hoy en
día tengo más afinidad con Memorial, Gestiones y Sobre abierto. En ellos la
expresión ocurre a través de motivos, lo cual permite borrar al yo.
Sexta: La imagen que me definiría mejor podría ser la de tercero:
Más que piloto de su andanza, la de alguien a quien le cuesta decidir, y por
eso es llevado. Lo de “soy el capitán de mi alma” le queda ancho. Debido a esa
característica, no se recomienda a sí mismo.
Séptima: En torno a la muerte, sobre la que no pienso mucho, hago
mías estas líneas de Montaigne: “Quiero que obremos y que prolonguemos las
tareas de la vida tanto como sea posible, y que la muerte me encuentre
plantando mis coles, pero despreocupado de ella, y todavía más de mi jardín
imperfecto.” Dicho de otra manera: nuestra finitud vuelve importante cada
momento que vivimos.


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