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| Karl Wiener, Landschaft in Blau (1943) |
Poemas al muchacho azul
1.
El muchacho de plata, aquel de las boinas azules
y las charreteras, resultó ser un sueño.
Que me halle hablando con gatos y estrellas
posiblemente al ron se deba.
Yo no he vivido en un patio entre árboles
bajo nubes y anaranjados atardeceres.
Para el muchacho de plata cogí yo el retrato
del negro del calendario francés.
Borrachos y dorados ángeles he anhelado.
No ha llovido, pero la lluvia yo he oído.
En la oscuridad atardeceres yo he presenciado
y no son manos lo que he besado, sino farolas…
Desde el azul yo mismo he contemplado
labios y ojos imaginarios,
tazas vacías, lágrimas y bailes…
He estado ebrio y entiendo que he estado loco.
2.
Ya no te espero… ¿Marcharás tú
junto al sol que se escabulle?
Acaso de nuevo serás ocaso tú
sin llamas, sin sangre ni lágrimas…
Viaja, fúndete en el crepúsculo, saluda a la lluvia.
No soy yo quien te besa, no soy yo el que llora de nuevo, ni siquiera quien sonríe.
…¡Me temo que solo has sido un ángel imaginario!
Y tú eres ocaso.
Pero el muchacho azul no ha sido
Muchacho de gorro azul y plata
con ojos de baile sureño,
aquel ebrio muchacho que de lejos susurra: Sasha
Y esta noche
…Ay, la vieja farola me llevaba a la iglesia
bajo el horizonte nocturno.
Cúpulas de niebla, cúpulas de luna e invierno.
Yo también he caído en la nieve
bajo dos fríos y mudos ojos…
¡Policía! ¡Policía!
Sálveme de mis recuerdos.
¡Policía!
Haz que el día tenga lugar…
Pero voy a llorar…
Es posible que el muchacho azul haya existido.
¿Llegaré a vivir algún día?
La luna se acerca a la ventana
justo cuando las agujas del reloj se detienen.
La luna desciende sobre una nube dorada
y sobre la cornisa se asienta frente a ti.
La luna es tan fría como yo,
pero tú nunca me has visto de noche…
Lentamente por las paredes me subo,
mientras tus manos yo toco, permanezco en silencio,
mudo y frío como la luna.
Entonces no debes moverte tú…
La luna deambula solo en noches taciturnas.
¿Verdad que no la has visto de día?
De día yo soy como ella:
un mero reflejo, infinito y pálido,
apenas reconocible e innecesario.
En la mudez de la noche quiero yo que me veas,
y que desciendas sobre mí, pero no sé yo
si con el roce tuyo
me esfumaré como polvo de luna.
La Europa depredadora
El mundo estallando y nosotros ensordecidos,
abrumados por las noticias, los discursos, los eventos.
Las noticias vuelan como un rayo.
Y tú ajeno ante este panorama.
Europa pierde su aliento por la destrucción,
asolada bajo banderas de guerra.
París está muerto. Londres desolado
se derriba por todos los tiempos.
Un desagradable líder fanático
traza una cruz sobre los dos polos.
Ya está decidido que desde hoy mismo
lo que Europa necesita no son libros, sino bayonetas.
¿Qué más da que de este mismo aire aquí
hayan respirado Rembrandt, Kant y Dostoyevski?
Con una bayoneta Europa apunta decidida
a su propia cultura y a su progreso.
¿Será en el oeste donde la puesta de sol acontezca,
o un nuevo mundo bajo los estruendos nacerá?…
El mundo estallando y nosotros ensordecidos,
una desgracia, que ante todo nos hayamos vuelto impasibles.
Aleksandar Vutimski (1919-1943). Poemas al muchacho azul. México: Periódico de Poesía, publicado en abril de 2022.

