«El chivato» de Andrea Leal (Extracto)

by - mayo 27, 2026

Paul Klee, Mythos Einer Insel (1930)


(1)

Lo veo, lo veo. Los caracoles me lo dicen. La marea está subiendo y se va a llevar todo a su paso. El humano no puede hacer nada, a menos que escape. Ese es el designio.

*

El bebé berrea sin parar, se mueve de un lado a otro en su cesta. La niña mira a la criatura, pasmada por sus gritos y patadas al aire. Tiene hambre, al igual que ella. Lleva más de tres días comiendo únicamente manteca de cerdo, que mama de los dedos embadurnados de su hermana. El bebé hipnotizado, la mira directo a los ojos, demandando más comida.

Pero no hay. Desde hace cuatro noches que no hay comida en la nevera, y todos esperan a que retorne la madre. La niña ya no sabe qué hacer, se ha convertido en una carne sin nervios de tanto llorar. La angustia se le ha pasado a medias, luego de sacarse sangre al morder los pellejos de sus dedos. Necesitan dinero (como siempre), eso es lo que reclama su abuela dentro de la habitación. Por eso la llama inútil, porque aún es muy pequeña para trabajar, pero ya come como un adulto. Es un “estorbo”, ese podría ser su primer nombre. Estorbo Hernández. Ya se olvidó hasta de cómo se llama, la familia siempre le dice niña (o idiota, o cariño) y ella no cree que tenga importancia buscar otro nombre.

Mamá es la que le dice “cariño”, y a ella le gusta esa forma de hablar. Es un cariño triste, lánguido. Al hermano le dicen “bebé” o “criatura”, así son las cosas en la casa. A la niña le gustan las palabras, le parece que hacen sonidos hermosos y juega con ellas. Por eso pone mucha atención al televisor de la abuela, que suena como una interferencia de hormigas. A veces habla un hombre, otras una mujer. Todos dicen cosas que la niña no entiende: suenan como pajaritos cantores de la madrugada, como el ruido del puerto o la vocería del vendedor de plátanos en la mañana. También ve círculos amarillos, triángulos dulces, que saben cómo cielos con nubes de algodón y pastelitos de guayaba. Jamás ha probado ninguna de esas combinaciones, tampoco es que sea muy conocedora de los ruidos del mundo, pero sí tiene habilidad para imaginar...

 



Andrea Leal (1996). El chivato. Caracas: Ficción Breve, publicado el 6 de noviembre de 2024.

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