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| Samuel Jessurun de Mesquita, Hoornuil (1915) |
Premier off
Un necio me pregunta si soy
mejor poeta que Harry Almela
y Alberto Hernández.
Le contesto que no soy adobado
vino ni sagaz atleta
para conquistar
los gustos de una fanaticada.
El poeta —le digo al neófito—
debe replegarse,
aprender a estar solo e inclusive
en el rumor del silencio;
el poeta oye, observa,
contemplase a sí mismo y al orbe.
El poeta exclama, no compite: canta.
La cara del poema
La cara de esa mujer
es la luna,
por eso surca el cielo
de mi boca su nombre.
Cuando la noche es oscura,
friolenta por la lluvia,
ella se asoma a mi insomnio
para alumbrar el camino
por donde paso, porque según ella
soy muy liviano al andar
y podría evaporarme.
A veces me acompaña
a las afueras del pueblo,
deja que delire bajo los acacios
y antes que amanezca se bebe mi sombra.
Una paraulata y yo
Estamos solos tú y yo
Ave canora,
estamos en este parque
escueto,
alejados de todo.
En mi lánguido pensar
pasmado por el sol,
recorro el paisaje
mientras tú agrupas
nubes para la llovizna;
o sea,
entreambos hacemos el poema.
Una fábula
En un destartalado edificio,
en el piso de arriba
se asoma una cara,
a veces es joven,
a veces es vieja.
No se trata de doncella
cautiva
ni algo parecido.
Los verdaderos dueños desaparecieron
una noche de torrencial aguacero
y ahora vive allí una bruja
que trata de confundir;
ella aprovecha la borrasca
para dejarse ver (y así seducir
algún vecino) siempre ayudada
por el flash de un relámpago.
Salmodia virtual
Salvaje vampirismo.
Canibalismo sagrado.
De carne y sangre
se sacia mi religión,
digo la mía
por haber sido bautizado en ella,
por ser llevado
al cadalso, muerto y sepultado
hasta el masoquismo.
Mía vuelvo a repetir
por ser cuna donde se gesta
el complejo de Edipo,
la maldiciente profecía,
la caída del imperio amén.
Erasmo Fernández (1948). Poemas. Cagua: Letralia, publicado el 17 de octubre de 2005.

