ENTREVISTA A AÍDA VALDEPEÑA

by - diciembre 26, 2025

Aída Valdepeña (Foto cortesía de la autora)

Aída Valdepeña (Ciudad de México, 1976) es una poeta y narradora mexicana. Estudió Literatura y Creación Literaria. Su obra se incluye en Antologías como Semilla Desnuda. 40 Barcos de Guerra. Tenho tanta palabra meiga, alguns poeta mexicanos, Ediciones librera y Anome Livros, Brasil. Galardonada con Mención de Honor en el Premio Interamericano de Poesía Jóvenes Creadores, Sinaloa 2007, por su poemario Universo de Náufragos. Parte de su obra se ha traducido al inglés, ruso, árabe, italiano, francés y portugués, y se publica en medios impresos y electrónicos de México, Perú, Venezuela, el Salvador, Brasil, Argentina, España, Estados Unidos y Rusia. Algunos de sus poemas forman parte del acervo de bibliotecas públicas de Cuba y Dinamarca, así como de programas formativos en la asignatura de español para daneses. Ha participado en Congresos y Encuentros de Literatura. Directora de Festivales Artístico/literarios y Coordinadora de Talleres de Creación. Su libro, A Contracorriente, presentado en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería de la ciudad de México, mereció un reportaje en el programa: Morelos en la Hora Nacional. Traducida al italiano por el Centro Cultural Tina Modotti, así como por la Revista Margutte. Mencionan su obra en Crítica, Revista Latinoamericana de Ensayo. Incluida en la Enciclopedia de la Literatura en México, ELEM, Fundación para las Letras Mexicanas, CONACULTA. Recientemente público su tercer libro bajo el título de: Libro Íntimo o cómo empacar la vida en una uva. Actualmente imparte talleres de Creación Literaria a mujeres en la Fundación de Doña Margarita, así como de manera independiente.


Con el envío de las preguntas por correo electrónico, nos propusimos aproximarnos a la poeta, su visión profesional de la escritura, su proceso creativo, referentes y, desde luego, la vida. 

 

 


PREGUNTAS:
 

 

1.       1) Su resumen literario nos indica que, además de ser poeta, estudiar Literatura y Creación literaria, has sido coordinadora de talleres literarios. ¿Cómo fue tu acercamiento a la escritura hasta hacerlo un oficio/profesión? 

 

A. V.: Llegué a la poesía como se llega a las mejores cosas, por casualidad. Viví con mis abuelos cuando niña y estaba rodeada de libros. Mis tíos (9) iban y venían con volúmenes bajo el brazo y ocupaban los sillones, las mesas y los pasillos de la casa, con lo que parecía ser un gran discernimiento basado en los libros. Luego, volví con mis padres; ellos, con toda razón, estuvieron siempre más ocupados en mantenerme que en buscar ejemplares. Una vez que entré a la escuela, mi madre se preocupó por acercarme algunos libros. Sabía que serían limitados y por eso escogió los mejores: Oscar Wilde, Selma Lagerlöf, y algunos por el estilo. Era escoger entre un par de libros o algunos litros de leche, y como cualquier madre, siempre priorizó esos litros de leche. Me acercó a los clásicos de manera modesta, pero inolvidable. Luego, entre mudanza y mudanza se fueron perdiendo los pocos libros, pero mi búsqueda comenzó: iba a la biblioteca y pasaba horas ahí. Aún llego a hacerlo. Pedir prestado un libro que sabes que ha interactuado con otros te hace amigo, cómplice, aliado… Más tarde escuché que a un par de horas de mi casa se podía estudiar literatura. No lo pensé. Acudí, me matriculé y viví una de las experiencias más gratificantes, memorables y encantadoras que pude haber vivido. El lugar era un terreno boscoso desde donde se podían observar los volcanes; y mientras leíamos a Neruda, respirábamos el aire nevado de los grandes colosos. En una ocasión, mientras nos visitó un escritor, una amiga y compañera tuvo a bien presentarme como escritora también; esto por la única razón de que yo solía escribir las cartas de amor más melosas y cursis de la universidad. Aquel día, le pregunté por qué había hecho semejante cosa. -Porque eso eres. Una escritora- me contesto. Y desde aquel momento, no se me ha quitado de la cabeza que lo soy, aunque a veces dude, aunque a veces quiera desechar esa idea, siempre vuelven mis pasos a buscar ese encuentro con la poesía, con la literatura, con los libros, con lo que yo considero parte de mi vida.  

 

 

2) Poesía: ¿Mandato o elección? 

 

A. V.: Se comienza por elección, pero se mantiene por mandato. Después de treinta años, puedo decir que a veces he querido saltar del barco y naufragar en otros puertos. Y lo he hecho, vaya que lo he hecho, pero al arribar… me recibe de nuevo la poesía y me invita a ponerme cómoda para comenzar una nueva aventura. Y si me resisto, insiste. “Puedes elegirme o no, pero sabes que al final, volverás siempre” Así que…sí, elección y mandato. Pero un mandato dulce, un mandato que alienta, que cobija, que no impone, que salva.  

 

 

3) Publicaste los poemarios "Universo de Náufragos", "A contracorriente" y, el más reciente, "Libro íntimo o cómo empacar la vida en una uva". Tus poemas suelen indagar sobre el amor, el dolor, la nostalgia, la naturaleza, lo emotivo como parte del paisaje circundante, entre otros asuntos. ¿Consideras que hay límites a la hora de escribir poesía? 

 

A. V.: No hay límite. La poesía es como el aire: anda con suavidad por los montes, o furiosa entre las olas del mar. Se desliza en un acantilado o se está quieta en primavera admirando cómo crecen las flores.  No hay un tema, no hay un límite, pero sí que es verdad que la poesía está más cómoda cuando no hablas sólo de ti y dejas que hable de Dios y del prójimo.  

 

 

4) Respecto al proceso creativo al escribir poesía, ¿primero nace el tema o son un cúmulo de exploraciones sensitivas/simbólicas creando un cuerpo poético? 

 

A. V.: Me pasa que escribo un poema y al día siguiente otro y luego otro y otro. Al cabo de un tiempo los leo y me doy cuenta que escribí la continuidad del mismo poema en diferentes días. Entonces edito, corto, pego y respeto esa línea de madurez del propio poema. Es como si hubiera pasado por diferentes edades en una sola libreta. Pero también sucede, a veces, que escribo un verso y ese verso no admite absolutamente nada más. Entonces lo dejo así, lo respeto, lo cuido y nunca le pido más.   

 

 

5) ¿La palabra justa o la necesidad de que la palabra se ajuste a lo deseado? 

 

A. V.: Creo que lo he mencionado un poco con la preguntar anterior. El poema necesita madurar. Primero es una semilla, un brote… luego, poco a poco va adquiriendo fuerza propia y hay que saber respetar eso. Y a manera de un árbol, de un árbol de las voces: se poda, se libera de lo innecesario o se abona. Si el poema necesita más palabras, te lo hará saber, pero nunca a la fuerza, nunca lastimándolo. Sólo dejará ver los vacíos o las cargas. Es cosa de dejarlos madurar y crecer en el silencio para después, con el mismo silencio respetuoso, volver a ellos. 

 

 

6) ¿Cómo fue el proceso de escritura de "Libro íntimo o cómo empacar la vida en una uva”? 

 

A. V.: Mi padre había muerto. Yo había perdido mi casa y mi trabajo. Teníamos que mudarnos urgentemente debido a la violencia por la que atraviesa mi región. Cuando vi la cantidad de cosas que tenía que mover, me dije… qué ganas de sólo llevarme una uva. Y a partir de ahí, la pensé como una alegoría. Qué puede caber en una uva. Nada más que la uva. Y qué es la uva, es la vid de donde saldrá el vino que hará cálidas las noches frías. No importa que tan lejos vayas, no importa cuánto pierdas en el camino. Puedes empacar toda tu vida en la uva que eres tú mismo. Si llevas contigo tu esencia, más tarde habrá vino, seguro.  

 

 


 


 


 

7) En nuestra época desbordada por la multimedia, ¿Cuál consideras es el impacto de las redes sociales y medios digitales en su obra? 

 

A. V.: Me ha sorprendido mucho. Pertenezco a una generación de escritores que celebraba una publicación con bombo y platillo. Ahora las publicaciones son más genéricas y masivas y creo que pierden un poco el encanto del esfuerzo, de la sorpresa. Pero, por otro lado, nunca en la historia de la literatura hubo tanto auge, difusión y acceso a grandes obras que se están escribiendo en tiempo real. Mi obra me sorprende. Viaja mucho más que yo. La veo en Dinamarca, en Rusia, la veo en América Latina, la veo regocijada en la Biblioteca de Washington, o tomando vacaciones en Arabia. Eso me llena de orgullo y alegría. Y para ser sincera, muchas veces pienso que es algo inmerecido, pero eso ya es terreno de mis constantes incredulidades respecto a casi todos mis éxitos.  

 

 

8) ¿Tiene algún proyecto literario en mente a largo o mediano plazo? 

 

A. V.: Sí. Estoy trabajando sobre un poemario que habla de la vida cotidiana. Y también trabajo un poemario sobre poesía mística. El tema de las mujeres en la Biblia me apasiona. Así como me apasiona la contemplación de la vida diaria de una mujer de mediana edad con sus miedos y aciertos, sus triunfos cotidianos y la maravilla de vivir.  

 

 

9) ¿Qué es la poesía para ti? 

 

A. V.: Para mí, la poesía es la voz de Dios hablándole a tu alma.  

 

 

10) ¿Posee algunos referentes literarios/influencias que te acompañan en tu proceso creativo? 

 

A. V.: Muchísimos. He de decir que si una lectura no me inspira a escribir, la abandono. Ahora mismo me gusta dialogar con Marosa di Giorgio, Idea Vilariño, y no siempre son libros de poesía los que me inspiran a escribir poesía. Me he sorprendido al ver que los ensayos de C. S. Lewis o Chesterton son de gran inspiración a la hora de escribir. Vaya, hasta algunos párrafos sueltos o frases en redes sociales, son una influencia a la hora de mi proceso creativo.  

 

 

11) ¿Vivir para escribir o escribir para vivir? 

 

A. V.: Se puede vivir sin escribir, pero se vive mal. Hace falta algo, y ese algo es la poesía. Como lo dije antes, es la voz de Dios hablándole al alma, y quién puede vivir bien sin Dios.  

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