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| Mikuláš Galanda, Sad bandits (1935-1936) |
El lánguido viento en las hojas anchas.
El viento imagina la noche como un follaje negro.
Y trae el mar el viento, el verde mar. La rumorosa espuma.
Trae el mar y lo abandona a las hojas,
a las hojas que lo han de rumiar toda la noche
que lo han de rumiar para amanecer más verdes.
El viento curva hasta mi oído las más lejanas ramas,
qué frescura de hojas menudas, de dedos finos.
Hasta que la muerte agregue mis párpados
como dos hojas más a su follaje oscuro.
***
Oye el viento, el dulce viento
que canta en la arboleda, y narra
sus largos viajes por la montaña
y trae en su sollozo aromas y valles.
Oye el viento, el dulce viento que se queja
como un niño en el pajar, y busca una palabra
como moneda gastada que rebrilla perdida…
En la sombra azulina está la casa
antigua con sus ruinas de luna demorada.
Vine a buscar los ángeles del piano,
y las flores extintas que ocultan las cortinas.
Vine y toco los muros, pero aún no he llegado.
A tientas me he sentado a la mesa de los fantasmas
y siento cómo caen lágrimas como estrellas
sobre el mantel y en los vasos sin agua.
Aquí estoy siete veces presente y ausente.
Y en los rincones te abres,
oh rosa de heridas incurables.
Dime silencio fiel en dónde sus dos alas
blancas y ardientes, y el fluir de su cabellera.
¿En dónde están sus grandes ojos azules
y la tierra dura de su carne adolescente?
***
Dejo esta noche
dejo esta palabra
por un sigilo
dejo esta única palabra
sombra que vacila entre luz y sonido
y andando andando sueños
llegue a la tierra que canta
el súbito horizonte
bandada sobre el camino
al fin del viaje bordeado de alas oblicuas
la tierra que canta
ya no sé dónde
en un alba rosada
en una luna
que es terror y alabanza
Aurelio Arturo (1906-1974). Poesía completa. Bogotá, Colombia: Ministerio de Cultura/ Biblioteca Nacional de Colombia, 2018.

