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| School of Rogier van der Weyden, The Descent from the Cross (15th century) |
EL CORAZÓN ES UN CUENCO
SEDIENTO Y EXTRAÑO
El corazón es un cuenco sediento y extraño
Toda el agua del cielo cabe en él
sin derramarse
Nunca se colmaría aunque lloviera
todo el cielo
Aunque todo el cielo se derramara
como una cosecha de llanto
Rómulo Bustos Aguirre (1954). Monólogo de Jonás (Antología 1988-2017). Bogotá, Colombia: El Taller Blanco Ediciones, 2019.
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ORINA
También ha de mirarse
física, química y microscópicamente.
Indica cuán cristalinos u opacos somos.
HECES
Dicen que traen suerte.
No las miras,
jamás juegas con ellas.
Reniegas.
Y son tan tuyas.
Jacqueline Goldberg (1966). Perfil 20. Caracas/Chicago: Digo.Palabra.Txt, septiembre de 2016.
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En la radiografía mi pie parece la rama de un árbol.
Es la suma de treinta huesos, uno
lleva por nombre “escafoides”,
y varios comparten el apelativo “cuneiforme”.
Las falanges, formadas por dos y tres huesos, respectivamente,
tienen un trato antiguo con la lengua bélica:
formación en fila,
presta al ataque. Su derrota se remonta a la batalla de Magnesia,
bajo las órdenes de Escipión —crédito a las manos y pies de los soldados—,
desde entonces se usó la legión romana.
También fue el nombre de un partido fascista
que desencadenó matanzas al otro lado del mar,
cuyos dedos alcanzaron este pedazo de tierra.
Esta radiografía lingüística ha revelado mi pie
una pequeña, portante y discreta tecnología para la guerra;
desde otro ángulo, parece también un ala.
No sé si está por desarrollarse o caerá en el desuso.
*
Celebro mis pies por su forma un poco pez,
su vocación tubércula, su carácter raíz,
por guardar, en algún pliegue, las caminatas de mi bisabuela por el monte,
por pensar, muchas veces, mejor que mi cabeza,
por haber salido corriendo de esa trampa una tarde ya lejana,
por cruzar desnudos el río de Xococapa,
por haberse plantado firmes cuando yo me moría de miedo,
por escuchar rumores de la tierra que no comprendo,
por sostenerme, sí, pero también por saber cuándo rendirse,
por andar lo mismo la sierra que el mármol,
por pisar fuerte aun en la barranca,
por los caminos concluidos y los abandonados,
porque solitos desandaron el nudo en que me metí una noche,
por las ciudades recorridas, los parques saltados,
los bosques merodeados y las casas bailadas,
porque en ellos continúan ciertos caminos de mis ancestros,
porque si cerrara los ojos me llevarían, sin dudarlo,
hasta el pino que sembró mi padre.
Diana del Ángel (1982). Un trato antiguo con la lengua bélica. México: Periódico de Poesía, publicado en marzo, 2025.
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archivo cuerpo
pido consejo a la abuela
sobre la vida, sobre el vivir
abuela saca una bolsa de cacahuates
se sienta a un lado de mí
avienta uno a su boca
escupe y escupe y
:
nomás ponte a pelar
:
nomás ponte a escupir
:
entretén dedos y boca
pausa el hacer, pausa el sentir
ocupa los pensamientos
termina de llegar aquí
así
se acomoda el rostro
se acomoda el sentir
así
se entretiene la lengua
se acomoda el decir
así
se le hace creer a la angustia que ha ganado
y el cuerpo puede intuir
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V
Mi cuerpo al igual que una mandrágora que acaba de ser desprendida de la tierra
ha emitido un grito.
Me desentierro para contemplarme.
Me descubro al igual que una mandrágora tóxica:
la del llanto,
la asesina de embriones,
mujer tubérculo,
aún con el lodo de la tierra humedecida
la raíz tiembla,
está conectada a la diosa uterina,
me siento a rezarle,
ya no me cubro los oídos para no escuchar el eco prohibido de mi propio grito.
Te escucho cuerpo,
soy yo de treinta años,
la que persigue el canto de la mandrágora:
la madre que he desenterrado.
Jessica Anaid (1991). Mi cuerpo al igual que una mandrágora que acaba de ser desprendida de la tierra. México: Periódico de Poesía, publicado en septiembre, 2025.
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Los cuerpos
i
Los parimos a diario
trabajamos hasta el sueño para darles un lugar seguro
les quitamos la leche materna
pero maman de las cabras las vacas
búfalas y perras
se deja el alcohol y la carne
para dulcificar sus esporas y sus desechos
se les arrulla
se les lava el sexo entre las comisuras
se deprimen
no sabemos qué les pasa
¿tendrán cólico en el alma
o el dolor de haber nacido?
¿les arderá la certeza de los orificios palpitando
la alarma antes de la luz del día
las mucosas deslizando órganos sobre órganos
la fosa roja atrayendo el aire
los vellos deteniendo el polvo
la saliva espesa sostenida en la garganta
o sólo tendrán sed?
:
ii
¿Por qué te rehúsas a respirar ahora?
¿Por qué en las madrugadas te despiertas
como queriendo vomitar desde el pecho?
Te arrullo otra vez
cuerpo
estás preso
porque estás vivo
el alma amenaza con descomponerse
dejando solo esta obscena carga de llevarte a cuestas.
:
:
:
:Las cuerpas
i
La cuerpa fue tomada
fue obligada a parir como a la virgen
quemada y trozada desgarradas las ropas
abandonada sin una mirada de ternura
ni una mano que le ayudara a levantarse
no se levantó más.
Vendida
cambiada por una vaca
la vaca cambiada por una cuerpa.
Encerrada en paredes de concreto
con un cristo llorando sangre
expulsada de casa con el sexo húmedo
amurallada
sin poder sentir más el sol en las manos
fue contención de algún esposo
que llegó a jadear sobre ella.
Desollada tirada en la basura
rociada con ácido mutilada
convertida en depósito del placer ajeno.
No hay culpables,
ningún pueblo ha colgado una cabeza en una alóndiga
ninguna hoguera ha ardido con miembros flácidos
ninguna cárcel se ha abarrotado
ni se ha escuchado un grito de hombre
desesperado
por piedad.
:
ii
Las cuerpas son el territorio por donde se anda descalza
el lugar donde las tristezas tienen nombre
donde conozco el paraje de mi placer
y el olor que despido ante el peligro
la cuerpa me lleva
elige el camino y sabe dónde parar
me exige:
esta es mi belleza
los ojos negros profundos, la piel caída y áspera
los labios húmedos y delgados
las piernas flacas
y el sexo cálido es también mío
estos son mis intestinos torcidos por la angustia
esta sed que traigo es de cargar tu tesitura
tus anchas soledades y tus aves confundidas
la taquicardia son las horas
que alertan la caída del tiempo
por la barranca
el ardor al defecar es la culpa que me persigue
por sentir siempre las manos vacías.
El lugar que habito
el que me sonríe cuando estoy triste
el hogar del que no habrá que mudarse nunca
es mía
con ella cruzo los baches los topes las avenidas
doy a la carretera al muro a los árboles
con las tarántulas las ardillas las ratas y las serpientes
con el día en la montaña
con la noche en la montaña
con el silencio
llevo en las arterias la dirección del ave sobre el mar
me sostengo defendiendo el espacio que ocupo
y llevo en las manos el grito y la flor.
:
Tania Jaramillo (1989). Las cuerpas. Valencia: Poesía, publicado el 20 de julio, 2020.
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Este cuerpo de mujer que habito
Este cuerpo de mujer que habito, desde donde he alzado una mano
para tocar el cabello de Moisés haciéndose tierno de repente
lágrimas puestas al revés de toda una infancia de cortar conejos
agarrarse los huevos cargar al mundo
arreglar con voltímetros blandir llaves inglesas taladrar
paredes soldados proteger la suavidad de nuestros ángulos nuestra sabiduría
de cortinas, desde donde he aleteado pestañas para enamorar a tres, cuatro
desde donde he trazado la “S” sinuosa del deseo
a la que Crátilo llamó “serpiente” y Adán llamó “percepción del flujo”
desde donde me he cansado de cuidar
como Teresa y Diana
el miedo que no sentían al tocar leprosos
con sus manos inmaculadas, los labios
con que besaron
sus benditas llagas, desde donde he lavado la grasa del taller
dejando remojar fibras en un río de saliva universal desde
donde he sangrado gotas malogrado abonado el trigo
la hiedra desde donde he sido parcela toda ubérrima
donde rumian las cabras
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cómo cambian las rutas y el cuerpo cuando no los transito
pensar que la costumbre se escapó sin avisar,
sin echarme de menos.
la nostalgia se esconde
junto al cabello que acomodo detrás de mi oreja.
espero que este cuerpo
nunca se sienta extranjero en las calles que transitó.
las manos
además de ser caricia también son brújula.
las manos casi siempre salvan.
Kamila Rubero (1999). Con qué pedazo de cuerpo. México: Periódico de Poesía, publicado en enero, 2025.
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La caída
Cómo será este cuerpo que resiste
con la docilidad de un sauce en la tormenta
cuando lo venza el tiempo
y la fatiga,
qué quedará,
qué oscura raíz lo sostendrá en la tierra,
uno más,
uno caído entre los otros.
¿Seguirá siendo mío,
si las redes de la memoria se destejen?
Cómo será caer entre otros cuerpos,
rodar hacia la vejez,
como los chicos
ruedan
colina abajo
pero más fuerte,
más fuerte,
más fuerte
y sin poder poner las manos.
La luz sobre nosotros
¿Ves mi cuerpo envejecer?
Lento y tan dulce,
me convierto en otra:
siempre en otra.
Como esas flores tristes del florero
que se apagan de a poco,
me vuelvo un manojito
mustio y ceniciento,
todo mi cuerpo sabe
que comienza la muerte.
Y sin embargo qué,
seguimos vivos.
Y mi cuerpo
reconoce
los signos del deseo
con la precisión de la sabiduría:
aquí está mi piel,
aquí la tuya
y de pronto soy tu piel
y vos la mía.
Envejecemos.
¿Y qué?
Todavía
iluminamos las estrellas.
Mariana Finochietto (1971). Todo lo que hicimos en nombre del amor está salvado. México: Periódico de Poesía, publicado en septiembre, 2024.
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La forma de tu cuerpo
¿Qué dulces ojos,
qué manos,
tuvieron la fortuna
de conocer la fresca
forma de tu cuerpo
y tallarla en el bronce,
para nuestro goce?
Harold Alvarado Tenorio (1945). Poemas de Harold Alvarado Tenorio. Caracas: Papel Literario, El Nacional, publicado el 15 de febrero de 2026.

