DOS POEMAS DE BEVERLY PÉREZ REGO
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| Johann Bayer, "Triangulum" (1624) |
$4.00
Tengo cuatro dólares. Debo ir a gastarlos. Señor, dígame si compro un elemento, dígame si agua, dígame si fuego. Me hacen falta. Dígame si compro una aguja, dígame si voy y me inyecto esta ciudad y me infecto con ella, en ella, y por ella. Debo en ella gastarme. Debo inocularme. Me hace falta. Dígame si compro una mecha, dígame si la extiendo, la ato a mi tobillo, y camino hasta el fosforero, y allí la enciendo, para que estalle un bono y cobre y cobre y cobre— Tengo cuatro dólares. Debo redimirlos. Señor, dígame si compro una pistola de juguete, diminuta y de plata, con balas del tamaño de semillas de orquídeas epífitas, de las selvas tropicales, de 85 micrómetros, invisibles al ojo humano y el Ojo divino, dígame si compro para ella una funda, o mejor la llevo a casa y la guardo dentro de un dedal. Dígame si la entierro, dígame si en aire o en tierra. Señor, tengo en mi bolsillo la cantidad de cuatro dólares, cuatro de los duros, cuatro de los verdes, ya me están doliendo, dígame si compro una cucharada de algún ungüento, dígame una migaja, una sobra o un despojo, un recorte o un fragmento, dígame si compro la punta de un iceberg, Señor, me hacen falta, dígame si compro una coma, o mejor un punto, o aún mejor un punto cardinal, dígame si norte o sur o este o me compro aquí mismo, Señor, son cuatro, son dólares contantes y sonantes, ya los he contado, ya los he escuchado, dígame si compro una cédula de identidad vencida en 1999, dígame si como, dígame si bebo, Señor, lléveme ahora mismo a la tasa del mercado negro, del mercado blanco, la ruta de la seda y la senda de los justos que es como la luz de la aurora, porque el camino de los impíos es el camino de las tinieblas que arropan al desdichado que no tiene cuatro dólares, yo sí tengo, yo sí cómo, dígame si compro una cáscara de huevo, o una piedra que la parta, y que mejor me alcance, un pico y una pala, una pala y un pico, una pizca de comino, o mejor un perro callejero, o mejor una planilla de un banco, Señor, tengo fe. Me hace falta.
THE TOMB
White, I want you white, donde todo es blanco. / White wind. Dedos blancos. Blanco del blanco. El becerro sagrado del Sinaí ceba / leche de una British White Castle, la cosecha / leche del buche de palomas blancas, pero no tan blanca / como el zorzal albino, pico blanco, blancas garras / sobre el hombro de la estatua iluminada / por luz de Selene, la doncella / griega que es la luna, / nuestra diosa blanca— / porque la quiero blanca, porque todo es blanco. / Blanco como el cebú abisinio, frío como la noche, cuando la hija del Viento del Norte / yació sobre la tierra y creó la nieve. / Mentira blanca, por ahora te quiero blanca. / Blanco es el mar del invierno de Nueva Escocia / y el caballo blanco cabalgando en el iceberg. / Blanco, quiero vivir dentro de la araña / blanca que no tenía razón / de ser blanca / a menos que así la hayan hilado. / Calva, fría como la mujer vestida de blanco, la enfermera administrando una dosis del antídoto / por la mordida de Aracne y las sutiles cicatrices que no eran blancas, white wind, white bodies, / el hierro/ blanco ardiendo, el hueso/ endamando del corpiño de cegamiento / blanco, te quiero blanco, te veo desde la blancura del ojo, veo la luz intermitente mientras me desnudan, afeitan mi / cabeza, una toalla blanca. / Me llevan a través de puertas, una / tras otra, gruesa, blindada, cerrada. / Entré en la cámara de los espejos, / las lunas del alma, y todo estaba limpio / y todo era impecable, impoluto, medular, / absoluto poder totalitario del blanco, /luego el rugido, el motor descomprimiendo / y luego otra puerta, ahora el congelamiento / de la cava, un matadero blanco, white, / Te quiero blanca, en carne blanca, en el plato blanco de arroz y habas blancas / cabello blanco / ojos de fría plata mirándome desde ojos / girando en el lente en el techo blanco, porque / vi como pendían las esposas transparentes / y todo estaba pintado de blanco, espuma de mar, / virgen de la torre de marfil, blanco que refleja / longitudes de ondas de luz / 72 horas sentado en el banco blanco, obligado a ver la luz, / luego los cubos, luego el agua, luego / los pulmones se vuelven blancos / I want you white, te quiero blanca,/ dime dónde está mi niña amarga, dime / si ella se mira en la faz del pozo / white, carne blanca, cabello blanco, ojo de plata fría. Los guantes blancos de los tenientes / golpearon puertas de vidrio, white wind, dedos blancos. El mar de invierno de Nueva Escocia y el caballo blanco cabalgando en el hielo.—
Beverly Pérez Rego. Lyric shame & otros textos. Valencia: Revista Poesía. Publicado el 13 de abril de 2020.


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