Anatema en la oficina
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| Theo van Doesburg, "Composition in Gray" (Rag-time). (1919) |
Es hora de que yo, gregario y mínimo,
autografíe como todos la postal,
el lugar común de este desprecio
con el Ávila al fondo. La detesto.
.
Cada charco es un abrevadero de palomas.
En cada alcantarilla baila un niño.
A veces, una flor de bucare besa el suelo
donde una llanta trituró a un borracho.
La lluvia saca sus iguanas,
sus sapos verdinegros, sus batracios
a engordar con la basura.
El cielo dudoso de sus noches
estupidiza a las últimas estrellas
cuando faroles derribados por choferes
y letras de neón con faltas ortográficas
y semáforos bizcos que apedreó un mendigo
disfrazan la boscosa madrugada
en que los grillos burlan rascacielos
y los rabipelados roban casas de familia.
Detesto a sus mañanas y sus tardes
amontonadas sin más en las aceras,
terraplenes de acres enlodados
junto a pozas de azul y sol bramante
que perfora el insomnio de una grúa
demente en el calor: la avenida
fue inaugurada ayer y hoy envejece
entre nuevos asfaltos que la ignoran
porque miles de palas y uniformes
no pueden detenerse, es necesario
que todo se haga joven de improviso
licuada la memoria en el cemento,
el patio de la infancia subastado
a tractores sonámbulos que viajan
por el aire letal de nuestros sueños.
.
La detesto ritual, lujosamente:
a sus sótanos, sus torres, sus estatuas,
su río excremental, su nombre incluso.
Y mientras sueño con el mar que me la esconda
en un viaje de espumas imposibles,
me aguardan mis papeles de burócrata.
autografíe como todos la postal,
el lugar común de este desprecio
con el Ávila al fondo. La detesto.
.
Cada charco es un abrevadero de palomas.
En cada alcantarilla baila un niño.
A veces, una flor de bucare besa el suelo
donde una llanta trituró a un borracho.
La lluvia saca sus iguanas,
sus sapos verdinegros, sus batracios
a engordar con la basura.
El cielo dudoso de sus noches
estupidiza a las últimas estrellas
cuando faroles derribados por choferes
y letras de neón con faltas ortográficas
y semáforos bizcos que apedreó un mendigo
disfrazan la boscosa madrugada
en que los grillos burlan rascacielos
y los rabipelados roban casas de familia.
Detesto a sus mañanas y sus tardes
amontonadas sin más en las aceras,
terraplenes de acres enlodados
junto a pozas de azul y sol bramante
que perfora el insomnio de una grúa
demente en el calor: la avenida
fue inaugurada ayer y hoy envejece
entre nuevos asfaltos que la ignoran
porque miles de palas y uniformes
no pueden detenerse, es necesario
que todo se haga joven de improviso
licuada la memoria en el cemento,
el patio de la infancia subastado
a tractores sonámbulos que viajan
por el aire letal de nuestros sueños.
.
La detesto ritual, lujosamente:
a sus sótanos, sus torres, sus estatuas,
su río excremental, su nombre incluso.
Y mientras sueño con el mar que me la esconda
en un viaje de espumas imposibles,
me aguardan mis papeles de burócrata.
Armando Rojas Guardia (1949-2020). Anatema en la oficina. España: Revista Aullido. Publicado el 18 de octubre de 2023.


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