ENTREVISTA A JOSÉ PULIDO

by - junio 14, 2026

 

José Pulido en Salamanca (Foto cortesía del poeta)


José Pulido (Villa de Cura, 1945) es un poeta, narrador y periodista venezolano. Ha escrito más de una docena de libros entre novelas, poemarios, entrevistas, narrativa breve y biografías.

Sus poemarios son: "Esto" (1972); "Paralelo lelo" (1972); "Los poseídos" (Editorial Pavilo, 2000); "Peregrino de vidriera" (2001); "Duermevela" (2004); "Heridas espaciales y mermelada casera" (2019); "Los espacios del adiós y otros poemas" (2020) y "Nunca es un artificio el viejo exilio" (2020).

Entre sus condecoraciones podemos mencionar: Orden Francisco de Miranda. Segunda clase (1985) y la Incorporación a la Academia Venezolana de la Lengua por el estado Aragua (2023).

Ante todo, Pulido es un hombre generoso: con la palabra, el trato, la forma de abordar un tema y, especialmente, al hacer de su observación, reflexión, sentir y honestidad un poema. 

Le escribimos para enviarle las preguntas vía correo electrónico. No quisimos abusar de su paciencia y fuimos breves. En muchas entrevistas le preguntan sobre su obra periodística (aquí), su vida en Génova (acá), además de colgar su expresión sobre el devenir nacional. Las dejo para que, aquellos iniciados en el hombre y su pensar, se adentren para conocerlo más.

Las interrogantes que le hicimos giran en torno a su despertar poético, el oficio de un lector consumado, la escritura, su poesía y, desde luego, la vida.


PREGUNTAS: 

 

1) Poeta, narrador, periodista, biógrafo, lector. ¿Cómo inicia su vocación literaria?

 

J.P.: Comencé buscando la poesía torpemente, sin conocerla, porque era lo que me conmovía. Leí un verso de Emily Dickinson que decía:  Los verdaderos poemas huyen” y me quedé pensando ¿Qué quiso decir y por qué me hizo sentir si no lo comprendí?. Sigo sin conocer la poesía pero ella me ha hecho escribir. Todo lo que escribo parte de su esencia. Creo que ella ha estado tratando de conocerme también porque desde un principio me convertí en alguien que vive para buscar sus huellas. Ella pasa por todos los caminos

 

2) ¿Leer para pensar o leer para vivir mejor?

 

J.P.: Leer para rendir honor al cuerpo, el alma y el espíritu que nos dan como forma de existencia. La lectura nos hace más sabios, sensibles y desarrolla nuestro cerebro, nuestros sentidos que son muchos además de los cinco que conocemos. Con la lectura podemos saber todo lo que ha sucedido, lo que se ha hecho, la grandeza alcanzada por el ser humano. Un libro es un modo magnífico de recibir mensajes trascendentes. Hablo de libros cuyos autores han alcanzado una cima, aunque sea pequeña. Solo vivimos mejor si pensamos por nosotros mismos y no permitimos matrices de creencias o de opinión.

 

3) La novela, el cuento, la crónica, los poemas y el guion televisivo han sido parte de su repertorio creativo y de expresión. ¿En cuál género se ha sentido más cómodo?

 

J.P.: Ninguna escritura me incomoda. Usar las palabras para narrar, describir, contar, informar, es el privilegio de poseer una pasión como oficio. Con la escritura no solo se transmiten acciones, hechos, experiencias, vivencias también sirve para el crecimiento intelectual y espiritual del escritor y del lector.

La poesía es otra cosa. El poema es una estructura que se intenta con el deseo de que en ella surja la poesía. Ya lo he dicho otras veces: el poema es el envase y la poesía es lo que puede llenar ese envase. ¿Llenarlo con qué? con algo que de algún modo se compare al mecanismo que activa una planta para crear una flor o con el impresionante modo en el que una flor se marchita. La poesía no es para que los lectores se distraigan, se entretengan, se informen o se culturicen. La poesía es una enfermedad sagrada, creo. Algo así dijo Heráclito, pero sobre el pensamiento.

En estos días puse en las redes un poema como tantos que he escrito sobre la poesía. Si quieres lo usas. Aunque lo pongo solo para que lo conozcas si no lo has leído.

 

LA CARACTERÍSTICA NÚMERO UNO

 

Imponer a la poesía

un comportamiento determinado

es no creer en la poesía

y es no conocer la característica número uno de la poesía:

no existe una característica número uno,

ni siquiera una número dos, atrapar contornos

y definiciones de la poesía

no es suavidad ni firmeza por separado

pero podría ser piedra y aleteo todo junto

 

Es como no creer en la vida

estamos hechos de poesía, de carne, de saliva,

creados de sangre humana, cerebros empollando

de ahí cada reacción

siempre hacemos algo que nos incita a comprender

el por qué de los animales

 

Tan cerca de Dios

y tan alejado de la vagina

El Dante ¿quién más?

 

Cuando fumaba

y no me apocaba la pobreza

ni temía inundaciones de maldad

viví fechas en las que recogí

colillas de cigarrillos

algunas veces aderezadas

con pintura de labios

 

Subir a un autobús era un lujo

caminaba y disfrutaba detalles de esquinas,

de árboles sin familia,

nacidos en la orilla de una calle

recibiendo lluvia como milagro sin celebración

me recostaba en árboles solitarios 

cuyo humilde modo no extinto

de llegar a un acuerdo con el sol y las aves

demostraba que seguían haciendo

oficio de árboles

sombra, oxígeno, nidos, atrapar rayos

 

En definitiva

encuentro huellas en los grandes lugares

por donde no pasé

 

 

José Pulido en el Festival de Génova (Foto cortesía del autor).

 

4) Considero que sus poemas no distinguen entre la "alta" cultura y la baja como se ha separado desde la Academia. Si debo ponerle un rótulo, aunque sea con un fin interpretativo, lo considero un etnógrafo que escribe poesía. Lo digo por la manera en como aborda lo cotidiano, lo que hacen otros y lo que sucede en la calle, con esa incisa atención a lo que pasa a su alrededor. Además, usted ha hecho de la divulgación poética algo cotidiano en espacios digitales como Instagram y Facebook. ¿Cuál es su valoración de las redes sociales en la literatura y en el quehacer literario? ¿Considera que es un "outsider", un rebelde literario?

 

J.P.: He leído mucho y lo sigo haciendo. He vivido mucho y lo sigo haciendo. La poesía germina en la vida y en la muerte; en todos los lugares, tiempos y espacios, es la esencia determinante de cada cosa y solo afinando la mirada del alma puede uno verla pasar.

He profundizado en los más elevados escritores y poetas y he trabajado en fábricas; he sido vendedor de artefactos, corresponsal de guerra y he estudiado música, he compuesto canciones y he escrito obras de teatro; he convivido con las elegías de Rilke y he sembrado auyamas. He donado mi sangre a Virginia Woolf y a James Joyce y cuidé cadáveres para que no se los comieran los animales.

Y reconozco humildemente que solo he aprendido lo básico: la vida y la poesía son almas gemelas o cauces de una misma corriente. Hay gente que todavía cree que la poesía es algo para exaltar el amor en las fechas celebratorias, en noviazgos, en ritos de seducción. O que el poema es algo muy rimado y ya está. No se puede combatir eso, las matrices de opinión y de creencias tienen alelada a una parte inmensa de la humanidad.

Y la verdad es que solo me apasiona y me emociona escribir. Si alguien lee y  siente lo que escribo es un buen logro pero no lo busco. Yo estoy feliz como una abeja que no sabe hacer miel pero la hace porque puede vivir con la satisfacción de crear algo desde la insuficiencia.

Con la divulgación de mis poemas en las redes no tuve una intención meditada. En realidad pasé la vida trabajando en periódicos y revistas y escribía mis novelas y mis poemas de noche, al llegar a casa. Durante sesenta años guardé los poemas que no podía publicar y comencé a ponerlos en las redes, con fotografías y con obras de pintores. No lo hice como si la imagen estuviera al servicio del poema o como si el poema fuera un pie de página para la imagen. Solo busqué esa buena compañía. Y así comenzó tal difusión. Los poemas se repiten cada año. Al menos no desaparecerán del todo. Son como piedras rodando en un río.

Creo que lo importante es que quien escriba ame la escritura, la respete. Hay mucha gente escribiendo en las redes sin la responsabilidad de quien ama un lenguaje, un idioma.

No sé lo que significo en la poesía. En lo que escribo salta a cada rato como una liebre la vida que he macerado, como he dicho: leyendo y viviendo, la vida de un hombre que trata de rendir homenaje a su madre porque ella formó, con su cuerpo y sus partículas, la carne y el alma que se necesitaban para estar entre los vivos.  Mamá era analfabeta pero el primer libro que me compró, aparte de los libros escolares, fue Don Quijote de la Mancha. Yo no lo entendía. Y lo leí varias veces y lo sigo leyendo y ahora estoy más agradecido con ella por ese regalo Un día le conté lo de Dulcinea y me dijo “Esa pobre mujer no se enteró nunca de que estaba metida en un libro”.

 

5) En una entrevista (Reseñada en Grupo Li Po, 26 de diciembre de 2024) usted mencionó que los escritores nacionales se leen poco entre sí. Si a esto le sumamos el deterioro colectivo que ha sufrido el país, el cual se incrementó de forma dramática durante la última década, tal opinión debe tener una fisura abismal entre los escritores nacionales y los lectores. ¿Todavía piensa de esa manera? ¿Qué considera usted que hace falta para que nos leamos más?

 

J.P.: La lectura debería comenzar en el hogar. Y mucho antes de eso: debería comenzar como una costumbre entre el hombre y la mujer que forman un hogar. Si la mujer y el hombre que van a formar una familia no leen ¿qué será de sus hijos? Si piensan que un libro puede ser importante en la vida de sus hijos la educación funcionará con más aciertos.

En todas partes del mundo se da una separación entre escritores porque se forman grupos de modo casi natural, círculos de amigos, de compañeros, de condiscípulos. Pero muy pocos se leen entre sí. Uno de los factores fundamentales para lograr una escritura mayor, elevada, trascendente, es poseer humildad, tener humildad, saber que cada quien está limitado a lo que es y a lo que hace. Trato de leer a los otros y de reconocer sus logros. Y no lo hago por generosidad. Lo hago para tratar de alcanzar, alguna vez, unos gramos de humildad. En Venezuela siempre tuve que enfrentar el hecho de que los periodistas no me consideraran periodista sino escritor; los escritores me consideraran periodista pero no escritor; y muchos poetas me consideraron escribidor pero jamás poeta. Nada de eso es asunto mío. Creo que todos tienen el derecho de inventar la persona que desean colocar en un sitio donde no estorbe. La realidad de la persona será en definitiva aclarada por lo que hace, por la obra que produzca. Si mis poemas logran algo de poesía o si no lo consiguen: ese es el asunto que prevalecerá.  Uno no puede ser alguien a juro. Uno no puede ser poeta a juro. Uno vive esa pasión o no la vive. Uno entrega la existencia a la poesía o solo hace con ella un comercio de mercancía banal.

 

6) En su texto "Contra cada carcelero: la poesía" (Letralia, 30 de mayo de 2026), pone el clavo justo, a mí entender, en el cuerpo poético (y, de alguna manera, en el corazón de la sociedad): "Los poetas están al servicio de la poesía: jamás debe suceder lo contrario". Me temo que esto no es lo común, ni en nuestro país ni en muchos otros. A muchos poetas les encanta arrodillar la poesía a su mandato, tal cual tiranuelos que, ante tal acusación, olvidan lavar sus manos y siguen de largo. El asunto, a mí entender, es que este tipo de sectarismos alimentan a esos monstruos que después socavan las instituciones. ¿Ha sentido algún rechazo en el mundo literario nacional? ¿Aprenderemos a ser autocríticos o esperamos a la vuelta de la esquina el próximo Herodes que mande a cortar cabezas?

 

J.P.: El pájaro vuela y canta. Si le cortas las plumas y deja de volar sigue cantando porque esa es su esencia. Solo muriendo deja de cantar. La vida se expresa cantando, se expresa volando, se expresa floreciendo.

Lo primero que debe entender quien desea entregarse a la poesía es que no se trata de un recurso para buscar poder; no es un oficio para buscar empleos y jerarquías pagadas; no es un modo de entretener al público y recibir monedas en un sombrero caído en el piso. El lenguaje es la máxima expresión de lo que en el reino animal se denomina ser humano. Y la poesía es la máxima expresión del lenguaje. Es aliento de alma, de imaginación, de sentidos interpretando la vida. La poesía es una luz que nos atraviesa y nos mide. No es algo que podemos usar como mercancía, como pieza ortopédica. Es la posibilidad de conseguir una pequeña emanación sublime hecha con nuestra tosca sentimentalidad.

Ser poeta es asumir un modo de existencia en el que se goza el martirio de descubrir quién es uno mismo, de sopesar las pocas cualidades y las escasas posibilidades que se tienen, ante los muchos defectos y las miles de trabas que te petrifican en cada uno de los instantes que quieres volar. Asumir el lenguaje de la poesía como quien adquiere una religión, es un atrevimiento casi suicida, porque nada te obliga más a acercarte a la verdad, ese utópico puerto de llegada. Hay que arrimarse al fuego de la verdad y arder en él.


Quien no percibe la poesía con la corazonada de que estamos

errando todos los santos días, no tendrá un momento de serenidad

que valga la pena. Una buena serenidad como la que llegaría si te

estuvieran clavando las manos y los pies y de pronto necesitaras

preguntar “¿Qué día es hoy?”

 

El tema de la poesía es poder estar presente en cualquier

circunstancia sin poder expresar nítidamente para qué se está

presente si la voz no tiene nada que ver con el coro. Ah, cuánto

placer molestar con música el viejo silencio

 

No he sentido rechazo. Más bien una rama del rechazo que se llama indiferencia. Pero siempre digo lo mismo: lo importante es la obra. Lo importante es saber si en verdad consigo un buen poema. En definitiva mi pasión y mi amor por la poesía es algo personal. Un placer solitario, como rezar a la poesía y que de vez en cuando ella escuche.

 

José Pulido desde su casa respondiendo la entrevista (Foto cortesía del autor).


7) ¿Vivir para escribir o escribir para vivir?

 

J.P.: Somos testigos. Estamos en el mundo como testigos efímeros. Debemos ser lo más justos, honestos y amorosos posible para poder atestiguar. Y debemos ser humildes para la hora de mirar hacia nosotros mismos. Hay quien habla como testigo todos los días y la mayor parte del tiempo sin asumir la responsabilidad del testigo. Hay quien escribe todos los días sin asumir la responsabilidad del testigo. Pensar en la escritura como arte es entender que se trata de una forma del lenguaje que puede dar más valor a lo que el testigo expresa. Mirar la vida, describirla, interpretarla, comprenderla es una magnífica justificación de tener conciencia.

Puedes vivir sin escribir. O sea: puedes respirar, comer,  amar, caminar, comprar tomates. Pero no puedes escribir sin vivir. La poesía sí puede. Lees un poema de un poeta muerto, como Anna Ajmátova, por ejemplo, y sientes deseos de escribir un poema desde ese sentimiento. Y Anna Ajmátova escribe desde tu corazón.



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Cinco poemas de José Pulido 

Recomendación de su libro Nunca es un artificio el viejo exilio

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