CUATRO POEMAS DE NATALIA LITVINOVA

by - agosto 07, 2026

 

Natalia Litvinova, Las flores rotas blog de poesía, Poesía, Poetas de Bielorrusia
Ernesto de la Cárcova, Naturaleza en silencio (1926)

 

 

VERSIÓN DE UNA TARDE

 

De niña corría tras las ardillas,

quería atrapar alguna,

forzarle la boca

para conocer su aliento

a nuez roída en la penumbra.

Ayer forcé tus labios,

fue la mejor versión de una tarde:

me deslicé por tu casa,

lenta como polvo viejo

y libre como polvo nuevo.

Te apunté con los dedos

a la cabeza y dije

que si no te entregabas

te revelaría mis secretos.

La luz atravesó la ventana

como una espada

y bailé con los senos

pegados a tu camisa.

Tantos años de orinar

a la intemperie,

si me vieras, amor,

sobre las ortigas.

 

 

 

LA ÚLTIMA CINTURA

 

Después de años de planos trazados a la perfección,

mi madre terminó remendando ropa ajena.

Un día llegó Juan con su leucemia.

Trajo pantalones para achicar. Estaba perdiendo peso.

Cada vez que venía, yo me tapaba la boca.

Quería arrojarme sobre su cuerpo.

Cinco pantalones reducidos para las cinco versiones

de su cintura. Juan, eras blanco cal,

la luz desperdiciada en la dimensión de tus ojos,

tus labios como si toda tu sangre se congregara allí.

La última vez que te vi trajiste el sexto pantalón

y lo destrocé sollozando hasta quedarme dormida.

A la mañana siguiente encontré a mi madre

con los ojos cristalizados, detrás de la máquina de coser,

iluminada por los débiles rayos del sol.

Al lado de toda esa ropa arrugada, indecente, sin dueño.

.

.

.

CHERNÓBIL

 

Hay días blancos y días negros,

antes de mi nacimiento un día negro explotó,

y mi abuelo no vio más colores. Los sobrevivientes

pudieron escribir su nombre en la ceniza y volver

a la oscuridad del hogar.

 

 

 

UN DÍA SE INICIÓ EL OLVIDO

 

Las partículas de tu rostro

comenzaron a desintegrarse.

Ahora todos los hombres

te retienen en sus rasgos.

Tus gorros roídos por las polillas

y los guantes deformes

por la ausencia de manos.

Un día todos los hombres

que caminaban bajo la lluvia

estuvieron hechos

a la medida de tu cuerpo.

Ya no recuerdo cuán ancha la espalda

o cuán suave la tela del abrigo,

un día el olvido comenzó,

estaba sola en el andén

y las puertas del vagón

se cerraban y se abrían

como si ingresara

una multitud de fantasmas.

La luz de la luna oscilaba

como un farol y las estrellas

parecían colmillos

de un animal al acecho.

Cesaron mi infancia y tu vejez

pero tu voz no,

campana indestructible,

trina en mi sien,

enferma de misterio.

 

 

 

 

Natalia Litvinova (1986). Poesía argentina actual: Natalia Litvinova. Puebla, México: Círculo de Poesía. Publicado el 30 de enero de 2017.

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