TRES POEMAS DE ANTONIO ROBLES

by - octubre 23, 2026

 

Paul Fischer, Ved Trianglen i København en varm sommerdag (s/f)

 

 

Pecado lírico

 

El delirio se cree sombra, celebra, abraza,

desconoce en intermitentes correrías,

desaparece pero vuelve.

 

La metáfora se viste de Dios padre, de Dios

astronauta, monasterios de cristal caminados

por el viento, inspiración a la deriva, se apaga,

se enciende, convoca, enanitos de vidrio se

congelan en mis ojos.

 

La calle es cadáver extendido en gélidas formas,

cuervos de carbón quebrándose en los

labios de la noche, pájaros invisibles

danzando en mi torrente sanguíneo, gusanos

metálicos celebran pisoteando mi andar.

 

Estáticos parajes inanimados donde la alegría se

embriaga en la morada del oxígeno,

la ternura pacta con el cianuro para

incendiar las nubes, montañas azules,

formas triangulares de reptiles.

 

Caminos de atmósfera irreales, ficticios,

desaparecen en mis pasos, bailan en mi frente,

me convocan, el delirio, la metáfora,

me hacen prisionero, monasterios de cristal

quebrándose en mí aliento.

 

 

 

El espantapájaros

 

Un espantapájaros arrogante, alta frente de niebla,

mirada infinita, se acerca, se dirige a mí, a saber que

soy, que cosa soy, a quien espanto.

 

En la faz tiene una mancha o insurgencia de estrellas

negras, incrustados pedazos de noches, eternas telas de

viento lo cubren desde el pecho hasta los pies, abismal y

profundo ropaje de diamantes oceánicos.

 

En congelados pasos me observa flanqueado de abismo y

sembrados, su fugaz verbo de la inquisición, su inquieta

mirada al acecho, disparos de cianuros, implacables espinas

luminosas, gotas de cielo incandescentes me rodean para

interrogarme si espanto, si estoy vivo, si estoy muerto.

 

Espectral, audaz, armado con montañas de rayos eléctricos,

irreductible frente a mi presencia, pero escucha cuervos,

regresa a su labor y a pasos de subterráneos pies de glaciar me

abandona, se aleja.

 

El misterio se congela en el aire, se derrite, desaparece,

y me quedo solitario, yo, ser del misterio.

 

Julio, 1996

 

 


Calle ciega

 

La mañana conjura en ritual saharaui,

se deja ultrajar por el viento seco,

el desierto baila en su tumba,

la mañana está muerta.

 

Esta matutina historia se repliega,

se evapora en el tiempo, la calle huye en círculo,

su rostro se vuelve brisa, cantera cinética,

sueños inmorales.

 

Esta vieja plaza se torna atmósfera, la calle está soñando,

nace un río de luces, siluetas alumbradas,

una diosa desnuda ofrenda su luz.

 

Avanza la tarde en adorno de cadenas,

eternos eslabones metálicos, paso de la inmovilidad,

contagio de agonía, la muerte establece su carácter ilustre,

criaturas impías, espíritus de humo.

 

Calle ciega, llegada de la noche, desandar,

silencio, pedazo de sueño, pedazo de noche,

espectros conjurando en las estrellas,

vírgenes eróticas vagando en el firmamento.

 

Extraña rebelión de los astros, sonríen,

se extravían a lo lejos, provocativos labios de monjas

volando entre aves transparentes y búhos de piedra.

 

Pedazo de calle, olor a tiempo, caminatas,

caminando alrededor, andanza ebria de oscuridad,

en mi aliento hay grillos de cuarzo que proscriben

en el vientre de la noche

 

 

 


Antonio Robles (1964). Huyendo al Sur. Antología poética. Santiago de Chile: LP5 Editora, 2021. 

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