CAPSULARIO #35
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| Paul Klee, Gespenst eines Genies (Ghost of a Genius) (1922) |
Este Capsulario, el último, fue escrito el 20 de junio de 2026.
Ottessa Moshfegh, novelista y cuentista estadounidense, escribe en una entrevista (Interview, 2025) que le hace a su amiga, Amie Barrodale, también escritora: “If you don’t do it, you will be a ghost”. Esa es la idea de escribir: Si no lo haces, serás un fantasma.
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La idea del fantasma es jugosa para la escritura. Pienso en Ghost, la historia (en esa categoría tan curiosa como el non-fiction, ya que es un relato con eventos y personas "reales" pero con esa aparición del yo vivencial y, a su vez, ficticio como la recurrente en la ortopedia borgiana) escrita por Danielle Chelosky, novelista, cuentista y periodista musical radicada en Nueva York.
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No me considero un escritor profesional. No obstante, al hacer ese ejercicio de escritura, ya sea un cuento, poema o una pieza de ensayo breve, lo que he hecho por satisfacción personal, se me asemeja al trabajo de un fantasma: paciente, buscando las palabras acordes, midiendo la estructura del cuerpo poético o narrativo para entrar en esa corporalidad ya formada en la mente, extraña a la lengua, al que lee y, por supuesto, al que la habita. Entonces, dicha labor se dilucida en esos trámites, negociaciones, diligencia y competencia, la cual se adquiere en el manejo, serpenteo, penetración sigilosa a esa casa abierta propicia, por algún deje emocional e intelectivo, a ser invadida. La sorpresa es que sobrevive una variación de la persona (de sus ideas, sensaciones, motivos) por la terquedad y ambición del fantasma. Y, como el amor en esa historia de Chelosky antes citada, se permanece flotante en la fantasmagoría penitente invadiendo la memoria del amante.
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Las historias de fantasmas y apariciones son parte del acervo humano: desde el "Espíritu Santo", la mitología japonesa, Hamlet, hasta el Borges viejo inquietando al Borges joven en "El otro" (El libro de arena, 1975). También, como en El fantasma de Canterville, de Oscar Wilde, a veces nos toca poseer algún inquilino tan inamovible como un viejo escritorio, con sus manías, misterios y naturaleza osando a todo orden racional.
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Según el folclore japonés (recomiendo el libro de Masaharu Anesaki, Mitología japonesa. Leyendas, mitos y folclore del Japón antiguo), los gakis (fantasmas hambrientos) son una especie particular de seres fantasmagóricos con la boca ancha y vientre hinchado que siempre tienen sed y hambre. Los gakis nunca pueden saciar sus necesidades y la lección de tal leyenda milenaria se asemeja a las personas avariciosas y con excesiva gula.
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El mito es parte integral del ser humano. Ronny Velásquez, antropólogo venezolano, en su libro Mitos de creación de la cuenca del Orinoco, lo resume de la siguiente manera: «Representa una forma de pensar en la que se mezclan lo filosófico, lo reflexivo, lo afectivo y lo consciente, pero muy especialmente lo inconsciente» (p. 27).
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En nuestras tierras del Llano, compartido con Colombia, y con sus versiones autóctonas en cada rincón del continente, La Llorona es una figura mítica fantasmal en el imaginario popular la cual espanta a todos aquellos que anden en malos pasos: padres abusivos, hombres infieles, alcohólicos, ludópatas y viciosos en general. Estos individuos, merodeando la noche por calles solitarias y en penumbra, son acechados por esa aparición con forma de mujer (la que, según algunas versiones, su llanto se debe a la pérdida trágica de sus hijos) con rostro cadavérico, cabellera frondosa, además de llevar un vestido largo y sucio.


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