CINCO POEMAS SOBRE SALUD MENTAL

by - octubre 10, 2026

 

Frits van den Berghe, Tree in Bloom (1930) 

 

 

PSICOSIS

 

a Nietzsche 

 

 

Esta noche quiero encontrar un sentido

a esto de ser una vaca.

No pude verte de otra manera,

            ser un hombre.

No supe fingir desamor,

como quien mira a través de un fantástico velo.

 

Así que vamos a dignificar

esta añeja placidez.

 

Quizás deba emprender un viaje,

no uno épico,

colmado

                         de aventuras.

Sino un sencillo viaje en avión,

innegablemente postmoderno,

hasta ese lugar ignoto donde las vacas

─según dicen─

todavía son sagradas.

 

 

 

Alejandro Castro (1986). No es por vicio, ni por fornicio. Uranismo y otras parafilias. Caracas: Monte Ávila Editores Latinoamericana, 2011. 

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A Luis Camilo

 

 


Me levanto

no me levanto

me detestan

me ligo

atropello a un motociclista con alevosía y premeditación

me entrego al complejo de edipo

deambulo

estudio con sumo cuidado las diferencias entre dirritmia-

psicosis-esquizofrenia-neurosis-depresión-síndrome-pánico-

y me arrecho

quedo sola en la casa cuando todos duermen

compro una revista que cuesta seis dólares

le roban la cartera a mi mejor amiga

me agarran

amo a mi amigo

lo empujo

lo asesino

recuerdo el paraguas de Amsterdam

y la lluvia

Y el gesto airado

me dedico a la bebida para evitar el infarto

mastico la comida cincuenta veces

y me aburro

y me aburro

adelgazo

engordo

adelgazo

me transo

no me transo

me quedo quieta y lloro

alguien me toma en sus brazos

y me dice quieta quieta estoy aquí

dejo de llorar

escucho el viento que sopla cerca del mar solamente cerca del mar

acepto que existan cucarachas voladoras

descubro que todas mis amigas tratadas por psicoanalistas se han vuelto totalmente tristes totalmente bobas

me leen el oráculo chino y me predicen larga vida

Vida de mierda digo

subo al carro

bajo del carro

comprendo de un solo viaje cuánto petróleo hay en un barril

me dicen apaga la luz

la apago

me preguntan ¿ya?

me hago la loca

me acojo a la pacificación

me joden

duermo apoyada en la barra

oigo la voz del español de siempre que se caga en diez

alguien llora otra vez a mi lado

me pegan

me pegan duro

hay luna llena

corro por la carretera que bordea la montaña,

saco la cuenta,

no me sale,

me duele el pecho,

se hace de día,

el rojo gana

rien ne va plus.

 

 

 

 

Miyó Vestrini (1938-1991). "El invierno próximo", 1975. 

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Delirium tremens

 

Ahora lo entiendo:

necesitaba un amor desbordado

emoción huracanada

necesitaba el roce de las hojas

gruesas verdes laberínticas

senda salvaje

recorrida con los dedos.

Ahora sé de hambre

salvia y gotas de alcohol

esparcidas por el vientre

prohibido tocar morder

prohibido rozarse.

Ahora sé

cuánto valen los cuerpos

que al mirarse se ignoran.

Ahora sé

de silencios gesto ausente

ojos que cazan vigilantes

quietos nombran mi pescuezo

yo     husmeando entre las matas

yo     ignorando el gesto debajo de la mesa

yo    

me retiro paciente espero

mientras miro de reojo y me castigo

como los perros

que se portan mal.

 

 

 

 

Oriette D'Angelo (1990). Poemas de Oriette D'Angelo. Caracas: Papel Literario, El Nacional, publicado el 14 de febrero de 2026.

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DIABLOS (EXTRACTO) 

 

Gamelote imantado la cabeza del diablo. Zarzas magnéticas sus brazos. Helecho amarillento su sexo. Me retuvo en la cama. Parecía querer cubrirlo todo. Hasta el hombro pequeño de pureza que me quedó para eludirlo y del que aún pendía una tara diabólica. El diablo tenía antenas en lugar de los cuernos. Sólo una lagartija reluciente-porque apenas podía ver lo verde-me devolvió la vida. Me levanté del lecho. Pero ya no seré capaz de ver el pasto sin acordarme de lo sucedido. Ni siquiera otra vez seré yo misma para rememorar que la ternura, el amor, la amistad, verdes plenos, fueron mi primavera. He convivido con un verde diablo

 

 

   El diablo frotaba contra el muro el muslo guarnecido de cayenas extrañas. De pronto, se sentó. Yo miraba su espalda, de un mareante escarlata profuso. Exhalaba un calor de fogata. Yo conocía las piras. Si ves, de lejos, en un bosque, una hoguera prendida, por un ser que te ignora, dices que es el amor y que la rojiza humareda es un nuevo rubor que alivia tu cansancio. Pero tiene que ser un desconocido quien la encienda y que el humo rosáceo que te traspase la piel. Eso es todo. Pero lo llameante del diablo no daba ya lugar para ningún recuerdo. Yo los atesoraba, como a corolas malvas, con manchas de aposentos austeros, con señales de pálidos semblantes, y me los consumió. Me quemaba dentro de una fiebre demoníaca. Sentía sus cabellos rozándome en el pecho como bugambillas satánicas. Quise huir… Pero me quedaba sólo un hombro y el diablo me arrebató la huida y se bebió después mi sangre.

 

 

   Cerré los ojos. Sabía que clavaba en mis llagas los cambiantes zafiros de sus ojos y yo me debatía y no encontraba razones para sus zarpas rechinantes, fúlgidas y celestes. Porque el cielo es lo que se puede ver con alegría, lo que hace que el cuello se levante y aspire. El cielo nos permite la frente liberada y gallarda. Durante el día, lo vemos como a un regazo limpio donde cabe la libertad y también el amparo. I durante la noche, aunque pareciera negarnos el paso y el umbral, ha renacido en sombras, porque eso es nada más para que el cuerpo brille y tiemble. El cielo diurno nunca está perdido. Es un camino claro que se halla en todas partes. Rodea por todos los recodos como un pecho cerúleo que nunca nos negó protección. Una puede albergarse en el dolor, reprimirse en la dádiva, incluso hacer el puño, pero hay algo que se ensancha y se libra cuando se dice: cielo.

 

 

 

Ida Gramcko (1924-1994). Poemas de una psicótica. Caracas: Editorial Diosa Blanca.

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Lamento no literario

 

El dolor sinsentido

destruye,

no hay manera de calmar la mente

e ignorar la regresión a todos los pasados.

 

A veces soy mi madre-rostro,

el origen de todos los sentidos,

vuelta cabra por la tensión con mi padre,

el sol.

A veces soy yo, la niña,

un ovillo que llora inmóvil,

sola,

sin arrorró ni consuelo.

 

¿Idiota? Claro.

También ridícula.

Muchas veces soy mi madre,

y entiendo:

el veneno no solo me ha lastimado,

también me ha dado forma.

He sido arcilla de la enfermedad

(¿Tú no estás enfermo?

Todos lo estamos.

Para cada síntoma de estar demasiado vivo,

un médico y una droga).

Y a veces en mí hay un vacío,

que busca comerse a los seres del mundo,

tal vez también hacerlos llorar.

 

Soy violencia para mí,

para los otros.

Exceso de significados.

Soy la perfecta flor viral,

hija pródiga de todas las guerras

y todas las máquinas.

 

Parálisis, parálisis,

días oscuros como la mierda,

frío adentro y afuera,

en plena primavera.

Frío interior,

oído hinchado,

cuerpo extremado en disforia premenstrual.

 

La descripción del mal no es poesía,

pero poema es curar la herida con su sal.

 

Duele, quema,

escribir para tapar espacios.

Tal vez así pare el llanto infantil

en este cuerpo onanista y de azote.

 

¿Mujer independiente?

también dependiente,

codependiente

e injusta,

caprichosa niña lastimada.

 

Cantadora de lo que asfixia,

boa constrictora de mi amante,

planta trepadora de muros derruidos,

siempre,

¡Maldita sea!

Corazón sangrante

para bien o para mal,

para ascender y sentir,

ser,

vivir la gracia y

para desangrar(me)

en mi autoflagelación,

ansiosa práctica prohibida

por la policía de la salud mental.

 

El mal es no ser buena.

El mal es dejar que la hormona ascienda a la conciencia.

El mal es dar entrada a la corrupción por pensamiento.

El mal es ni siquiera intentar combatir el mal.

El mal es pensar en el suicidio después de haber superado los pensamientos suicidas.

Ser poseída por la sombra y mirar su kilométrica

enVERGAdura que apalea,

pero promete,

según algunos ocultistas del psicoanálisis,

La redención de Psyché.

 

He pecado, no he superado mi Edipo.

Todavía me lastima el recuerdo de la desolación,

el yo, entumido por años.

Tal vez es bueno que me dejen sola

aunque me sienta como un perro.

Los perros son hermosos,

aunque mueran de soledad hambre rabia cansancio

atropellos burlas,

siempre encuentran su sonrisa

grotesca de lágrimas.

 

 

 

Teresa Noyola (1994). Poesía mexicana: Teresa Noyola. Puebla, México: Círculo de Poesía, publicado el 1 de octubre de 2022. 

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