TRES POEMAS DE VÍCTOR FOWLER

by - octubre 09, 2026

Jules Pascin, "Paysage à Cuba" (1917)


Isla que resbala

Traté de sostener entre los dedos
isla que resbala,
su blanca playa parecía incendiarse
bajo el sol,
la noche musical llena de puntos.

Conversación sobre la yerba verde;
el cuerpo de los dioses desnudos,
su alegría. Era redondo el seno
y pleno el sabor;
os juro que lo tuve.

No esta aridez sajando,
mira el polvo cubrir las provincias;
os juro que lo tuve.

Sin vivir ni morir he contemplado,
pero no pude hacer del tiempo un hilo.
Resbaló de mis dedos y se hundió.

 

 

El deslizamiento de la montaña

Cansancio sobre la colina habanera desde donde
observa la ciudad. Haya su lado una silla cubierta
de polvo y un poco más allá pequeños montones de
basura, duros ya como piedra. De repente lo gana el
deseo, bien sabe que absurdo, de numerar la silla lo
mismo que una casa, de asegurarse un lugar hasta
la muerte para gozar los acontecimientos. No siendo
parte, desde lejos, como si estar allí encima concediera
cierta inmunidad, cierta frialdad de juicio al juzgar
lo que ocurre. En días de solo lluvia dormiría bajo
la silla. En días de frío haría fuego con los desechos.
Mientras no llega el instante, simplemente descansa.
Cansado de esperar a que los hijos crezcan. Del pico
que golpea entre las olas. De las tormentas. De los
azares de la autobiografía. De la madrugada de 1994
en la cual lloramos mi esposa y yo porque el mundo
había cambiado al parecer para siempre. De escribir
estas líneas, incluso.

 

 

Nada de lo perdido volverá con la lluvia

Nada de lo perdido volverá con la lluvia.
Las voces, los gestos de aquellos
a quienes deseábamos
y ahora son un hueco en la respiración.

Quemaduras al bosque de las mesas,
en las paredes, encima de la piel.
El agua será una purificación,
pero no un regreso.

No vuelven los objetos, ni sonidos,
ni escenas que tuvieron algún significado
o incumplieron su misión.

Tal vez, mientras observamos absortos
la enorme pared de agua que se desploma,
pasa lo Perdido, aunque irreconocible ya.
La memoria lo ha transformado en bucólico.

¿Quién tocaba a la puerta aquella vez?
¿Qué mano recorría los cabellos
haciendo breves surcos
y era un placer sentirla?

Sensaciones lejanas, perdidas.

Tal vez enfrente de nuestros ojos
todo se repite, pero gastadas las formas,
como en los aquelarres.

Quemaduras al borde de las mesas,
en las paredes, encima de la piel.
Quemaduras en el cerebro.

Establecer analogías con el agua
es el peligro en este país
donde nunca termina de llover.

 

 

 

Víctor Fowler (1960). Poemas de Víctor Fowler. Cuba: Isliada. Publicado el 15 de mayo de 2018.

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